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viernes, 5 de julio de 2013

LOS INICIADOS DEL SOL - Parte 5


LOS INICIADOS DEL SOL


Como hemos venido publicando, no solo los Templarios fueron benefactores del culto al Sol, sino que también lo era María Magdalena, y muchos precristianos que seguían el culto a Isis, que también no fue ajeno a los Templarios iniciados.
Algunos se preguntarán porque hablamos de esto aquí... la respuesta es clara: Como poder entender a los templarios, sino abordamos cuestiones de Fe que la Orden mantenía secreta, como el culto al Sol, la influencia de Egipto y su religión en la Orden o el culto a Mitra entre otros.
Es como querer entender el verdadero mensaje de Jesus, mientras al mismo tiempo creer que Maria Magdalena era una prostituta.
Aquí no abordamos la historia oficial, para eso hay cientos de paginas y libros de historia, aquí abordamos la versión de los hechos que no están claros, los que necesitan estudio y debate, aunque a muchos esto le genere picazón.


LOS INICIADOS DEL SOL
Parte 5

Akenatón, el faraón iniciado

PRECURSOR DEL CRISTIANISMO

Según ciertos egiptólogos, como Ar- thur Weigall, el éxodo de los judíos fuera de Egipto se situaría bajo Tu- tankamón, o sea, hacia 1346 a. de J.C. Según Eusebio, Manetón afirma- ba que uno de los jefes del partido hebreo bajo Akenatón era Moisés. Esta afirmación, que se halla en el Contra Apion del historiador judío Flavio Josefo, adquiere un relieve considerable si se quiere recordar el estado de desorganización política en que se encontraba Egipto a la muerte del "Faraón Místico"

¿La princesa egipcia de la cual habla el Éxodo (en la Biblia), sería Nefertiti? Releamos el pasaje bíblico:
Bajó la hija del faraón a bañarse en el río, y sus doncellas se pu- sieron a pasear por la ribera. Vio la cestilla entre las plantas de pa- piro, y mandó a una de sus doncellas que la trajera. Al abrirla, vio al niño que lloraba, y compadecida de él, se dijo: «Es un hijo de los hebreos.» La hermana del niño dijo entonces a la hija del faraón: «¿Quieres que vaya a buscarte entre las mujeres de los hebreos una
nodriza para que crie al niño?» «Ve», le dijo la hija del faraón, y la joven fue a llamar a la madre del niño. La hija del faraón le dijo: «Toma este niño, críamelo, y yo te daré tu merced.» La mujer tomó al niño y lo crió. Cuando fue grandecito se lo llevó a la hija del faraón y fue para ella como un hijo. Diole el nombre de Moisés, pues se dijo: 
«De las aguas le saqué.» .
Este relato, en el cual la leyenda se mezcla con la Historia, hace abstracción de las fuentes según las cuales Moisés habría tenido sangre egip- cia en las venas, que es la versión más comúnmente admitida hoy. ¿Acaso no se habla de él como de un «príncipe egipcio» y, sobre todo, no se revela en el Nuevo Testamento que tuvo acceso a los misterios? «Moisés fue instruido en toda la sabiduría de los egipcios», está escrito. Esta frase no puede significar otra cosa que el conocimiento comuni-cado por los misterios. ¿Lo ponían al descubierto al primer extranjero llegado, aunque fuese el hijo adoptivo del faraón? No lo creemos.
Resulta interesante comparar el salmo 104 de la Biblia con el 
Himno de Atón, QUE LE ES ANTERIOR:



