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domingo, 10 de febrero de 2013

El Alfabeto Secreto de los Templarios

Uno de los misterios del Temple, podemos encontrarlo en la cruz de las Ocho Beatitudes. Por ello hemos querido hacernos eco del escrito del escritor y periodista español, Jesús Ávila Granados, de su libro “La mitología templaria”.

En 1995 se produjo un sensacional hallazgo que confirmaría alguna de las numerosas cuestiones que envuelven el esoterismo templario, cuando el erudito soriano Ángel Almazán de Gracia descubrió en la iglesia de San Bartolomé, en el cañón del río Lobos, provincia de Soria, la cruz de Ocho Beatitudes, esculpida en un capitel, el primero que se ve a la izquierda de la portada, que está bien iluminado por la luz natural. Éste paradójicamente, había pasado inadvertido para muchos eruditos del medievalismo, en general, y expertos en el Temple, en particular. También se conserva reproducida una cruz de Ocho Beatitudes en el edificio fortificado del que la orden disponía en la villa de Barbens (El Segrià, Lleida); según las crónicas, el edificio fue construido en el año 1164; se trata, por tanto, de una de las primeras encomiendas del Temple en Cataluña.

La cruz de Ocho Beatitudes constituye uno de los códigos secretos más enigmáticos del Temple, porque encierra un criptograma portador de una de las claves utilizadas para intercambiar mensajes confidenciales, o bien para dar cuenta cabal y críptica de sus transacciones mercantiles. Las letras de este alfabeto, de estructura cruciforme de ocho puntas en planta de cruz griega, estarían representadas de la siguiente forma:

Un total de veintiuna letras (cinco vocales y dieciséis consonantes, que envuelven como una constelación astral a los nueve primeros números, también representados.

La estructura de la cruz inserta dentro del cuadrado establece, al mismo tiempo, unos ángulos y puntos intermedios, que estarían representados por letras, cuya lectura podría hacerse por medio de un módulo en forma de código secreto que los caballeros elegidos debieron de llevar colgado del cuello. La lectura de estos alfabetos secretos, por tanto, sólo estaba al alcance de los iniciados en los más profundos conocimientos de la orden. Recordemos que algo parecido utilizaron las logias de constructores medievales, algunos de cuyos signos se han conservado grabados en las piedras utilizadas por las diferentes cofradías de constructores.

De las diferentes cruces relacionadas con los templarios, sin duda es en ésta, la cruz de las Ocho Beatitudes, la portadora de un abecedario codificado, en donde el simbolismo del ocho, número muy apreciado por el Temple, trasciende un mensaje criptográfico al que sólo una minoría de iniciados de la orden tenía acceso.

Se trata, al mismo tiempo, de un extraño damero formado por cuatro paneles que recuerdan el juego de tres en raya, sobre el cual se extienden los cuatros brazos de la cruz, que terminan en doble punta, lo que genera el cabalístico número ocho. Es, podríamos decirlo, toda una composición geométrica que facilita la meditación, como sucede con los mandalas budistas del Tíbet, lo que nos lleva al místico simbolismo del triple recinto y, al mismo tiempo, a la búsqueda del centro; un extraño laberinto formado por cuatro triángulos grandes, dieciséis medianos y treinta y dos pequeños.

En otros lugares de Europa, especialmente Francia, hemos contemplado otras formas de la cruz de Ocho Beatitudes, concretamente, en el castillo de Chinon (Turuena), donde los templarios realizaron graffitis y la dibujaron con su propia sangre en las lóbregas y umbrías mazmorras donde fueron encarcelados y torturados los últimos maestres del Temple, en 1308, antes de que los llevaran presos a París para ser quemados vivos por orden del monarca francés. También se encuentra en el pavimento del presbiterio de la iglesia octogonal templaria de Laon (Champagne); se trata de un cuadrado que engloba una serie de rombos y que envuelve en su centro a la cruz de Ocho Beatitudes.

En los templos rupestres de Anatolia (Turquía), construidos bajo el suelo volcánico por los colectivos de cristianos que huían de las primeras invasiones islámicas (siglos VIII y IX), decorando las paredes interiores de las iglesias del Görëme y otros valles del corazón de Capadocia, a modo de frescos pictóricos, vemos numerosas cruces que evocan la cruz de las Ocho Beatitudes. Aunque no podemos confirmarlo, no sería descabellado que fuese allí, en aquella antigua región del Mediterráneo oriental, donde los templarios se inspiraron para concebir esta cruz, las más emblemática y esotérica de la Orden del Temple, puesto que por aquella inmensa llanura cabalgaron en numerosas ocasiones los caballeros en sus luchas contra los seldjúcidas, o bien en la constante búsqueda del conocimiento iniciático. No lejos de Capadocia se encuentra Konya, la ciudad sagrada del islam turco, cuan de Mevlana, el místico sufí creador de la Orden derviche Mevlevi, practicantes de la esotérica danza de la Sema; Mevlana fue contemporáneo de los templarios y estableció con ellos un hilo de diálogo secreto entre las religiones de su época



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