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martes, 30 de abril de 2013

El Enigma Sagrado


Ya disponéis de El Enigma Secreto en la Biblioteca




nnDnn

LA ORDEN DEL TEMPLE y los Caballeros Templarios SIEMPRE A TU LADO...

Vamos a compartir algo con ustedes.... 

cosas simples, pero maravillosas ya están pasando...

Hace unos días, que no se habla del Logo del Priorato, ese emblema que los hermanos del Temple, los Caballeros Templarios de la Orden, canalizaron como escudo del nuevo Priorato para protección de los futuros miembros mas allá de su identificación.

33 logotipos fueron acercados y solo 4 fueron elegidos, pues eran la manifestación fiel de lo canalizado por los morgues en Europa y Jerusalem.

En medio de esta actividad de desarrollo de este mandala, varias personas, solicitaron asistencia para enfermos de seres queridos y conocidos en estado angustioso. Luego de pedir su autorización, se le envío este emblema junto a una bendición y los resultados en 3 días fueron muy particulares. Aquí no vamos a contarlo porque son personales, pero...

Les puedo asegurar, que la mejoría fue sustancial y no casual, y alguno otro, tuvo también una experiencia singular con el, dando como resultado que lo que vieron los hermanos de la Orden en este emblema es mas que un logo, es un mandala, un escudo, un mantra, que protege a quien lo lleva. 

Lo que estoy comentando es muy real y son testimonios de gente que esta aquí y si leen esto y quiere contarlo, son libres de hacerlo, pues son testimonios muy fuertes y de mucha FE... 

Como siempre dije, esta no es una Orden neo Templaria, ni un club Templario, aquí esta la Orden Ancestral del Temple y este es solo un grano de arena de muestra. No se juega a los Templarios, nosotros tenemos el privilegio de estar y vivir muy cerca del Temple y del Priorato Secreto o Templi Secretum, los Templarios Iniciados en los misterios mas sagrados.- 

Saludos



nnDnn

El Enigma Sagrado -Los Protocolos de Sión--

Los protocolos de Sion


Uno de los testimonios más persuasivos de cuantos encontramos sobre la existencia y las actividades de la Prieuré de Sion databa de las postrimerías del siglo XIX. El testimonio en cuestión es conocido, pero no reconocido como tal. Al contrario, siempre ha ido asociado a cosas más siniestras. Ha desempeñado un papel tristemente célebre en la historia reciente y todavía tiende a despertar tantas emociones violentas, antagonismos encarnizados y recuerdos horripilantes que la mayoría de los autores prefieren descartarlo de entrada. Esta reacción es perfectamente comprensible en la medida en que dicho testimonio ha contribuido de modo significativo a los prejuicios y sufrimientos de la humanidad. Pero si bien es cierto que el testimonio ha sido usado criminalmente, nuestras investigaciones nos convencieron de que también ha sido objeto de graves errores de interpretación.
El papel de Rasputín en la corte de Nicolás y Alejandra de Rusia es más o menos del conocimiento de todos. Sin embargo, lo que no suele saberse es que en la corte rusa existían enclaves esotéricos influyentes, incluso poderosos, mucho antes de la aparición de Rasputín. Durante los decenios de 1890 y 1900 se formó uno de tales enclaves en torno a un individuo conocido por Monsieur Philippe y en torno al mentor de éste, que periódicamente visitaba la corte imperial de Petersburgo. Y el mentor de Monsieur Philippe era nada menos que el hombre llamado Papus:33 el esoterista francés que estaba relacionado con Jules Doinel (fundador de la iglesia neocátara del Languedoc), Péladan (que pretendía haber descubierto la tumba de Jesús), Emma Calvé y Claude Debussy. En pocas palabras, el renacimiento del ocultismo francés a finales del siglo xix no se había extendido sólo a Petersburgo, sino que, además, sus representantes gozaban de la condición privilegiada de confidentes personales del zar y la zarina.


No obstante, el enclave esotérico de Papus y de Monsieur Philippe provocó la oposición activa de otros intereses poderosos: la gran duquesa Isabel, por ejemplo, que estaba empeñada en colocar a sus propios favoritos en las inmediaciones del trono imperial. Uno de los favoritos de la gran duquesa era un individuo más bien despreciable que ha pasado a la posteridad con el seudónimo de Sergei Nilus. Alrededor de. 1903 Nilus presentó al zar un documento muy controvertible que supuestamente testificaba la existencia de una peligrosa conspiración. Pero si Nilus esperaba que el zar le demostrase gratitud por su revelación, debió de llevarse un serio desengaño. El zar declaró que el documento era una patraña escandalosa y ordenó la destrucción de todos los ejemplares del mismo. Y Nilus, caído en desgracia, fue desterrado de la corte.
Por supuesto, el documento —o cuando menos una copia del mismo— sobrevivió. En 1903 un periódico lo publicó en forma de serial, pero no despertó el menor interés. En 1905 volvió a publicarse, esta vez como apéndice de un libro escrito por un distinguido filósofo místico, Vladimir Soloviov. Esta vez comenzó a llamar la atención. En los años siguientes se convirtió en uno de los documentos más infames del siglo XX.
El documento de marras era un opúsculo —o, hablando con más propiedad— un supuesto programa social y político. Ha aparecido bajo diversos títulos ligeramente
distintos, el más común de los cuales es el de Los protocolos de los sabios de Sion.34 Se decía que los Protocolos procedían de fuentes específicamente judías. Y para muchísimos antisemitas de la época eran la prueba convincente de que existía una «conspiración judía internacional». En 1919, por ejemplo, fueron distribuidos entre las tropas del ejército de los rusos blancos, y estas tropas, durante los dos años siguientes, dieron muerte a unos 60.000 judíos, a los que se haría responsables de la revolución de 1917. En 1919 los Protocolos circularon también por obra y gracia de Alfred Rosenberg, que más adelante sería el principal teórico racista y propa- gandista del Partido Nacionalsocialista de Alemania. En Mein Kampf («Mi lucha») Hitler empleó los Protocolos para avivar sus propios prejuicios fanáticos y, según se dice, creía a pie juntillas en la autenticidad de los mismos. En Inglaterra los Protocolos recibieron inmediatamente marchamo de autenticidad del periódico Morning Post. Incluso el Times se los tomó en serio en 1921 y no reconoció su error hasta más adelante. En la actualidad los expertos opinan —y creemos que con razón— que los Protocolos, al menos en su forma presente, son una falsificación malévola e insidiosa. Pese a ello, todavía circulan —en Latinoamérica, en España,
hasta en Gran Bretaña— como propaganda antisemita.


Los Protocolos presentan en líneas generales un anteproyecto para nada menos que la total dominación del mundo. En una primera lectura parecen un programa maquiavélico —una especie de memorándum interno, por así decirlo— para un grupo de individuos decididos a imponer un nuevo orden mundial en el que ellos mismos serían los déspotas supremos. El texto aboga por una conspiración con cabeza de hidra y múltiples tentáculos dedicada al desorden y la anarquía, a derribar ciertos regímenes, infiltrarse en la francmasonería y en otras organizaciones parecidas y, finalmente, hacerse con el control absoluto de las instituciones sociales, políticas y económicas del mundo occidental. Y los autores anónimos de los Protocolos declaran explícitamente haber dirigido a pueblos enteros «de acuerdo con un
plan político que nadie ha logrado imaginar siquiera en el curso de muchos siglos».
Puede que al lector moderno los Protocolos le parezcan obra de alguna organización de mentirijillas como, por ejemplo, ESPEC-TRA, la adversaria de James Bond en las novelas de lan Fleming. Sin .embargo, cuando fueron publicados por primera vez se dijo que eran obra de un Congreso Judaico Internacional reunido en Basilea en 1897. La falsedad de esta aseveración quedó demostrada hace ya mucho tiempo. Se sabe, por ejemplo, que los primeros ejemplares de los Protocolos estaban redactados en francés y en el congreso celebrado en Basilea en 1897 no había ni un solo delegado francés. Por si fuera poco, se sabe también que un ejemplar de los Protocolos circulaba ya en 1884, es decir, trece años antes del congreso de Basilea.


El ejemplar de 1884 apareció en manos de un miembro de una logia masónica, la misma a la que pertenecía Papus, que más adelante sería su Gran maestre.37 Además, era en esta misma logia donde había aparecido por primera vez la tradición de Ormus: el legendario sabio egipcio que amalgamó misterios paganos y cristianos y fundó la Rose-Croix.
Los eruditos modernos han demostrado que los Protocolos, tal como fueron publicados por primera vez, se basan, al menos en parte, en una obra satírica escrita y publicada en Ginebra en 1864. La obra fue redactada como un ataque contra Napoleón III por un hombre que se llamaba Maurice Joly y que fue a dar con sus huesos en la cárcel. Se dice que Joly era miembro de una orden de la Rose-Croix. No se sabe si esto es cierto o no, pero sí consta que Joly era amigo de Víctor Hugo y éste, que compartía con él la antipatía por Napoleón III, era miembro de una orden de la Rose-Croix.
Así pues, es posible probar de modo concluyente que los Protocolos no salieron del congreso judaico que se celebró en Basilea en 1897. Siendo así, es obvio que hay que preguntarse de dónde salieron. Los eruditos modernos los han desechado por considerarlos una falsificación total, un documento espurio inventado por intereses antisemitas empeñados en desacreditar el judaismo. Y, sin embargo, los Protocolos mismos son un argumento fuerte en contra de esta conclusión. Contienen, por ejemplo, cierto número de referencias enigmáticas que evidentemente no son judaicas. Pero son tan claramente no judaicas que tampoco es posible que sean una falsificación. No puede ser que un falsificador antisemita con un mínimo de inteligencia inventase tales referencias con el fin de desacreditar ei judaismo, pues nadie habría creído que eran de origen judaico.
Así, por ejemplo, el texto de los Protocolos termina con una sola afirmación: Firmados por los representantes de Sion del Grado 33.38
¿Por qué un falsificador antisemita haría semejante afirmación? ¿Por qué no trataría de incriminar a todos los judíos, en vez de sólo a unos cuantos, es decir, los que constituyen los representantes de Sion del Grado 33? ¿Por qué no declararía que el documento estaba firmado, pongamos por caso, por los representantes del Congreso Judaico Internacional? De hecho, los representantes de Sion del Grado 33 no parecen tener la menor relación con el judaismo o con alguna conspiración judía internacional. En todo caso, diríase que tienen que ver con algo específicamente masónico. Y el Grado 33 de la francmasonería es el de la llamada observancia estricta, es decir, el sistema de la masonería que introdujo Hund por orden de sus «superiores desconocidos», uno de los cuales, al parecer, era Charles Rad-clyffe.


