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jueves, 7 de febrero de 2013

Leyendas Templarias -II-

LA FORTALEZA DE ALCONETAR

En la provincia de Cáceres a orillas del río Tajo cerca de la ciudad de Coria, se encuentra la villa de Alconetar. En ella los templarios edificaron una fortaleza levantada sobre la antigua calzada romana en la Vía de la Plata que desde Mérida conducía a Astorga y a Santiago de Compostela. En Alconetar controlaban un puente en cuyo extremo edificaron sobre un templo romano una iglesia dedicada en honor a la Magdalena.
Algunas iglesias templarias solían custodiar reliquias, objetos de gran veneración para los fieles y con poderes milagrosos.
Fragmentos de Vera cruz como Caravaca (Murcia), Ponferrada (León), Zamarramala y Maderuelo (Segovia). Bagá ( Barcelona).
Y Cuerpos incorruptos de templarios que eran venerados por ellos mismos y por el pueblo en general como San Millan “el labrador” en Cebolla (Toledo), Fray Guillén Duran en Puigcerdà, (Girona) y Sant Pelegrí en Cessa dels Templers (Lleida).

En la Península Ibérica también los templarios poseyeron varias Santas Espinas que florecían milagrosamente; Wiasdeu (Rosellón), Agréda (Soria) o Valencia (ciudad).
Simbólicamente la espina es la defensa de la planta o de la flor, en el cristianismo la espina sugiere la tierra virgen no labrada por el hombre, que la Virgen María prefiere para sus apariciones.






EL ROSAL DE ALCONETAR

Era un rosal que florecía todo el año, con rosas de varios colores y aromas. Sus espinas no herían y de ellas se extraía el bálsamo de Fierabrás. Era el rosal que los templarios tenían en su jardín que dicen brotó de la corona de espinas de Jesús de Nazareth y que según la tradición popular tenía propiedades curativas.
Los templarios cogían de él rosas durante todo el año para ofrecerlas y colocarlas en el altar de la Virgen.
Dice la leyenda que los templarios al verse acosados y perseguidos escondieron sus reliquias dentro de un arca y la enterraron en la cripta de la iglesia de Santa Magdalena junto al puente romano de Alconetar.

EL MANTEL DE LA ÚLTIMA CENA

Hacia el año 800 después de Cristo, Carlomagno invadió Hispania para frenar el avance musulmán hacia sus tierras.
Uno de sus caballeros Guido de Borgoña conquistó el castillo de Alconetar en poder del musulmán Fierabrás.

Don Guido entregó la fortaleza a Carlomagno y se reservó para sí a la bella Floripés, hermana de Fierabrás.
El emperador quiso festejar la conquista con un gran banquete, pero se encontró escaso de provisiones. Entonces utilizó el Mantel de la Última Cena que llevaba en su equipaje. Las Tradiciones señalan que dicha reliquia había sido llevada a Roma por Santa Elena, madre del Emperador Constantino, y de allí pasó a Carlomagno y éste lo llevaría a Extremadura.
Aunque otros autores dicen que fue un musulmán cautivo quien le reveló su existencia y la de tesoros que se encontraban ocultos bajo la torre de Floripés. Con el mantel puesto sobre la mesa y pronunciadas ciertas palabras secretas aparecieron toda clase de alimentos y bebidas deliciosas organizando Carlomagno una gran cena para festejar su victoria. Los templarios lo encontraron al tomar posesión de Alconetar en 1167.
El mantel era un trozo de lino de 4 metros y 42 centímetros de largo por 92 centímetros de ancho. Blanco con sencillos adornos en azul por uno de los extremos del largo y rayas del mismo color en el otro, con una trama que hace resaltar ciertas formas geométricas. Hoy en día la dejadez y abandono del sagrado mantel es evidente porque está lleno de roturas y desgarros. Los templarios organizaban cada Jueves Santo una comida de caridad con el mantel expuesto sobre una gran mesa en el patio del castillo.
Cuando el capellán de la Orden recitaba las misteriosas invocaciones, aparecían gran cantidad de alimentos que eran repartidos entre los necesitados de la comarca.
En 1213 tras la batalla de Las Navas que aseguró y protegió la frontera con los musulmanes, Alconetar se hizo la encomienda templaria mas rica y poderosa de la región. Pero con la supresión de la Orden, la ruina y la miseria se apoderó del lugar. El abandono fue tan evidente que hasta ocasionó el deterioro del puente hasta tal punto que, en 1336 los peregrinos que iban por la ruta de la Plata hacia Santiago de Compostela tenían que cruzar el río en barcazas. Con la desaparición de los templarios, las reliquias desaparecieron, quedando ocultadas y olvidadas hasta que en el año 1404, una Bula de Benedicto XIII nos dice que habían sido descubiertas y enterradas en el subsuelo de la catedral vieja, dentro de unas arcas y comienzan a verse en los documentos del obispado de Coria noticias referentes a las reliquias para las que se construyó un relicario en la catedral en 1495 y una capilla en 1596.

Es curioso que en 1548 el Gran Prior de la Orden de San Juan de Jerusalén y el inquisidor de Llerena, fueran a Coria para inspeccionar las reliquias y dictaminar su autenticidad, si ya en el año 1404 el Papa las habían avalado como auténticas, por lo cual apoyaba, alentaba y contribuía a la realización de su adoración y exhibición.
Se trataba de 16 reliquias de los que tres disponían de culto propio : La Vera Cruz, la Santa Espina y el Mantel de la Última Cena.
El tres de mayo se celebraba la fiesta donde las reliquias se colocaban en un trono ante el altar mayor de la Catedral. Se celebraba misa solemne y después, las reliquias eran subidas sobre el atrio para mostrarlas al pueblo. En ese momento el Mantel era desplegado y su extremo quedaba a la altura de las cabezas de los fieles quienes rivalizaban para besar la sagrada tela.
El constante aumento de peregrinos y fieles originó una importante feria multisectorial que atraía a curiosos y a peregrinos a la vez aumentando la prosperidad de la villa.

Pero a la vez las mayores aglomeraciones traían desordenes y caos y, en el siglo XVIII, se suspendió la presentación de las reliquias y se dispuso que fueran adoradas únicamente en el altar. Pero fue peor el remedio que la enfermedad y en 1791, el cabildo aprobó la supresión del acto público de adoración y desde entonces sólo se podía hacer a través de una reja en la Capilla del relicario y el mantel permanecía oculto en una arqueta de plata.
Así su culto fue decayendo y al cabo de los años llegó al olvido....


nnDnn

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