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jueves, 7 de febrero de 2013

Leyendas Templarias -I-


Queridos amigos, les traigo a continuación, una docena de "Leyendas Templarias", que sin duda y bajo el máximo rigor histórico, serán el deleite de los lectores mas intelectuales de esta pagina como así también de los que sienten curiosidad por la historia del Temple.
Como adelanto, esta pequeña introducción, que será seguida para entrar en clima de la historia de la expansión de la Orden y luego si directo al punto, uno de estos, sin dudas será sinónimo de debate y posturas dispares. Es el caso de la leyenda de "Echano" (donde había damas templarias), este hecho, particular en si, es sin duda una fuente de interpretaciones de muchos estudiosos. La historia "Oficial" dice que en la Orden, jamas hubo mujeres... Pero me recuerda otra historia "Oficial", la de Jesus de Nazaret, donde la historia oficial de su vida, dice que no había mujeres "discípulas"... algo que los evangelios apócrifos desmiente con fundamento.


Pero vamos a la....


INTRODUCCIÓN HISTÓRICA


Los motivos auténticos por los que determinadas estancias del poder imperante, bien en el ámbito político y religioso de la Europa del siglo XII, se decidieran a gestar una orden religioso-militar, que en el corto término de medio siglo su evolución fuera tan completa y llegara a tener el peso social, económico y político de bien seguro que no lo consiguieron sin el misterio que envuelve desde siempre sus orígenes, evolución, existencia y eclipse de la Orden del Temple.
Las tres religiones monoteístas, Judaísmo, Cristianismo y el Islam en esencia proponen al conjunto de adeptos lo mismo: la salvación del alma mediante la fe y la práctica de las obras. Fe, basada en la creencia de un Dios único, que para los cristianos es el Padre, que nadie nunca ha visto, sino es por medio de su hijo, Jesucristo, hecho hombre.
Para los judíos es Yahvé, que ha escogido a su pueblo, Israel, al cual ha guiado mediante sus Patriarcas y profetas. Y para los musulmanes, Alá, el Misericordioso, que mediante el Arcángel Gabriel ha inspirado a su profeta Mahoma para transmitir las enseñanzas incluidas en el Corán.


A pesar de ello, las interpretaciones que se han realizado de estas religiones y de sus textos sagrados por parte de sus representantes, pastores y teólogos autorizados en cada momento, han llegado y, en consecuencia, han trasmitido conclusiones excluidas entre sí, a pesar del monoteísmo compartido en la creencia de un Dios único, Compasivo, Sabio, Justo, Omnipotente y Omnipresente.
Estas divergencias han generado a lo largo de los siglos guerras de religiones, basadas en los conceptos de guerra justa, aquella que se basa en la legítima defensa, por tanto Guerra Santa y que, en la época que estamos considerando, se añade la necesidad política de aplicar criterios religiosos en actuaciones del terreno económico, sociopolítico y geoestratégico, que ninguno de estos sistemas religiosos se ha librado de caer en la tentación, por parte de sus representantes, en utilizar la violencia para abrirse camino o bien para imponerse a los otros.
Llegados a este punto, sería muy importante aclarar que el concepto cristiano de “Guerra Santa” y el de “Yihad” islámico en el sentido más religioso y por tanto mas purista del término, hacen referencia a una actitud interior y personal de cada uno, es decir, el creyente ha de luchar contra sí mismo trabajando su naturaleza inferior a fin de acceder a estados superiores del espíritu y por tanto de perfección, y no a la perversión de las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, que comporta un enfrentamiento físico, hasta llegar a atentar a la vida, propio de interpretaciones falsas y características del fanatismo religioso.
¿Es tan difícil hacer ver al ser humano que es el resultado de una evolución de la materia hacia el espíritu y que sólo aceptando este estado, la materia se hace visible a Dios?