Los Protocolos contienen otras anomalías aún más flagrantes. El texto, por ejemplo, habla repetidamente del advenimiento de un reino masónico y de un «rey de la sangre de Sion que presidirá dicho ino masónico. Afirma que el futuro rey será de las raíces dinásticas del rey David. También dice que el rey de los judíos será el verdadero papa y el patriarca de una Iglesia internacional. Y concluye, de una manera harto críptica, diciendo que Ciertos miembros de la simiente de David prepararán a los reyes y a sus herederos... Sólo el rey y los tres que lo apadrinaron sabrán lo que va a venir.
Como expresión del pensamiento judaico, real o inventado, estas afirmaciones son manifiestamente absurdas. Desde tiempos bíblicos ningún rey ha figurado en la tradición judaica y el principio mismo de la realeza se ha convertido en algo totalmente fuera de lugar. El concepto de un rey no habría significado nada para los judíos de 1897, como tampoco significaría nada para los judíos de hoy; y este hecho no podía ignorarlo ningún falsificador. En realidad, las referencias que hemos citado parecen más cristianas que judías. Durante los dos últimos milenios el único «rey de los judíos» ha sido Jesús; y Jesús, según los evangelios, era de las raíces dinásticas de David. Si alguien inventa un documento y lo atribuye a una conspiración judía, ¿por qué va a incluir ecos tan patentemente cristianos? ¿Por qué hablar de un concepto tan específica y singularmente cristiano como es el de un papa? ¿Por qué hablar de una «Iglesia internacional en lugar de una sinagoga o un templo internacional? ¿Y por qué incluir la alusión enigmática al rey y a los tres que lo apadrinaron? Más que en el judaismo y el cristianismo, esto último hace pensar en las sociedades secretas de Johann Valentín Andrea y Charles Nodier. Si los Protocolos en su totalidad fueron fruto de la imaginación antisemítica de un propagandista, es difícil imaginar que éste fuera tan inepto, tan ignorante y tan mal informado.
Basándonos en una investigación prolongada y sistemática, sacamos ciertas conclusiones en relación con los Protocolos de los sabios de Sion. Son las siguientes:
1. Había un texto original en el que se basó la versión publicadade los Protocolos. Este texto original no era una falsificación, sinoque era auténtico. Pero no tenía absolutamente nada que ver con eljudaismo ni con una «conspiración judía internacional». Más biensalió de alguna organización masónica o de alguna sociedad secretade orientación masónica en cuyo nombre constaba la palabra «Sion».
2. El texto original que sirvió de base para la versión publicada delos Protocolos no tenía por qué estar escrito en un lenguaje provocativo o incendiario. Pero es muy posible que incluyera un programaencaminado a la obtención de poder, a infiltrarse en la francmasonería,a controlar instituciones sociales, políticas y económicas. Un programade esa índole habría estado muy en consonancia con las sociedadessecretas del Renacimiento, así como con la Compagnie du Saint- Sa-crement y las instituciones de Andrea y Nodier.
3)El texto original en que se basó la versión publicada de losProtocolos cayó en manos de Sergei Nilus. Al principio Nilus no teníaintención de desacreditar al judaismo. Al contrario, se lo enseñó al zarcon el propósito de desacreditar al enclave esotérico que existía en iacorte imperial, es decir, el enclave de Papus, Monsieur Philippe y otros miembros de la sociedad secreta en cuestión. Es casi seguro que, antes de mostrar el documento al zar, Nilus manipuló el texto con el objeto de que resultara más venenoso e incendiario de lo que en principio era. Al verse desdeñado por el zar. Nilus puso en circulación los Protocolos, con el texto manipulado, para que fuesen publicados. No habían logrado su objetivo principal, es decir, comprometer a Papus y a Monsieur Philippe. Pero todavía podían servir para un segundo propósito: fomentar el antisemitismo. Aunque sus blancos principales habían sido Papus y Monsieur Philippe, Nilus también era hostil al judaismo.
4) Por consiguiente, la versión publicada de los Protocolos no es un texto totalmente inventado. Es más bien un texto alterado de forma radical. Pero, a pesar de las alteraciones, se advierten en él ciertos vestigios de la versión original: como en un palimpsesto o como en pasajes de la Biblia. Estos vestigios —que aludían a un rey, un papa, una Iglesia internacional y Sion— probablemente significaron poco o nada para Nilus. Ciertamente, él mismo no los habría inventado. Pero, si ya estaban allí, no habría tenido motivo, dada su ignorancia, para suprimirlos. Y, si bien cabe que tales vestigios no tuvieran ninguna relación con el judaismo, es posible que fueran extremadamente pertinentes para una sociedad secreta. Tal como averiguamos más adelante, eran —y siguen siendo— de importancia primordial para la Prieuré de Sion.


La Hiéron du Val d'Or
Mientras llevábamos a cabo nuestra investigación independiente, habían seguido apareciendo nuevos «documentos Prieuré». Algunos de ellos —publicados privadamente como, por ejemplo, los Dossiers Secrets, cuya circulación tenía que ser limitada— llegaron a nuestro poder por mediación de amigos que teníamos en Francia o de la Bi-bliothéque Nationale de París. Otros aparecieron en forma de libro, recién publicados y lanzados al mercado por primera vez.
En algunas de estas obras había información complementaria sobre las postrimerías del siglo XIX y, específicamente, sobre Bérenger Sauniére. Según una de estas crónicas puestas al día, Sauniére no descubrió por casualidad los trascendentales pergaminos en su iglesia. Por el contrario, se dice que dio con ellos porque emisarios de la Prieuré de Sion le informaron de su paradero. Estos emisarios visitaron a Sauniére en Rennes-le-Cháteau y le reclutaron en calidad de factótum. Al parecer,
hacia finales de 1916 Sauniére se peleó con dichos emisarios.40 Si esto es cierto, la muerte dtl cura en enero de 1917 cobra un tono más siniestro del que generalmente se le atribuye. Diez días antes de su muerte Sauniére gozaba de buena salud. A pesar de ello, diez días antes de su muerte alguien encargó un ataúd en su nombre. El recibo del ataúd, fechado el 12 de enero de 1917, está extendido a nombre de Mane Denarnaud, confidente y gobernanta de Sauniére.
Una publicación Prieuré más reciente y, al parecer, más autorizada amplía la historia de Sauniére y diríase que confirma, al menos en parte, la crónica que hemos resumido más arriba. Según dicha publicación, Sauniére no era más que un peón y su papel en el misterio de Rennes-le-Cháteau ha sido muy exagerado. La verdadera fuerza que había detrás de los acontecimientos del pueblo de montaña era, según se dice, el abate Henri Boudet, amigo de Sauniére y cura del cercano pueblo de Rennes-les-Bains.


Se dice que Boudet proporcionó a Sauniére todo su dinero, un total de trece millones de francos entre 1887 y 1915. Y también se dice que Boudet guió a Sauniére en sus diversos proyectos: las obras públicas, la construcción de la Villa Bethania y de la Tour Magdala. Asimismo, Boudet supervisó la restauración de la iglesia de Rennes-le-Cháteau y diseñó las desconcertantes estaciones de la cruz de Sauniére como una especie de versión ilustrada o equivalente visual de un libro críptico suyo.
Según esta reciente publicación Prieuré, en esencia Sauniére ignoró siempre el verdadero secreto que él mismo custodiaba: hasta que Boudet, a punto ya de morir, se lo confió en marzo de 1915. Según la misma publicación, Marie Denarnaud, la gobernanta de Sauniére, era en realidad agente de Boudet. Se supone que fue a través de ella que Boudet transmitía instrucciones a Sauniére. Y todo el dinero se lo pagaba a ella. O, mejor dicho, la mayor parte del dinero. Pues se dice que entre 1885 y 1901 Boudet pagó 7.655.250 francos al obispo de Carcasona, es decir, el hombre que envió a Sauniére a París con los pergaminos y que corrió con todos los gastos del viaje y de la estancia. Da la impresión de que también el obispo trabajaba esencialmente para Boudet. No hay duda de que la situación resulta incongruente: un importante obispo regional es el sirviente pagado de un humilde cura de una parroquia remota. ¿Y el párroco? ¿Para quién trabajaba Boudet? ¿A qué intereses representaba? ¿Qué le daría el poder necesario para contratar los servicios y el silencio de su superior eclesiástico? ¿Y quién le proporcionaría aquellos inmensos recursos económicos que él gastaba con tanta prodigalidad? Estas preguntas no hallan una respuesta explícita. Pero la contestación está implícita de manera constante: la Prieuré de Sion.


Una nueva obra que, al igual que sus predecesoras, parecía inspirada en fuentes de información privilegiadas arrojó más luz sobre el asunto. La obra en cuestión es Le trésor du triangle d'or (El tesoro del triángulo de oro), de Jean-Luc Chaumeil, publicada en 1979. Según Chaumeil, varios clérigos relacionados con el enigma de Rennes-le-Cháteau —Sauniére, Boudet y muy probablemente otros como Hoffet, el tío de Hoffet en Saint Sujpice y el obispo de Carcasona— estaban afiliados a la masonería de «nto escocés». Esta variante de la francmasonería, declara Chaumeil, difería de la mayoría de las demás por ser «cristiana, hermética y aristocrática». En pocas palabras, a diferencia de muchos ritos de la francmasonería, no consistía principalmente en librepensadores y ateos. Al contrario, parece ser que era profundamente religiosa y que estaba orientada a la magia: hacía hincapié en una sagrada jerarquía social y política, en un orden divino, en un plan subyacente de
índole cósmica. Y los grados más altos de dicha francmasonería, según Chaumeil, eran los grados inferiores de la Prieuré de Sion.
Durante nuestras pesquisas ya habíamos encontrado una francmasonería del tipo que describe Jean-Luc Chaumeil. A decir verdad, la descripción que éste hace podía aplicarse fácilmente al «rito escocés» original que introdujeron Charles Radclyffe y sus colaboradores. Tanto la masonería de Radclyffe como la que describe Chaumeil habrían sido aceptables para los católicos devotos a pesar de la condenación del papa, ya fueran tales católicos jacobitas del siglo xvm o curas franceses del XX. No hay duda de que Roma lo desaprobaba en ambos casos, y lo hacía de forma muy vehemente. Sin embargo, parece que los individuos relacionados con todo ello no sólo persistieron en considerarse como cristianos y católicos. A juzgar por los datos de que disponemos, también parecen haber recibido una importante y vigorizadora transfusión de fe que les permitía verse a sí mismos como cristianos en un sentido más verdadero que el del pontificado.


Aunque Jean-Luc Chaumeil se muestra tan impreciso como evasivo, da a entender de modo implícito que en los años anteriores a 1914 la francmasonería a la que pertenecían Boudet y Sauniére se amalgamó con otra institución esotérica, una institución que bien podría explicar algunas de las referencias curiosas a un monarca que aparecen en los Protocolos de los sabios de Sion, especialmente si, como insinúa Chaumeil, e1 verdadero poder que había detrás de esta otra institución era también la Prieuré de Sion.
La institución a la que nos referimos se llamaba la Hiéron du Val d'Or, lo cual parece una transposición verbal de Orval,43 el sitio que figuraba repetidamente en la historia. La Hiéron du Val d'Or era una especie de sociedad secreta política fundada alrededor de 1873. Parece ser que compartía muchas cosas con otras organizaciones esotéricas de la época. Daba una importancia característica, por ejemplo, a la geometría sagrada y a varios emplazamientos también sagrados. Insistía en la existencia de una verdad mística o gnóstica debajo de los motivos mitológicos. Se advertía su preocupación por los orígenes de los hombres, las razas, las lenguas y los símbolos, tal como se advierte también en la teosofía. Y, al igual que muchas otras sectas y sociedades de la época, la Hiéron du Val d'Or era al mismo tiempo cristiana y transcristiana. Ponía de relieve la importancia del Sagrado Corazón, por ejemplo, pero lo vinculaba con otros símbolos precristianos. Procuraba hacer compatibles los misterios cristianos y paganos, tal como se decía que había hecho el legendario Ormus. Y atribuía un significado especial al pensamiento druídico, al que, como hacen muchos expertos modernos, consideraba como parcialmente pitagórico. Todos estos temas aparecen bosquejados en la obra publicada del abate Henri Boudet, el amigo de Sauniére.
La Hiéron du Val d'Or tenía que ver con nuestra investigación porque formulaba lo que Jean-Luc Chaumeil denomina una «geopolítica esotérica» y un «orden mundial etnárquico». En realidad, estas denominaciones, traducidas a un lenguaje más asequible, significaban la instauración de un nuevo Sacro Imperio Romano en la Europa del siglo XIX, un Sacro Imperio Romano revitalizado y reconstituido, un Estado secular que unificaría a todos los pueblos y que en esencia se apoyaría en cimientos espirituales en lugar de sociales, políticos o económicos. A diferencia de su predecesor, este nuevo Sacro Imperio Romano sería auténticamente sacro, auténticamente «romano» y auténticamente «imperial», aunque el significado específico de estos términos sería crucialmente distinto del significado aceptado por la tradición y el convencionalismo. Un Estado de estas características llevaría a la práctica el sueño secular de un reino celestial en la Tierra, una copia o imagen terrestre del orden, la armonía y la jerarquía del cosmos. Habría realizado la antigua premisa hermética de lo de arriba, también abajo. Y no era del todo utópico o ingenuo. Al contrario, era cuando menos remotamente factible en el contexto de la Europa del siglo XIX.


