Translate

martes, 26 de marzo de 2013

La caida de San Juan de Acre -II-

Al enterarse de esto, el maestre del Hospital decidió retirase también, para que, tanto Hospitalarios como Templarios resistieran juntos en la fortaleza del Temple, sin embargo, en la retirada fue alcanzado entre los omóplatos por una lanza y, contra su voluntad, embarcado por sus hombres. Lo mismo hicieron Otón de Grandsdon y el rey Enrique junto a su hermano Amalarico.

Al enterarse de la noticia, al enterarse de que los jefes cristianos huían y la ciudad de Acre estaba irremediablemente perdida, el miedo se contagió a la aterrorizada población que huyó presa de pánico hacia los muelles intentando caóticamente encontrar sitio en los pocos barcos disponibles. Como los habitantes de Acre eran muchos y los barcos tan pocos, no había suficiente lugar para todos, algunos fueron literalmente abordados y hundidos por el excesivo peso de las atemorizadas gentes. Las madres dejaban a sus hijos, los ancianos, menos ágiles, perecieron todos bajo las cimitarras mamelucas, había quienes incluso asesinaban con tal de ocupar un espacio en las galeras. Las personas que no consiguieron abordar fueron muertas por los invasores. El número de víctimas aquel día es imposible de calcular.

Semejante caos lo describe Jean de Villiers en una carta que escribió en su lecho de muerte:

Ellos (los musulmanes) entraron en la ciudad desde todos los frentes temprano en la mañana y en fuerza de hombres muy numerosa. Nosotros y nuestra orden les hicimos guerra en la puerta de San Antonio, donde había tantos sarracenos que no podía uno contarlos. Aun así, los rechazamos tres veces tan lejos como hasta el lugar llamado "Maldito". Y en esa acción y otras pelearon los hermanos de nuestra Orden pelearon en defensa de la ciudad y de sus vidas y de su país. Poco a poco perdimos todo el castillo de nuestra Orden, que es muy merecido de horar en el y que está muy cerca de la Santa Iglesia, y luego tuvo fin. Entre ellos nuestro querido amigo Hermano Mateo de Clermont, nuestro mariscal, resultó muerto. Él era noble y esforzado y sabio de armas. ¡Que Dios lo tenga en su gracia! En ese mismo día el Maestre del Temple también murió de una herida mortal de jabalina. ¡Que Dios tenga piedad de su alma!

Yo mismo ese día luché contra la muerte por una herida que me provocó una lanza entre los hombros, una herida que hace que la redacción de esta carta sea una tarea muy difícil. Mientras tanto una gran multitud de sarracenos entraba en la ciudad por todos nuestros flancos, por tierra y agua, moviendose a lo largo de los muros, que estaban todos perforados y rotos, hasta que ellos llegaron a nuestros refugios. Nuestros sargentos, muchachos y mercenarios y los cruzados y otros desistieron de toda esperanza y corrieron raudos hacia los barcos, deshaciéndose de sus armas y armaduras. Nosotros y nuestros hermanos, la mayoría de los cuales habían sido heridos de muerte o se hallaban gravemente lesionados, resistimos tanto como pudimos, Dios es testigo. Y algunos de nosotros yacíamos como si estuviéramos medio muertos y yacíamos en una palidez y desmayo ante nuestros enemigos, nuestros sargentos y nuestros pajes jóvenes me transportaron, mortalmente herido, y nuestros otros hermanos yéndose, gran peligro corrían. Y hasta aquí yo y otros hermanos escapamos, como Dios quiso, muchos de los cuales estábamos heridos y maltrechos sin esperanza de cura, y fuimos llevados a la isla de Chipre. En el día en que esta carta es escrita nosotros seguimos aquí, en gran pena de nuestro corazón prisioneros de un dolor insoportable.
Al-Ashraf había conseguido reconquistar la mayor parte de Acre, únicamente la fortaleza templaria situada de espaldas al mar en el extremo sur de la ciudad, se mantuvo en pie. Alrededor de doscientos caballeros templarios se habían refugiado tras sus muros defendiendo a varios cientos de civiles. Tras varios días de bombardeo, el sultán, viendo la determinación de los defensores, les ofreció la posibilidad de embarcarse sin ser molestados y envió un destacamento para controlar los preparativos.

El 25 de Mayo, Pierre de Severy, comandante de los templarios, se avino a la rendición con la única condición de obtener salvoconductos hacia Chipre para los caballeros y refugiados civiles. Emisarios musulmanes entraron y procedieron a izar la bandera del Islam, en cuyo acto, mujeres y niños insultaron con fiereza a los mamelucos, respondiendo estos de manera semejante, los templarios en un intento por calmar los ánimos los separaron arma en mano, pero los mamelucos desconfiaron y desenfundaron sus cimitarras igualmente, la riña comenzó y tras minutos de combate, la disputa se saldó con la muerte de los mamelucos egipcios y el posterior cierre de las puertas de la fortaleza, reiniciando de esta manera las hostilidades.

Esa misma noche, el comandante Thibaud Gaudin (quien se convertiría en el próximo Gran Maestre) consiguió poner velas hacia Sidón al aparo de la oscuridad llevándose, según se cuenta, el tesoro templario, algunas sagradas reliquias, una pequeña fuerza de caballeros y unos pocos civiles.

Al día siguiente, 26 de Mayo, el Sultán volvió a ofrecer las mismas condiciones a los defensores, ante esta tentativa, Pierre de Severy, el Mariscal de la Orden, no tuvo más remedio que salir de la fortaleza, acompañado por un pequeño séquito de caballeros para negociar la rendición. Cuando fue recibido por los musulmanes, él y su escolta, bajo la atenta mirada de quienes se quedaron dentro del castillo, fueron arrestados y ejecutados inmediatamente. No hubo más ofertas por parte del Sultán para que se produjera una evacuación pacífica y los templarios que habían permanecido dentro de la fortaleza, exhaustos, heridos y sin suministros, decidieron seguir defendiendo la guarnición, pues no tenían otra opción. Todavía continuaron peleando durísimamente durante dos días y consiguieron rechazar varios ataques mamelucos.

Sin embargo, en la noche del 28 de Mayo, los zapadores mamelucos que habían procedido a minar los muros de la fortaleza, abrieron, con ayuda de explosivos y combustible, una brecha, permitiendo la entrada de 2,000 mamelucos. Pero al pasar los enemigos por la brecha, el edificio se vino abajo matando a defensores y atacantes sin distinción. Los templarios que no fueron aplastados por las rocas que se desplomaron siguieron luchando toda la noche y parte de la madrugada del día 29, sin embargo, fueron derrotados por la superioridad numérica de los invasores.

Al mismo tiempo que se derrumbaba el castillo templario, el puerto era cubierto con escombros para evitar un desembarco que tuviera por objetivo recapturar la ciudad.

En cuestión de meses, las ciudades restantes en poder de los cruzados cayeron con facilidad, incluyendo Sidón (14 de Julio), Jafa (30 de Julio), Beirut (31 de Julio), Tortosa (3 de Agosto) y Atlit (14 de Agosto). Sólo la pequeña isla de Arwad o Rwad en las cercanías de Tortosa pudo ser mantenida hasta 1302.

En total, el asedio de Acre duró sólo seis semanas, comenzando el 6 de Abril y terminando con la caída de la ciudad el 18 de Mayo, aun así, los Templarios aguantaron en sus cuarteles hasta el día 28 del mismo mes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario