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jueves, 28 de febrero de 2013

Sol Secreto del Temple

Una vez completada la publicación de los artículos en facebook, ya tenéis a vuestra disposición en nuestro bloque de libros:





jueves, 14 de febrero de 2013

Renuncia Papal --La razón oculta--

Hace pocos días Ratzinger visitaba a su camarero en la cárcel, condenado por haber robado documentación secreta del Vaticano con un informático, que se mantiene desaparecido, y que compromete a la iglesia católica en todas las causas por blanqueo de dinero de la mafia, tráfico de drogas y armas y decenas de miles de escándalos de abusos sexuales, explotación laboral y fraude económico en todos los países donde se halla implantada. 

La prensa fascista vendió que Ratzinger perdonaba a su secretario, le amnistiaba y le enviaba a casa. Y ahora, pocas semanas después, dimite, con razones tan increíbles como ridículas cuando la gerontología le mantiene en mejor estado que a cualquiera de sus centenares de antecesores. Miente, y todos lo sabemos.

Hasta aquí fue una publicación realizada por:
Publicado Anam Mare investigaciones
para NCVN TV. 11-02-2013 /9:18 H. —


DE LA ORDEN

La realidad indica que la visita Papal al autor del robo de los documentos secretos, es porque este aun tiene los papeles sucios del Vaticano, junto al informático, y son ellos quienes le obligaron a dejarle libre y ahora a dimitir si no quiere que esos papeles salgan a la luz o vayan a parar a manos de los fiscales italianos que investigan sus conexiones con la mafia y el blanqueo de dinero negro del narcotráfico, la prostitución y la venta de armas.

De ahí también la reunión con sus milicia secreta, “La Orden de Malta”. Y de ahí tambien sus declaraciones de hoy, dijo: “RENUNCIO POR EL BIEN DE LA IGLESIA”.- O sea, renuncia, porque es la única manera de que esos documentos nunca vea la luz y ese es el precio.

Esos documentos secretos daban FE, de cómo el vaticano administra decenas de organizaciones que investigan y han condenado con indemnizaciones multimillonarias a miles de abusados, explotados, violados e incluso castrados y asesinados.

Ratzinger no huye, lo echan. Y no lo hacen las dos subsectas que dominan el Vaticano desde hace décadas -Opus Dei y Jesuitas-, sumidas en la corrupción y lazos con el fascismo político o las mafias criminales, sino dos jóvenes católicos de la confianza de Ratzinger que se asquearon de la corrupción en la iglesia y decidieron tirar la casa por la ventana, dos jóvenes que pusieron su vida en peligro, para terminar de demostrar que el Vaticano es la “casa anticristica”, que bajo el manto de “Santo”, quiere imponer un nuevo Orden Mundial, en alianza con los mas bajo de la condiciones humana, el narco trafico, armas, prostitución, compra de lideres lavado de dinero sucio manchado de sangre etc..

El Papa sabe que deja una herencia negra y antes que le explote en la cara prefiere tapar el presente vaticano de “pederastas, crímenes, violaciones, blanqueo de dinero negro y organización mafiosa”: la verdadera herencia del Ratzinger, también vinculado al nazismo en su vida.

Llegó al Vaticano de la mano de Wojtyla y Reagan, protector de Maciel, fundador de la secta criminal de los “Legionarios de Cristo” acusados también de pederastas y violadores como su propio hermano, acusado de abusador del “Coro de los Gorriones” austríacos.

Durante su mandato, en la misma línea nazi, reaccionaria y corrupta, han salido al descubierto sus conexiones con la mafia y el blanqueo de dinero del narcotráfico, la prostitución y el crimen organizado, la fortuna y acciones en compañías farmacéuticas y fábricas de armas como Beretta, o su continuada protección, a pesar de las disculpas, a sus fanáticos 'creyentes'- a los violaciones de niños y niñas o la explotación de trabajadoras desde EEUU e Irlanda hasta Alemania, Holanda y Australia, sumando decenas de miles de casos y implicando desde cardenales hasta obispos y todas sus sectas, desde los maristas a los salesianos, pasando por los jesuitas y el Opus Dei.

E incluso, es vinculado directamente en esos documentos robados, con el comercio de niños robados en la España nacional católica, con monjas que se mueren sin papeles cuando más conviene, y siempre bajo la protección de un sistema político y judicial tan corrupto y criminal como la propia secta que lo nutre. 

El último Papa que renunció fue Gregorio XII (1406-1415), que vivió el llamado Cisma de Occidente, en la que coincidieron tres papas a la vez: además de Gregorio XII, el Papa de Roma, Benedicto XIII, el Papa de Aviñón, y el llamado «antipapa» Juan XXIII.

Con el concilio de Constanza, el emperador Segismundo obligó a dimitir a los tres pontífices, pero sólo Gregorio XII obedeció y tras él fue elegido Martín V.

El Papa; deja el sóleo vaticano hundido en la más negra de las situaciones, bajo investigación judicial por sus nexos y crímenes con la mafia y arruinada por los miles de millones que han pagar en indemnizaciones a los miles que fueron abusados, violados y torturados por sus sacerdotes. 

Es, evidentemente, que esto debía de pasar, no es una renuncia, es la huida de un Papa, ante la asunción de responsabilidades por décadas de corrupción de la que él ha sido núcleo también. 
Incapaz de enfrentarse al chantaje de dos miembros destacados de su organización-

* Todos los caminos de Roma conducen a Washington

Roberto Calvi, el ahorcado con los bolsillos llenos de ladrillos

Roberto Calvi, lejos de ser un simple banquero corrupto al que la mafia asesinó porque le debía dinero, es un nudo donde se entrecruzan los múltiples mecanismos de intervención norteamericanos sobre el viejo continente, y las antiguas alianzas plutocráticas entre organizaciones con un mismo interés compartido: Poder y Capital.

Ahora que el monto del escándalo pedofílico eclesiástico y la convivencia y complicidad de las más altas jerarquías quedan en evidencia, la respuesta vaticana es similar a la de aquellos sucesos en que las finanzas del estado católico quedaron visible y palmariamente unidas a las de la mafia, la CIA, la organización fascista Gladio y la muerte del cardenal Luciani, Juan Pablo I.

Fueron los mismos años en que alcanzaron el máximo poder Karol Wojtylla y Joseph Ratzinger, desde su sede cardenalicia en Baviera, y en que el Opus Dei se estableció como la más influyente secta entre la curia. 

Hagamos un poco de memoria y destapemos lo que tan bien el cardenal norteamericano Paul Marcinkus, el "banquero de Dios", consiguió que los medios callaran.

Ahora… solo queda esperar y ver quien tenia razón.

nnDnn

miércoles, 13 de febrero de 2013

Renuncia Papal

Dado que es un tema de absoluta actualidad,  y que levanta ampollas, vemos necesario publicar esta nota aclaratoria relacionada con la entrada anterior, "Y vendrá como un ladrón en la noche"




Orden de los Caballeros Templarios Un amigo de esta pagina me escribió: Cesar buen día, la verdad pensé que habría muchas personas en defensa del vaticano y que atacarían, pero para sorpresa mía veo que no fue así, y queda mas que claro que las publicaciones que has realizado tienen credibilidad, lo planteado en relación a como la iglesia a hecho su riqueza a costas de Fieles de corazón puro, Hitler y las relaciones con la mafia, al parecer ya era sabido y solo faltaba que se confirmara de alguna forma y es lo que se esta realizando por intermedio de las paginas de la Orden.

En relación a las Ordenes Neotemplarias me parece extraño que ante algunos pronunciamientos que has realizado sobre ellas a que son clubes sociales y no son la verdadera Orden ancestral, ni la Osmth y la Smoth MIt an salido en defensa a esas palabras, es mas la Smth MIt en su Blog frater temple, siempre realiza ataques en publicas en contra de actos que atente contra la sociedad y a ellos mismo, sin embargo se han mantenido en silencio cosa que no acostumbran. este año sera un año de revelaciones, era de esperar que Benedicto XVI renunciara, la Iglesia perdió credibilidad ante los sus fieles y eso le pasara la cuenta por todas las Injusticias que cometido por muchos años.


RESPUESTA: No están saliendo contra la pagina, pues la pagina demostró que ha llagado ya a mas de medio millón de personas, algo que ninguna orden neo templaria podría soñar jamas. Y la expansión es gracias a las publicaciones, información que ninguna otra pagina ha mostrado y eso genera dudas. La información es poder y las ordenes neo, no la tienen y saben que ellos no son los verdaderos, entonces, me imagino que la duda pasa, "no serán estos, por nosotros, los verdaderos?... y cualquiera sabe que la verdadera orden existe y si se tiene que mover en defensa de un miembro se mueve y te hace sentir su presencia y eso genera temor. Reza un dicho, enemigo de un templario es vivir en la incertidumbre y los que juegan a los templarios lo saben, juegan con gente que pueden jugar, pero no juegan con gente que saben que es peligroso jugar y menos con algo tan sagrado como la Orden. Hoy volví a tener autorización para diferenciar la Orden de todo el circo que hay en torno a su nombre y de ahí la fuerte publicación que incluso fue compartida en cada una de las ordenes neotemplarias en su propio blog. Veraz que mas allá de esto que parece una provocación directa, nadie abrirá la boca, porque este blog es el único con nombre del temple, que salió a decir lo impronunciable públicamente contra el vaticano, cosa que las neo, jamas harían por temor a el y a las iglesias que están en cada una de sus ciudades. 

Todo esto de la renuncia quizás adelanten los tiempos y la Orden esta creo por lo que me informaron por debajo, en aprobarme un viajé por sudamérica en primero paso a dejar clara la posición de la orden y si hay casos de hombres o mujeres que estén dispuestos, sumarlos. Pero dispuestos a ser un templario, no un vecino vestido de capa y espada para el mural, las fotos y la pared.


nnDnn

"Y vendrá como un ladrón en la noche"- Renuncia Papal

Al fin, ha quedado claro que todas las Ordenes Templarias que ves en Internet, o que te mandan un mail para afiliarte, son una gran mentira?

Después de ver como la Orden de Malta, tiene una misa para sus Caballeros con el propio Papa y reconocer, que tiene un presupuesto de 200 millones de euros al año…. ¿Al fin, ha quedado claro que todas las Ordenes Templarias que ves en Internet, o que te mandan un e-mail para afiliarte, son una gran mentira?

Pues yo creo que si.

Las verdaderas Ordenes, cada cual con fines y objetivos distintos, son ordenes poderosas y todas responden al Vaticano, a excepción de la Orden del Temple, aun admirada y temida, por igual, por su también poder económico. Las Ordenes al servicio del vaticano, son el poder en las sombras... manejan mas de 1000 millones de euros al año entre todas, y en especial la de Malta solamente, reconoce usar un presupuesta de mas de 200 millones de euros en su balance económico "oficial".

Muchos persiguen ser miembros de la Orden del Temple y poder ser los Templarios, pero el 99% son engañados, le sacan dinero, les hacen creer que son parte de una historia, cuando en realidad son parte solo de un “dibujo animado”. 
Estas organizaciones que se dicen Templarios, se visten de circo con medallas y honores que jamás ganaron, ni en batalla, ni en la paz. no manejan mas dinero que el que los fieles aportan y alguna que otra donación de empresa chica también engañada o Alcalde que busca una foto con la organización que tiene en su ciudad, que no es mas que un club social, o a caso ese mismo Alcalde no debió darle una PERSONERIA JURIDICA PARA FUNCIONAR? Entonces si el verdadero Temple solo responde a un Rey, (Jesús y su reino), que esta por encima del Estado Democrático, que nació libre de ataduras monárquicas y políticas terrenales, como ahora, deben tener personería jurídica, ubicándolas por debajo del Estado de un país soberano?.

El neo templarismo no es mas que un club de TE para hablar de lo que leyeron en los libros de historia mal contada.

Si los Templarios se fueron con todos sus tesoros, porque estas ordenes neotemplarias, que se adjudican la descendencia directa hasta con actas antiguas de sucesión, no tienen ni la mas remota idea de que paso con el Temple y su legado?.

Simplemente porque no tienen nada que ver con la Orden verdadera, que esta viva y se transformo en una Sociedad Secreta, pues aun es perseguida por sus archienemigos: el Vaticano, la Orden Hospitalaria, hoy de Malta, el Opus Dei y otras.

El Temple y su Orden, el Templi Secretum y el Eccretum Priori, siguen siendo la piedra en el "las Sandalias del Pescador".... y te daremos nuestra versión de por qué renuncia el Papa.
QUIERES SABER POR QUE RENUNCIO EL PAPA.

La verdadera Orden del Temple a través de esta web, te esta dando herramientas, conocimiento, verdades e información. Creo que el mensaje fue bien directo y contundente, la Orden del Temple no esta contra las Ordenes Neo Templarias, esta contra todo aquel que usa el nombre, la historia y la sangre derramada de los Templarios al servicio de Dios, en beneficio propio de una organización o persona. Pues si no hacemos este llamamiento público y callamos, somos iguales al los enemigos que combatimos a los largo de 2000 años.

Crees en la Iglesia? 

Pues bien... No cuestiones tu Fe, sino a quienes se auto proclaman celosamente veedores de ella ante Dios. 

Cuestiona a quienes dictan normas anticristianas, los que castigan la sexualidad, EL USO DE PRESERVATIVOS, ETC y son los principales acusados de abuso de menores, los que condenan la avaricia y son los mas ricos del planeta, los que predican la hermandad entre los hombres y provocaron las cruzadas y las guerras mas sangrientas, los que te dicen no jures en vano y son los que dieron muerte a millones en nombre de Dios, los que predican justicia y son socios de mafias, asesinos y están detrás de cada negocio negro como sus corazones, negocios que incluyen trafico de armas, droga y prostitución entre otro.

NO CUESTIONES TU FE, solo cuestiona tu corazón y a tu mente si aun después de saber esto, tienes la necesidad de confesarte ante la iglesia Romana.

HOY..... Será un día donde quizás muchos se den cuenta de lo que realmente pasa en el Vaticano realmente.


El TEMPLE SIGUE A LA ESPERA.