Según Chaumeil, los objetivos de la Hiéron du Val d'Or eran:
una teocracia en donde las naciones no serían más que provincias, sus líderes no serían otra cosa que procónsules al servicio de un gobierno mundial oculto integrado por una élite. Para Europa este régimen del Gran Rey entrañaba una doble hegemonía del pontificado y el imperio, del Vaticano y de los Habsburgo, que serían el
brazo derecho del Vaticano.
En el siglo XIX, huelga decirlo, los Habsburgo eran sinónimo de la casa de Lorena. Por consiguiente, el concepto de un Gran Rey habría significado el cumplimiento de las profecías de Nostradamus. Y también habría realizado, al menos en cierto sentido, el proyecto monárquico que se bosquejaba en los Protocolos de los sabios de Sion. Al mismo tiempo, está claro que la realización de un proyecto tan grandioso habría entrañado diversos cambios en las instituciones existentes. El Vaticano, por ejemplo, seguramente hubiera sido muy distinto del que a la sazón estaba instalado en Roma. Y los Habsburgo habrían sido algo más que jefes de Estado imperiales. De hecho, se hubiesen convertido en una dinastía de reyes-sacerdotes, igual que los faraones del antiguo Egipto. O igual que el Mesías que esperaban los judíos en el alba de la era cristiana.
Chaumeil no aclara hasta qué punto los propios Habsburgo participaban activamente en estos ambiciosos planes clandestinos. Hay datos, no obstante —incluyendo la visita de un archiduque Habsburgo a Rennes-le-Cháteau—, que parecen atestiguar cuando menos cierta participación. Pero los planes que se habían trazado, fuesen los que fuesen, se vieron frustrados a causa de la primera guerra mundial, que entre otras cosas significó el final del poder de los Habsburgo.


Tal como los explicaba Jean-Luc Chaumeil, los objetivos de la Hiéron du Val d'Or —o de la Prieuré de Sion— tenían cierto sentido lógico en el contexto de lo que habíamos descubierto nosotros. Arrojaban nueva luz sobre los Protocolos de los sabios de Sion. Concordaban con los objetivos declarados de varias sociedades secretas, incluyendo las de Charles Radclyffe y Charles Nodier. Y lo más importante de todo era que se ajustaban a las aspiraciones políticas que, tal como habíamos podido comprobar, albergó la casa de Lorena a lo largo de los siglos.
Pero si los objetivos de la Hiéron du Val d'Or tenían sentido lógico, no tenían sentido político desde el punto de vista práctico. Nos preguntamos en qué se hubiesen basado los Habsburgo para reclamar su derecho de funcionar en calidad de dinastía de reyes-sacerdotes. A menos que contasen con un abrumador apoyo popular, no hubiera sido posible defender tal derecho en contra del gobierno republicano de Francia, por no hablar de las dinastías imperiales que en aquel tiempo reinaban en Rusia, Alemania y Gran Bretaña. ¿Y cómo habrían podido obtener el necesario apoyo popular?
En el contexto de las realidades políticas del siglo XIX semejante plan, pese a su consistencia lógica, nos pareció absurdo. Sacamos la conclusión de que quizás habíamos interpretado mal la Hiéron du Val d'Or. O quizás era que los miembros de la Hiéron du Val d'Or sencillamente estaban chiflados.
No tuvimos más remedio que archivar el asunto en espera de más información. Mientras tanto, dirigimos la atención hacia el presente al objeto de determinar si la Prieuré de Sion existía hoy día. No tardamos en descubrir que sí. Sus miembros no estaban chiflados y pudimos comprobar que en el siglo XX seguían un programa que se parecía en esencia al que la Hiéron du Val d'Or siguiera en el siglo XIX.


La sociedad secreta hoy día.


El Journal Officiel es una publicación semanal del gobierno francés en la que deben declararse todos los grupos, sociedades y organizaciones del país. En el número correspondiente a la semana del 20 de julio de 1956 (número 167) se lee lo siguiente:
25 juin 1956. Déclaration á la sous-préfecture de Saint-Julien n-Genevois. Prieuré de Sion: études et entr'aide des membres. Siége social: Sous-Cassan, Annemasse (Haute Savoie).
(25 de junio de 1956. Declaración ante la subprefectura de Saint-Julien-en-Genevois. Prieuré de Sion. Objetivos: estudios y ayuda mutua entre los asociados. Domicilio social: Sous-Cassan, Annemasse, Alta Saboya.)
La Prieuré de Sion estaba inscrita oficialmente ante la policía. Teníamos ante nosotros lo que parecía una prueba definitiva de su existencia en nuestra propia .época, aunque nos pareció un poco extraño que una sociedad supuestamente secreta se anunciara de este modo. Pero quizá, después de todo, no fuese tan extraño. No encontramos el número de teléfono de la Prieuré de Sion en ninguna guía telefónica de Francia. La dirección resultaba demasiado imprecisa para identificar una oficina específica, o una casa, edificio o incluso una calle. Y en la subprefectura, cuando les telefoneamos, no nos resultaron de mucha ayuda. Dijeron que habían recibido numerosas preguntas y lo dijeron en tono cansado, resignado, como el de alguien que lleva mucho tiempo sufriendo. Pero no pudieron darnos más información. Que ellos supieran, la dirección era ilocalizable. Aunque no sacamos nada en claro, lo ocurrido nos dio que pensar. Entre otras cosas, hizo que nos preguntáramos cómo ciertos individuos se las habían ingeniado para registrar una organización ficticia o inexistente ante la policía y luego, a lo que parecía, librarse de todas las posibles consecuencias del hecho. ¿Era la policía realmente tan despreocupada e indiferente como parecía ser? ¿O se trataba más bien de que la orden había conseguido ganarse su cooperación y su discreción?


Solicitamos a la subprefectura una copia de lo que eran los supuestos estatutos de la Prieuré de Sion. Nos la proporcionaron. El documento, que consistía en veintiún artículos, no era controvertible ni especialmente iluminador. Por ejemplo, no decía claramente cuáles eran los objetivos de la orden. No daba ninguna indicación de su posible influencia, del número de asociados o de sus recursos. En su conjunto resultaba bastante inocuo aunque, al mismo tiempo, hizo crecer nuestra perplejidad. En cierto lugar, por ejemplo, los estatutos declaraban que la entrada en la orden no debía verse restringida por motivos de lengua, origen social, clase o ideología política. En otro lugar estaba estipulado que todos los católicos mayores de veintiún años podían ser miembros de la orden. De hecho, los estatutos en general parecían salidos de una institución piadosa e incluso fervientemente católica. Y, pese a ello, los supuestos grandes maestres de la orden, así como su historia pasada, en la medida en que habíamos podido seguirla, no eran precisamente ejemplos de catolicismo ortodoxo. A este respecto, incluso los modernos «documentos Prieuré», muchos de ellos publicados al mismo tiempo que los estatutos, eran de orientación más hermética, incluso heréticamente gnóstica, que católica. La contradicción no parecía tener sentido, a no ser que la Prieuré de Sion, al igual que los caballeros templarios y que la Compagnie du Saint-Sacrement, exigiera el catolicismo como prerrequisito exotérico, el cual podía posteriormente ser trascendido en el seno de la orden. En todo caso, la orden de Sion, al igual que el Temple y que la Compagnie du Saint- Sacrement, parecía exigir una obediencia que, por su naturaleza absoluta, subsumía todos los demás compromisos, fueran seculares o espirituales. De conformidad con el artículo VII de los luego, a lo que parecía, librarse de todas las posibles consecuencias del hecho. ¿Era la policía realmente tan despreocupada e indiferente como parecía ser? ¿O se trataba más bien de que la orden había conseguido ganarse su cooperación y su discreción? Solicitamos a la subprefectura una copia de lo que eran los supuestos estatutos de la Prieuré de Sion. Nos la proporcionaron. El documento, que consistía en veintiún artículos, no era controvertible ni especialmente iluminador. Por ejemplo, no decía claramente cuáles eran los objetivos de la orden. No daba ninguna indicación de su posible influencia, del número de asociados o de sus recursos. En su conjunto resultaba bastante inocuo aunque, al mismo tiempo, hizo crecer nuestra perplejidad. En cierto lugar, por ejemplo, los estatutos declaraban que la entrada en la orden no debía verse restringida por motivos de lengua, origen social, clase o ideología política. En otro lugar estaba estipulado que todos los católicos mayores de veintiún años podían ser miembros de la orden. De hecho, los estatutos en general parecían salidos de una institución piadosa e incluso fervientemente católica. Y, pese a ello, los supuestos grandes maestres de la orden, así como su historia pasada, en la medida en que habíamos podido seguirla, no eran precisamente ejemplos de catolicismo ortodoxo. A este respecto, incluso los modernos documentos Prieuré, muchos de ellos publicados al mismo tiempo que los estatutos, eran de orientación más hermética, incluso heréticamente gnóstica, que católica. La contradicción no parecía tener sentido, a no ser que la Prieuré de Sion, al igual que los caballeros templarios y que la Compagnie du Saint-Sacrement, exigiera el catolicismo como prerrequisito exotérico, el cual podía posteriormente ser trascendido en el seno de la orden. En todo caso, la orden de Sion, al igual que el Temple y que la Compagnie du Saint-Sacrement, parecía exigir una obediencia que, por su naturaleza absoluta, subsumía todos los demás compromisos, fueran seculares o espirituales. De conformidad con el artículo VII de los estatutos, «El candidato debe renunciar a su personalidad con el fin de dedicarse al servicio de un alto apostolado moral».
Asimismo, los estatutos declaran que la orden funciona bajo el subtítulo de Chevalerie d’Institutions et Regles Catholiques, d’Union Indépendante et Tradicionaliste («Caballería de Reglas e Instituciones Católicas de la Unión Independiente y Tradicionalista»).