SALMO 104

1. ¡Bendice, alma mía, a Yavé! / Yavé, Dios mío, tú eres grande. / Estás rodeado de esplendor y majestad.
2. Revestido de luz como de un mundo. / Como una tienda tendió los cielos.
3. Alza sus moradas sobre las aguas. / Hace de las nubes su carro / y vuela sobre las plumas de los vientos.
4. Tiene por mensajeros a los vientos / y por ministros llamas de fuego. 
5. Él fundó la tierra sobre sus bases / para que nunca después vacilara. 
6. La cubriste con los mares como con un vestido, / y las aguas cubrieron
los montes.
7. A tu increpación huyeron, / y al sonido de tu voz se precipitaron.
8. Y se alzaron los montes y se bajaron los valles / hasta el lugar que les habías señalado.
9. Pusísteles un límite que no traspasarán, / no volverán a cubrir la tierra. 
10. Hace brotar en los valles los manantiales, / que corren luego entrelos montes.
11. Allí beben todos los animales del campo. / Allí matan su sed los asnos salvajes.
12. Allí cerca se posan las aves del cielo, / que cantan en la fronda.
13. De sus moradas manda las aguas sobre los montes, / y del fruto de sus obras se sacia la tierra.
14. Hace nacer la hierba para los animales, / y el heno para el servicio del hombre, / para sacar de la tierra el pan.
15. Y el vino que alegra el corazón del hombre, / y el aceite que hace lucir su rostro, / y el pan que sustenta la vida del hombre.
16. Sacia también a los altos árboles, / a las cedros del Líbano que plantó. 
17. En los cuales anidan las aves. / Y los cipreses, domicilio de la cigüeña. 
18. Los altos montes para las gamuzas, / las peñas para madrigueras del damán.
19. Hizo la luna para medir los tiempos, / y que el sol su ocaso conociese. 
20. Tú tiendes las tinieblas y se hace noche, / y en ella corretean todas las bestias salvajes.
21. Rugen los leoncillos por la presa, / pidiendo así a Dios su alimento. 
22. Sale el sol, y todos se retiran / y se acurrucan en sus cuevas.
23. Sale el hombre a sus labores, / a sus haciendas, hasta la tarde.
24. ¡Cuántas son tus obras, oh Yavé, / y cuan sabiamente ordenadas! / ¡Está llena la tierra de tus beneficios!
25. Éste es el mar, grande, inmenso; / allí, reptiles sin número, / animales pequeños y grandes.
26. Allí, las naves se pasean, / y ese Leviatán que hiciste por que allí retozase.
27. Todos esperan de ti / que les des el alimento a su tiempo.
28. Tú se lo das y ellos lo toman; / abres tu mano y sácianse de todo bien. 
29. Si tú escondes tu rostro, se conturban; / si les quitas el espíritu mueren y vuelven al polvo.
30. Si mandas tu espíritu, se recrían / y así renuevas la faz de la tierra. 
31. Sea eterna la gloria de Yavé / y gócese Yavé en sus obras.
32. Mira a la tierra, y tiembla; / toca a los hombres y humean.
33. Yo cantaré toda mi vida a Yavé, / entonaré salmos a mi Dios mientras viva.
34. Séale grato mi canto, / y yo me gozaré con Yavé
35. Desaparezcan de la tierra los pecadores, / y dejen de ser impios.
Bendice, el alma mia, a Yave Aleluya!!!

HIMNO A ATóN

¡Apareces maravilloso en el horizonte del cielo, tú, Atón viviente, comienzo de la vida!
Una vez te has levantado sobre el horizonte oriental,
has conferido tu belleza a todos los países.
Eres gracioso, grande, brillante y alto sobre los países.
Tus rayos alcanzan a las tierras situadas en el límite de todo.
Aunque estés lejos, tus rayos están en la tierra, que has creado. Aunque estés a la vista de los hombres, NINGUNO DE ELLOS TE CONOCE.
Cuando desapareces en el horizonte occidental, el país está en la oscuridad y parece como muerto...
Los leones salen de su antro...
La oscuridad es como una mortaja y la tierra está silenciosa... Al amanecer, cuando te levantas en el horizonte,
expulsas a la oscuridad y das tus rayos...
Los hombres hacen su trabajo.
Todas las bestias son felices en sus pastizales, árboles y plantas son florecientes, los pájaros que vuelan de sus nidos...
Todos los animales saltan sobre sus pies.
Todo lo que vuela y se posa...
¡Oh, DIOS ÜNICO, sin igual!
Creaste el mundo según tu deseo, cuando Tú estabas solo... ¡Qué eficaces son tus planes, oh Señor estás en mi corazón!
Y aquí no hay nadie más que te conozca...



Finalizamos aquí esos dos poemas sagrados, cuya relación es cuando menos sorprendente, dejando al lector juez de la identidad del contenido y de la forma de expresión. En el texto del salmista, es la Luna, grata a los pueblos semitas, la que tiene el papel principal, en tanto que en el texto (escrito por el propio Akenatón) egipcio este papel es encomenda- do al Sol.