"Y vendrá como el ladrón en la noche" dijo Jesús.... Cuando nadie lo espere y sin que nadie sepa quien fue.




nnDnn

Jacques de Molay y el Proceso contra el Temple

INTRODUCCION
Jacques de Molay (nace en el 1243 y muere el 19 de marzo de 1314). Noble franco y último Gran Maestre de la Orden del Temple. Miembro de la familia de Longwy-Rohan, originario de Francia, fue elegido Jacques de Molay como Gran maestre del Temple al final de 1292 a la muerte del monje Gaudin, siendo entonces Mariscal de la Orden.
Organizó, entre 1293 y 1305, múltiples expediciones contra los musulmanes y logró entrar en Jerusalén en el año 1298.
En 1307, contando con el respaldo del Papa Clemente V, el rey Felipe IV de Francia ordena la detención de Jacques de Molay bajo la acusación de sacrilegio contra la Santa Cruz, herejía e idolatría. Molay confesó bajo tortura y murió en la hoguera en la isla de los Judíos en París frente a la Catedral de Notre Dame, el 11 de marzo de 1314, después de haber pasado varios años en prisión y haber aguantado los más horribles sufrimientos. Antes de morir se retractó públicamente de cuantas acusaciones se había visto obligado a admitir, proclamó la inocencia de la Orden y maldijo a los culpables de la conspiración. En el plazo de un año, dicha maldición se cumplió con la muerte de Felipe IV y de Clemente V por causas naturales.
Era un militar más que un político, lo que va a traer consecuencias en la caída de la Orden; ¿pero incluso un diplomático sagaz habría podido, ante los "juristas" de Felipe el Hermoso, salvar a la Orden?.
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LOS ULTIMOS AÑOS DEL TEMPLE
El khan de los Tártaros Mongoles, Kazan, se unió al rey de Armenia para declarar la guerra al sultán de Egipto. En 1299, propuso a los Templarios y Hospitalarios de volverles la Tierra Santa (en cuanto la conquistare) si se asociaban a su empresa. Templarios y Hospitalarios aumentan tropas, y participan en una gran victoria contra el sultán de Egipto. Encuentran la Tierra Santa y las ciudades que han dejado diez años antes, pero sin fortificaciones. Empiezan a fortalecer las murallas de Jerusalén cuando el Khan abandona el terreno conquistado para ir a Persia a someter una rebelión.
Templarios y Hospitalarios están de nuevo solos ante el sultán de Egipto, y a pesar de sus llamadas urgentes a Occidente, donde su retorno a Jerusalén causó una explosión de alegría, los refuerzos tardan en venir. Para evitar una matanza como la de San Juan de Acre, se ven obligados a dejar la ciudad santa, y a volver a Chipre. El sueño de una Jerusalén cristiana definitivamente esta terminado. En Chipre, las dos Órdenes están en estrecho vínculo. El rey de la isla, descendiente del Conde de Lusignan, les prohibió adquirir propiedades, por temor a que le disputen su poder, como lo hicieron con los reyes de Jerusalén.
Los Hospitalarios se apoderan de Rodas, y allí instalan su cuartel general. Intentan los Templarios establecerse en Sicilia, cuyo soberano se propone utilizarlos para una expedición contra Grecia. El templario Roger, que dirige este cuerpo expedicionario, se apodera de Atenas, avanza hacia el Hellesponto, devasta una parte de la Tracia. En la expedición, los Templarios dejan de lado a las ciudades caídas en su poder; solo guardan para ellos las riquezas de los botines. Riquezas que, torpemente adquirirán, mientras que se les acusare que no han sabido mantener Tierra Santa, insinuando que esta se había vuelto demasiado pobre para ellos... En 1306, a petición del papa Clemente V, que tiene el proyecto de hacer de los Templarios una milicia pontifical, el cuartel general del Templo se transfiere a París.
Los reveses de la séptima cruzada aceleraron la caída del imperio latino en el Este. El Vaticano quiso intentar un último esfuerzo: tuvo el pensamiento de reunir en una única estructura las Órdenes del Temple y el Hospital. Grégoire X armó un concilio en Lyon el 7 de mayo de 1274, dónde se debía tratar esta cuestión. La propuesta se rechazó, en previsión de la oposición del rey de Castilla y el rey Santiago de Aragón.
Accon, (Acre), el último lugar de la Cristiandad, cayó bajo el poder de los Alforfones el 16 de junio de 1291 donde los principales nobles de Beaujeu murieron con quinientos caballeros. Dieciocho Templarios y dieciséis Hospitalarios escaparon solo a la masacre. El rey Baudouin había tomado acre o Accon en 1104; Saladin se apoderó en 1187. Los cruzados reanudaron el ataque sobre los Alforfones en 1191; permaneció en poder de los cristianos hasta el 16 de junio de 1291 siendo el principal puerto de los Templarios. El papa Nicolás IV aceleró la convocatoria a un concilio en Salzburgo, con el fin de advertir a los nobles de llevar ayuda a la Tierra Santa.
La opinión general era que si las Órdenes militares, si el pueblo hubiera reunido todos sus esfuerzos en vez de dividirse por intereses, si todo el mundo hubiera hecho su deber, no se habría perdido la ciudad Santa. Nicolás IV no había perdido toda esperanza; enviados mongoles habían venido con el fin de contratar una alianza contra los Alforfones. El concilio de Salzburgo decidió que era absolutamente necesario reunir en solamente una a las tres Órdenes militares bajo una norma uniforme, y llamar al rey de los Romanos y los otros príncipes a la defensa de la Tierra Santa. Nicolás IV se murió sin haber podido emprender nada de esto.
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El propio Gran Maestre Molay se mostrará hostil a este proyecto de fusión. Lo declarará imposible, debido a los celos que dividían al Temple y al Hospital. La fusión de las dos Órdenes del Temple y el Hospital habrían salvado al Temple. Esta obstinación de los Templarios fue una de las causas de su pérdida; se los acusó que sacrificaran la Tierra Santa a pequeños celos, a intereses puramente materiales. Consideramos que los que se opusieron a la reunión de las dos Órdenes, que los que no prosiguieron la puesta a ejecución de esta medida que se han convertido en necesaria, carecieron de sentido político, porque estas dos Órdenes reunidas, con sus inmensas riquezas, su valor militar, podían crear en las islas del Levante y Grecia un extenso imperio marítimo, decidir el desarrollo de las flotas musulmanes, impedir el suministro de las costas de Siria, dominar los mares, preparar a Francia un futuro inmenso de relaciones comerciales y políticas. La utilidad de esta fusión ya había afectado al espíritu de Luís IX, esto es lo que se deduce de una carta de Molay dirigida a Clemente V en 1307.
LA CAIDA DEL TEMPLE Y SU GRAN MAESTRE
Último Gran Maestre de los Templarios, Jacques de Molay, nacido hacia 1245 en el castillo de Rahon (Alta Sajonia), obtenía su origen de los Majestad de Longwy y su nombre de un pequeño pueblo dependiente de esta tierra. Hacia el año 1265, fue admitido, aún muy joven, en la Orden de los Templarios y fue recibido por Imbert de Peraud, noble de Francia y Poitou, en la capilla del Temple, en Beaune. Llegado a Palestina, se distinguió en las batallas. A la muerte de Beaujeu, aunque Molay no estaba en Europa, una elección unánime lo nombró Gran Maestre. Se encontró en 1299 en la reconquista de Jerusalén por los Cristianos. Forzado a retirarse en la isla de Arad y de allí en la isla de Chipre, iba a reunir nuevas fuerzas para vengar los reveses de las armas cristianas, cuando el papa lo llamó a Francia (1305).
Llegado con 60 caballeros y un tesoro muy considerable, fue recibió en Francia con distinción por Felipe el Hermoso, que lo eligió como padrino de uno de sus hijos. La política que preparaba la destrucción de la Orden, había dado como pretexto el proyecto de reunir la orden del Temple y del Hospital. El plan de esta destrucción, concertada por el rey y sus agentes, se ocultó con tanta discreción, que el 13 de octubre de 1307 se pudo detener a todos los Templarios a la misma hora en toda Francia. La operación fue conducida por Nogaret, él mismo que detuvo a los 140 Templarios de París. Este oscuro personaje originario del Languedoc, era consejero del rey. La víspera de la detención, el Gran Maestre había llevado las condolencias a la ceremonia de entierro de la princesa Catherine, heredera del Imperio de Constantinopla, casa del Conde de Valois.
Luego de la detención de los caballeros y del Gran Maestre, los destinos de ellos estuvieron vinculados a los de la Orden en general. Se sabe que algunos cruzados franceses habían instituido esta Orden en 1118, con el único objetivo de proteger y defender a los peregrinos que viajaban a los santos lugares. La nobleza y la valentía de los caballeros, la utilidad y la gloria de su institución, los volvieron aconsejables a partir de su origen. Sus estatutos se elaboraron en el concilio de Troyes (14 de enero 1128); y, durante dos siglos, los privilegios concedidos por los papas, el reconocimiento de los reyes, de los grandes y del pueblo, la autoridad y el crédito que aumentaban cada día las hazañas y las grandes riquezas de los Templarios, hicieron a la Orden la más potente de la Cristiandad.
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Escudo del Gran Maestre de Molay
Difícil era evitar excitar los celos, incluso de los reyes, ya que en las altas esferas donde se habían elevado, era difícil que todos los jefes y todos los caballeros se mantuvieran siempre y por todas partes en una sabia moderación que habría podido prevenir o desarmar el deseo y el odio. Desgraciadamente para la Orden, el rey de Francia tuvo varios motivos para atacarla y el principal quizás, fue la escasez en el tesoro real, lo cual psicológicamente le permitió que sea menos difícil la decisión sobre los medios de apropiarse de los bienes de la Orden. Al momento en que se detuvieron al Gran maestre y a todos los caballeros que estaban con él en el palacio del Temple en París, el rey ocupó este palacio y se apoderó de sus posesiones y sus riquezas. Al detener a los otros caballeros en las distintas partes de Francia, se embargan también sus bienes. Los inquisidores procedieron inmediatamente con su labor contra todos los caballeros interrogándolos por medio de torturas, y amenazándolos con otras aun peores. Por todas partes, arrancaron entre los caballeros el consentimiento de algunos de los crímenes, avergonzados de los que se los acusaba que ofendían a la vez la naturaleza y la religión.
A las amenazas se adjuntaban medios de seducción para obtener los consentimientos que debían justificar los rigores de las medidas empleadas. Al principio de los procedimientos, treinta y seis caballeros se habían muerto en París bajo las torturas. Felipe el Hermoso puso en uso todos los medios que podía para desprestigiar a la Orden y a los caballeros en la opinión pública. El papa, creyendo su propia autoridad herida por los agentes del rey, en primer lugar había reclamado para si el juzgamiento de los caballeros. Felipe supo pronto calmar los escrúpulos del pontífice. La facultad de teología de París aplaudió las medidas del rey, y una asamblea convocada en Tours (24 de marzo 1308), explicándose en nombre del pueblo francés, pidió el castigo de los acusados, y declaró al rey que no tenía necesidad de la intervención del papa para castigar herejes, obviamente culpables. Se envió a Jacques de Molay con otros jefes de la Orden al papa, para explicarse ante él, pero se detuvo su marcha en Chinon, donde vinieron cardenales a interrogarlos. Los historiadores creyeron que Felipe el Hermoso había obtenido la tiara para Clemente V, imponiéndole distintas condiciones, una de las cuales era la abolición de la Orden. En el primer juicio, un enorme número de caballeros hicieron los consentimientos exigidos; y se cree generalmente que hasta el propio Gran Maestre cedió, como éstos, o al temor a los tormentos y la muerte, o a la esperanza que obtendría algunas condiciones favorables para la Orden, si no resistían a los proyectos de la política del rey.
Sin embargo el papa, obligado a dar una apreciación jurídica a los medios violentos que debían traer la destrucción de la Orden, convocó en 1308 un concilio en Viena para 1310 (él que se haría finalmente en 1311), y nombró a una comisión que viajó a París, con el fin de tomar contra la Orden en general un testimonio necesario e incluso indispensable para justificar la decisión del concilio. Felipe IV llevo a Jacques de Molay en presencia de estos Comisarios del papa, y en lengua vulgar le explico, las partes
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del procedimiento. Cuando escucho la lectura de unas cartas apostólicas que suponían que había hecho en Chinon algunos consentimientos, manifestó su asombro y su indignación contra tal aserción. Un gran número de Templarios aparecieron después de su jefe. El asunto tomó entonces un carácter imponente y extraordinario; los caballeros se mostraron dignos de la Orden y de ellos mismos, y de las grandes familias a las cuales tenían el honor de pertenecer. La mayoría de los que, forzados por los tormentos o el temor, habían hecho consentimientos delante de los inquisidores, los revocaron delante de los Comisarios del papa. Se compadecieron altamente de las crueldades que se habían ejercido hacia ellos, y declararon en términos enérgicos querer defender a la Orden hasta la muerte, de cuerpo y alma, delante y contra todos, contra todo hombre vivo, excepto el papa y el rey.
Los asuntos de los Templarios parecían estar pues en buena vía. Hacia la primavera de 1310, la Orden había encontrado en París una legión de partidarios, representados por fiscales regulares. Para los que querían obstruir la verdad, solo era tiempo de actuar. Actuaron, en efecto y no se habían imaginado aún nada tan escandaloso como los argumentos que utilizarían. Aprovecharon los pleitos que existían en paralelo contra la Orden y contra sus miembros, y de los jueces que asustaban mortalmente a los testigos del pleito contra la Orden. El juicio a la Orden en París pertenecía, en virtud de las cartas del papa, al concilio provincial, presidido por el arzobispo metropolitano de París. Ahora bien, el arzobispo era el hermano de uno de los principales Ministros del Rey, Enguerrand de Marigny y fue el que armó en París al concilio de su provincia. Este tribunal de investigación tenía el derecho a condenar sin oír a los acusados y a establecer sus sentencias de la noche a la mañana. Los fiscales de los presos comprendieron la terrible amenaza implicada en la brusca convocatoria de esta asamblea. Se lo indicaron, a partir del 10 de mayo de 1310, a la comisión pontifical. Pero el Presidente de dicha comisión, el arzobispo de Narbonne, se retiró en cuanto denunciaron el atentado proyectado de ejecución de los Templarios.
Se los declaró heréticos, y entregados a la justicia secular y se condenaron al fuego a todos los que persistieron en sus retractaciones. Los que nunca habían hecho consentimientos y que no quisieron hacerlo se los condenó a la detención perpetua, como caballeros no reconciliados. En cuanto a los que no se retractaron de las torpezas imputadas a la Orden, fueron puestos en libertad, recibieron la absolución y fueron nombrados Templarios reconciliados. Para acusar, preguntar, juzgar a los supuestos culpables, condenarlos a las llamas y hacer todo el juicio, basto el tiempo que pasó del lunes 11 de mayo al día siguiente a la mañana.
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54 caballeros fallecieron en París ese día, condenados como culpables por el arzobispo, se los amontonaron en carros, y fueron quemados públicamente entre Vincennes y Moulin-à-Vent de París, fuera de la puerta Saint- Antoine.
El procedimiento indica nominativamente algunos de los caballeros que sufrieron este honorable suplicio. Entre ellos, Gaucerand de Buris, Guido de Nici, Martin de Nici, Gaultier de Bullens, Jacques de Sansy, Enrique de Anglesy, Laurent de Beaune, Raoul de Estremecid. Todos los historiadores que hablaron del suplicio de los caballeros del Temple certificaron la noble entereza que pusieron de manifiesto hasta la muerte: Entonaron los santos cánticos y haciendo frente a los tormentos con un valor caballeresco y una dimisión religiosa, se mostraron dignos de la piedad de sus contemporáneos y la admiración de la posteridad. Un cronista de ese tiempo dijo que los caballeros "Sufrieron con una constancia que puso sus almas en gran peligro de condenación eterna, ya que indujo al pueblo ignorante a darlos por inocentes".
No era ya posible mantener la menor ilusión sobre la libertad de la defensa. Dos de los fiscales elegidos, sobre cuatro, habían desaparecido. La comisión reanudó el día 13, la irónica comedia de sus sesiones en la capilla Saint- Éloi. Pero se cambiaba algo desde la víspera. La aparición del primer testigo quien se presentó, era un caballero de la diócesis de Langres, Aimery de Villiers-le-Duc, un viejo de una cincuentena de años, templario desde hacia veintiocho años. Cuando se le leían los actos de acusación, se paró, pálido y como aterrado, protestando que si mentía, quería ir derecho al infierno por muerte súbita, golpeándose el pecho con sus puños, elevando los brazos hacia el altar, las rodillas en tierra y dijo "Reconocí, algunos artículos debido a torturas que me infligieron los jueces Marcilly y Hugues, caballeros del rey, pero todo es falso. Ayer, vi cincuenta y cuatro de mis hermanos, en los furgones, en marcha para la hoguera, porque no quisieron reconocer nuestros supuestos errores; pensé que no podría nunca resistir al terror del fuego. Reconocí todo, lo siento; reconocería que maté a Dios, si se quería". Luego suplicó a los Comisarios y a los notarios no repetir lo que acababa de decir a sus encargados, por temor a que se lo quemara también. Esta declaración trágica hizo bastante impresión sobre la gente del papa para que se decidieran a suspender temporalmente el proceso. No reanudaron sus operaciones, en adelante ficticias, hasta después de seis meses de interrupción.
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Los testigos oídos a partir de diciembre de 1310 fueron todos Templarios reconciliados por los sínodos provinciales, es decir, sometidos, que aparecieron "sin manto y con barba afeitada". Cuando la investigación se cerró finalmente, se expidió dos ejemplares para servir a la edificación de los padres del próximo concilio de Viena. Son dos cientos diecinueve hojas de una escritura uniforme. El concilio de Viena, prorrogado en sucesivas ocasiones, había sido fijado para el mes de octubre de 1311 el mismo día del aniversario de la detención, cuatro años antes, de los Templarios en toda Francia. Clemente V empleó los meses que precedieron, contra aquéllos que había condenado por adelantado, con un inmenso arsenal de pruebas. Sabía que se decía generalmente en Occidente: "los Templarios negaron las acusaciones en todas partes, excepto los que lo hicieron bajo las amenazas del rey de Francia". Era necesario cortar estos rumores; es con este fin que entonces el papa redactó las bulas para exhortar a los reyes de Inglaterra y Aragón a emplear la tortura, a pesar de los hábitos locales de sus reinos, que prohibían este procedimiento. Se expidieron órdenes de tortura también, a último momento, en Chipre y Portugal. Es así como hubo derramamientos de sangre mártir. Tenemos el relato de los suplicios infligidos en agosto y septiembre de 1311, por el obispo de Nimes y el arzobispo de Pisa; estos prelados solo enviaron al papa, las declaraciones de su agrado; silenciaron los testimonios de los obstinados.
El obispo de Angers, convocado al concilio ecuménico de Viena al igual que los prelados de la Cristiandad, redactó su "dictamen" por escrito, en estos términos: "Hay diferentes opiniones con respecto a los Templarios; los unos quieren destruir a la Orden sin demora, debido al escándalo que suscitó en la Cristiandad y debido a los dos mil testigos que certificaron sus errores; los otros dicen que es necesario permitir a la Orden presentar su defensa, porque es malo cortar un miembro tan noble de la Iglesia sin debate previo. Eh bien, creo, por mi parte, que nuestro señor el papa, abrasivo de su plena potencia, debe suprimir ex officio a una Orden que, tanto como pudo, puso el nombre cristiano en ojos de los incrédulos y que hizo dudar a los fieles en la estabilidad de su fe”. Por supuesto que un obispo, famoso monárquico, había querido destacarse en el momento de la apertura del pleito, he aquí cómo la cuestión de la culpabilidad del Temple se habría planteado a su conciencia.