La abreviatura de esta designación es CIRCUIT, es e1 nombre de una revista que, según los estatutos, publica internamente la orden y circula entre sus asociados.
Quizá la información más interesante que contienen los estatutos sea que, al parecer, desde 1956 la Prieuré de Sion casi ha quintuplicado el número de afiliados. Según una página que se reproduce en los Dossiers Secrets y que fue imprimida antes de 1956, Sion tenía un total de 1.093 miembros clasificados en siete grados. La estructura era tradi-cionalmente piramidal. En la cúspide estaba el Gran maestre o tonnier. Había tres en el grado inferior a éste (Prince Noachite de Notre Dame), nueve en el grado siguiente (Croisé de Saint-Jean). A partir de aquí hacia abajo, cada grado era tres veces superior al grado precedente: 27, 81, 243, 729. Los tres grados más altos —el Gran maestre y sus doce subordinados inmediatos— constituían la «Rose-Croix» trece. El número, ni que decir tiene, concordaba también con cualquier grupo situado entre una reunión satánica y Jesús con sus doce discípulos.
Según los estatutos de después de 1956, Sion tenía un total de 9.841 miembros, los cuales no estaban distribuidos entre siete grados, sino entre nueve. Parece que la estructura sigue siendo esencialmente la misma, aunque estaba clarificada y se habían introducido dos grados nuevos en el extremo inferior de la jerarquía, lo cual aumentaba el aislamiento de los líderes detrás de una amplia red de novicios. El Gran maestre conservaba aún el título de Nautonnier. Los tres «Princes Noachites de Notre Dame» recibían simplemente el nombre de Seneschales. A los nueve «Croisés de Saint-Jean» se les llamaba Connétables. La organización de la orden, según la jerga portentosamente enigmática de los estatutos, era la siguiente:
La asamblea general se compone de todos los miembros de la asociación. Consiste en 729 provincias, 27 encomiendas y un Arco designado Kyria. Cada una de las encomiendas, así como el Arco, debe consistir en cuarenta miembros, cada provincia en trece miembros.
Los miembros se dividen en dos grupos efectivos:
1. La Legión, encargada del apostolado.
2. La Phalange, custodia de la tradición.
Los miembros componen una jerarquía de nueve grados. La jerarquía de nueve grados consiste en: a) en las 729 provincias
1. Novices: 6.561 miembros
2. Croisés: 2.187 miembros b) en las 27 encomiendas
3. Preux: 729 miembros
4. Ecuyers: 243 miembros
5. Chevaliers: 81 miembros
6. Commandeurs: 27 miembros
c) en el-Arco «Kyria»:
7. Connétables: 9 miembros 8. Sénéchaux: 3 miembros
9. Nautonnier: 1 miembro2
Al parecer, a efectos burocráticos, oficiales y jurídicos, se indicaba un «Consejo» formado por cuatro miembros. Tres de los nombres no nos eran conocidos y es muy posible que fuesen seudónimos: André Bonhomme, nacido el 7 de diciembre de 1934, presidente; Jean Dela-val, nacido el 7 de marzo de 1931, vicepresidente; Armand Defago, nacido el 11 de diciembre de 1928, tesorero. Sin embargo, había un nombre que ya habíamos encontrado antes: Pierre Plantard, nacido el 18 de marzo de 1920, secretario general. Según la investigación efectuada por otro escritor, el título oficial de Pierre Plantard era el de Secretario General del Departamento de Documentación, lo cual, huelga decirlo, da a entender que existen otros departamentos.
Alain Poher


A principios del decenio de 1970 la Prieuré de Sion se había convertido en una modesta cause célebre entre ciertas personas de Francia. Se publicaron varios artículos en revistas y algún periódico se ocupó del asunto. El 13 de febrero de 1973 el Midi Libre publicó un artículo bastante largo sobre la orden de Sion, Sauniére y el misterio de Ren-nes-le-Cháteau. El artículo vinculaba específicamente la orden con la posible supervivencia de la estirpe merovingia en el siglo XXTambién sugería
que entre los descendientes de los merovingios estaba un «pretendiente auténtico al trono de Francia», al que identificaba como el señor Alain Poher.3
Aunque no es un nombre especialmente conocido en Gran Bretaña o en los Estados Unidos, Alain Poher era (y sigue siendo) un nombre conocido en Francia. Durante la segunda guerra mundial ganó la Medalla de la Resistencia y la Croix de Guerre. Tras la dimisión de De Gaulle, fue presidente provisional de Francia desde el 28 de abril hasta el 19 de junio de 1969. Al morir Georges Pompidou, ocupó el mismo puesto del 2 de abril al 27 de mayo de 1974. En 1973, cuando apareció el artículo del Midi Libre, Poher era presidente del senado francés.
Que nosotros sepamos, Poher nunca ha comentado, en uno u otro sentido, sus supuestas conexiones con la Prieuré de Sion y la estirpe merovingia. No obstante, en las genealogías de los documentos Prieuré se menciona a Arnaud, conde de Poher, quien, en algún momento situado entre 894 y 896 emparentó matrimonialmente con la familia Plantard, supuestos descendientes directos de Dagoberto II. El nieto de Arnaud de Poher, Alain, se convirtió en duque de Bretaña en 937. Tanto si el señor Poher reconoce estar vinculado a la Prieuré de Sion como si no, parece claro que la orden le reconoce a él como, en el menor de los casos, descendiente de los merovingios.


El rey perdido


Entre tanto, mientras proseguíamos nuestras indagaciones y la prensa francesa dedicaba esporádicamente su atención al asunto, continuaban apareciendo nuevos «documentos Prieuré». Al igual que antes, algunos aparecían en forma de libros, otros en forma de opúsculos imprimidos privadamente o artículos depositados en la Bibliothéque Nationale. El caso es que lo único que lograban era aumentar la confusión. Era obvio que alguien estaba produciendo este material, pero su objetivo verdadero seguía sin estar claro. A veces casi nos daban ganas de dejarlo correr como si fuera una broma complicada, un engaño de proporciones extravagantes. Sin embargo, de ser así, era un engaño que ciertas personas venían sosteniendo desde hacía siglos: y, si se invierten tanto tiempo, tanta energía y tantos recursos en un engaño, ¿cabe realmente decir que se trata de un engaño? De hecho, los hilos entrelazados y el tejido total de los «documentos Prieuré» tenían menos de broma que de obra de arte: un despliegue de ingenio, suspense, brillantez, complejidad, conocimientos históricos y arquitectónicos digna, pongamos por caso, de James Joyce. Y si bien Finnegans Wake es una obra que puede considerarse como una especie de broma, no hay la menor duda de que su creador se la tomó muy en serio.
Es importante señalar que los «documentos Prieuré» no constituían una «moda» normal y corriente, una moda lucrativa que diera paso a una industria provechosa, que engendrase segundas y terceras partes, etcétera. No podían compararse, por ejemplo, con la obra Chariots of the Gods, de Von Dániken, con las diversas obras que tratan del triángulo de las Bermudas o con las obras de Carlos Castañeda. Fuese cual fuese la motivación que había detrás de los «documentos Prieuré», era evidente que no se trataba del afán de lucro. De hecho, el dinero parecía ser únicamente un factor incidental, suponiendo que fuese siquiera eso. Aunque habrían resultado sumamente lucrativos en forma de libro, los «documentos Prieuré» más importantes no fueron publicados como tal. A pesar de su comercialidad potencial, no eran más que ediciones privadas y limitadas, depositadas discretamente en la Bibliothéque Nationale, donde, además, no siempre estaban a disposición del público. Y la información que aparecía en forma de libros normales y corrientes no era fortuita ni arbitraria y, en su mayor parte, no era obra de investigadores independientes, sino que parecía salir de una sola fuente. La mayor parte de ella se basaba en el testimonio de informadores muy específicos que medían con cuentagotas las cantidades de información que daban a conocer, de acuerdo con algún plan concebido de antemano. Cada dato nuevo añadía por lo menos una modificación, una nueva pieza del rompecabezas general. Muchos de estos fragmentos salían firmados con nombres distintos. De esta manera se daba la impresión superficial de que había varios autores, lo cual servía también para que cada uno de ellos confirmase y diera credibilidad a los demás.


Para nosotros esta forma de obrar sólo podía tener una motivación verosímil: llamar la atención del público sobre ciertas cuestiones, establecer credibilidad, engendrar interés, crear un clima psicológico que mantuviese a la gente esperando, con el aliento contenido, nuevas revelaciones. En pocas palabras, los documentos Prieuré parecían haber sido calculados específicamente para preparar el camino para alguna revelación asombrosa. Fuese cual fuere, esta revelación, al parecer, requería un prolongado proceso de ablandamiento, de preparación del público. Y fuese cual fuere, esta revelación era algo relacionado con la dinastía merovingia, la perpetuación de su estirpe hasta la actualidad y una realeza clandestina. Así, en un artículo de revista que se decía escrito por un miembro de la Prieuré de Sion encontramos la siguiente afirmación: Sin los merovingios, la Prieuré de Sion no existiría y sin la Prieuré de Sion, la dinastía merovingia se extinguiría. La relación entre la orden y la estirpe merovingia queda parcialmente aclarada y, en parte, más confusa todavía en la siguiente afirmación:
El Rey es pastor y sacerdote al mismo tiempo. A veces envía algún embajador brillante a su vasallo en el poder, su factótum, uno que tiene la felicidad de estar
sometido a la muerte. Así Rene de Anjou, Connétable de Bourbon, Nicolás Fouquet... y otros muchos para quienes un éxito asombroso se ve seguido de una inexplicable caída en desgracia..., pues estos emisarios son a la vez terribles y vulnerables. Custodios de un secreto, sólo cabe exaltarlos o destruirlos. Así gente como Gilíes de Rais, Leonardo da Vinci, Joseph Balsamo, los duques de Nevers y Gonzaga, cuya estela va envuelta en un perfume mágico en el que el azufre se mezcla con el incienso: el perfume de la Magdalena.
Si el rey Carlos VII, al entrar Juana de Arco en la sala grande de su castillo de Chinon, se escondió entre sus cortesanos, no fue porque quisiera gastar una broma frivola —¿qué gracia habría en ello?—, sino porque ya sabía de quién era ella embajadora. Y que ante ella él era poco más que un cortesano entre los otros. El secreto
que ella le reveló en privado lo contenían estas palabras: Señor, vengo en nombre del Rey.4
Las implicaciones de este pasaje son provocativas e intrigantes. Una es que el rey —el «Rey Perdido, seguramente de estirpe merovingia— sigue gobernando en realidad, simplemente por ser quien es.
Otra implicación, tal vez más sorprendente todavía, es que los soberanos temporales son conscientes de su existencia, le reconocen, le respetan y le temen. Una tercera implicación es que el Gran maestre de la Prieuré de Sion, o algún otro miembro de la orden, desempeña las funciones de embajador entre el «Rey Perdido» y sus sustitutos o representantes temporales. Y, al parecer, se considera que tales embajadores son personas de las que se puede prescindir.
Opúsculos curiosos en la Bibliothéque Nationale de París.
En 1966 se produjo un curioso intercambio de cartas referentes a la muerte de Leo Schidlof, el hombre que, bajo el seudónimo de Henri Lobineau, fue el autor, según se dijo a la sazón, de las genealogías que aparecen en algunos de los «documentos Prieuré». La primera carta, que apareció en el Catholic Weekly of Geneva, lleva fecha del 22 de octubre de 1966. Va firmada por un tal Lionel Burrus, quien afirma hablar en nombre de una organización llamada Juventud Cristiana Suiza. El señor Burrus anuncia que Leo Schidlof, alias Henri Lobineau, murió en Viena una semana antes, el 17 de octubre. Seguidamente procede a defender al difunto de un ataque difamatorio que, según él, apareció en un reciente boletín católico. El señor Burrus expresa indignación ante dicho ataque. En su apología de Schidlof declara que éste, utilizando el nombre de Lobineau, en 1956 recopiló «un notable estudio... sobre la genealogía de los reyes merovingios y el asunto de Rennes-le-Cháteau».