¿Es que hay algo más importante que el explicar a la humanidad esta simple verdad revelada?
Revelada en la Biblia y en todos los libros sagrados de todas las tradiciones.
El problema no es si Dios existe o no. Si el Dios de una religión es el verdadero y el de la otra es el falso. Dios no tiene ningún problema. El famoso verso de Ibn Arabí (1164-1240), poeta sufí, resuelve magistralmente por medio de la belleza y la compasión la rivalidad y la oposición entre las tres religiones: “Mi corazón lo tiene todo: un prado donde pastan las gacelas, un convento con monjes cristianos, un templo para los ídolos, la Kaaba del peregrino, los rollos de la Torah y el libro del Alcorán”.
La Jerarquía de la Iglesia católica no consideraba que aquellos Santos Lugares, hacia los cuales había surgido como una necesidad religiosa el recuperarlos, por el motivo de que había vivido el Maestro Jesús de Nazareth donde había sufrido la pasión, muerte y resurrección, también eran sagrados para los judíos y musulmanes, ya que asimismo había vivido y predicado, igual que Jesucristo, Abraham, Moisés y Mahoma. Razones por las que la ciudad sagrada de Jerusalén es la ciudad tres veces Santa y en la que todavía habitan restos de las ruinas del Templo de Salomón que fue edificado de acuerdo con las estrictas normas que Yahvé dio a Moisés tal como aparece detallado en la Biblia, libro respetado por las tres religiones.
El hambre, las enfermedades, las necesidades económicas, en definitiva la pena con la que les toca vivir al conjunto de la población de la época, añadido a la ignorancia y a la falta de cultura, constituyen un terreno abonado donde la exaltación religiosa será la simiente de esperanza para la masa europea, que puede mandar al hombre medieval al fanatismo o a la locura, con su desesperación por la falta de expectativas temporales de presente y por la visión del mas allá no muy prometedora de cara a la salvación última, entendiendo además el sentimiento de pecador y expiado de faltas inherentes a la condición humana, más el sentimiento de culpa trasmitido por la doctrina imperante que prácticamente lo enviaba al infierno, sin muchas posibilidades de salvarse.
Esto hace que la expectativa de una “Santa Cruzada” en nombre de Dios por la salvación de los respectivos reinos y patrias, así como también de las que se vive y se ve como una solución que entendiendo la esperanza de vida de aquellos tiempos y las posibilidades que ofrecía un cambio de vida de estas proporciones, casi resulta definitiva.
No obstante estos intereses que fueron los orígenes de las cruzadas los podríamos clasificar en dos ámbitos: el espiritual que surge como una necesidad personal e íntima delante el paisaje desolador de la existencia de miles de personas, la trascendencia espiritual que la jerarquía católica da soporte a todo aquello que le pueda representar una consolidación y aumente sus privilegios que en definitiva le comportarán un mayor peso político y social en Occidente, ya que no podemos olvidar que todo y que la dimensión de la iglesia católica es de ámbito extra temporal y se constituía en el siglo XII también en uno de los Estados más poderoso económicamente y políticamente hablando.
Así el ejército de los cruzados partirá bajo la divisa. “Dios lo quiere”.
Los motivos económicos que contribuyen precisamente a aumentar y consolidar el patrimonio del Estado Eclesiástico, ya que detrás de la pretensión de recuperar los Santos Lugares en Tierra Santa y de la defensa de la Fe, se esconde un programa de conquista de nuevos territorios, a fin de garantizar las rutas comerciales, abrir nuevos mercados y crear puntos estratégicos de defensa para frenar el avance del Islam. Por tanto, con todo este conjunto de circunstancias, la existencia de una Orden de las características del Temple se hace muy necesaria y resulta importante para poder actuar en los nuevos territorios conquistados y ejercer de policía velando por el nuevo orden y difundiendo los valores de la cristiandad.


NACIMIENTO Y EXPANSION


Los detalles del nacimiento de la Orden del Temple no son del todo conocidos, razón por la cual se especula los motivos por los cuales fue creada la Orden del Temple y se especula entre dos corrientes de historiadores: aquellos que proponen la teoría que la Orden templaria fue creada para la consecución de finalidades secretas, relacionadas con el descubrimiento de grandes verdades místico-esotéricas que los poderes oficiales habían estado silenciando durante siglos (Louis Charpentier).
Todo ello para desarrollar un imperio universal sinárquico y, añaden también, para conseguir estados trascendentales y espirituales elevados de acuerdo con unas teorías, que con su estudio y práctica transformarán al hombre y al conjunto de la humanidad proyectándola a una nueva época de elevación espiritual y por tanto a una nueva conciencia (Atienza).
Otros niegan toda implicación del trascendentalismo de la obra y misión de los templarios y se limitan al análisis de la Orden refiriéndose al ámbito político y religioso medieval y por tanto renuncian a plantearse misterios y cuestiones que sorprendan (Dumerger).
Con la conquista de Jerusalén el 15 de Julio de 1099 se crea el reino latino de Jerusalén bajo la autoridad de Godofredo de Bouillon que no se quiso declarar rey, sino Protector del Santo Sepulcro.


Esto hace que muchos cristianos europeos con la voluntad de peregrinar a Tierra Santa y poder contemplar el Santo Sepulcro y seguir los pasos de Jesús, iniciasen este viaje lleno de peligros y más arriesgado aún cuando pasaban por territorios de bandidos o por poder ser atacados por guerreros musulmanes.
Parten con la misión aparente delante de los ojos de todo el mundo de defender a los peregrinos, una excusa de lo más natural y necesaria, así como de combatir a los ejércitos musulmanes, a fin de proteger los intereses políticos y económicos de la cristiandad de Oriente. Vinculada a la política de la Santa Sede ya que en definitiva, es al Papa a quien le deben obediencia tanto las principales jerarquías seculares como la misma Orden del Temple desde sus orígenes. Se sabe que aproximadamente sobre el 1119-1120 se unieron diversos caballeros mandados por Hugo de Payns y Geoffroy de Saint Homer, André o Andrés de Montbart, tío de San Bernardo, Payen de Montdidier y Archambaud de Saint Amant, el resto son anónimos, ya que sólo se conocen sus nombres de pila: Gondemare, Rosal, Godefrey y Geoffroy Bisoli decidieron formar una Orden religiosa.
Tenían doble función: si por un lado hacían votos de pobreza, castidad y obediencia como las otras Órdenes religiosas, por otro lado eran caballeros. La nueva Orden, formada mayoritariamente por nobles, asumía el compromiso de defender a los peregrinos y custodiar los Lugares Sagrados, por tanto iban a reforzar el movimiento de las cruzadas.


La primera comunidad está constituida por nueve Caballeros que fueron a Tierra Santa a vivir una vida de pobreza de acuerdo con la regla canónica de San Agustín. Balduino II, Rey de Jerusalén les cedió a los “Pobres Caballeros de Cristo”, este fue su primer nombre, una residencia en su Palacio de Jerusalén que antes de llegar los cruzados era la mezquita de Al Aksa, que habían construido los Omeies en el lugar donde la tradición situaba el Templo de Salomón, por este motivo fueron conocidos por la milicia del Templo de Salomón.
No obstante la finalidad de su misión, los Templarios se pasan nueve años en aquel recinto en ruinas y en los restos del Templo de Salomón sin enfrentarse ni una sola vez con el adversario “infiel”, dedicados solamente a la oración y a la meditación y tal vez preparándose para la lucha militar que les esperaba: no sabemos nada más de sus actividades durante este periodo. Al cabo de nueve años, Hugo de Payns, con la incorporación en el año 1126 del Conde de Champagne y de otros Caballeros, fueron a París donde expusieron al Concilio de Troyes la necesidad de disponer de unos estatutos aprobados por la Iglesia, para pedir el reconocimiento de la Orden, este llegó el 1129 según Hiestand. Este Concilio de Troyes no dio a los “Pobres Caballeros de Cristo” una existencia legal que ya poseían, sino la posibilidad de acontecimientos importantes, ya que podrán admitir en sus filas numerosos caballeros nuevos y asegurarse un financiamiento oficial: Hugo de Payens es autorizado a recorrer el reino pidiendo en provecho de su orden y las donaciones llegarán desde Inglaterra, Flandes, Portugal, Aragón, Cataluña y del resto de la Península Ibérica. Los Caballeros del Temple a través de las bulas, y a pesar del voto de pobreza, son autorizados a obtener derechos y privilegios. Como vestimenta tomaron un hábito blanco, encima del cual, en 1150, pusieron la cruz roja de ocho beatitudes.