Durante la lectura de los procedimientos hechos contra la Orden, 9 caballeros se presentaron como delegados de 1500 a 2000 miembros, y ofrecieron tomar la defensa de la Orden acusada. La augusta asamblea se esperaba este último acto de equidad, interés o piedad. Ahora bien el papa les hizo poner las cadenas, y estos mandatarios no pudieren defender a la Orden, aunque los miembros del concilio opinaran que debían oírlos. Clemente V presumió de este acto en una carta del 11 de noviembre de 1311 dirigida al rey. La sesión se terminó precipitadamente pues el incidente no tuvo otra consecuencia. La Orden del Temple era acusada de ser por entero corrompida por supersticiones impías. Después de los formularios de investigación pontificales, que contienen hasta ciento veintisiete rúbricas, se acusaba, en particular, de imponer a sus neófitos, antes de su recepción, insultos variados al crucifijo, besos obscenos, y autorizar la sodomía. Los sacerdotes Templarios, al celebrar la misa, habrían omitido voluntariamente consagrar las hostias; no habrían creído en la eficacia de los sacramentos. Finalmente se habrían dedicado los Templarios a la adoración de un ídolo (con forma de cabeza humana) o de un gato; habrían llevado noche y día, sobre sus camisas, cuerdecitas encantadas por el contacto de este ídolo. Tales eran las acusaciones principales.
Otra acusación era que el Gran maestre y los otros funcionarios de la Orden, aunque no fueran sacerdotes, se habrían creído con el derecho de absolver a los hermanos de sus pecados; los bienes se adquirían indignamente, las limosnas era mal distribuidas. La acusación representaba todos estos crímenes tal como controlados por una Norma
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Secreta. Por supuesto que los funcionarios del rey Felipe practicaron en todos los "Templos" de Francia severos registros, con el fin de descubrir objetos comprometedores, es decir: 1° ejemplares de la Norma Secreta; 2° los ídolos; 3° los libros heréticos.
La lectura de los inventarios nos enseña que no encontraron más que algunas obras de piedad y libros de contabilidad y ejemplares de la norma irreprochable de San Bernardo. En París, Pidoye, administrador de los bienes secuestrados, presentó a los Comisarios de la Investigación "una cabeza de mujer en un manto dorado, que contenía fragmentos de cráneo envueltos en una ropa". Era uno de estos relicarios como tenían en la mayoría de los tesoros eclesiásticos del siglo XIII; se exponía, seguramente, los días festivos, a la veneración de los Templarios.
La investigación no presentó pues contra la Orden ningún documento material, o sea a ningún "testigo mudo". Toda la prueba se basa en testimonios orales. Pero las declaraciones, tan numerosas que son, pierden todo valor si se considera que fueron arrancadas por el procedimiento inquisitorial. La palabra de Aimery de Villiers-le-Duc es decisiva: "Reconocería que maté a Dios". Solo queda pues por examinar los hechos abogados por la opinión de la sensatez. Si los Templarios habían practicado realmente los ritos y las supersticiones que se les asigna, habrían sido sectarios y entonces se habría encontrado entre ellos, como en todas las comunidades heterodoxas, entusiastas para afirmar su fe pidiendo participar en las alegrías místicas de la persecución. Ahora bien, no hay un templario, durante el pleito, que no se obstinó en los errores de su pretendida secta. Todos los que reconocieron la negación y la idolatría se hicieron absolver. ¡Cosa sorprendente, la doctrina herética del Temple no habría tenido un martirio!, ya que los centenares de caballeros y hermanos sargentos que se murieron en el tormento de la prisión, entre las manos del torturador, o sobre la hoguera, no se sacrificaron por sus creencias; les gustó mejor morir que reconocer, o, después de haber reconocido por fuerza, que persistir en sus confesiones. Se supuso que los Templarios eran Cataros; pero los Cataros, como los antiguos monjes de Asia, tenían la pasión del suplicio; en el tiempo mismo de Clemente V, los "dolcinitas" de Italia se sentían consolidados milagrosamente por la proclamación repetida y frenética de sus doctrinas. En los Templarios, no hay alegría consagrada, no hay triunfo en presencia del verdugo. Es una negación que tienen muy reservada. Si los Templarios se habían entregado realmente a los excesos, no sólo monstruosos, sino que estúpidos, que se les acusaron, todos, preguntados sucesivamente y forzados confesar, habrían descrito estos excesos de la misma manera. Cuando hablan de las ceremonias legítimas de la Orden, varían en gran parte, al contrario de las confesiones de los pretendidos rituales blasfemos.
Michelet, que creía en los desórdenes del Temple, observó bien "que las negaciones son idénticas, mientras que todos los consentimientos varían en las circunstancias
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especiales"; llega la conclusión "que se convenían las negaciones por adelantado y que las diferencias de los consentimientos les dan un carácter particular de veracidad". Si los Templarios eran inocentes, sus respuestas a los mismos jefes sobre las acusaciones no podían ser idénticas; si eran culpables, sus consentimientos habrían debido ser igualmente idénticos. La inverosimilitud de las cargas, la ferocidad de los métodos de investigación, el carácter contradictorio de los consentimientos podían seguramente preocupar a los jueces, incluso a los jueces de ese tiempo.
¿Quién habría resistido a la comparecencia de los suplicios de la investigación, a la exposición de sus heridas, a sus protestas de amor para la Iglesia perseguidora, a estos acentos dolorosos de los que el eco, recogido por los notarios de la gran comisión, nos mueve y convencen aún?. Los que tenían sus razones para que la luz no se hiciera debían pretender, por todos los medios, suprimir, hasta el final, los debates públicos. El bozal que se puso, en efecto, sobre la boca de los últimos partidarios de la Orden en el concilio de Viena, reunido para oírlos, es aún un argumento en favor de los Templarios.
Se conoce mal la historia del concilio de Viena. Pero se conjeturan intrigas del rey de Francia para forzar la mano del papa, para eludir la decisión del concilio. Clemente V estaba dispuesto a terminar; decía, el informe de Alberic Rosate: "Si la Orden no puede destruirse per viam justi, que lo sea per viam expedien, para que nuestros queridos hijos del rey de Francia no se escandalicen". En su decisión estaba seguro de los obispos franceses. Los de Alemania, Aragón, Castilla e Italia, todos casi había pagado a los Templarios de sus circunscripciones diocésanas, inclinaban a instituir un debate en norma. Encima del desconcierto, había sido necesario que Clemente hiciera encerrar a los nueve caballeros del Temple que habían aparecido repentinamente en Viena, como representantes de los Templarios fugitivos que erraban en las montañas de Lion, lo que equivalía a suprimir una segunda vez a la defensa, en violación del derecho. Los Prelados extranjeros se habían indignado. Se comprendió entonces que Felipe el Bello procedía a sacar el última remanente de fuerza. Desde Lyon supervisaba al concilio, y dónde había convocado una nueva asamblea de los prelados, nobles y comunidades del reino "para la defensa de la fe católica", el rey viajó a Viena (marzo 1312) con un ejército. Se sentó junto al papa. Endurecido éste, se apresuró a hacer leer, delante de los padres, una bula que había elaborado de acuerdo con los consejeros reales. Es la bula Vox in excelso, del 3 de abril de 1312, donde el papa reconoce que no existe contra la Orden prueba para justificar una condena canónica; pero considera que la Orden que es odiosa al rey de Francia, no había tenido a nadie que quisiera tomar su defensa, que sus bienes se estaban y se perderían cada vez más en las cercanías de Tierra Santa durante la duración de un pleito cuyo final no se podría prever; de allí, la necesidad de una solución provisional.
El Papa suprime pues a la Orden del Temple, por vía de provisión o Reglamento apostólico, "con la aprobación del Santo Concilio". Así muere oficialmente la Orden del Temple, suprimida, no condenada, degollada sin resistencia. Los actos del concilio de Viena se retiraron a tiempo, y la bula que suprime vía provisión a la Orden del Temple, se imprimió por primera vez recién en 1606.
En los considerándoos de la bula, publicados cuatro días solamente después de la bula de abolición, el papa declara que el conjunto de la información recabada contra la Orden y los caballeros no ofrece pruebas suficientes para creerlos culpables, sino que resulta una gran sospecha. De esta forma es empleado por Clemente V contra los Templarios, de la misma forma que Clemente XIV lo hizo cuando suprime a la Orden de los Jesuitas, el 31 de julio de 1773, se lee: "El papa Clemente V suprimió y completamente abolió la Orden militar de los Templarios, debido a la mala reputación
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de entonces, aunque esta legítima Orden había prestado a la República cristiana servicios tan brillantes, el apostólico Vaticano lo había colmado de bienes, privilegios, poderes, exenciones y permisos, y aunque finalmente el concilio de Viena, que este pontífice había encargado el examen del asunto, había pedido abstenerse para el pronunciamiento formal y definitivo."
La bula Vox in excelso dejó en suspenso dos cuestiones difíciles: a) la suerte de los Templarios prisioneros, b) la suerte de los bienes del Temple suprimido. La limpieza de los bienes del Temple había comenzado durante el pleito, a pesar de la vigilancia de los administradores. El apetito de los príncipes fue afilado por este asunto hasta el punto que algunos pensaron hacer compartir la suerte de los Templarios a los Hospitalarios y a los demás caballeros. El arzobispo de Riga acusó a la Orden Teutona de herejía en 1307. Ya es la avidez espoliadora de los príncipes protectores de la Reforma. Después del concilio de Viena, se procedió al despedazamiento metódico de la presa. En teoría, se transfirieron todas las propiedades de la Orden al Vaticano, que las volvió a poner en los Hospitalarios, pero esta transferencia ficticia no impidió a la Corona retener la mejor parte. En primer lugar las deudas del rey hacia la Orden se resolvieron, además que había cogido todo el efectivo acumulado en los bancos del Temple. Fue más lejos cuando los despojos de los Templarios se habían asignado oficialmente al Hospital: afirmó que dado que no se reguló sus antiguas cuentas con el Temple, seguía siendo acreedor de la Orden por sumas considerables, de las cuales era por otra parte inutilizable especificar el importe.
Los Hospitalarios, substituidos en los derechos y a cargo del Temple, se vieron obligados a estar de acuerdo, por este motivo, a una transacción: pagaron dos ciento mil libras de oro, el 21 de marzo de 1313, y este sacrificio no los salvo de las reclamaciones de la Corona, ya que abogaban aún, a este respecto, al tiempo de Felipe el Largo. En cuanto a los bienes inmuebles, Felipe el Bello percibió pacíficamente las rentas hasta su muerte, y más tarde los Hospitalarios, para obtener las propiedades dicen que es necesario que les compense la Corona de lo que habían gastado para el mantenimiento de los Templarios encarcelados entre 1307 a 1312, gastos que eran de cárcel y tortura. Parece probado, en resumen, que los Hospitalarios se empobrecieron más bien que se enriquecieron por el regalo hecho a su Orden. Aun permanecían los presos. Parece que después de la abolición de la Orden, la persecución contra los caballeros cesó. Se aflojó al que quiso pasar por la humillación de los consentimientos. Entre estos liberados, los unos vagabundearon, otros intentaron ganar su vida con trabajos manuales; algunos entraron en conventos, y algunos, disgustados del oficio, se casaron, mientras que otros se fueron con lso musulmanes o escaparon a los reinos en los cuales no había persecuciones como era el de Escocia.
Los impenitentes y acusados eran victimas de los castigos de la ley inquisitorial. De los más famosos de la última hora fueron dos de los altos dignatarios quienes el papa habían reservado a su juicio personal: Jacques de Molay y el preceptor de Normandía, Geoffroy de Charnay. Los primeros consentimientos del Gran Maestre y la larga persecución de la cual había sido objeto permitían esperar que jaqueado por el infortunio, renovara públicamente la confesión de los crímenes de la Orden y así justificaría los rigores ejercidos por la justicia del rey. El Gran Maestre de la Orden del Temple siempre había reclamado a su juicio, que el papa se había reservado personalmente; pero el pontífice, temiendo la presencia del Gran Maestre, nombró a tres Comisarios para juzgarlo en París, así como a otros tres jefes de la Orden. Es el 22 de diciembre de 1312 que Clemente V, en conjura con el rey Felipe, encargo a tres cardenales franceses, Arnaud de Farges su sobrino, Arnaud Novelli monje de Cîteaux, y Nicolas de Fréminville hermano predicador, para examinar a estos grandes jefes, por ellos mismos que al mismo tiempo, para salvarse, habían abandonado a sus
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hermanos. Se les encargaba oír la última declaración de Jacques de Molay, y la de los tres jefes que estaban con él y Geoffroy de Charnay. Se les pedía reconocer la justicia de la doble sentencia de condena, fundada sobre la verdad de las acusaciones imputadas a la Orden de los Templarios y conforme a los testimonios ya numerosos recogidos por los tribunales: había sido para los dos soberanos (Papa y Rey) un esperado y brillante triunfo.
El 18 de marzo de 1314, fueron llevados los cuatro caballeros al pórtico de Notre Dame para escuchar la frase, a saber el "muro", la detención a perpetuidad. Molay y Charnay fueron sostenidos en andas hasta allí, estaban en prisión desde hacia siete años. En su Historia de los caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, el abad de Vertot afirma que en el momento en que todos sus jueces y toda París esperaban ver a Jacques de Molay confirmar públicamente sus supuestos consentimientos, "se sorprendieron cuando este preso sacudió las cadenas que lo dominaban, avanzó hasta el borde del andamio, luego, elevando la voz para que se oyera mejor, dijo: es bien justo, que en un tan terrible día, y en los últimos momentos de mi vida, descubra toda la iniquidad de la mentira, y que se haga triunfar a la verdad. Declaro pues, a la cara del cielo y la tierra, y reconozco aunque a mi vergüenza eterna, que cometí el más grande de todos los crímenes; pero solo esto conviniendo de los que se imputa con tanto negrura, a una Orden que la verdad me obliga hoy a reconocer inocente. Ni siquiera hice la declaración que se exigía de mí para suspender los dolores excesivos de la tortura, y para convencer a aquéllos que me los hacían sufrir. Sé los suplicios que se hizo sufrir a todos los que tuvieron el valor de revocar una confesión similar. Pero el terrible espectáculo que se me presenta no es capaz de hacerme confirmar una primera mentira por vez segunda, con una condición tan infame: renunciar a una vida que no me es ya demasiado odiosa. ¿Y de qué me serviría prolongar tristes días que solo debería a la calumnia?”.
Famoso por su nacimiento que lo hacía padre del rey, Geoffroy de Charnay, Maestre de Normandía y hermano del delfín de Auvernia, confirmó esta declaración y se asoció al arrepentimiento del Gran Maestre. Los dos caballeros restantes presentes persistieron en sus consentimientos. Como la muchedumbre se removia, los cardenales, compartiendo el desorden común y no atreviéndose a no decidir la suerte de los reclusos, suministraron sin demora al preboste de París a los dos confesores tardíos de la verdad; se avisó al rey, y el consejo armado al momento los condenó a la muerte, sin reformar la frase de los Comisarios del papa y sin hacer pronunciar a ningún tribunal eclesiástico. La noche del mismo día, un andamio se elaboró, en la isla de la Ciudad, en frente del muelle de los Agustinos. Los dos caballeros, Molay y Charnay, subieron sobre la hoguera, que se encendió, y se los quemó a fuego lento. Similar a los mártires que celebraban las alabanzas de Dios, Jacques de Molay cantaba los himnos en medio de las llamas. Mézeray informó que se oyó al Gran Maestre decir: ¡"Juez inicuo y cruel verdugo! te convido a comparecer, en cuarenta
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días, ante el tribunal del soberano juez". Algunos escriben, que remitió igualmente al rey a comparecer en un año. Quizás la muerte de este príncipe, y la del papa, que llegaron precisamente en los mismos términos, dio lugar a la historia de esta maldición. Otra leyenda afirmará más tarde que el Gran Maestre del Temple habría expresado: ¡"Malditos! ¡Malditos! serán todos malditos hasta la decimotercera generación de sus razas!... ". Todo el mundo dio lágrimas a tan trágico espectáculo, y se afirma que personas devotas recogieron las cenizas de estos dignos caballeros. Si estas clases de tradiciones no son siempre verdaderas, permiten al menos creer que la opinión pública, que los acogió, juzgaba que los condenados eran inocentes. Todo el asunto se explica por esta palabra profunda de Bossuet: "Reconocieron en las torturas, pero negaron en los suplicios".
Clemente V sucumbió un mes después de la ejecución de Molay (20 de abril 1314), de una enfermedad terrible; el ministro Nogaret, que había supervisado la detención de los Templrios a través de toda la Francia en 1307, se murió el 27 de abril de 1314, envenenado; Felipe el Bello, a su vez, desapareció algunos meses más tarde, el 29 de noviembre de 1314, durante una cacería de jabalí (habría caído del caballo). A su muerte, su primer hijo, Luís X sube al trono. Pero muere dos años más tarde, a la edad de 26 años, de una fiebre que habría contraído entrando en una gruta. Su esposa, la reina Clemencia, estando embarazada asumió la corona, mientras que Felipe el Largo, hermano de Luís, solo tomó el título de regente: Clemencia parió, el 15 de noviembre de 1316, un hijo al cual se dio el nombre de Jean, y que solo vivió cinco días (Jean I el Póstumo). Felipe tomó entonces el título de rey bajo el nombre de Felipe V; pero no estuvo sin conflictos. Luís X había tenido a Margarita, su primera mujer, una muchacha nombrada Jeanne, heredera del reino de Navarra: el duque de Borgoña, su tío, afirmaba que debía heredar también el reino de Francia y como desde Hugo Capeto era la primera vez que la corona dejaba transmitirse directamente del padre a los hijos, para remontar del sobrino al tío, él podía intentar oponer el hábito de los países donde las mujeres reinan a los hábitos de las dos primeras dinastías que las excluían del trono. Este conflicto se juzgó solemnemente en una asamblea celebrada en París, y se aprobaron los antiguos usos que siempre han tenido fuerzan de ley, aunque no se encuentra el texto escrito en ninguna parte, incluso en la ley sálica, que no contiene un único artículo relativo a la corona. Felipe V reinó seis años y se murió a los 29 años. Quedaba el último de los hijos de Felipe el Bello, Carlos IV, que subió al trono en 1322 antes de morir también seis años más tarde. Tenía 33 años.
Así pues, en el espacio de catorce años, los tres hijos de Felipe el Bello, que tenían de su padre esta belleza masculina que da la esperanza de una larga vida y de una numerosa posteridad, subieron al trono, y desaparecieron sin dejar herederos. La corona pasó a una rama colateral, en la persona de Felipe de Valois, como primer príncipe de sangre; pero como la viuda del rey recién muerto se encontraba preñada, solo tomó el título de regente, hasta el día en que parió a una muchacha. La ley sálica, alegada en 1316 por los segundos hijos de Felipe el Bello para apoderarse del trono, sellaba en 1328 la extinción de la dinastía Capeto.