El señor Burrus manifiesta que Roma no se atrevió a calumniar a Schidlof cuando éste aún vivía, pese a que tenía un dosier exhaustivo sobre él y sus actividades. Pero incluso ahora, a pesar de su muerte, se siguen fomentando los intereses merovingios. En apoyo de sus afirmaciones el señor Burrus roza el absurdo en más de una ocasión. Cita lo que en 1966 era el emblema de Antar, una de las principales compañías petroleras de Francia. Dice que dicho emblema incluye una divisa merovingia y que en él se ve un rey merovingio, aunque sea en forma caricaturesca. Y este emblema, según el señor Burrus, demuestra que de una manera efectiva se está diseminando información y propaganda por cuenta de los merovingios. Y, aunque ello no venga al caso, añade que ni siquiera el clero francés mueve siempre la cola por orden del Vaticano. En cuanto a Leo Schidlof, el señor Burrus concluye (y con ello se hace eco del pensamiento francmasónico y cátaro): Para todos aquellos que conocimos a Henri Lobineau, que fue un gran viajero y un gran buscador, un hombre leal y bueno, permanece en nuestros corazones como símbolo de un "maitre parfait" a quien se respeta y venera»
Esta carta de Lionel Burrus parece decididamente obra de un chiflado. Desde luego, es curiosísima. Sin embargo, aún resulta más curioso el supuesto ataque de que fue objeto Schidlof por parte de un boletín católico, que el señor Burrus cita repetidamente. Según el señor Burrus, el boletín acusa a Schidlof de ser «prosoviético,
notorio francmasón que prepara el camino para el advenimiento de una monarquía popular en Francia». Se trata de una acusación singular y aparentemente contradictoria, pues no es habitual que las simpatías prosoviéticas vayan unidas a un intento de instaurar una monarquía. Y, pese a ello, el boletín, tal como lo cita el señor Burrus, lanza acusaciones que resultan aún más extravagantes:
Los descendientes merovingios han estado siempre detrás de todas las herejías, desde el arrianismo hasta la francmasonería pasando por los cataros y los templarios. En tos inicios de la Reforma protestante el cardenal Mazarino, en julio de 1659, hizo destruir su castillo de Barberie, que databa del siglo XII. Porque la casa y la
familia en cuestión, a través de los siglos, no habían engendrado más que agitadores secretos contra la Iglesia.
El señor Burrus no indica claramente qué boletín católico es el que publicó la acusación que él cita, de modo que no pudimos comprobar su veracidad. Con todo, si es auténtica, sería de gran importancia, pues constituiría un testimonio independiente, salido de fuentes católicas, de la destrucción del Cháteau Barberie en Nevers. También parece sugerir cuando menos una razón de ser de la Prieuré de Sion, aunque sea sólo en parte. Para entonces ya concebíamos la Prieuré de Sion, y las familias asociadas a ella, como una organización que maniobraba para hacerse con el poder y que, a causa de ello, había chocado numerosas veces con la Iglesia. Según la cita que acabamos de ver, sin embargo, no parece que la oposición a la Iglesia fuese fruto de la casualidad, las circunstancias o siquiera la política. Por el contrario, diríase que se trataba de una norma sistemática. Lo cual representaba otra contradicción, toda vez que los estatutos de la Prieuré habían salido, al menos en apariencia, de una institución acérrimamente católica.
No había transcurrido mucho tiempo desde la publicación de esta carta cuando Lionel Burrus murió en un accidente de automóvil en el que hubo seis víctimas más. Sin embargo, poco antes de su muerte su carta recibió una respuesta todavía más curiosa y provocativa que la que él mismo había escrito. Esta respuesta apareció en
forma de folleto publicado privadamente y bajo el nombre de S. Roux.
En ciertos aspectos, da la impresión de que el texto de S. Roux se hace eco del ataque contra Schidlof que tuvo por contestación la carta del señor Burrus. También critica al señor Burrus por ser joven, excesivamente entusiasta, irresponsable y propenso a hablar demasiado. Pero, si bien parece condenar la postura del señor Burrus, el folleto de S. Roux no sólo confirma los hechos que aquél cita, sino que, además, incluso los amplía. Leo Schidlof, según afirma S. Roux, era un dignatario de la Grande Loge Alpina de Suiza, es decir, la logia masónica cuyo pie de imprenta aparecía en ciertos «documentos Prieuré». Según S. Roux, Schidlof no ocultaba sus
sentimientos amistosos hacia el bloque oriental.9 En cuanto a las afirmaciones del señor Burrus sobre la Iglesia, S. Roux prosigue diciendo:
no puede decirse que la Iglesia ignore la existencia del linaje de Razas, pero es necesario recordar que todos sus descendientes, desde Dagoberto, han sido agitadores secretos tanto contra el linaje de Francia como contra la Iglesia y que han sido la fuente de todas las herejías. La vuelta de un descendiente merovingio al poder entrañaría para Francia la proclamación de una monarquía popular aliada a la URSS así como el triunfo de la francmasonería: en pocas palabras, la desaparición de la
libertad religiosa.
Si todo esto parece bastante extraordinario, aún lo son más las afirmaciones con que concluye el folleto de S. Roux:
En cuanto a la cuestión de la propaganda merovingia en Francia, todo el mundo sabe que la publicidad de Antar Petrol, con un rey merovingio que sostiene un Lirio y un Círculo, es un llamamiento popular a favor del regreso de los merovingios al poder. Y uno no puede por menos de preguntarse qué estaba preparando Lobineau en el momento de su fallecimiento en Viena, en vísperas de cambios profundos en Alemania. ¿Acaso no es también cierto que Lobineau preparó en Austria un futuro
acuerdo recíproco con Francia? ¿Acaso no fue esto la base del acuerdo francorruso? 
No es extraño que nos quedáramos absolutamente perplejos, preguntándonos de qué diablos hablaba S. Roux. Parecía haber superado al señor Burrus en lo que se refiere a decir tonterías. Al igual que el boletín al que atacara el señor Burrus, S. Roux vincula objetivos políticos en apariencia tan diversos y discordantes como son la hegemonía soviética y la monarquía popular. Y va más lejos que el señor Burrus, puesto que declara que «todo el mundo sabe» que el emblema de una compañía de petróleos es una forma sutil de propaganda..., de una causa desconocida y aparentemente absurda. Alude a grandes cambios en Francia, Alemania y Austria como si estos cambios ya estuvieran «en el programa», suponiendo que no fueran ya hechos consumados. Y habla de un misterioso acuerdo «francorruso» como si este acuerdo fuera cosa del dominio público.


En una primera lectura el opúsculo de S. Roux daba la impresión de no tener el menor sentido. Tras examinarlo con mayor atención, decidimos que, de hecho, era otro ingenioso documentos Prieuré, pensado deliberadamente para desconcertar, confundir, despertar curiosidad e insinuar algo portentoso y monumental. En todo caso, ofrecía, de un modo muy excéntrico, un indicio de la magnitud de los asuntos con el relacionados. Si S. Roux no se equivocaba, el tema de nuestra investigación no estaba limitado a las actividades de alguna orden de caballería moderna, elusiva pero inocua. Si las afirmaciones de S. Roux eran correctas, el tema de nuestra
investigación tenía algo que ver con los estratos más altos de la política internacional.




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sábado, 27 de abril de 2013

El Hijo de la Promesa -VIII_

IN Dominus Inspiravit, Filio Promissionis
"de los Templarios Iniciados"


Deje a mi maestro con sus últimas palabras, y me retire a meditar... Recuerdo que siempre lo hacia en cualquier parte, donde sintiera necesidad, pues así el, me enseño como se meditaba, en la simpleza de la soledad o en compañía de los que en el mismo nivel de vibración, podíamos potenciar nuestros seres astrales con mas facilidad...
Pero esta vez recordé sus palabras, lleva tu espada y lleva tu manto y anillo.... pero... quizás me estaba invitando a otro tipo de meditación, a uno que quizás debía de ser mas ceremonial... pues bien, no perdía nada con probar...

Intrigado, puso rumbo a mi habitación, no porque hubiera algo distinto en meditar con manto o sin manto, sino porque sentí un mensaje, como si el me hubiera elevado de frecuencia y lo que antes era un manto sagrado, eso unido a esta frecuencia elevada, me llevaría a un nivel distinto y esa sensación no podía sacarla de mi corazón, porque me miente me decía.... "es lo mismo, es lo mismo!!!!"... Pero escuche a mi corazón y silencie a mi mente como el me enseño. Llegue a mi cuarto, deje todo atrás y mire mi espada, una de ellas, pues son dos las que ya acumulo en la Orden, la primera con su nombre sagrado fue la de bienvenida a la Orden, mas la segundo, fue el ingreso al Templi Secretum o traducido el "Priorato Secreto de los Caballeros Templarios..." el Eccretum Priori. Creo que nunca hable de esta diferencia, es como en los ejércitos de elite, existe el ejercito regular y las fuerzas especiales, pues bien, en todo sentido el Templi Secretum es eso, las "Fuerzas Especiales del Santo de los Santos en la Tierra"... Uno ingresa a la Orden, como a una orden mas, pero en cierto momento de tu vida en la Orden, que es bastante tradicional, puede ser que seas llamado a las "Fuerzas Especial" y ahí tu entrenamiento ya no es de literatura, aquí se habré las puertas de los conocimientos ancestrales y el porque de nuestra existencia. Lo que defendemos con nuestra vida, lo que ocultamos a los ojos de los hombres comunes y lo que mantenemos alejados de las garras del Vaticano y todas las demás estructuras que quieren ponerle mano a nuestro mayor legado y secreto, pero de eso, esta claro, no puedo hablar aquí, solo dejo constancia de mi experiencia, y aprendizaje, para que quizás algún día, mi descendencia sepa quien fui y porque hice lo que hice de mi vida, mas los Secretos de la Orden Templaria, se irán conmigo a la tumba o serán solo pasados a mis hermanos si llega el momento.

Pero volviendo a mi espada, ahí esta ella, la de la iniciación en el Templi Secretum, la mas sagrada, la consagrada, la que puede iniciar a otro hermano sin autorización de nadie, pues es Dios quien habla a través del Caballero Iniciado y su alma reconoce a otro hermano aunque este no este ordenando en la Orden. Recorrí su filo y por la Cruz, la tome con todo el amor que le tengo, por lo que significa, la enfunde en mi cinturón y luego fui por mi anillo, aquel que el "Gran Maestre de los Cielos" puso en mi dedo, tome mi rosario, lo bese y por fin el "Manto", como siempre, blanco inmaculado, con su cruz sangre de hermanos derramada justamente y a veces injusta, en la claridad de la misión y en la oscuridad del engaño, engaño que el Templi Secretum supo desenmascarar a tiempo y retirarse de Jerusalem mucho antes de las masacres... pero mucho hermanos de la Orden inferior, los de base, la simple milicia, no tuvieron esa misma suerte, y engañados, sintiendo la devoción por Cristo, entregaron su vida en una carnicería entre hermanos por orden de la "santa Iglesia Católica" y al grito de "así Dios lo quiere", asistimos al capitulo mas oscuro del hombre de ese tiempo, mientras Jesus derramaba una vez mas sus lagrimas por tanta ignorancia y falta de memoria sobre sus enseñanzas y el "Maldito" aunque encadenado, reía de placer mientras ganaba una batalla mas contra Jesus... "Jamas serán como tu" desde las entrañas de la tierra gritaba a los cielos en claro mensaje... "siempre serán hijos míos, serán siempre como yo"... y Jesus cerrando los ojos, dejo de oír al condenado en el infierno y volvió a dirigir su mirada hacia nosotros con amor y bondad... porque hasta en el horror de la guerra, pasada la adrenalina de la locura, sobre el campo de batalla, solo quedaban moribundos y muerte, pero entre ellos, un moro, ayudaba a un Templario, dando le agua.... y en otro sector un Templario dejaba ir a un sarraceno mal herido, en vez de terminar su tarea... una vez el sarraceno tomo la altura de la duna, se dio vuelta y ambos se saludaron con honor, pero con la tristeza en el alma de que habían descubierto, que estaban en medio de una locura en nombre de la Fe... y fue en estos actos que Jesus comprendió de que aunque el hombre sea cruel en la carne, su espíritu aun lo guía, no su mente... aunque ese espíritu solamente sale en el extremo del sufrimiento, porque su tiempo de evolución aun no había llegado pero llegara.

De pronto volví, me di cuenta que había entrado en un trance, ni bien toque la túnica y la cruz.... que poder había en ella, que sin darme cuenta me transporto en el tiempo y en tres planos al mismos tiempo en el mismo lugar... era una señal... sin mas la coloque en mis hombros y me postre.