Los templarios, como caballeros monásticos, lucharon a favor de la cristiandad; crearon sus propias encomiendas y levantaron sus propios castillos, intervinieron en la redacción de leyes, en pleitos dinásticos y en la economía, haciendo de banqueros, que en un primer momento se limitaron a guardar el dinero de los particulares, nobles o Reyes que querían depositarlos en sus establecimientos y el Temple los hacía trabajar, cosa que no resultaba atípica cara a Occidente ya que todas las casas religiosas hacían de banca agrícola. También llevaban a término operaciones financieras de más envergadura, como eran préstamos, los cuales eran garantizados mediante el empeño y los intereses, a menudo disimulados bajo los diferentes cambios de moneda por la razón de la condena de usura por parte de la iglesia católica.
Los templarios contribuyeron notablemente al progreso de las técnicas de las finanzas; probablemente fueron los primeros a editar letras de cambio, cheques y diarios de caja. A pesar de todo ello, hay que huir del tópico generalizado que considera a los templarios inventores de la banca y los más grandes traficantes de dinero, ya que las compañías italianas los superaban siempre (Demurger, 1992).
Por otro lado, las opiniones hacia la milicia del Temple de Salomón abarcan un abanico de interpretaciones de su gesta que va, desde aquellos que defienden que los Templarios pertenecieron a una orden pre-cristiana y secular, de origen druídico, que no tuvo nada que ver con los postulados de la iglesia romana y nació para proteger a cátaros, gnósticos, y sufís, hasta aquellos que dicen que su finalidad fue absolutamente anticristiana y alejada de cualquier impulso renovador y progresista, pasando por aquellos que mantienen que la Orden fue una excusa detrás de la cual se esconden las actividades de algunas sociedades secretas de los siglos XII y XIII de donde llegaron a beber las órdenes de los Rosacruces y Francmasones de los siglos XVIII y XIX.


ORGANIZACIÓN


El Temple se dotó rápidamente de estructuras sólidas que por razones geográficas y administrativas se dividieron en dos organizaciones complementarias: la Orden situada en Occidente tendrá la misión de cultivar todos los campos, viñas campos de cebada para recoger los beneficios. Los donativos, que eran el origen de sus beneficios, son de todas las formas posibles: propiedades enteras, derechos sobre los mercados, ferias, casas, rentas vitalicias, esclavas moras etc.
La Orden situada en Oriente, utilizará los beneficios de la de Occidente para mantener a los caballeros de Oriente, someter a las tropas indígenas, construir, mantener y engrandecer las fortalezas defensivas de Tierra Santa y de España.
El templario ha de abdicar de toda voluntad y orgullo personal, tal como se encuentra precisado en el ritual de ingreso de la Orden. “Si ingresáis entre nosotros requerís algo bien grande porque sólo veis de nuestra Orden la corteza que la recubre. Vosotros veis hermosos caballos, buenos jaeces, el buen beber y el buen yantar y la posesión de hermosas ropas, bonitos vestidos. Pero no conocéis los duros preceptos que van por dentro, pues es dura cosa que vos, que sois sire de vos mismo, os convirtáis en siervo del prójimo. Porque a duras penas haréis alguna vez lo que deseéis. Y si queréis dormir, se os hará velar y si alguna vez deseáis velar, se os mandará ir a reposar a vuestro lecho. Cuando estéis sentado a la mesa y deseéis comer, se os mandará ir donde se tenga a bien y jamás sabréis adonde. Pensad bien todo esto buen y dulce Hermano para saber si sois capaz de soportar todos estos rigores”.
Y como el propio Jesucristo: “El hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida para rescatar la de muchos”. (Mateo 20,28).
Se trata en definitiva de una experiencia de carácter religiosa, de abandonar la vanidad del mundo, de la búsqueda interior, de la entrega al servicio solidario de los más débiles y la defensa de los valores y lugares más valiosos para la cristiandad.
La regla en consecuencia será religiosa y militar. La primitiva tiene 72 artículos; establece un orden jerárquico. A pesar de que San Bernardo deseaba una jerarquía de mérito y no de origen social, lo cierto es que reproduce la organización de la sociedad medieval:
• Los Caballeros : Fraters Milites.
• Los Capellanes : Fratres Capellani.
• Los Guerreros: Fratres servientes armigeri.
• Los sirvientes y artesanos: Servientes famuli et
officii.