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Jacques de Mailly





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Encomiendas Templarias

Desde la encomienda de Barcelona recuperamos el apartado histórico de la orden del Temple. El catedrático en historia, Alain Demurger, nos transporta a través del tiempo para adentrarnos en cómo se respiraba en las encomiendas templarias. Para ello hemos seleccionado un nuevo texto de su libro “Vie et mort de l’ordre du Temple”.

Desde Temple Barcelona esperamos que su contenido os sirva para contextuar la vida que llevaba un caballero templario.

Además de administrador, el preceptor o comendador es también el jefe de una comunidad religiosa. A ese título, debe velar por el respeto de la regla. Redactada en función de las necesidades de la orden en Tierra Santa, los templarios de Occidente tienen, sin embargo, que conformarse a ella. Por lo demás, ciertas prescripciones se aplican con mayor facilidad que en Oriente, las que se refieren al servicio divino, por ejemplo.

La ascesis templaria se ajusta a las condiciones particulares de la vida del monje soldado, que lleva la dura vida de los campamentos. Y aunque no la lleve siempre ni en todas partes, debe evitar toda práctica ascética susceptible de alterar su salud. El dominico Esteban de Borbón relata la historia del “Señor Pan y Agua”, un templario que, a fuerza de privaciones, se había debilitado tanto que no se sostenía sobre el caballo. La regla del Temple no exige ese género de prácticas. Muy al contrario, el templario tienen derecho a cierto confort. Ha de llevar ropa adaptada tanto a los fuertes calores como al frío (artículo 20); tiene derecho a un material cómodo para acostarse (artículo 21), y los inventarios hechos en las casas templarias en el momento de la detención de los miembros de la orden en 1307 enuncian con precisión los elementos de la ropa de cama en el dormitorio común. En su primera redacción, la regla recomienda a los hermanos que permanezcan sentados durante el oficio:

“Ha llegado a nuestros oídos […] que, sin interrupción, oís de pie el servicio de Dios. No os lo recomendamos. Lo desaprobamos. Y ordenamos que […], para el canto del salmo que comienza por Venite y para el Invitatorio y el himno, tanto los fuertes como los débiles se sienten […]. Pero al final de los salmos, cuando se cante el Gloria Patri, por reverencia a la Santa Trinidad, levantaos e inclinaos; los débiles y los enfermos inclinarán la cabeza… (artículos 15 y 16)”.

Pero las diferencias con la ascesis monástica tradicional son más marcadas todavía en el capítulo de la alimentación. El templario hace dos comidas diarias, a excepción de los períodos de ayuno, en las que no hace más que una. El maestre del Temple también, por consiguiente. El preceptor de una encomienda puede autorizar una tercera comida. El templario como carne tres veces a la semana (artículo 26). “Muchas veces, se da dos clases de comidas a todos los hermanos, a fin de que los que no coman de una puedan comer de la otra, o de tres clases, cuando hay abundancia en las casas y los comendadores lo quieren así” (artículo 185).

Las comidas transcurren en silencio, como en todas las comunidades monásticas. De todos modos, el templario medio no conoce, como los cluniacenses, el lenguaje de los signos que permite pedir pan o sal sin decir una palabra. Por ello, se le permite hablar un poco, aunque discretamente, para no molestar al lector, que lee fragmentos de los textos sagrados.

Esté en Tierra Santa o en Occidente, el templario no debe permanecer ocioso. Cuando el preceptor de su convento no le requiera para cumplir un servicio, se ocupará de sus caballos y sus armas (artículo 285). En este caso necesario, mandará efectuar las reparaciones necesarias. Por lo demás, prohibírselo equivale a una sanción. No hace falta precisar que, entre los hermanos de oficio, el hermano herrero es uno de los más solicitados.

¿Los templarios se entrenan para el combate? La carga de la caballería pesada no se improvisa. En Occidente, torneos y cacerías preparan al caballero para el combate. Ahora bien, la regla prohíbe a los templarios ambas actividades. Sin duda hay que identificar como maniobras de entrenamiento esos desplazamientos en grupo, de “albergue” en “albergue”, que llevan a cabo los templarios de Oriente para ocupar los momentos de ocio. ¿Y en Occidente? Se sabe poca cosa al respecto. A veces se cita al campo de Fickettscroft, en Londres, como terreno de entrenamiento. Los estatutos conventuales prevén concursos de tiro al arco y a la ballesta, animados con apuestas sobre objetos sin valor (artículo 317).

El servicio divino ocupa una parte bastante importante de la vida diaria. La regla prevé el caso, frecuente en Oriente, de que los templarios no puedan celebrar regularmente el servicio divino porque sus obligaciones militares se lo impiden. Autoriza incluso a aprender los oficios de prima, tercia y sexta (artículo 10). Pero, excluyendo estos casos de fuerza mayor, los templarios tienen que conducirse como religiosos y seguir los oficios, recitar salmos y padrenuestros en las horas canónicas. Nada que ver, ya se imagina, con el esplendor del Opus Dei de los cluniacenses. Sin embargo, no se debe subestimar el alcance de estas oraciones en común, que han contribuido, en la misma medida que los combates, a forjar un espíritu de cuerpo. Jacobo de Molay, el último maestre del Temple, no se equivocaba sin duda al decir, durante el interrogatorio a que se le sometió en noviembre de 1309:

“…que no conocía orden en que las capillas y las iglesias tuviesen ornamentos, reliquias y accesorios del culto divino mejores ni más bellos y en que el servicio divino fuese mejor celebrado por los sacerdotes y los clérigos, a excepción de las iglesias catedrales”.