Me cubrí, cerré el manto, respire profundo... repetí las palabras justas y mi mente se vacío...... y llegue a la "Montaña Sagrada"

Tras unos segundos de oscuridad apareció una gran montaña: Y una voz se escucho. - ES LA MONTAÑA SAGRADA - Y allí vi al gigante. Era como dos hombres y vestía también de blanco, tal cual el maestro me había dicho.
Yo soy el que vela por ti. Yo soy tu guardián, ahora me ves para que creas. Siempre estuve a tu derecha y a tu izquierda, aunque solo me presentías. No te acompaño por mi voluntad, sino por la voluntad del que te ha creado. Y así es con cada uno de los hombres. El, en su infinita sabiduría, no os ha dejado huérfanos. Llegamos a vuestra vida en silencio y así partimos de ella. Pero somos tan ciertos y reales como la tierra que pisas. Yo preservo tu vida material. Yo he velado tu enfermedad y tu dolor. Yo he viajado y viajo a tu lado, apartando al enemigo y suavizando tus errores. Es el amor del Padre a quien debes el alimento que recibes y el descanso que necesitas. Vivos los que saben de este sencillo principio! 
Dichoso de aquel que se siente acompañado de su ángel guardián! Nada podrá temer. Nada le faltará. Nada ni nadie truncara su existencia antes de lo previsto. Yo se de tus necesidades materiales antes de que tu mismo las descubras. Y yo las concedo por mediación del Padre. Yo estoy junto a ti. En lo bueno y en lo malo. Mi tutela es permanente. Mi nombre es CUSTODIO, pero los hombres en su ignorancia me conocen por "CASUALIDAD". Yo preservo tu pensamiento. 

En la niñez yo guió los pasos de tu inteligencia. Yo soy el conocimiento y la ciencia que te salen al paso en la juventud. Yo dispongo de las ideas en tu madurez y yo preparo tu mente en tu ancianidad. Yo recibo el nombre de INSPIRACION, aunque solo soy un guardián de la sabiduría divina. Yo me limito a conducir, a satisfacer tu curiosidad. Yo me limito a responder a tu insatisfacción intelectual. Pero los hombres, en su ignorancia me llaman "INTELIGENCIA". Yo preservo tu voluntad. Yo la defiendo de la voluntad de los demás y la hago fuerte. Yo aliento tu tenacidad. Yo soy el espíritu que alienta tus proyectos y esperanzas. Yo dispongo de los obstáculos y los retiro. Yo soy quien siembra la espina en tu camino, yo como mediador del Padre, soy quien te desafía en la soledad y quien te sostiene en el fragor de la batalla de la tentación. Mi nombre es CORAJE, pero los hombres en su ignorancia me llaman "SUERTE". Yo mido tu bondad. 

Yo preservo tu amor. Yo me encargue de que no lo perdieras en tu niñez. Yo lo desvele en lo mas intimo de tu corazón de joven. Yo lo he recibido de ti y solo al final te lo devolveré. Yo soy la brasa que lo enciende. Y esa brasa sigue viva, a pesar del desamor que yo también provoque. Yo he soportado tu infidelidad y te he visto renunciar por amor. Yo te he abierto los ojos al universo y se de tu amor por todo lo creado. Yo llevo las cuentas de tu entrega y de los talentos que el Padre te ha ofrecido. Mi nombre es DIOS, pero los hombres en su ignorancia me confunden con la "pasión". Yo preservo tu inmortalidad. Yo custodio tu mas Preciado bien. Y se halla ante ti desde el principio. Yo, por expreso deseo del Padre, he recurrido a tu inteligencia, a tu voluntad, a tu bondad, y a tu capacidad de amar, para que lo descubras. Y he esperado pacientemente este momento. Ahora ya lo sabes. Ahora es tuyo. Ahora ya sabes de tu patrimonio: eres hijo de un Dios. Eres eterno. Eres mi hermano. ERES DIOS...
Y tan increíble como apareció se fue, y fui transportado a un especie de tribunal, rodeado de ancianos. Uno, el del medio del salón se levanto y dijo: HE AQUI EL TRABAJO DEL SEÑOR...
El primer día, el Señor todopoderoso hizo las diez ruedas mayores, y esas diez ruedas forman el Superuniversos.
El segundo día, el Señor, creo las cien ruedas menores.
El tercer día, el Señor, trabajo en los cien universos que forman cada una de las ruedas menores.
El cuarto día, el Señor, hizo las cien constelaciones que flotan en los cien mil universos del séptimo de los Superuniversos.
El quinto día, el Señor, construyo sistemas que encierran cada una de las constelaciones.
El sexto día, el Señor, concluyo su obra, creando los mil mundos de que consta cada uno de los sistemas.
El séptimo día, el Señor, descanso. Y llamo a su presencia a los espíritus portadores de vida y les ordeno que descendieran hasta el séptimo de los Superuniversos e hicieran brotar de las aguas toda suerte de vida. Y así ocurrió con cada uno de los restantes Superuniversos, que giran entorno al Gran Universo.
Y llamo a su presencia a las legiones celestiales y les ordeno el cuidado de su obra. Y de la Isla Azul del Paraíso partieron los Hijos Creadores, y su numero es siete veces cien mil, y estos son los hijos del Hijo Eterno y Original de Dios, segunda persona de la Trinidad. Y cada uno gobierna y preside en su universo local. Y el vuestro donde tu habitas su Dios Creador descendió a la Tierra bajo el nombre de Yahsua. El es mi Dios y creador, hijo del Hijo Eterno y nieto del Padre Universal, para que lo entiendas mejor.
Ahora que conoces tu origen, te mostrare lo que padeces. 

Esta es la ultima rebelión contra Dios...
Fueron muchos mundos los que flotan a causa de esta rebelión en la negrura del universo al que pertenecen, todos se hallan llenos de sangre. La Tierra lleva el numero 606. El soberano de ese sistema se encuentra prisionero de la sangre. Y su nombre era LUZBEL y lleva en la frente el numero 37. Y como te darás cuenta en la Tierra se lo conoce como LUCIFER.
Esta criatura fue perfecta en todas sus vías, desde el momento en que fue creada. Pero eligió la iniquidad. Escucha su historia y conocerás tu historia:
El reinaba en la Montaña de Dios. Y su sabiduría le llevo a sentarse en el consejo de los Muy Altos. Pero, hace 200.000 años del tiempo de la tierra, el error anido en su corazón. Y se levanto en armas contra el Hijo Creador de su universo local y contra las deidades del Paraíso. Y muchos de los Príncipes Planetarios de esos mundos secundaron la rebelión. Y entre ellos Caligastia, Príncipe Planetario de tu planeta. Cuando en el universo de Yahshua se tuvo noticias del soberano rebelde, las supremas jerarquías de la constelación se movilizaron para persuadir a LUZBEL. Pero fue demasiado tarde. Lucifer hizo publico su Manifiesto de la Libertad, y millares de criaturas quedaron maravilladas y se unieron a la rebelión. Satán, lugarteniente de Lucifer, para que lo entiendas mejor, llevo la proclama a los mundos rebeldes, y entre ellos al tuyo. Y Caligastia hundió a tu mundo en las tinieblas. Ven y ahora te mostrare el Manifiesto de la Libertad.

Una gran lamina se abrió ante mi y escuche una voz que decía:

"DIOS NO EXISTE. EL PADRE UNIVERSAL ES UN MITO, INVENTADO POR LOS HIJOS DEL PARAISO PARA SOSTENER Y ACAPARAR EL PODER UNIVERSAL. NADIE CONOCE LA NATURALEZA Y LA PERSONALIDAD DE DIOS. DIOS ES UN GIGANTESCO FRAUDE".

Como ves, las criaturas del tiempo y del espacio, han sido y son engañadas. Durante largas épocas, son preparadas para un destino tan desconocido y ficticio. Los activos rebeldes han traicionado a sus hermanos, haciéndoles creer en un Padre Universal inexistente. La blasfema de Lucifer fue un relámpago en el cielo. 
Muchos cayeron a sus pies. Y el Hijo de Dios creador, ordeno la no-intervención. Fueron tiempos oscuros para el sistema de tu mundo. Y al fin Gabriel, ejecutor del hijo de Dios y supervisor de todos los soberanos de los mundos del tu universo, se puso en marcha con las legiones celestes, al encuentro con Lucifer. Gabriel desplegó la enseña de del Hijo de Dios. La bandera blanca con los tres círculos concéntricos azules en el centro. Y Lucifer extendió la suya: blanca también, con un circulo rojo y otro mas pequeño en el medio negro. Y hubo guerra en los cielos. Una guerra sin sangre, en las que millares de criaturas pusieron en juego su inmortalidad. Y al final la verdad resplandeció y Lucifer y sus jefes fueron encadenados y destituidos. Y el sistema de los mundos de Lucifer fueron aislados y así permanecen. Pero la luz retornara a tu mundo y al resto del sistema cuando el maligno sea Juzgado. La cuarentena dispuesta sobre los 37 mundos rebeldes tocará a su fin y las criaturas y la naturaleza que los habitan recuperaran el ritmo normal de evolución de su Superuniversos.

UN NUEVO ANCIANO SE PRESENTO Y SU VOZ DIJO:

Ajustando vuestro pensamiento, deseos y voluntad a los excelsos planes divinos de perfección. El Hijo Eterno es el reflejo de Dios Padre en todo lo creado. Los Hijos Creadores, no son una fragmentación del Hijo Eterno, son el reflejo del Padre y del Hijo del igual forma que el Hijo lo es del Padre. De ahí que con justicia y verdad, podéis llamar a Yahshua-Jesus de Nazaret, vuestro Padre, Hermano y el Hijo de Dios vivo...

-UN NUEVO ANCIANO TOMO LA PALABRA Y DIJO:
Es hora que conozcas a los Yahshua, escucha esta revelación...
Tu eres su obra. Y el espíritu del Padre habita en ti. Es El, el amantisimo creador de sus constelaciones, de sus sistemas de mundos y de todos los mundos que en el giran, nacen y mueren. Y nada escapa a su mirada y a su poder. El conoce a sus criaturas y, en su infinito amor, ha descendido siete veces hasta ellas, "encarnándose" en los diferentes círculos de sus existencias.

El os ha creado y el os conoce en la carne, y en su séptima y ultima encarnación, en los mundos del tiempo y del espacio, ha marcado su gloria hasta la eternidad. En esa séptima encarnación, se hizo hombre y recibió el nombre de Jesús de Nazaret, (Yahshua para ser exacto). Y compartió la vida y la muerte con las criaturas mas humildes. Y hoy reina y gobierna en su Universo con plena autoridad. El llamado Jesús de Nazaret es, pues, con pleno derecho, el Hijo del Dios vivo. El fiel reflejo del Padre Universal.
El os ha revelado al Padre y al Hijo Eterno y, por encima de todo, os ha revelado vuestra propia esencia y naturaleza divina. El os ha dicho con verdad y justicia: "Sois hijos del Padre y nadie os arrebatara tal privilegio."
El os aguarda al final de vuestra ascensión por el universo, pero no es este vuestro final. Llegado el día, Jesus os verá partir hacia la Isla de Luz, y con vosotros viajara todo su gloria. Y así en cada uno de los cien mil universos de cada Superuniversos.



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El Enigma Sagrado -El Priorato de Sión en Francia-

La Prieuré de Sion en Francia.

Según los documentos Prieuré, entre 1306 y 1480 la orden tuvo nueve encomiendas. Se supone que en 1481 —año en que murió Rene de Anjou— este número se amplió a veintisiete. Según las listas, las más importantes fueron las situadas en Bourges, Gisors, Jarnac, Mont-Saint-Michel, Montréval, París, Le Puy, Solesmes y Stenay. Y, según añaden crípticamente los Dossiers Secrets, había «un arco llamado Beth-Ania —casa de Ana— situado en Rennes-le-Cháteau.1 El significado exacto de este pasaje no está claro, exceptuando que, al parecer, Rennes-le-Cháteau tenía una importancia muy especial. Y sin duda no puede ser una coincidencia que Sauniére, al construir su villa, la bautizara «Villa Bethania».