El precursor del paganismo solar. Con la desaparición del «rey ebrio de Dios», el papel de receptáculo de la iniciación solar atribuido a Egipto había terminado, salvo en lo que concierne al pequeño núcleo de adeptos agrupados en la «Fraternidad de Heliópolis», cuya tradición se ha perpetuado hasta nuestros días.
Manetón fue en efecto encargado, como gran sacerdote de Heliópolis, de redactar la Historia completa de Egipto, pues se avecinaban los tiempos que verían el olvido y la profanación...
También a Heliópolis acudieron Solón y Pitágoras, éste antes de fundar en Crotona (Sicilia) una logia inicial que se valía de la tradición primordial.
Hubo, además, Salomón, quien, con todo y proseguir la herencia de Moisés, acudió a su vez para recibir la iluminación y la legó a su pueblo alzando su famoso templo según el modelo del templo de El-Amarna, es decir, en forma de cruz, añadiéndole el símbolo solar con el aspecto del disco.
A partir de Salomón, el paganismo solar, que se ha desarrollado independientemente de la religión hebraica, va a conocer un impulso decisivo.
Transmitido por las tribus arias que irrumpen desde el Estado de Mitani, este paganismo solar va a conquistar el derecho de ciudadanía en Persia, en Media, en Escitia, entre los naturales de la estepa de la época posterior a la de los hicsos.
El escritor británico Huart describe así el culto del Fuego, derivado del Sol, en esos diferentes pueblos:

... Ahura-Mazda, el dios supremo de los iraníes, es el Sol simboli- zado por el fuego. No tiene, NO PUEDE TENER IMAGEN. En los santuarios de los magos... los nombres que llevaban los fuegos sa- grados de los medos atestiguan el triple aspecto de la religión de la estepa (Sol, Fuego, Caballo). Bajo los sasánidas (224-728), se adoraba un fuego de la casa, un fuego del clan, un fuego del cantón. Los fuegos de los tres santuarios estaban considerados como protectores de las tres castas, la más célebre, la de los sacerdotes, se hallaba en Chorasmia...
Más tarde, serán los misterios griegos los que tomarán el relevo an- tes de desembocar en el culto de Mitra, solar en su esencia.
Después, la colonia de Heliópolis del Líbano (Baal'Beck) edificará un templo a petición del dios-Sol, transmitida por un oráculo, bajo Sep- timio Severo, el mismo Septimio Severo que hizo un viaje por el Nilo y oyó «cantar» a la célebre estatua de Amenofis III cuando la batieron los rayos del sol naciente.
Fue durante el reinado de este emperador romano cuando las dos corrientes del misticismo solar coincidieron, pues, por primera vez, un semita se había convertido en señor de Roma.
Aquellas dos corrientes volvieron a separarse con el triunfo del cris- tianismo que acarreó un gran trastorno de las ideas y de los hombres. Juliano, el emperador ilirio, intentó atajar el camino al cristianismo en un supremo esfuerzo de reanudar con la mística solar, pero su obra no sobrevivió a su muerte.
Se asiste entonces a un repliegue general del paganismo y esta «mís- tica» se oculta casi completamente. Notemos, sin embargo, que fue en Egipto donde tomó su impulso la Escuela neoplatónica de Plotino pre- sente en la ciudad de Alejandría.
En medio del océano rebullente de las luchas ideológicas, unos faros barren la espuma de los acontecimientos. En primer lugar, Alejandro se hace coronar faraón en el mismo país donde se dirigió Napoleón después que hubo recibido la iniciación masónica en la logia egipcia de
tlermes en Italia.

Como por azar, el mismo país vio pasar a un Von Sebottendorf y nacer a un Rudolf Hess. Cabe suponer que los conocimientos acumu- lados en ese país no fueron perdidos para todo el mundo. Nos daremos mejor cuenta de esa atracción por Oriente grata al corazón de los «inicia- dos» nazis releyendo la obra de Sebottendorf que trata de la «exposición del ritual, de la doctrina y de los signos de reconocimiento de la F*** M»** oriental». (Libro publicado en 1924 en Leipzig.)
Pero, llegados al término de nuestro estudio sobre Akenatón, se nos ocurre una pregunta, muy natural: ¿Cómo pudieron llegar semejantes secretos, a treinta y cinco siglos de distancia, hasta ciertos grupos ocul- tos que vale más no nombrar?