El hecho de que el servicio divino esté asegurado por un capellán miembro del Temple no dispensa totalmente a los templarios de recurrir a los servicios de sacerdotes u obispos exteriores a la orden. Todas las casas del Temple no disponen de un hermano capellán, y éste no disfruta de un poder de absolución ilimitado. No está capacitado para “juzgar” a un templario culpable de la muerte de un cristiano, ni a un templario culpable de simonía (tráfico con los sacramentos de la Iglesia). Por último, un templario puede recurrir siempre a los servicios del sacerdote de su preferencia; una bula pontificia lo recuerda expresamente a principios del siglo XIV. La acusación hecha a la orden a este respecto –es decir, la negativa a consultar a clérigos exteriores a la orden- es falsa. Actuando como testigos en el proceso de los templarios de Lérida, Aragón, ciertos franciscanos afirmaron que habían recibido con frecuencia las confesiones de templarios. No puede negarse que se dieron abusos en este terreno. No sólo los capellanes de la orden se excedían en sus poderes, sino que se sabe con seguridad que maestres y preceptores, no ordenados sacerdotes, absolvieron a veces los pecados de sus hermanos, para lo cual no tenían ningún poder. El obispo de Acre, Jacobo de Vitry, puso en guardia a los templarios contra esta tentación. “Los hombres laicos no deben usurpar las funciones del sacerdote […], ya que las llaves no les han sido confiadas, no el poder de atar y desatar”.

Los templarios tenían el deber de dar limosna y practicar la caridad, lo mismo que la hospitalidad. Su ideal no se limitaba a combatir, sino que consistía en conducirse a diario como “pobres caballeros de Cristo”. Hacer voto de pobreza significa también ayudar a los pobres. Tanto en Jerusalén como en la más pequeña encomienda, los templarios están obligados a dar de comer a los pobres. Al final de las comidas, preparadas con abundancia para este fin, se distribuían los restos. Las casas del Temple debían acoger a los huéspedes de paso. La carga resultaba particularmente pesada para la casas presbiterial de Jerusalén.

Durante el proceso, se acusó con frecuencia a los templarios de avaricia. Se les reprochó asimismo acoger de mejor gana a los huéspedes de pago, a los ricos, que a los pobres a los que había que mantener. De creer a juan de Wurzburgo, que visitó el Temple durante la segunda cruzada, los templarios no hacían en este campo la décima parte de lo que hacía el Hospital. Maticemos, sin embargo. Las acusaciones no son generales. La caridad y la hospitalidad no forman parte de las misiones de la orden. El Hospital, orden caritativa, se ha convertido en orden militar. El Temple no recurrió nunca –no tenía por qué recorrerlo- el camino inverso.

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Renuncia del Papa



El PAPA RENUNCIO... pero cumplió con la Agenda.

En Noviembre del 2011, comenzaron la actual agenda de crear una gobierno mundial, con un solo "Líder Mundial", un solo banco mundial y una sola dirección política mundial.

EL propio Benedicto, propuso a la ONU el nombramiento de un único líder. Algo que ya se describe claramente en las profecias. 
Ahora el Vaticano, espera el cumplimiento de las Profecias, o es parte de su agenda política?

EL PAPA RENUNCIO

Eso ya no es noticia. Esta claro que para los que sabíamos que el Papa Benedicto era un Papa transitorio después de JP II, no nos sorprende esta noticia. 
Lo que sorprende a medias, es que hiciera el anuncio después de una Misa privada para los caballeros de la Orden de Malta. 

La pregunta es, el Vaticano esta cumpliendo con una agenda política con eso, seguramente la respuesta si. (eso no quita que también "seguramente" el Papa, termino su trabajo y tiene todo el derecho de retirarse a pasar sus últimos años en paz).

La siguiente pregunta es... quien será el próximo Papa?. Si es un papa de origen del continente Africano, pues bien daré una fuerte noticia, sino lo es, reservare la misma para ese día, que sin duda llegará, mas pronto que tarde.



ORDEN DE MALTA, no se sabe quien tiene mas glamour, el Papa o el Gran maestre y sus Caballeros, fieles sirvientes políticos y custodios económicos del Papa por 900 años.

Orden de Malta-Vaticano1-Periodista Digital


AQUI TIENE LA HISTORIA DE LA ORDEN...

Hacen mucha ayuda social en el mundo, claro esta: manejan 200.000 millones de Euros anuales... Todo según la Orden donaciones en su mayoría... Como siempre lo fue el Vaticano (el mejor lugar para lavar dinero en su banco Ambrosiano entre otros), creo que la Orden de Malta, tiene las misma escuela. Deberían haber una investigación para saber quienes son sus patrocinadores y el origen de los fondos. 
Teniendo en cuenta que Grecia, estuvo al borde de una guerra civil por un rescate de 800.000 millones, como una Orden sin fines de lucro, maneja 200.000 de euros por año de presupuesto y eso es lo declarado solamente. 

Por algo la Orden del Temple sigue siendo clandestina. Se entiende ahora cuando digo de enemigos poderosos, y las organizaciones neo templarias, son solo de "juguete", son clubes sociales... y nada mas. 

La Orden de Malta, es la antigua Orden Hospitalaria, primer rival histórico de los Templarios y enemiga acérrima, que se quedo con mas de la mitad de las posesiones templarias, luego de la persecución. 
Todo fue otorgado por los reyes y el Papado que conspiro junto a esta Orden de San Juan para que los Templarios desaparecieran.


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domingo, 10 de febrero de 2013

Los Grandes Maestres, breve historia y Escudos de Armas



Hugo de Payens
Robert de Craon














Evrard des Barrès
Bernard de Tremelay














Bertrand de Blanchefort
Philippe de Milly
















Eudes de Saint-Amand
Arnaud de Torroja















Gérard de Ridefort
Robert de Sablé














Gilbert Hérail
Philippe de Plaissis














Guillaume de Chartres
Pedro de Montaigú













Armand de Périgod
Gullaume de Sonnac













Renaud de Vichiers
Thomas de Bérard













1. Hugo de Payens (1118-1136)
2. Robert de Craon (1136-1146)
3. Evrard des Barrès (1147-1151)
4. Bernard de Tremelay (1151-1153)
5. André de Montbard (1154-1156)
6. Bertrand de Blanchefort (1156-1169
7. Philippe de Milly (1169-1171)
8. Eudes de Saint-Amand (1171-1179)
9. Arnaud de Torroja (1180-1184)
10. Gérard de Ridefort (1185-1189)
11. Robert de Sablé (1191-1193)
12. Gilbert Hérail (1193-1200)
13. Phillipe de Plaissis (1201-1208)
14. Guillaume de Chartres (1209-1219)
15. Pedro de Montaigú (1219-1230)
16. Armand de Périgord (1232-1244)
17. Richard de Bures (1245-1247)
18. Guillaume de Sonnac (1247-1250)
19. Renaud de Vichiers (1250-1256)
20. Thomas Bérard (1256-1273)
21. Guillaume de Beaujeu (1273-1291)
22. Thibaud Gaudin (1291-1292)
23. Jacques de Molay (1292-1314)

Primer Gran Maestre.- Hugo de Payens (1118-1136)

Hugo de Payens (1070-1136) fue el primer gran maestre y fundador de la Orden del Temple y uno de los primeros nueve caballeros. Nació en 1070 en el castillo de Payns, cerca de Troyes, Francia, y murió en Palestina en 1136.

Se afirma que los otros caballeros eran Godofredo de Saint-Omer, Payen de Montdidier, Archambaud de Saint Agnan, André de Montbard, Godofredo Bison, y otros dos de los que sólo se conoce su nombre, Rossal y Gondamer. Se desconoce el nombre del noveno caballero, aunque hay quien piensa que pudo ser Hugo, Conde de Champagne.

Hugo de Payens sirvió en el ejército de Godofredo de Bouillón durante la Primera Cruzada.

Fundó en Jerusalén la orden que más tarde se convertiría en el Temple, e hizo que fueran aprobados sus estatutos en el Concilio de Troyes, en 1128.

Dirigió la Orden durante casi veinte años hasta su muerte, haciendo de ella una influyente institución militar y financiera internacional.


Blasón de Hugo de Payens como Primer Gran Maestre Templario, de 1118 al 24 de mayo de 1136

Segundo Gran Maestre.- Robert de Craon (1136-1147)

Robert de Craon (1136-1146)

Robert de Craon, señor de Craon. Desde junio de 1136 hasta el 13 de enero de 1147 ocupó el cargo de Gran Maestre de la Orden del Temple. No se conoce con exactitud la fecha de su nacimiento; pero se sabe que fue hijo de Renaud de Craon, siendo el segundón de la familia. Se instala en Aquitania, donde mantiene relaciones con la hija del señor del Angoumois y cuando le llega la noticia de la fundación de la Orden del Temple por Hugo de Payens, deja a su novia y marcha hacia Palestina para convertirse en templario. Tanto por su valor militar como por su piedad se impone rápidamente en el seno de la Orden, al punto de que es designado Gran Maestre en junio de 1136, a la muerte de su fundador.

Destaca como un brillante organizador y hace de la Orden del Temple la auténtica promotora de los Estados Latinos de Oriente. Su papel legislativo interno es muy importante y consigue que el 29 de marzo de 1139 el papa Inocencio II, mediante la bula «Omne datum optimum» conceda a la Orden numerosos privilegios. Así, los Templarios son excluidos del pago del diezmo, no están sometidos a la jurisdicción episcopal (lo que significa que la Orden cuenta con sus propios eclesiásticos) y son autorizados a llevar la cruz roja sobre sus mantos blancos.

Robert de Craon no tuvo tanto éxito en el terreno militar. Apenas elegido, derrota al emir de Alepo; pero permite a sus caballeros entregarse al pillaje, facilitando que las tropas del emir se vuelvan contra ellos y los descuarticen. Robert de Craon autoriza a los templarios de España a lanzar una importante expedición (cerca de 70 naves) contra Lisboa, pero resulta también un fracaso. En 1140, los templarios se enfrentan heroicamente a un ejército turco mucho más numeroso en la batalla de Técua.

Aunque el cronista Guillermo de Tiro le cita como participante en 1148 en la Segunda Cruzada, parece que Robert de Craon falleció el 13 de enero de 1147. En efecto, el registro de defunciones de la parroquia de Reims señala su muerte el día de los idus de enero, o sea el día 13, y su sucesor, Evrard des Barrès, toma posesión de su cargo en abril de 1147.


Escudo de armas de Robert de Craon.



Tercer Gran Maestre.- Evrard des Barrès (1147-1151)
Evrard des Barrès (1147-1151)

Evrard des Barrès (o Everard von Barres, o Eberhard De Bären) es el tercer Gran Maestre de los templarios y gobierna la orden desde marzo de 1147 al 1151. Cuando en enero de 1147 fallece el Gran Maestro Robert de Craon, es uno de los principales dignatarios de la Orden del Temple, ya que Evrard lleva el título de Preceptor de Francia. Apenas designado, debe intervenir militarmente a la cabeza de sus templarios para salvar al rey de Francia Luis VII, quien dirigiendo la Segunda Cruzada, se encuentra en situación comprometida en los desfiladeros de Pisidia.

Según el cronista Odon de Deuil, Evrard des Barrès es un hombre muy religioso, eminentemente respetable y que posee los valores de un caballero, valiente y enérgico. Su influencia sobre Luis VII parece haber sido muy importante. Cuando la Cruzada se acaba, por el fracaso ante Damasco, Luis VII regresa a Francia seguido por Evrard, el cual le presta una considerable cantidad de dinero. Es un precedente que sentará escuela. Sin embargo, el Gran Maestre abandona a sus tropas, las cuales triunfan defendiendo Jerusalén contra un raid de tropas turcas (hacia 1149/1150).

A su vuelta, Evrard des Barrès abraza la vida monástica en Clairvaux (Claraval) y abdica en 1151 a pesar de las presiones de los templarios para que continúe en el cargo. Muere en 1174. Le sucede Bernard de Tremelay.


Escudo de armas de Evrard des Barrès



Cuarto Gran Maestre.- Bernard de Tremelay (1151-1153)
Marzo 26th, 2011

de Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón, el Martes, 22 de marzo de 2011 a las 21:56
Bernard de Tremelay (1151-1153)

Bernard de Tremelay (Saint-Claude, ? – † 16 de agosto de 1153) fue el cuarto Gran Maestre de la Orden del Temple (entre junio de 1151 y el 16 de agosto de 1153). También se le conoce como: Bernard de Tramelay, Bernard de Tremelay, Bernard de Dramelay, Bernard de Dramelet.

Borgoñón de nacimiento y antiguo comendador de Dole, en el Franco Condado, es posible que sucediera a un maestre llamado Hugues, cuya existencia parece ser bastante dudosa, ya que sólo lo cita De Cange.

Bernard de Tremelay nació en el castillo del mismo nombre en los alrededores de Saint-Claude (en la región del Jura). En 1151 fue elegido para suceder a Evrard des Barrès, después de que un tal Hugues hubiera asumido un periodo de interregno hasta que el anterior gran maestre confirmó su dimisión.

Balduino III ofrece a la Orden la ciudadela en ruinas de Gaza (en Tierra Santa). Según los cronistas de las cruzadas, Bernard de Tremblay reconstruyó la ciudad. El arzobispo e historiador Guillermo de Tiro (1130-1185) escribió: «Estos monjes-guerreros, gente llena de coraje, terminaron de fortificar esta ciudad elevando torreones y nuevas trincheras, que hicieron de ella una plaza de armas inexpugnable, desde donde reprimieron las correrías de la guarnición de Ascalón y forzaron por fin a los sarracenos a encerrarse en sus murallas».

En 1153, los templarios participan en el asedio de Ascalón, que Balduino III quiere arrebatar a los egipcios. Los templarios construyen una torre de asalto que los asediados consiguen incendiar. Pero el viento, que sopla las llamas sobre las murallas, abre una brecha a través de la cual se precipitan los templarios. Bernardo de Tramelay, a la cabeza de sus hombres, dirige el asalto sin advertir de ello a Balduino III.

Según Guillermo de Tiro (que los envidiaba): «Lo hizo porque no quería compartir con él el botín». Según otros cronistas, en cambio, lo hizo simplemente porque, en la vorágine de la acción, no llegó a pensar en eso.

Esta omisión la pagó con su vida y la de sus escoltas. Porque los asediados, al comprobar el pequeño número de los atacantes (una cuarentena), arremeten contra ellos y los masacran. Sus cuerpos fueron expuestos sobre las murallas y sus cabezas cortadas son enviadas al sultán, en Egipto. Luego los sarracenos llegan hasta el campamento de Balduino III.

El combate fue sangriento, y durante bastante tiempo su resultado fue incierto. Los cruzados derrotaron a los asediados gracias a los templarios que habían permanecido junto al rey de Jerusalén.

El 19 de agosto de 1153, el estandarte templario ondea sobre las murallas de Ascalón. El coraje extraordinario con el que se han conducido los templarios en el momento de la batalla es alabado en todas las cortes de Occidente y el papa Anastasio IV les concede nuevos privilegios. André de Montbard le sucede a la cabeza de la orden.

Murió luchando en la batalla de Ascalón, junto con todos los templarios que estaban bajo sus órdenes, en el transcurso del penúltimo asalto el 14 de agosto de 1153, poco antes la toma de la ciudad. El registro de defunciones de la parroquia de Reims señala su muerte el 17 de las calendas de septiembre, es decir, el 16 de agosto. Esto se corresponde con las fechas de las crónicas, ya que Ascalon cayó en manos de Balduino III el 19 de agosto de ese mismo año (1153).