Según los Dossiers Secrets, la encomienda de Gisors databa de 1306 y estaba situada en la Rué de Vienne. Se supone que desde allí se comunicaba, por medio de un pasadizo subterráneo, con el cementerio de la localidad y con la capilla subterránea de Sainte-Catherine, que estaba debajo de la fortaleza. En el siglo xvi, la citada capilla, o tal vez una cripta adyacente a la misma, pasó a ser, según se dice, el depósito de los archivos de la Prieuré de Sion, los cuales se guardaban en treinta cofres.
A principios de 1944, cuando Gisors fue ocupada por los alemanes, Berlín envió una misión militar especial que debía preparar una serie de excavaciones debajo de la fortaleza. El desembarco aliado en Normandía impidió que se llevasen a cabo dichas excavaciones; pero poco tiempo después, un trabajador francés llamado Roger Lhomoy inició excavaciones por cuenta propia. En 1946 Lhomoy comunicó al alcalde de Gisors que había encontrado una capilla subterránea en la que había diecinueve sarcófagos de piedra y treinta cofres de metal. Lhomoy pidió permiso para seguir excavando y dar a conocer su descubrimiento, pero el permiso se vio retrasado —parece ser que casi deliberadamente— por los trámites burocráticos. Finalmente, en 1962, Lhomoy prosiguió las excavaciones en Gisors. Los trabajos fueron realizados bajo los auspicios de André Malraux, ministro de cultura en aquel tiempo, y no fueron abiertas oficialmente al público. Ciertamente, no se hallaron sarcófagos ni cofres. Que se encontrase la capilla subterránea ha sido discutido tanto en la prensa como en diversos libros y artículos. Lhomoy insistió en que volvió a encontrar la capilla pero que ésta estaba vacía. Sea cual fuere la verdad del asunto, la capilla subterránea de Sainte-Catherine se cita en dos manuscritos antiguos, uno
fechado en 1696 y el otro en 1375.

Basándose en estas citas, la historia de Lohmoy resulta cuando menos verosímil. También es verosímil que la capilla subterránea fuese el depósito de los archivos de la Prieuré de Sion. Y lo es porque durante nuestras investigaciones encontramos pruebas concluyentes de que la Prieuré de Sion continuó existiendo por lo menos durante tres siglos después de las cruzadas y de la disolución de los caballeros templarios. Entre principios del siglo XIV y principios del siglo XVII, por ejemplo, los documentos relativos a Orléans y a Saint-Samson, sede de la orden en dicha ciudad, aluden de modo esporádico a la orden. Así, consta que a principios del siglo XVI miembros de la Prieuré de Sion en Orléans ofendieron al papa y al rey de Francia por haber hecho caso omiso de su regla y negarse a vivir en común». También en las postrimerías del siglo xv los miembros de la orden fueron acusados de varias ofensas: no observar su regla, vivir individualmente en lugar de «en común», ser licenciosos, residir fuera de los muros de Saint-Samson, boicotear los oficios divinos y no reconstruir los muros de la casa, que habían resultado seriamente dañados en 1562. Al parecer, en 1619 las autoridades perdieron la paciencia. En dicho año, según los testimonios escritos, la Prieuré de Sion fue desahuciada de Saint-Samson y la casa pasó a poder de los jesuítas.

A partir de 1619 no pudimos encontrar ninguna alusión a la Prieuré de Sion, al menos bajo este nombre. Pero, a pesar de ello, al menos podíamos probar su existencia hasta el siglo XVII. Y, sin embargo, la prueba misma planteaba cierto número de interrogantes cruciales. En primer lugar, las alusiones que encontramos no arrojaban ninguna luz sobre las actividades, objetivos e intereses de la orden ni sobre su posible influencia. En segundo lugar, estas alusiones parecían atestiguar sólo algo de poca importancia: una hermandad curiosamente elusiva de monjes o devotos religiosos cuyo comportamiento, aunque heterodoxo y quizá clandestino, era de una importancia relativamente menor. Era difícil creer que estos ocupantes en apariencia negligentes de Saint-Samson fueran miembros de la célebre y legendaria Rose- Croix, o que una banda de monjes rebeldes constituyera una institución entre cuyos miembros se suponía que estaban algunos de los nombres más ilustres de la historia y la cultura de Occidente. Según los documentos Prieuré, la Prieuré de Sion era una organización cuyo poder e influencia eran considerables, una organización que había creado los templarios y que manipulaba el curso de los asuntos internacionales. Las alusiones que hallamos no inducían a pensar en nada de tamaña magnitud.
Por supuesto, una explicación posible era que Saint-Samson no era más que una sede aislada, y probablemente menor, de las actividades de la orden. Y, a decir verdad, en la lista de las encomiendas importantes de la misma que aparece en los Dossiers Secrets no se incluye Orléans. Si la orden era realmente una fuerza a la que había que tener en cuenta, Orléans sería sólo un fragmento pequeño de una. 


Los duques de Guisa y Lorena

Durante el siglo XVI la casa de Lorena y su rama menor, la casa de Guisa hicieron un intento concertado y decidido de derribar a la dinastía francesa de los Valois, de exterminar su linaje y reclamar el trono de Francia. En varias ocasiones el intento estuvo en un tris de obtener un éxito deslumbrante. En el curso de unos treinta años todos los gobernantes, herederos y príncipes Valois fueron barridos del mapa y el linaje fue empujado hacia la extinción.
El intento de apoderarse del trono de Francia se extendió a lo largo de tres generaciones de las familias de Guisa y Lorena. Los momentos en los que estuvo más cerca de triunfar fueron los decenios de 1550 y 1560 bajo los auspicios de Charles, cardenal de Lorena, y de su hermano Francois, duque de Guisa. Charles y Franc.ois estaban emparentados con la familia Gonzaga de Mantua y con Charles de Montpensier, conde de Bourbon, que en los Dossiers Secrets aparece como Gran maestre de la orden de Sion hasta 1527. Asimismo, Francois, duque de Guisa, estaba casado con Anne de Este, duquesa de Gisors. En sus maquinaciones para hacerse con el trono parece ser que recibió ayuda y apoyo encubiertos de Ferrante de Gonzaga, supuesto Gran maestre de Sion de 1527 a 1575.

Tanto Francois como su hermano, el cardenal de Lorena, han sido estigmatizados por los historiadores, que los han tachado de católicos rabiosamente fanáticos, intolerantes, brutales y sanguinarios. Pero hay muchas pruebas de que en cierta medida esta reputación era injustificada, al menos en lo que se refiere a la adhesión al catolicismo. Resulta evidente que Francois y su hermano eran un par de oportunistas descarados, aunque astutos, que cortejaban tanto a católicos como a
protestantes en aras de sus propios planes.4 En 1562, por ejemplo, en el concilio de Trento, el cardenal de Lorena lanzó un intento de descentralizar el papado, de conferir autonomía a ios obispos locales y restaurar la jerarquía eclesiástica que había existido en la época de los merovingios.
En 1563 Francois de Guisa ya era virtualmente rey cuando cayó víctima de la bala de un asesino. Su hermano, el cardenal de Lorena, murió doce años más tarde, en 1575. Pero la vendetta contra el linaje real francés no cesó. En 1584 el nuevo duque de Guisa y el nuevo cardenal de Lorena lanzaron un nuevo ataque contra el trono. Su principal aliado en esta empresa era Louis de Gonzaga, duque de Nevers, el cual, según los «documentos Prieuré», había pasado a ser Gran maestre de Sion nueve
años antes. La bandera de los conspiradores era la cruz de Lorena, antiguo emblema de Rene de Anjou.

La vendetta continuó. Al concluir el siglo, los Valois ya se habían extinguido. Pero la casa de Guisa se había desangrado hasta la muerte a causa de las luchas, y no pudo proponer ningún candidato a aquel trono que por fin tenía al alcance de la mano.
Sencillamente no se sabe si hubo alguna sociedad u orden secreta que apoyase a las casas de Guisa y Lorena. Ciertamente, contaron con la ayuda de una red internacional de emisarios, embajadores, asesinos, agentes provocadores y espías que es muy posible que formasen una institución clandestina. Según Gérard de Sede, uno de tales agentes era Nostradamus; y hay otros «documentos Prieuré» que corroboran la afirmación de Gérard de Sede. En todo caso, hay pruebas abundantes de que Nostradamus fue realmente un agente secreto al servicio de Francois de Guisa, y de Charles, cardenal de Lorena.
Si Nostradamus era agente de las casas de Guisa y Lorena, no sólo les proporcionaría información importante sobre las actividades y planes de sus adversarios, sino que, además, en su calidad de astrólogo de la corte francesa, conocería toda suerte de secretos íntimos, así como de peculiaridades y debilidades personales. Valiéndose de este conocimiento, es posible que manipulase psicológicamente a los Valois para hacerles caer en manos de sus enemigos. Y en virtud de esta familiaridad con sus horóscopos, también es posible que aconsejara a los enemigos de los Valois sobre, por ejemplo, el momento que parecía más propicio para el asesinato. En pocas palabras, muchas de las proferías de Nostradamus quizá no tuvieran nada de profecías. Puede que fuesen mensajes crípticos, cifras, planes, horarios, instrucciones, proyectos para emprender alguna acción.
Tanto si era realmente así como si no, es indudable que algunas de las profecías de Nostradamus no eran profecías, sino que se referían muy explícitamente al pasado:
a los caballeros templarios, a la dinastía merovingia, a la historia de la casa de Lorena. Bastantes de ellas se refieren a Razés, el viejo conde de Rennes-le-Cháteau.
Y las numerosas cuartetas que se refieren al advenimiento de le Grand Monarch—el Gran Monarca— indican que este soberano procederá del Languedoc.

Nuestras pesquisas revelaron un fragmento complementario que establecía un vínculo aún más directo entre Nostradamus y nuestra investigación. Según Gérard de
Sede,8 y también según la leyenda popular, Nostradamus, antes de iniciar su carrera de profeta, pasó mucho tiempo en Lorena. Al parecer, se trató de una especie de noviciado o de período de prueba después del cual se supone que fue «iniciado» en algún secreto portentoso. Se dice de modo más específico que le fue mostrado un libro antiguo y arcano en el que basaría toda su obra subsiguiente. Y, a lo que parece, este libro le fue mostrado en un lugar muy significativo: la misteriosa abadía de Orval, donada por la madre adoptiva de Godofredo de Bouillon, donde nuestra investigación sugería que tal vez nació la Prieuré de Sion. En todo caso, durante otros dos siglos Orval siguió estando asociado al nombre de Nostradamus. En tiempos de la revolución francesa y de Napoleón todavía salían de Orval libros de proferías supuestamente escritos por Nostradamus.

La tentativa de apoderarse del trono de Francia.
A mediados del decenio de 1620 el trono de Francia estaba ocupado por Luis XIII. Pero el poder que había detrás del trono era el primer ministro del rey, el cardenal Richelieu, verdadero arquitecto de la política francesa. Todo el mundo está de acuerdo en que Richelieu fue el archiMaquiavelo, el maquinador supremo de su época. Puede que fuera también algo más.
Mientras Richelieu daba a Francia una estabilidad sin precedentes, el resto de Europa —y especialmente Alemania— se debatía entre las llamas de la guerra de los Treinta Años. En sus orígenes esta guerra no fue esencialmente religiosa. A pesar de ello, pronto se polarizó en términos religiosos. En un bando estaban las fuerzas acérrimamente católicas de España y Austria. En el otro, los ejércitos protestantes de Suecia y de los pequeños principados alemanes, incluyendo el Palati-nado del Rhin, cuyos gobernantes, el Elector Federico y su esposa Elizabeth Estuardo, se encontraban exiliados en La Haya. Federico y sus aliados contaban con el apoyo de los pensadores y escritores rosa-cruces tanto en el continente como en Inglaterra.
En 1633 el cardenal Richelieu emprendió una política audaz y en apariencia increíble. Metió a Francia en la guerra de los Treinta Años, pero no en el bando que cabría esperar. Para Richelieu cierto número de consideraciones tenían precedencia sobre sus obligaciones religiosas como cardenal. Quería establecer la supremacía francesa en Europa. Pretendía neutralizar la amenaza perpetua y tradicional que para la seguridad de Francia representaban Austria y España. Y quería destruir la hegemonía española que duraba desde hacía ya más de un siglo, especialmente en los Países Bajos y partes de la Lorena moderna, es decir en el corazón del antiguo reino merovingio. A causa de estos factores, Europa vio con sorpresa la acción inusitada de un cardenal católico, presidente de un país católico, despachando tropas católicas a luchar en el bando protestante... contra otros católicos. Ningún historiador ha sugerido jamás que Richelieu fuera rosacruz. Pero habría sido imposible hacer algo más en consonancia con las actitudes de los rosacruceso algo que le hubiera granjeado más los favores de la Rosacruz.