A la cabeza de la Orden estaba el Maestre, asistido por el Senescal que lo reemplazaba en su ausencia. El Mariscal tenía la última palabra en todo aquello que se refiere al material y a la organización militar y también tiene bajo sus órdenes a los Comendadores que representan las provincias.
El Gran Maestre poseía una autoridad ilimitada pero sus decisiones habían de ser ratificadas y tener el soporte del Capítulo, que muchas veces actuaban como un consejo y la obligación del Maestre era acatar sus decisiones. En cualquier caso la autoridad de este supremo dignatario de la Orden era indiscutible y estaba desligada de las autoridades religiosas incluidas la de los príncipes Nada más debía obediencia al Papa: a través de la Bula de 1139, ni tan sólo los obispos podían excomulgar a los templarios, ni a sus vasallos ni a sus dominios territoriales, ni pronunciar cualquier cosa en sus cuestiones, cosa que los hacía inviolables.
La vida de los templarios estaba reglamentada hasta los mas pequeños detalles: las plegarias, los ayunos, la vestimenta, los alimentos, las enfermedades, no hay nada dejado al azar. Los retractos (1165) y las consideraciones (1257) completan la Regla primitiva.
Las consideraciones servirán de “jurisprudencia” para sancionar las faltas cometidas contra la regla, que no se han de confundir con los pecados confesados.


EXISTENCIA Y EVOLUCIÓN


Los Caballeros del Temple que se quedaron en Tierra Santa inician su misión: no solamente proteger a los peregrinos sino guerrear contra el infiel, inspirados en la “Elogio de la Nueva Milicia” (De Laude Novae Militiae) de San Bernardo de Claraval, (1109-1153), doctor de la Iglesia y ardiente predicador de la II Cruzada, el cual, recurre a la idea de la Guerra Santa, donde se encarga de dejar claros los conceptos de homicidio penado y homicidio en nombre de Cristo, cosa que dispensa y hasta enaltece exhortando a sus predilectos, los templarios, a perseverar en su finalidad espiritual y en su misión de lucha, atendiendo que es necesaria para salvaguardar el principio de libertad religiosa para poder conseguir la cristiandad la verdadera fe y el premio final, el paraíso,
parecido al concepto que utiliza la Yihad, y dice que Cristo es la recompensa de la muerte cuando se moría luchando contra el “infiel”, concepto que a la Edad Media se aplicaba tanto para los cristianos como para los musulmanes a aquellos que creían en el Islam o en el cristianismo respectivamente. En principio el concepto no comporta traición a la Fe, sino un rechazo por desconocimiento o ignorancia de ésta, ya que si en la batalla se encuentra la muerte los milites se reunirán con el Señor.
Desde entonces lucharán conjuntamente con los Hospitalarios de San Juan en la fuerza de vanguardia de numerosos conflictos armados. Se los recordará por su valentía y coraje, pero a pesar de ello, la historia les reprochará sus riquezas y su injerencia en los asuntos internos en el Reino de Jerusalén.
Su divisa y su himno, que cantan en Tierra Santa los templarios y muy pronto en todo el pueblo civilizado es:


NON NOBIS, DOMINE, NON NOBIS, SED NOMINI TUO DA GLORIAM
Nada para nosotros, Señor, nada para nosotros, sino para la gloria de tu nombre.