Aquí es cuando intervienen las «sociedades secretas», custodias de un «depósito sagrado», a las cuales hemos de referirnos para terminar.
Akenatón, precursor de las sociedades secretas. La audacia de Akenatón, que hace de él un faraón excepcional, no podía dejar de atraer sobre su reinado las luces de los «proyectores» iniciales. En efecto, el examen de las sociedades iniciáticas contemporáneas nos revela que esos grupos, a fin de cuentas harto discretos en sus trabajos, se valen todos, más o menos, de la iniciación solar cuyo instaurador o restaurador fuera este faraón. Todas se refieren en efecto a la existencia de una «Gran Fraternidad blanca» (llamada todavía «Gran Logia blanca»), pequeño grupo existente desde tiempos inmemoriales y cuyos miembros tienen por misión guiar a la raza humana en el camino del perfeccionamiento moral.
La única sociedad iniciática que nos da algunos detalles sobre la composición y el origen de esa gran logia de iniciados superiores es la ORDEN ROSACRUCIANA A.M.O.R.C. 

Pero oigamos mejor:
Los documentos escritos permiten remontar las genealogías de la Gran Fraternidad hasta la creación del Nuevo Imperio Tebano con la XVIII dinastía (1580-1321). Huelga decir que los imperios y dinas- tías precedentes no carecieron ni mucho menos de instructores... Pero es históricamente con Amosis I, fundador de la XVIII dinastía, cuando vemos establecerse, para las mentes cultas del Imperio, cla- ses de ciencias secretas que se celebraban en las habitaciones pri- vadas del faraón. Al volverse cada vez más selectos los discípulos, más profundas las enseñanzas y más dialécticas las discusiones, aquellas clases acabaron por transformarse en una sociedad secreta autocrática. Así fueron establecidas las bases de lo que sería la «Gran Fraternidad blanca»...

Y el autor, que debe de haber sido autorizado por sus superiores para decir más cosas, nos hace saber que:
Amenofis III hizo construir el templo de Luxor para la Fraternidad y tuvo un hijo, Amenofis IV, más conocido por el nombre que tomó: Akenatón. 
Fue nombrado gran maestre, por decreto del Consejo, el 9 de abril de 1365, en aquel templo. Cuando abandonó
Tebas por El-Amarna, hizo construir en esta ciudad para la Fraternidad el primer templo conocido en forma de cruz, así como casas para alojar a sus miembros: 283 hermanos y 62 hermanas... Fue Akenatón quien escogió, según se dice (reencontró) el símbolo de la rosa y la cruz.
Después de este lujo de precisiones, Jacques Duchaussoy puntualiza por último que los documentos históricos en que se inspiran estas líneas están en el museo rosacruciano de San Diego, California, sede y depósito de los archivos de la R-fC A.M.O.R.C.
Vemos, con sólo este ejemplo, la importancia que representa para ciertos tradicionalistas aquel faraón, puesto que no dudan en situarlo en cabeza de sus maestros espirituales. Añadamos que igual pasa con ciertas ramas, o más exactamente ciertas obediencias de la francmaso- nería mundial, que hacen partir su iniciación «solar» del antiguo Egipto
(por oposición con la francmasonería francesa que, en su conjunto, toma por punto de partida el cristianismo o la tradición hebraica).
La obediencia masónica mixta del «Derecho humano», por su parte, hace remontar su filiación al Egipto faraónico y, más precisamente aún, a Akenatón, «luz solar» por excelencia.

Hemos evocado, hace un instante, el caso de las sociedades iniciáti- cas hitlerianas y pensamos más particularmente en ellas a través de una obra publicada en 1958 con la firma de Savitri Devi y editada en Calcuta bajo el título: The Lightning and the Sun. En esta curiosa obra, el autor traza un paralelo admirativo entre Gengis Kan, Akenatón y Hitler calificándolos de «hombres contra el tiempo» y de depositarios de un «antiguo saber». Contentémonos con recordar que el «grupo Thule», que apoyó a Hitler hasta la toma del poder por los nazis en 1933, estaba a su vez muy ligado a la «Golden Dawn» británica, desviación racista de la Rosa + Cruz, cuyo mago negro, Alisteir Crowley, afirmaba ser el «predecesor de Hitler».
Los otros personajes de nuestra «Heptada» que se valen también de la iniciación egipcia son Federico II de Hohenstaufen (por el rodeo musulmán y templario) y Juliano, llamado él Apóstata (por el culto mitríaco, confluente de varias tradiciones).

Es hora ya de asomarse al destino de aquel que fue llamado a relevar aquella tradición en nuestro hemisferio: Zoroastro, padre de la religión aria, apóstol del Fuego y de la Mística solar, cuyos últimos representantes oficiales son hoy los parsis de la India y sus «torres del silencio».

CONTINUARA

Próximo Capitulo

ZOROASTRO o EL «HIJO DE LA LUZ»

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