Escudo de armas de Bernard de Tremelay



Quinto Gran Maestre.- André de Montbard (1154-1156)
André de Montbard (1154-1156)

André de Montbard (1103 - 1156) fue el quinto Gran Maestre de la Orden del Temple, función que desempeñó entre 1154 y el 17 de octubre de 1156. Cuando fue elegido era uno de los miembros de mayor edad de la Orden, ya que formó parte de los míticos nueve fundadores. Era tío de San Bernardo de Claraval.

Habiendo sido Senescal de la Orden entre 1148 y 1151, fue elegido con la oposición de otro candidato que contaba con el apoyo de Luis VII, rey de Francia. Es incierta la fecha de su elección y pudo producirse a finales de 1154, si bien la primera mención de su nuevo cargo está fechada el 27 de mayo de 1155 en un escrito del rey de Jerusalén Balduino III.

Según el registro de defunciones de la parroquia de Bonlieu, su muerte de produjo el 17 de octubre de 1156. Bertrand de Blanchefort le sucedió ese mismo año.


Escudo de armas de André de Montbard.



Sexto Gran Maestre.- Bertrand de Blanchefort (1156-1169)
Bertrand de Blanchefort (1156-1169)

Bertrand de Blanchefort (c.1109 - 2 de enero de 1169), llamado también Bertrand de Blanquefort, fue Gran Mestre de la Orden del Temple desde octubre de 1156 hasta el 2 de enero de 1169. Era originario de Guyenne y pariente del papa Clemente V, que más tarde será quien disuelva la institución. El cronista Guillermo de Tiro, poco sospechoso de parcialidad hacia los templarios, lo describe como un hombre “religioso y lleno del temor de Dios”. También se le considera como un gran guerrero con gran sentido común y de una extremada honradez.

Sucedió a André de Montbard, cuya muerte era prontamente esperada por su avanzada edad. El 19 de junio de 1157 fue hecho prisionero en el río Jordán en el lugar llamado el vado de Jacob (batalla del lago Merón), junto con más de 80 templarios, por Nur al-Din, el principal soberano de Siria. Dos o tres años después, su rescate pagado por Manuel I Comeno, emperador bizantino, le permitirá ser liberado con más de 6.000 cautivos.

Acompaña a Amalarico I de Jerusalén en su expedición a Egipto; pero tiene que regresar precipitadamente para, a la cabeza de sus templarios y de los cruzados llegados de Europa (entre los que se encuentra Guy de Lusignan), contener a Nur al-Din, quien, aprovechando la ausencia del rey Amaury, ataca las regiones de Antioquía y Trípoli. Después de una primera victoria, Bertrand de Blanquefort es vencido en la batalla de Harens (1165), donde perecen más de 60 templarios.

Las relaciones con Amalarico se degradan, cuando éste hace prender a 12 templarios acusados de cobardía, pues habían entregado a Nur al-Din la fortaleza en la que montaban guardia. En 1167, Bertrand de Blanquefort retira su apoyo a Amalarico I de Jerusalén, que deseaba anexionarse Egipto, alegando que eso sería romper el tratado negociado unos meses antes por el templario Geoffroy de Foulcher y que esta intervención militar volvería a unir a los musulmanes. Efectivamente, la expedición acaba en un desastre; pero Bertrand de Blanchefort no llegará a verlo, ya que fallece el 2 de enero de 1169, según el registro parroquial de Reims.

Introdujo reformas en la regla templaria y obtuvo del papa Alejandro III el derecho de los grandes maestres de la Orden a llevar en lo sucesivo el título de «maestre por la gracia de Dios» y el de ostentar un bastón de mando, el Abacus. Le sucedió Philippe de Milly.


Escudo de armas de Bertrand de Blanchefort



Séptimo Gran Maestre.- Philippe de Milly (1169-1171)
Philippe de Milly (1169-1171)

Philippe de Milly, llamado también Philippe de Nablús, es el séptimo Gran Maestre de la Orden del Temple desde enero de 1169 hasta el 3 de abril de 1171.

Philippe de Milly nació a comienzos del siglo XII en el seno de una familia procedente de Picardía en Nablús, en el reino de Jerusalén, y era hijo de Guy de Milly y de Étiennette de Nablús. Intercambia con el rey Balduino III de Jerusalén su posesión de Nablús por la de Montréal. Después de enviudar entra en la Orden del Temple en 1148. Es elegido Gran Maestre a comienzos de 1169, sucediendo a Bertrand de Blanchefort.

Su único hecho de armas conocido parece que fue la <span>defensa de Gaza</span> ante las tropas de Saladino. Presenta la dimisión de su cargo en la Pascua de 1171 mientras está en Constantinopla en compañía del rey Amalarico I de Jerusalén. Se desconoce cómo acabó su vida, aunque es probable que ingresara en un monasterio cisterciense como era costumbre en un caballero templario al dejar el servicio activo. Le sucedió Eudes de Saint-Amand.


Escudo de armas de Philippe de Milly



Octavo Gran Maestre.- Eudes de Saint-Amand (1171-1179)
Eudes de Saint-Amand (1171-1179)

Eudes (Odon) de Saint-Amand fue el octavo Gran Maestre de la Orden del Temple. Pertenecía a una familia noble del Limousin. Marchó muy joven a Palestina, pues cuando asume la jefatura de los templarios, tiene en su haber una importante carrera militar, ya que había ocupado el cargo de mariscal del reino y vizconde de Jerusalén. Es desconocida la fecha de su ingreso en el Temple y sucedió al efímero Philippe de Milly a la cabeza de la Orden hacia 1171. Aunque gozó de una reputación como hombre sagaz y de gran coraje, el cronista Guillermo de Tiro lo describe así: : «Hombre ruin, soberbio, arrogante, que respira sólo furor, sin temor de Dios y sin consideración hacia los demás… murió en la miseria, sin pena de nadie.»

Nada más ser elegido se opuso al rey Amalarico I de Jerusalén al rechazar presentar ante la justicia real al templario Gantier du Mesnil, culpable de haber asesinado a un emisario del Viejo de la Montaña. Su enfrentamiento duró hasta la muerte del rey, al que sucedió el joven y enfermo Balduino IV. En 1177, Saladino lanzó un raid sobre Ascalón con casi 20.000 hombres. Al punto Balduino IV se dirigió a su encuentro con apenas 3.000 infantes y 375 caballeros, de los que 80 eran templarios conducidos por su jefe. Son los templarios los que se sitúan en vanguardia y cargan atropellando a las primeras líneas del sultán ayubida. «El ángel exterminador parecía seguirles en la pelea.»

La batalla de Ascalón (18 de noviembre de 1177) fue una gran victoria de los cristianos conseguida en parte gracias al ímpetu y la furia de la carga de los templarios. Sin embargo, al año siguiente, mientras el ejército construía un fuerte sobre el río Jordán, fue sorprendido por Saladino (batalla del vado de Jacob). Mientras los caballeros se desbandan, sólo resisten los templarios, al igual que los hospitalarios, y todos sucumben a excepción de Eudes de Saint-Amand. El sultán desea intercambiarlo por uno de sus sobrinos prisionero de la Orden; pero el Gran Maestre, que rechaza la oferta, le responde: «Yo no puedo autorizar con mi ejemplo la cobardía de mis caballeros que se dejarían prender con la esperanza de ser rescatados. Un templario debe vencer o morir, y no puede dar por su rescate otra cosa que no sea sino su puñal y su cinto.»

Llevado al cautiverio, muere en Damasco el 19 de octubre de 1179, lo que es confirmado por el registro de Reims.


Escudo de armas de Eudes de Saint-Amand



Noveno Gran Maestre.- Arnaud de Torroja (1180-1184)
Arnaud de Torroja (1180-1184)

Gran Maestre de la Orden del Temple desde 1180 a 1184. Arnaldo de Torroja es Gran Maestre de la provincia de Aragón y Provenza cuando es elegido a la cabeza de la Orden a finales de 1180, para suceder a Eudes de Saint-Amand, muerto en cautividad en Damasco. En esa época Arnaldo de Torroja tiene más de 70 años de edad, por tanto, es un hombre curtido en la disciplina y en el funcionamiento de la Orden. Dedicado esencialmente a la Reconquista de España, Arnaldo de Torroja no conoce, o no la conoce bien, la situación política de los Estados Latinos de Oriente.

Su etapa de gobierno está marcada por las querellas que se libran entre Templarios y Hospitalarios, dado que estos últimos no cesan de acrecentar su influencia y su poder político. Arnaldo de Torroja acepta la mediación del papa Lucio III y de Balduino IV para poner término a estas luchas fratricidas. En 1184, la situación política degenera todavía más, cuando Reinaldo de Châtillon ayudado por los Templarios y los Hospitalarios, asola por su propia cuenta los territorios musulmanes de Transjordania. Arnaldo de Torroja dará pruebas de una gran sagacidad política al negociar una tregua con Saladino, el cual está decidido a vengar las incursiones de Renaud de Châtillon. En 1184, Arnaldo de Torroja y el Gran Maestre de San Juan del Hospital regresan a Europa con el objeto de obtener de los reyes europeos y del Papa el envío de una nueva cruzada que refuerce a los Estados Latinos, que se encuentran a merced del creciente poderío militar de Saladino, el unificador del mundo musulmán. Durante este viaje, Arnaldo de Torroja cae enfermo y muere en Verona el 30 de septiembre de 1184.

Como curiosidad, Arnaldo de Torroja ha sido de los pocos Grandes Maestres del Temple que ha aparecido en el cine, en el año 2007 fue interpretado por el actor inglés Steven Waddington en la cinta de Arn, El Caballero Templario.


Escudo de armas de Arnaldo de Torroja



Décimo Gran Maestre.- Gérard de Ridefort (1185-1189)
Gérard de Ridefort (1185-1189)

Gérard de Ridefort, también llamado Girard de Ridefort, nació en Flandes en el año 1140. Segundón de un noble flamenco, no espera conseguir fortuna en su país, por lo que se une a la Segunda Cruzada en 1146, con la idea de conseguir el señorío feudal. Raimundo III de Trípoli le promete un rico matrimonio con su vasalla Lucía de Botrun, pero el rey cambia de parecer y prefiere aceptar la oferta de un rico comerciante pisano. Esto convierte a Ridefort en su mortal enemigo.

Posteriormente se alía con Guy de Lusignan e ingresa en la Orden del Temple llegando a ser Senescal en 1183 y logra ser elegido Gran Maestre en 1184. Tras la muerte de Balduino IV en 1185 y de Balduino V poco después, en 1186, Ridefort arrebata la corona del Reino de Jerusalén a Raimundo III en beneficio de su aliado Guy de Lusignan.

Las temerarias campañas que impulsa contra Saladino resultan desastrosas y causan numerosas pérdidas humanas en ambos bandos.

A su muerte ante la ciudad de San Juan de Acre, el 1 de octubre de 1189, los cuatro Estados Latinos están exhaustos y desangrados y la suerte de los combates es incierta.

Según Steven Runciman la muerte de Gerard de Ridefort sucedió cuando, en Acre, “Saladino cargó con todas sus fuerzas e hizo retroceder a los cruzados en desorden hacia su campamento, que se hallaba al mismo tiempo atacado por una salida procedente de la guarnición de Acre. Muchos caballeros francos cayeron en la batalla, entre ellos Andrés de Brienne. Las tropas alemanas fueron presa del pánico y sufrieron graves pérdidas, que fueron también muy elevadas entre los templarios. El gran maestre del Temple, Gerardo de Ridfort, espíritu maligno de Guido en los días que precedieron a Hattin, fue hecho prisionero y pagó con la vida sus insensateces. Conrado sólo se libró de ser capturado por la intervención de su rival, el rey Guido.

Como curiosidad, a pesar de que los Grandes Maestres del Temple han aparecido muy pocas veces en el cine, Gerard De Ridefort es uno de los que más ocaciones ha aparecido en peliculas. Ha sido interpretado por el actor britanico Nicholas Boulton en las dos cintas de la saga Arn: El Caballero Templario. En el año 2005 fue interpretado por dos actores, el primero fue el norteamericano Sam Hennings en la pelicula Soldado de Dios, mientras que el segundo fue el actor danes llamado Ulrich Thomsen en la cinta titulada Cruzadas, cinta en la que usualmente se confunde a la figura de Ridefort con las de Guy de Lusignan, interpretado por Marton Csokas y la de Reynald de Chatillon, interpetado por Brendan Gleeson.


Escudo de armas de Gérard de Ridefort



Décimo primer Gran Maestre.- Robert de Sablé (1191-1193)
Robert de Sablé (1191-1193)

Robert de Sablé es el undécimo Gran Maestre de la orden de los Templarios. Es un noble del que no se conocen bien sus orígenes. Parece que estuvo casado dos veces y tuvo tres hijos (dos niñas y un varón) antes de entrar en la Orden del Temple.

Después de la muerte de Gérard de Ridefort, los templarios dejaron vacante el cargo de Gran Maestre varios meses y aprovecharon para reformar algunos puntos de la Regla relativos a las medidas disciplinarias a adoptar ante un posible incumplimiento del Gran Maestre de sus propias responsabilidades. Por ello, no es probable que en octubre de 1190 fuera elegido Robert de Sablé, ya que había sido admitido en junio de 1189. No obstante, Guillermo de Tiro sitúa su elección a principios de 1190.

Amigo del rey de Inglaterra Ricardo Corazón de León, participa en la toma de San Juan de Acre el 13 de julio de 1191 después de la batalla de Arsuf donde Saladino sufre una gran derrota. Robert de Sablé toma parte en todos los combates contra Saladino. Muere en enero de 1193, cuando se firma la tregua de tres años entre Ricardo y el sultán de Egipto, que permite a los peregrinos poder visitar Jerusalén.


Escudo de armas de Robert de Sablé



Décimo segundo Gran Maestre.- Gilbert Hérail (1193-1200)
Gilbert Hérail (1193-1200)

Gilbert Hérail (o Erail u Horal) nació en 1152 y posiblemente en el Reino de Aragón, pero se ignora la fecha y lugar de su nacimiento. Ingresa tempranamente en la Orden del Temple, de forma que ya es Gran Comendador de la misma cuando es elegido Gran Maestre del Temple en febrero de 1193, tras la muerte de Robert de Sablé. Por tanto, fue el duodécimo Gran Maestro Templario.

Un año después de su elección, en 1194, el papa Celestino III confirma todos los privilegios otorgados al Temple por medio de la bula Omne datum optimum que Anastasio IV había dictado en 1154.

Gilbert Hérail desea mantener el periodo de paz entre cristianos y musulmanes logrado por el acuerdo de paz que Ricardo Corazón de León había suscrito con Saladino, y gracías a una política de equilibrio. Esto le atraerá las iras del papa Inocencio III que ve en ello una traición a la Iglesia. A causa de esta querella con Inocencio III, el resultado de las tensiones entre Templarios y Hospitalarios se decide en favor de estos últimos, que aprovechan para recuperar tierras y castillos.

Durante su mandato, la Orden del Temple participará en la Reconquista de la Península Ibérica. En agradecimiento por los servicios prestados, el rey Alfonso II de Aragón, en 1196, donará a los templarios la fortaleza de Alfambra.

Gilbert Hérail fallece en diciembre del año 1200 en el inicio de la Cuarta Cruzada.


Escudo de armas de Gilbert Hérail




Décimo tercer Gran Maestre.- Phillipe de Plaissis (1201-1208)
Phillipe de Plaissis (1201-1208)

Philippe du Plaissis (o du Pleissiez, o du Plaissiez) fue un caballero francés nacido en Anjou (Plessis-Macé) en la segunda mitad del siglo XII que ingresó la Orden del Temple durante la tercera Cruzada en 1189. Su elección a la cabeza de la Orden tuvo lugar entre enero y marzo de 1201, ya que uno de sus primeros actos como Gran Maestre fue la firma de un acuerdo con la Orden del Hospital sobre el riego de tierras y el uso de los molinos que las dos órdenes poseían en el condado de Trípoli, que lleva la fecha de 17 de abril de 1201.

Desde el comienzo de su mandato se vio enfrentado al rey de la Pequeña Armenia, pues éste se había apoderado de una fortaleza templaria situada en el principado de Antioquía. Después de una causa llevada a cabo por el papa Inocencio III, los templarios son expulsados de la Pequeña Armenia y sus bienes confiscados.

En 1201, Egipto y después Siria son asolados por una epidemia de peste, y en 1202 se produce un fuerte terremoto. La paz resulta necesaria para reconstruir las ciudades y pueblos destruidos. Philippe du Plaissis negocia una tregua con los musulmanes, en la cual rechaza asociar a los Caballeros Teutónicos. Cuando los Hospitalarios negocian también una tregua, ésta es rechazada a su vez por los Templarios. Estos conflictos internos provocan la intervención del Papa.

En efecto, la Orden del Temple ha contado siempre con el apoyo del papado (el 1 de febrero de 1205 Inocencio III confirma la bula de Anastasio IV Omne datum optimum) lo que provoca, sin embargo, constantes quejas de obispos y príncipes contra los templarios. No obstante, en 1208, Inocencio III se dirige a Philippe du Plaissis para recordarle que la obediencia es uno de los tres votos que pronuncia el templario en su ingreso en la Orden y que su incumplimento le hace apóstata. No parece que esta amonestación sea realmente escuchada por una orden que recluta a numerosos caballeros y que se enriquece con cuantiosas donaciones.

El registro de Reims fija la muerte de Philippe du Plaissis en el 11 de los idus de noviembre, es decir, el 12 de noviembre de 1209.


Escudo de armas de Phillipe de Plaissis


Décimo cuarto Gran Maestre.- Guillaume de Chartres (1209-1219)
Guillaume de Chartres (1209-1219)

Guillaume de Chartres fue el décimocuarto Gran Maestre de la Orden del Temple. Era hijo del conde de Bar-sur-Seine, pero se ignora tanto la fecha de su nacimiento como la vida que llevó hasta el año 1210, en que fue elegido Gran Maestre. Poco después asiste a la coronación como rey de Jerusalén de Jean de Brienne (el cual contaba con el apoyo de Felipe Augusto). La situación de los príncipes cristianos en Palestina es bastante precaria y en el cuarto concilio de Letrán (noviembre 1215) el papa Inocencio III exhorta de nuevo a los soberanos europeos para que inicien una nueva cruzada.

Guillaume de Chartres participa con sus templarios en esta Quinta Cruzada (1217/1221); pero las disputas entre los jefes cruzados ante el sitio de Damietta impiden obtener resultados significativos. Una epidemia de peste acaba con la vida de numerosos cruzados, entre ellos Guillaume de Chartres que fallece en enero o febrero de 1219.

Los templarios participan en todas las batallas contra los musulmanes que se desarrollan en España y la Orden recibe numerosas donaciones que acrecientan su poder y riqueza.

En 1211, Guillaume de Chartres había conseguido otro éxito importante, pues el castillo de Gastein, que había sido tomado por los musulmanes en 1190, es reconquistado por el rey de la Pequeña Armenia, y después de un arbitraje papal es devuelto a los Templarios.


Escudo de armas de Guillaume de Chartres


Décimo quinto Gran Maestre.- Pedro de Montaigú (1219-1230)
Pedro de Montaigú (1219-1230)

Pedro de Montaigú fue el décimoquinto Gran Maestre de la Orden del Temple. De origen aragonés, fue elegido como Gran Maestre durante el sitio de Damietta en 1218. Sin embargo, el nuevo maestro fue informado bastante después de su elección, ya que en noviembre de 1218 todavía firma como Prefecto de Provenza y Aragón. Fallece en 28 de enero de 1232.

A decir de las crónicas, era valiente y hábil en el combate. Hay muchas actas de su maestrazgo, entre ellas, la sentencia emitida en el mes de agosto de 1222 por Pelagio, obispo de Albano y legado de la Santa Sede, respecto a los bienes situados en territorio de Tiro, en pleito con los canónigos del Santo Sepulcro y la casa del Hospital.

En 1229, rechazó acompañar a Federico II de Alemania, soberano excomulgado.


Escudo de armas de Pedro de Montaigú


Décimo sexto Gran Maestre.- Armand de Périgord (1232-1244)
Armand de Périgord (1232-1244)

Armand de Périgord (o Hermann de Pierre-Grosse) (1178-†1247?) pertenecía a la familia de los condes de Périgord y fue el décimo sexto Gran Maestre de la Orden del Temple. Entre 1205 y 1232, año en el fue elegido Gran Maestre de la Orden, había sido maestre de la provincia de Apulia y de Sicilia. Organizó los ataques de Caná, de Safita y de Séforis, combatiendo a los musulmanes en la región del lago de Tiberíades. Todas estas empresas se saldaron con un estrepitoso fracaso y redujeron el poderío de la Orden.

En 1236, en la frontera entre Siria y Cilicia, 120 caballeros, arqueros y turcoples fueron sorprendidos en una emboscada cerca de la ciudad de Qasr Darbsâq (la actual Terbezek). Al comienzo de la batalla que se libró a continuación, los templarios atacaron la fortaleza, pero encontraron una fuerte resistencia y cuando llegaron las fuerzas de socorro enviadas desde Damasco para ayudar a los sitiados, los caballeros fueron masacrados. Solamente sobrevivieron una veintena de ellos que pudieron refugiarse en su castillo de Bagras, a unos 20 km de allí.

En septiembre de 1239, Armand se traslada a San Juan de Acre, donde llega a un acuerdo con el sultán de Damasco, siguiendo el ejemplo de los Hospitalarios que habían suscrito un tratado con el Sultán de Egipto. En 1244, el sultán de Damasco solicita la ayuda de los templarios para rechazar a las hordas de Corasmia que intentaban ocupar el Asia Menor.

En octubre de 1244, las fuerzas federadas de Templarios, Hospitalarios y los Caballeros Teutónicos, de acuerdo con el ejército del Sultán de Damasco, se enfrentaron al Sultán de Egipto, aliado a su vez del Imperio corasmio, en la batalla de la Forbie, cerca de Gaza. La coalición de cristianos y musulmanes sirios fue vencida, dejando más de 30.000 muertos sobre el campo de batalla. Algunos caballeros del Temple y Hospitalarios llegaron a refugiarse en San Juan de Acre, que permanecía aún en poder de las fuerzas cristianas. La suerte que corrió Armand de Périgord es incierta: no se sabe si fue muerto en la batalla o capturado. Según esta última versión, murió en cautividad en el año 1247.


Escudo de armas de Armand de Périgord


Décimo séptimo Gran Maestre.- Richard de Bures (1245-1247)
Richard de Bures (1245-1247)

Richard de Burés, Gran Maestre de la Orden del Temple de 1244 a 1247. Tras la desaparición de su predecesor Armand de Périgord, parece ser que fue elegido de manera temporal a la espera de una elección oficial.

No existe apenas información sobre su vida salvo que era el señor de Chastel Blanc cuando fue elegido Gran Comendador de la Orden; pero nada se sabe sobre su elección como Gran Maestre.

En efecto, la muerte de Armand de Périgord había sido conocida desde hacía algún tiempo, por lo que Richard de Burés fue citado como superior de los Templarios; pero sin haber sido elegido oficialmente.




Décimo octavo Gran Maestre.- Guillaume de Sonnac (1247-1250)
Guillaume de Sonnac (1247-1250)

Guillaume de Sonnac se convierte en Gran Maestre de la Orden del Temple entre 1243 y 1247.

Se sabe que participó en la toma de Damietta y que murió en la batalla de Al Mansurah, el 11 de febrero de 1250, después de haber perdido un ojo el 8 febrero, durante los primeros combates de dicha batalla.

Pertenecía a la familia Sonnac, uno de los linajes más destacados de la región del Rouergue.


Escudo de armas de Guillaume de Sonnac




Décimo noveno Gran Maestre.- Renaud de Vichiers (1250-1256)
Renaud de Vichiers (1250-1256)

Renaud de Vichiers (o de Vichy) es el décimo noveno Gran Maestre de la Orden del Temple.

Originario de la región de Champaña, ostentó sucesivamente los cargos de Preceptor de Francia y Gran Mariscal de la Orden, siendo elevado a la dignidad de Gran Maestre para suceder a Guillaume de Sonnac, que había muerto en Egipto en la batalla de Al Mansurah.

Contribuyó con sus consejos a que San Luis, después de su cautiverio tras el desastre de Al Mansurah, permaneciera en Tierra Santa reorganizando las posesiones francesas.

Renaud de Vichiers falleció el 20 de enero de 1256


Escudo de armas de Renaud de Vichiers


Vigésimo Gran Maestre.- Thomas Bérard (1256-1273)
Thomas Bérard (1256-1273)

Thomas Bérard (o Bérault o Béraud) es el vigésimo Gran Maestre de la Orden del Temple. Se duda sobre su origen. Para unos era italiano y para otros inglés.

Sucedió en 1256 al gran maestre Renaud de Vichiers. Ejerció sus altas funciones en las más tristes circunstancias, sucesivamente hipotecado en las querellas de su orden con la de los Hospitalarios, y siendo testigo de los progresos del sultán mameluco Baibars, quien, poco a poco, obligó a los cristianos de Palestina a encerrarse tras los muros de San Juan de Acre, último baluarte del Reino de Jerusalén.

El gran maestre Thomas Bérard murió en 1273.


Escudo de armas de Thomas Bérard


Vigesimo primer Gran Maestre.- Guillaume de Beaujeu (1273-1291)
Guillaume de Beaujeu (1273-1291)

Guillaume de Beaujeu, también llamado Guillermo de Beaujeu, fue el vigésimo primero Gran Maestre de la Orden del Temple desde (1273-1291). Murió durante la caida de Acre y fue sucedido por Thibaud Gaudin.

Procedía de la región de Beaujolais, de donde deriva su apellido. Guillaume era descendiente de una poderosa familia perteneciente a la nobleza de Beaujolais, que tenía lazos familiares con Luis IX y Carlos de Anjou, rey de Sicilia.

Se cree que ingresó en la Orden a los 20 años, fungiendo primero como comendador de la guarnición templaria en la provincia de Trípoli en 1271. Fue elegido posteriormente, el 13 de mayo de 1273, como Gran Maestre, y ostentó el cargo de Comendador de la Apulia y, por tanto, encontrándose fuera de Tierra Santa.

Desde su elección, emprendió una gira para visitar las principales comandancias templarias de Occidente, y fue convocado por el Papa Gregorio X en el Concilio de Lyon II. Durante el verano de 1274, hizo lo posible por obtener la opinión de los Maestres del Templo y el Hospital para organizar una nueva Cruzada. El poco entusiasmo por parte de los barones occidentales ante la idea de tal Cruzada y la muerte del Papa en 1276 interrumpieron definitivamente los preparativos de la expedición.

A pesar de los llamamientos constantes de los Templarios de Oriente, no fue sino hasta septiembre de 1275 que Guillaume de Beaujeu arribó a Acre.

En 1279, de Beaujeu entró en conflicto con Hugo III, rey de Chipre, pues este acababa de confiscar los bienes templarios en la isla. El distanciamiento entre Chipre y la Orden duró aproximadamente 20 años, y no fue sino hasta que Jacques de Molay ocupó el cargo de Gran Maestre, que los problemas diplomáticos comenzaron a solucionarse.

En 1282, Guillaume de Beaujeu, cuya política hacia los gobernantes musulmanes consistía en ganar tiempo, aprovechó la invasión mongola que les acosaba por el Este y el Norte para prorrogar por un lapso de 10 años la tregua firmada en 1271 con Baibars. La política franca era lograr la división entre los mongoles y musulmanes. Por una parte, los cristianos de Armenia eran partidarios de una alianza con las hordas tártaras, mientras que los cristianos del sur preferían permanecer neutrales. Guillaume de Beaujeu mantenía relaciones amigables con El Cairo.

En 1288, Qalawun, el sucesor de Baibars, decidió atacar a Trípoli a pesar de la tregua firmada. Guillaume de Beaujeu, gracias a las relaciones estrechas que mantenía con la corte del sultán de El Cairo, se enteró del plan y rápidamente informó de los preparativos en curso y alertó a los dignatarios de la ciudad de Trípoli, quienes no le creyeron, puesto que se sentían protegidos por la tregua. Al contrario, pensaron que el Maestre del Temple quería que abandonaran dicha ciudad para capturarla y ponerla bajo mando templario.

A pesar de las advertencias de Guilleaume de Beaujeu, y debido a la desconfianza entre los líderes cristianos, la villa de Trípoli cayó en manos musulmanas el 26 de abril de 1289. Qalawn, cuyo objetivo era la expulsión total de los cruzados de Tierra Santa desde fines de 1289, inició los preparativos para asediar Acre.

Templarios y Hospitalarios, comandados por sus Maestres Guillermo de Beaujeu y Juan de Villiers, respectivamente, olvidaron sus disputas y se dispusieron a defender las murallas septentrionales de la villa, mientras que Conrado de Feutchwangen, Maestre de la Orden Teutónica, Amalarico el hermano del rey de Chipre Enrique II y comandante de la caballería siria y chipriota y el capitán suizo Otón de Grandson, al mando de tropas inglesas, ocuparon las murallas occidentales.

De Beaujeu intentó una salida con 300 caballeros la noche del 15 al 16 de abril. Tomando por sorpresa a un contingente enemigo que acampaba frente a sus posiciones, masacraron a varios centenares de combatientes, pero debieron retirarse al abrigo de las murallas de la ciudad antes de poder destruir las máquinas de guerra enemigas, que eran sus objetivos, pues el ejército mameluco estaba para entonces alerta y se disponía a contraatacar.

El 16 de mayo, a pesar de que algunos días antes el rey de Chipre, Enrique II, y un millar de combatientes habían arribado por barco a la ciudad, una parte de la muralla se vino abajo debido a la acción de algunos zapadores enemigos. Los musulmanes entraron por la brecha, pero la acción conjunta de las tres órdenes reunidas les impidió penetrar más allá de unos metros y los defensores consiguieron, poco después, repeler a los musulmanes fuera de las murallas.

El 18 de mayo, Al-Ashraf Khalil lanzó el asalto final. Dos millares de fanáticos musulmanes llegaron hasta la brecha, cruzaron la muralla y se lanzaron sobre las torres y los muros restantes. Guillermo de Beuajeu reunió una decena de caballeros templarios y otros tantos hospitalarios que, siguiendo a Guillaume, se lanzaron en una embestida mortal.

Con la veintena de caballeros, Guillermo de Beaujeu pudo poner un alto momentáneo a la marea enemiga que se derramaba ya sobre la ciudad. Cuando estaba a punto de repeler a los sarracenos que ocupaban la puerta de San Antonio, fue mortalmente herido. En el fragor de la refriega no tuvo tiempo de divisar y evitar una flecha que, disparada por un arquero sirio, atravesó su costado, justo por debajo de la axila, y se alojó en el pecho. Los caballeros que con él luchaban, al verlo retirarse cabizbajo hacia el interior de la ciudad, le reprocharon su conducta, a lo que él respondió diciendo: “No me estoy retirando. Estoy herido, he aquí la flecha” y mostró la saeta, ya rota, al tiempo que levantaba el brazo.

Rápidamente fue llevado por una de las poternas de la muralla interior, que dividía el barrio de Montmusard del resto de la ciudad hacia una casa de dicho barrio, donde exhaló su último aliento.


Escudo de armas de Guillermo de Beaujeu


Vigésimo segundo Gran Maestre.- Thibaud Gaudin (1291-1292)
Thibaud Gaudin (1291-1292)

Thibaud Gaudin (también conocido como Tibaldo Gaudin o Tibaldo de Gaudin) fue el vigésimo segundo Gran Maestre de la Orden del Temple.

Los inicios de Thibaud Gaudin en la Orden están cubiertos por un gran misterio. Sin embargo se sabe que era descendiente de una familia noble del área de Chartres o Blois y es seguro que fue iniciado en la Orden antes de 1260. Este dato se conoce porque, según las crónicas, Gaudin fue capturado durante una incursión militar en Tiberíades. También se tiene consciencia de que debido a su gran piedad se le conoció en su tiempo como el “Monje Gaudin”.

En 1279 Gaudin fue ascendido al puesto de Preceptor de la Tierra de Jerusalén, el cuarto puesto más importante en la jerarquía Templaria.

Cuando, durante la Caída de Acre, Guillaume de Beaujeu fue herido mortalmente, Pedro de Sevrey, Mariscal de la Orden, tomó el mando de las tropas y encabezó la defensa. La noche del 24 de mayo, perdidas todas las esperanzas, Pedro de Sevrey, ordenó a Thibaud Gaudin, por entonces Tesorero de la Orden (aunque otras fuentes indican que por aquel entonces era Gran Comendador), llevar el tesoro templario a Sidón. Antes de zarpar Thibaud embarcarcó consigo algunos ciudadanos distinguidos, así como un gran número de no combatientes.

El 29 de mayo, cuando Acre quedó bajo dominio de al-Ashraf, el ejército mameluco puso sitio a la inexpugnable ciudad de Tiro, muchos años antes Saladino había intentado asediarla en dos ocasiones, fracasando en ambas. Sin embargo, el gobernador designado por Amalarico, hermano del Rey, Adán de Cafran se sintió intimidado ante el ejército mameluco y huyó a Chipre, dejando la ciudad a merced del enemigo.

En Sidón los templarios no estaban dispuestos a abandonar la ciudad sin luchar, Thibaud Gaudin custodiaba el Tesoro de la Orden tras los muros de la ciudad y los caballeros supervivientes le habían nombrado sucesor de Guillaume de Beaujeu. Por un mes ningún enemigo se apareció ante las puertas de la ciudad, pero a finales de junio, una densa polvareda comenzó a levantar desde el sureste. Según las batidas de reconocimiento, tal polvareda era efecto de la marcha de un enorme ejército comandado por el emir al-Shujai. Los caballeros en Sidón eran muy pocos como para defender la plaza, por lo que se retiraron al Castillo del Mar, escoltando consigo a algunos de los ciudadanos más notables de la ciudad, y suficientes víveres como para aguantar un prolongado asedio.

El castillo del Mar era una fortaleza que se encontraba a poco más de mil metros de la costa, conectada a tierra por un boulevard fortificado. Tanto el castillo como la pasarela fortificada habían sido reforzados recientemente.

Una vez que hubo organizado la defensa y dejado a los templarios al mando de algún caballero distinguido, Thibaud partió hacia Chipre con la intención de reclutar tropas que pudiesen apoyar a la guarnición de Sidón (o al menos eso fue lo que argumentó al zarpar de Palestina). Pero una vez en Chipre el Gran Maestre no hizo nada, bien por cobardía o por desesperación.

Los templarios que quedaron defendiendo el castillo se batieron valientemente cuando les llegó su turno, pero sus esperanzas sucumbieron cuando los ingenieros del ejército mameluco comenzaron a tender una pasarela que cruzase el mar. Adelantándose a la carnicería por venir embarcaron y zarparon rumbo a Tartus (Tortosa). El 14 de julio al-Shujai entró en el castillo y siguiendo las órdenes de al-Ashraf ordenó su destrucción.

Posteriores a Sidón fueron las tomas de Beirut (21 de julio de 1291), Haifa (30 de julio) y la matanza de monjes en el Monte Carmelo.

Aún quedaban los dos castillos templarios de Tortosa y Athlit, pero ninguno estaba lo suficienteente guarnecido como para resistir un asedio. Razón por la cual Thibaud Gaudin decidió evacuarlas, abandonando Tortosa el 3 de agosto y Athlit el 14 de agosto. Todo lo que ahora quedaba a los templarios era la isla-fortaleza de Rwad o Arwad a dos kilómetros y medio de la costa, frente a Tortosa.

Esta pequeña isla todavía permaneció doce años bajo poder cruzado.

Para sustituir a Pedro de Sevrey, Thibaud nombró a Jacques de Molay como el nuevo Mariscal de la Orden.

El resto de sus días los pasó en Chipre, con una salud cada vez más deteriorada a causa de la inminente caída del Temple, de la que Gaudin se sentía (y era en parte) culpable. Durante el resto de su mandato los templarios no volvieron a poner un pie en Tierra Santa. Thibaud Gaudin exhaló su último aliento el 16 de abril de 1292.

A finales de 1292 le sucedió Jacques de Molay, que será el último Gran Maestre del Temple.


Escudo de armas de Thibaud Gaudin


Vigésimo tercer Gran Maestre.- Jacques de Molay (1292-1314)
Jacques de Molay (1292-1314)

Jacques Bernard de Molay (hacia 1240 a 1244, † 18 de marzo de 1314). Noble franco y último Gran Maestre de la Orden del Temple.

Estudiosos nobiliarios incluyen a Molay en la genealogía de Lonvy, al ser Molay una población del Señorío de Rahon, propiedad del padre de Jacques de Molay.

Jacques Bernard de Molay nació en Borgoña entre 1240 y 1244 (aunque hay ciertas versiones que especifican que fue en el año 1243 y otros en el 1244, en la ciudad de Vitrey, departamento de Haute Sâone), hijo de Juan, Señor de Lonvy, heredero de Mathe y Señor de Rahon, gran población cerca de Dôle, de la cual dependían muchas otras, pero principalmente Molay, y esta a su vez, era una parroquia de la Diócesis de Besançon, en el Deanato de Nenblans.

En 1265, en la ciudad de Beaune (Francia) se unió a la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, conocidos comúnmente como Caballeros Templarios u Orden del Temple, recibiéndole el Fraile Imbert de Perand, visitador de Francia y del Portu, en la capilla del Temple de la residencia de Beaune.

En 1293, figura con el título de Gran Maestre tras la muerte de Thibaud Gaudin el 16 de abril de 1292. Así se convirtió en el 23° y último Gran Maestre.

Organizó entre 1293 y 1305 múltiples expediciones contra los musulmanes y logró entrar en Jerusalén en 1298, derrotando al Sultán de Egipto, Malej Nacer, en 1299 cerca de la ciudad de Emesa. En 1300 organizó una incursión contra Alejandría y estuvo a punto de recuperar la ciudad de Tartus, en la costa siria, para la cristiandad.

En 1307, el Papa Clemente V, Beltrán de Goth y el rey de Francia Felipe IV “El Hermoso” ordenaron la detención de Jacques de Molay bajo la acusación de sacrilegio contra la Santa Cruz, herejía e idolatría. Molay declaró y reconoció, bajo tortura, los cargos que le habían sido impuestos; aunque con posterioridad se retractó, y por ello en 1314 fue quemado vivo frente a la Catedral de Nôtre Dame, donde nuevamente volvió a retractarse, en forma pública, de cuantas acusaciones se había visto obligado a admitir, proclamando la inocencia de la Orden y, según la leyenda, maldiciendo a los culpables de la conspiración:

« “Dios sabe quién se equivoca y ha pecado y la desgracia se abatirá pronto sobre aquellos que nos han condenado sin razón. Dios vengará nuestra muerte. Señor, sabed que, en verdad, todos aquellos que nos son contrarios, por nosotros van a sufrir.” “Clemente, y tú también Felipe, traidores a la palabra dada, ¡os emplazo a los dos ante el Tribunal de Dios!… A ti, Clemente, antes de cuarenta días, y a ti, Felipe, dentro de este año…”»

En el plazo de un año, dicha maldición supúsose que comenzaba a cumplirse, con la muerte de Felipe IV (según Maurice Druon, a causa de un accidente cerebrovascular durante una expedición de caza); de Clemente V; y finalmente de Guillermo de Nogaret.


Escudo de armas de Jacques de Molay
CON ESPIRITU SANTO (Homenaje a Templarios y a Cátaros)

Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos.Sed,pués,prudentes como las serpientes,y sencillos como las palomas.Guardaos de los hombres y mirad por vosotros mismos.(Mc.13,9),porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus Iglesias;y por mi causa sereis llevados ante gobernadores y reyes,para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles.
Más cuándo os entreguen,no os preocupeis de cómo os defendereis o de qué hablareis,porque el Espíritu Santo os enseñará,en aquel mismo momento,lo que conviene decir;no sereis vosotros los que hableis,sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros.(Mt.10,19-20;Lc.12,11-12)

Seréis entregados por padres,hermanos,parientes y amigos.Matarán a algunos de vosotros,pués,entregarán a la muerte hermano a hermano y padre a hijo.Se levantarán hijos contra padres y los matarán.Y sereis odiados de todos pos causa de mi Nombre.Pero no perecerá ni un sólo cabello de vuestra cabeza.(Lc.21,16-18;Mt.10,21-22)

Con vuestra paciencia salvareis vuestras almas,pués,el que persevera hasta el fín,ese se salvará.(Lc.21,19;Mt.10,22)

Cuándo os persigan en una ciudad huid a otra,y si también en ésta os persiguen,marchaos a otra.Yo os aseguro:”No acabareis de recorrer las ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del Hombre”.(Mt.10,23)

No les tengais miedo.Pués nada hay oculto que no queda manifestado y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto.Lo que yo os digo en la oscuridad,decidlo vosotros a la luz;y lo que oís al oido,plocamadlo desde los terrados.(Mt.10,26-27;Lc.8,17)

Y no temais a los que matan el cuerpo,pero no pueden matar el alma;temed mas bien a aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna.

No todo el que diga Señor,Señor,entrará en el Reino,sino el que haga la voluntad de mi Padre Celestial.

Muchos me diran aquel día:”Señor,Señor,¿no profetizamos en tu nombre,y en tu nombre expulsamos demonios,y en tu nombre hicimos milagros?.Y entonces les declararé:”Jamás os conocí,apartaos de mí,obradores de iniquidad!”.

Entonces empezarán a decir:”Hemos comido y bebido contigo,y has enseñado en nuestras plazas”;y yo os volveré a decir:”No sé de donde sois.¡¡Retiraos de mí todos los obradores de injusticia!!.(Lc13,26-27)

Pauperi Xristi




FORMULA Y JURAMENTO QUE HACÍA EL MAESTRE PROVINCIAL DEL REINO DE PORTUGAL
“Yo…,caballero de la Orden del Temple y nuevamente elegido Maestre de los caballeros que son en …

“Prometo a Jesucristo Nuestro Señor y a su vicario…Soberano Pontífice y a sus sucesores,obediencia y fidelidad perpetua,y jro que no solamente defenderé de palabra,sino también con las armas y con todas mis fuerzas,los misterios de la Fe,los siete Sacramentos,los catorce artículos de la Fe,el simbolo de la Fe y el de san Atanasio,los libros tanto del Antiguo como del Nuevo testamento,con los comentarios de los Santos Padres que han sido recibidos por la Iglesia,la unidad de Dios,la pluralidad de las Personas de la Santa Trinidad,y que María,hija de Joaquín y Ana,de la tribu de Judá y de la raza de David,ha sido siempre virgen,antes,en el,y despues del parto.

Yo prometo también estar sumiso y obediente al Maestre General de la Orden,según los Estatutos que me han sido prescritos por nuestro hermano San Bernardo;que todas las veces que sea necesario,yo pasaré los mares para ir a combatir,que daré socorro contra los reyes y principes infieles,y que en presencia de tres enemigos no retrocederé,antes al contrario,sostendré y levantaré la cabeza contra ellos,si son infieles.Que no venderé los bienes de la Orden,ni consentiré que sean vendidos o alineados.Que guardaré perpetuamente la castidad,y que seré fiel al Rey nuestro Señor…

Que no rendiré a los enemigos,ni las villas ni los castillos pertenecientes a la Orden.Que no rechazaré a las personas religiosas,principalmente a los religiosos del Cister y a sus abades,teniéndolos como otros hermanos y compañeros nuestros,dándoles socorro,ya con palabras,ya con buenas obras,y aun por medio de las armas.

En fe de esto,de mi propia voluntad juro que observaré todas estas cosas.

Dios sea mi ayuda y sus santos Evangelios.



(Juramento guardado en el archivo de la abadía de Alcobaza)