Asimismo el ideal templario y su visión del mundo afloran en el Emperador Staufen y lo hacen participe de la sabiduría de otras civilizaciones, de sus costumbres y maneras que sólo los monarcas castellanos y catalano- aragoneses, como Jaime I, el Conquistador se dan cuenta que sólo ellos son capaces de luchar contra el imperio musulmán y a la vez poder abrirse a su pensamiento o bien hasta llegar a mezclar su sangre con dinastías provenientes de Damasco.
Este juego político que desprende estas realidades y plantea una suposiciones que muestran el difícil papel que estaban jugado los templarios, al encontrarse siempre entre dos poderes, ya que habían de servir al Papa pero sin enfrentarse al Emperador, por ello, la verdadera lucha de la Orden era conseguir sus objetivos sin colisionar con ninguno de los dos. Al menos aquellos que participaron en los secretos de Estado y el funcionamiento interno de la Orden que en parte fueron los causantes de su caída. Tal vez no eran tiempos para un orden sinárquico universal, para el sincretismo de las religiones. No había lugar para el ecumenismo a los principios del siglo XIV aunque despuntase ya el renacimiento.
Esta misión es precisamente la intención templaria más afín al ecumenismo y al universalismo religioso que el pensamiento de la doctrina de la Iglesia que ha creado la orden. En palabras de Albert Einstein: “un ser humano es parte del todo de lo que dicen Universo, una parte limitada en el tiempo y en el espacio. Se experimenta a si mismo, a sus pensamientos y sentimientos como cualquiera separado del resto, en una especie de ilusión óptica de su conciencia. Nuestra misión ha de ser liberarnos de esta presión ampliando nuestro círculo de compasión hasta poder abrazar a todas las criaturas vivientes y a la naturaleza con todo su esplendor”.


LA INFAMIA Y EL PROCESO


En todo el seguimiento de acusaciones hay subyacente una voluntad clara y definida, como es la de menospreciar el crédito moral que la Orden tenía en todas partes, acabar con ella desde dentro, aniquilarla en nombre de la pureza de la fe y de la defensa de la religión, precisamente las finalidades externas para las que fue creada.


Tendríamos que reflexionar sobre el hecho de que el templario, no era sólo un fraile recogido siempre en oración y penitencia mortificando su cuerpo y sentidos, ya que de ser así los soldados de Cristo no podrían después entrar en batalla con la bravura y el coraje apropiados. El templario era también y en primer lugar, al menos en Tierra Santa, un guerrero luchador y feroz, que está en íntimo contacto con la gente del mundo y con todas las oportunidades que invitan al relajamiento.
El hábito para él no es la defensa del mundo exterior, como lo es para un benedictino, ya que su misión es la de galopar a caballo al frente de la batalla desenvainando la espada y asistiendo a todas las confrontaciones con el adversario.
El templario es admirado o bien odiado, cabalga triunfante por los mercados de Jerusalén, por las calles de Tiro de Acre, objeto de las miradas de las mujeres y de los hombres que los deseaban o envidiaban o ambas cosas.
En este concepto era difícil exigir al templario que no bese a mujer ni viuda ni doncella, como establecía la regla de 1128, sin exponerse a que surgieran ocasiones de relajación de costumbres, tanto con jóvenes sarracenas, cosa frecuente en la época y en el contexto de Tierra Santa, como entre algunos hermanos, situaciones que en algunas ocasiones podían aparecer encubiertas como en muchas de las comunidades religiosas o militares de la época: ninguna de ellas podría asegurar que estos hechos no se hubieran dado nunca, atendiendo que el adepto se encuentra sometido a la soledad y a las tensiones internas, derivadas de haberse enfrentado con la clausura, la muerte, tanto física como espiritual, así como la presión de la batalla.


Pero en ningún caso justifica esto por sí mismo una descalificación general de la Orden, pagando una vez más justos por pecadores, en aquel entorno, visión absolutamente diferente del nuestro actual situación social.
También es difícil creer la infamia que se les imputaba: de renegar de Cristo y escupir en la cruz, en el caso de que fueran hechos prisioneros por los sarracenos. En este caso los guerreros enemigos se limitaban a preguntar quien estaba dispuesto a renunciar a la propia fe y convertirse a la fe verdadera, y aquellos que no levantaban el dedo, se les amorata contra el suelo sin contemplaciones ni palabras y se les decapitaba. Aquella era la muerte reservada a los templarios: la degollación ritual.
Realmente, lo que no se les perdona no son las faltas que resultan menores para la mentalidad de todos, (aunque severamente castigadas por las religiones, generalmente intransigentes con la libertad sexual de los pueblos) sino el poder que consiguieron: el orgullo y la prepotencia templaria que muchas veces fueron la causa de muerte y desolación como en las batallas de Hattín y Damasco; el ansia de riquezas temporales y la acumulación de tesoros; resumiendo, el poder excesivo que acrecienta a la Orden, una ofensa pública para las prerrogativas de los príncipes y en definitiva, un peligro para la seguridad de los estatus quo imperantes de cualquier Estado que todavía se sustentaba en estructuras y maneras feudales de gobierno.
Felipe el Hermoso, rey de Francia, centralizador, perseguidor de los judíos. Malgastador... es un rey enamorado del poder y busca siempre los medios financieros que le permitan llegar a ser el monarca absoluto que la Edad Media todavía no conocía. “No es un hombre, sino una estatua”. Así lo definía el Obispo de Parmiers Bernat Saisset.
Lo intentó todo: desde querer hacerse admitir como caballero Honorario del Temple el 1295, a que Orden admitiera a su hijo, fusionar las Órdenes del Temple y del Hospital, para poder neutralizarlos, ya que no se entendían muy bien y pasar a la acción, aprovechando la circunstancia de que Jacques de Molay, Gran Maestre del Temple, después de la caída de San Juan de Acre, vuelve a Chipre con las grandezas de un potentado oriental y no con la austeridad de Hugo de Payns.
La Orden concentrada en las encomiendas de Occidente no gasta sus riquezas en Oriente por haber tenido que abandonar los ejércitos cristianos, sus posesiones en Tierra Santa.


El rey utilizará las acusaciones de un templario renegado, Esquieu de Floyran, natural de Beziers. Y los acusa de sodomía, idolatría y herejía, de ritos obscenos: es la mejor operación policial, aunque injusta, de su tiempo.
Un manuscrito sellado judicialmente es enviado a los alcaldes y senescales del reino con la orden de no romper el sello hasta el 13 de Octubre a medianoche.
Es una orden de arresto contra los templarios para detenerlos en cualquier sitio.El rey con esta acción traspasa sus derechos, porque sólo el Papa puede proceder a este arresto ya que los templarios únicamente dependen de su autoridad.


El rey confiaba con la indecisión del Papa Clemente V, Bertrán de Gotth, Obispo de Cominges, arzobispo de Burdeos, había estado elegido gracias al soporte del rey de Francia, que efectivamente reacciona pero sin mucha energía.
Los templarios serán torturados e interrogados en nombre del Papa pero por cardenales franceses adictos al rey.
Los templarios que confesaron aquello que era del agrado de los torturadores y de los que los mandaban, son reconciliados y liberados.
Aquellos que negaron las acusaciones son encerrados y torturados.
En el año 1310, aquellos que pretenden defender a la Orden como Jacques de Molay y Godofredo de Charnay, que se retractan de sus confesiones, son condenados a la hoguera, levantada en la isla de los judíos en la puerta de San Antoine de París.
La crónica nos dice que desde la hoguera, Jacques de Molay, el Gran Maestre convocó al Papa y al rey delante del Tribunal de Dios. Verdad o leyenda el caso es que el Papa, que estaba gravemente enfermo murió el 20 de Abril de 1314 en el castillo de Roquemaure en la Valle del Roine.
Y el 29 de Noviembre del mismo año muere el rey Felipe el Hermoso, que también cayó enfermo, no se sabe si de una indisposición natural por haber corrido demasiado detrás de una liebre o por otra causa más secreta y peor... en palabras de Dupay el historiador del rey.


Otros soberanos o rehusaron juzgar a los templarios o bien los consideraron inocentes. Así podemos citar: Jaime II, rey de la Corona de Catalunya y Aragón, se afirma como protector de los templarios, los Concilios de Salamanca (1310) y de Tarragona (1312) proclamarán la inocencia de los templarios. Los bienes del Temple dados a los Hospitalarios de San Juan, serán conservados por los templarios. Para no molestar al Papa, se conformarán con formar parte de la Orden de Nuestra Señora de Montesa y, en el resto de España. serán admitidos en la Orden de Calatrava, de Alcántara y de Santiago. Otros ingresaron en la Orden del Cister.
El rey de Portugal, rechaza cualquier persecución. El Temple tomará el nombre de Milicia de Jesucristo y de la Orden de Cristo, y ubica su casa principal en Tomar.
En Alemania simplemente se unirán a los caballeros Teutónicos.


LA HERENCIA


Las aportaciones concretas del Temple fueron numerosas, ya que los templarios antes de ser simples monjes soldados, eran técnicos, constructores, banqueros, hombres de acción y de grandes ideas, que intentaron además sintetizar las civilizaciones orientales y occidentales y juntar los conceptos de la antigüedad y del cristianismo medieval.
Las fuentes de sus conocimientos ciertamente son a veces misteriosas y muy discutibles. No obstante, con independencia del origen de sus conocimientos, los
templarios tenían como un deber trasmitirlo a sus adeptos, seleccionados con prudencia y rigor, tanto en el aspecto físico como moral y ético. Como arquitectos les podemos atribuir la concepción, aunque no la creación, de muchas de las grandes catedrales de Europa, abadías, fortalezas, obras de arte, los mercados cubiertos etc. Por tanto se les considera para muchos autores los creadores del estilo gótico que utiliza el arco ojival, el crucero de ojivas, la vuelta, los pilares con nervaduras y los arco votantes para poder posibilitar una arquitectura vertical, donde los vacíos son tan importantes como lo que está lleno.
Como ingenieros crearon los planos inclinados, que facilitaban el descenso del agua de lluvia proveniente de las canalizaciones, los desguaces, las modificaciones químicas del suelo por medio de los abonos hechos con cal y sílice.
También utilizaron como proteínas los abonos, el estiércol o el purín (compuesto).
Como médicos utilizaban los métodos parapsicológicos e hipnosis de los terapeutas de la antigüedad. Como alquimistas crearon ungüentos y bálsamos evitando así la proliferación de las bacterias.
Si consideramos que la alquimia como la base de los primeros conocimientos de la química, podemos decir que los templarios químicos definieron: los diferentes estados de la materia; los ácidos y las bases con sus funciones; el peso específico de los metales y minerales. Numerosos métodos de cocción como el Baño María, el autoclave y el horno eólico, el uso de la energía solar; La acción beneficiosa o nociva de los venenos vegetales, minerales, animales y el uso múltiple de opio.


En lo referente al ámbito militar, codificaron y perfeccionaron diferentes técnicas ecuestres, codificaron el paso del caballo en función de las diferentes fases del combate, paso, trote, galope, la vuelta etc. Refinaron las armas blancas de origen antiguo. Y crearon la cota de malla y el yelmo elementos que por su ligereza permitían gran movilidad.
¿Que sucedió con la Orden del Temple? Ciertamente la organización del Temple era doble: por un lado la oficial, reconocida y registrada. Por otro lado, la parte secreta y escondida, hecho que permitía suponer que los elementos clandestinos habrían sobrevivido, aunque perdiesen sus medios de acción y pasaran a convertirse nada más que en un grupo de interés cultural.


Este hecho explicaría la existencia de numerosas sociedades y cofradías contemporáneas que afirman tener su origen o de otras que les imitan y que se sienten herederos espirituales de estos.


Y es en este sentido que hay que recordar la afirmación de Humberto Eco en su novela “El Péndulo de Foucault”, que sirve tanto de reflexión como de advertencia:


“Los Templarios están siempre en medio de todas partes”

NNDNN - Sir N.K. KT

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