Mientras tanto la casa de Lorena había empezado otra vez a aspirar al trono francés, aunque de manera oblicua. Esta vez el pretendiente al trono era Gastón de Orléans, hermano menor de Luis XIII. Gastón no pertenecía a la casa de Lorena. En 1632, sin embargo, había contraído matrimonio con la hermana del duque de Lorena. Por consiguiente, su heredero llevaría sangre de Lorena por parte materna; y si Gastón subía al trono, Lorena presidiría Francia en el plazo de otra generación. Esta perspectiva bastó para movilizar apoyo. Entre los que defendieron el derecho de Gastón a la sucesión encontramos a un individuo al que ya habíamos encontrado antes: Charles, duque de Guisa. Charles había tenido por preceptor al joven Robert Fludd. Y se había casado con Henriette-Catherine de Joyeuse, propietaria de Couiza y de Arques, donde está situada la tumba que es idéntica a la que aparece en el cuadro de Poussin.
Fracasaron los intentos de deponer a Luis y sentar en el trono a Gastón, pero, al parecer, el tiempo estaba del lado de este último; o al menos del lado de sus herederos, pues Luis XIII y su esposa, Ana de Austria, seguían sin tener hijos. Ya circulaban rumores en el sentido de que el rey era homosexual o de que estaba sexualmente incapacitado; y, de hecho, según ciertos informes que se dieron a conocer después de su autopsia, era incapaz de engendrar hijos. Pero en 1638, tras veintitrés años de matrimonio estéril, de pronto Ana de Austria concibió un hijo. Pocas personas de aquel tiempo creyeron en la legitimidad de aquel hijo y sigue habiendo muchas dudas al respecto. Según autores de la época y posteriores, el verdadero padre del niño era el cardenal Richelieu o quizá un «semental» contratado por él, muy posiblemente su protegido y sucesor, el cardenal Mazarino. Incluso se ha afirmado que después de la muerte de Luis XIII, Mazarino y Ana de Austria se casaron en secreto.

En todo caso, el nacimiento de un heredero de Luis XIII fue un duro golpe para las esperanzas de Gastón de Orléans y la casa de Lorena. Y cuando murieron Luis y Richelieu, ambos en 1642, se hizo el primero de una serie de intentos concertados de derrocar a Mazarino e impedir que el joven Luis XIV subiera al trono. Estos intentos, que empezaron en forma de levantamientos populares, culminaron en una guerra civil que duró, de modo intermitente, diez años. Los historiadores llaman a esta guerra «la Fronde». Además de Gastón de Orléans, entre sus principales instigadores había cierto número de nombres, familias y títulos que ya nos resultan familiares. Estaba Frédéric-Maurice de la Tour de Auvergne, duque de Bouillon. Estaba el vizconde de Turenne. Estaba el duque de Longueville, nieto de Louis de Gonzaga, duque de Nevers y supuesto Gran maestre de la orden de Sion medio siglo antes. El cuartel general y capital de los frondeurs era la antigua población de Stenay, en las Ardenas, lo cual resulta bastante significativo.
La Compagnie du Saint-Sacrement.

Según los documentos Prieuré, durante mediados del siglo xvn la Prieuré de Sion se dedicó a deponer a Mazarino. Está muy claro que no lo consiguió. La Fronda fue un fracaso, Luis XIV subió al trono de Francia y Mazarino, aunque fue depuesto brevemente, volvió a recuperar su cargo en seguida y presidiría el país, en calidad de primer ministro, hasta su muerte en 1660. Pero si la Prieuré de Sion se dedicó realmente a oponerse a Mazarino, por fin teníamos algún indicio sobre ello, un medio de localizar e identificar a la orden. Dadas las familias que participaron en la Fronda —familias cuyas genealogías figuraban también en los documentos Prieuré—, parecía razonable asociar a la orden con los instigadores de aquellos conflictos.
Los documentos Prieuré decían que la Prieuré de Sion se opuso activamente a Mazarino. También decían que ciertas familias y títulos —Lorena, por ejemplo, Gonzaga, Nevers, Guisa, Longueville y Bouillon— no sólo habían estado íntimamente relacionados con la orden, sino que, además, proporcionaron a la misma algunos de sus grandes maestres. Y la historia confirmaba que eran estos nombres y títulos los que encabezaban la oposición al cardenal. Por consiguiente, nos pareció que habíamos localizado la Prieuré de Sion e identificado por lo menos a algunos de sus miembros. Si estábamos en lo cierto, la Prieuré de Sion —al menos durante el período en cuestión— era sencillamente otro nombre de un movimiento y una conspiración reconocidos por los historiadores desde haría ya tiempo.
Pero los frondeurs no eran el único enclave de oposición a Mazarino. Había también otros que coincidían en algunos puntos y funcionaron, no sólo durante la Fronda, sino también mucho tiempo después. Los propios «documentos Prieuré» se refieren de modo repetido e insistente a la Compagnie du Saint-Sacrement. Dan a entender, de forma muy clara, que la Compagnie era en realidad la orden de Sion, o una fachada detrás de la cual ésta se escondía, actuando bajo otro nombre. Y ciertamente la Compagnie —por su estructura, su organización, sus actividades y sus modos de actuación— concordaba con la idea que habíamos comenzado a formarnos de la Prieuré de Sion.
La Compagnie du Saint-Sacrement era una sociedad secreta muy bien organizada y eficiente. En modo alguno se trata de una ficción. Por el contrario, su existencia ha sido reconocida por sus contemporáneos, así como por los historiadores posteriores. Ha sido documentada de manera exhaustiva y se le han dedicado numerosos libros y artículos. Su nombre es bastante conocido en Francia y continúa gozando de cierta mística de moda. Incluso han salido a la luz algunos de sus propios papeles.
Se dice que la Compagnie fue fundada entre 1627 y 1629 por un noble asociado con Gastón de Orléans. Los individuos que guiaban y daban forma a su política, sin embargo, permanecieron en un anonimato escrupulosamente guardado y permanecen aún en él. Los únicos nombres relacionados de modo definitivo con ella son de miembros intermedios o de baja categoría de su jerarquía: los hombres de paja, por así decirlo, que actuaban de conformidad con las instrucciones de los de arriba. Uno de tales hombres era el hermano de la duquesa de Longueville. Otro era Charles Fouquet, hermano del superintendente de hacienda de Luis XIV. Y estaba también el tío del filósofo Fénelon que medio siglo después ejercería una influencia profunda en la francmasonería a través del Chevalier Ramsay. Entre las personas más prominentemente relacionadas con la Compagnie estaban la misteriosa figura a la que ahora se conoce por san Vicente de Paúl, Nicolás Pavillon, obispo de Alet, la ciudad que distaba unos cuarenta kilómetros de Rennes-le-Cháteau, y Jean-Jacques Olier, fundador del seminario de Saint Sulpice. A decir verdad, actualmente se
reconoce de forma general que Saint Sulpice era el centro de operaciones de la Compagnie.

En su organización y en sus actividades la Compagnie se hacía eco de la orden del Temple y prefiguraba la posterior francmasonería. Trabajando desde Saint Sulpice, estableció una red intrincada de sucursales y capítulos provinciales, cuyos miembros ignoraban la identidad de sus superiores. A menudo eran manipulados en aras de objetivos que ellos mismos no compartían. Incluso tenían prohibido establecer contacto unos con otros excepto a través de París, con lo cual la Compagnie tenía asegurado un control fuertemente centralizado. E incluso en París los arquitectos de la sociedad no eran conocidos por quienes les servían obedientemente. En pocas palabras, la Compagnie era una organización con cabeza de hidra y corazón invisible. Todavía hoy se ignora quién constituía su corazón. Tampoco se sabe qué constituía dicho corazón. Pero sí se sabe que el corazón latía de acuerdo con algún secreto importante. Las crónicas contemporáneas aluden explícitamente al «Secreto que es el corazón de la Compagnie». Según uno de los estatutos de la sociedad, que fue descubierto mucho después, «El cauce primario que da forma al espíritu de la
Compagnie, y que es esencial para él, es el Secreto».
En lo que se refería a los novicios no iniciados, la Compagnie se dedicaba ostensiblemente a obras de caridad, sobre todo en las regiones devastadas por las guerras de religión y más adelante por la Fronda: en Picardía, por ejemplo, la Champagne y Lorena. Sin embargo, actualmente se cree que estas obras de caridad no eran más que una fachada conveniente e ingeniosa que poco tenía que ver con la razón de ser de la Compagnie. Esta razón de ser era dobie: dedicarse a lo que llamaban espionaje piadoso, es decir, reunir información confidencial, y, en segundo lugar, infiltrarse en los cargos más importantes del país, incluyendo círculos que estaban en contacto directo con el trono.

A lo que parece, la Compagnie obtuvo un éxito señalado en ambos objetivos. Como miembro del real «Consejo de Conciencia», por ejemplo, Vicente de Paúl se convirtió en confesor de Luis XIII. También fue consejero íntimo de Luis XIV, hasta que, debido a su oposición a Mazarino, tuvo que renunciar a su cargo. Y la reina madre, Ana de Austria, era en muchos aspectos un peón infortunado de la Compagnie, que —al menos durante un tiempo— logró ponerla en contra de Mazarino. Pero la Compagnie no se limitaba exclusivamente al trono. A mediados del siglo XVII tenía poder a través de la aristocracia, el parlamento, la judicatura y la policía. Tanto era así que en varias ocasiones estas corporaciones se atrevieron a desafiar al rey.
En nuestras investigaciones no encontramos ningún historiador, de entonces o más reciente, que explicase de forma adecuada la Compagnie du Saint-Sacrement. La mayoría de los autores la pintan como una organización archicatólica militante, un bastión de ortodoxia rígidamente arraigada y fanática. Los mismos autores afirman que se dedicaba a suprimir herejes. Pero, ¿por qué, en un país devotamente católico, era necesario que una organización como esa funcionara dentro de un secreto tan estricto? ¿Y qué significaba la palabra hereje en aquel tiempo? ¿Protestante? ¿Jansenista? De hecho, había numerosos protestantes y jansenistas en las filas de la Compagnie.
Si la Compagnie era piadosamente católica, teóricamente debería haber apoyado al cardenal Mazarino, quien, después de todo, encarnaba los intereses católicos en aquel tiempo. Pese a ello, la Compagnie se opuso rotundamente a Mazarino, hasta tal punto que el cardenal, perdiendo los estribos, juró que utilizaría todos sus recursos para destruirla. Lo que es más, la Compagnie despertó también la hostilidad de otros círculos. Los jesuítas, por ejemplo, llevaron a cabo campañas asiduas contra ella. Otras autoridades católicas la acusaron de herejía, que era precisamente lo que la Compagnie afirmaba combatir. En 1651 el obispo de Toulouse acusó a la Compagnie de prácticas impías e insinuó que había algo sumamente irregular en sus ceremonias de iniciación," lo cual representa un eco curioso de las acusaciones que se lanzaron contra los templarios. Incluso amenazó con excomulgar a los miembros de la Compagnie. La mayoría de ellos desafiaron descaradamente la amenaza, lo cual es una respuesta muy singular viniendo, como viene, de católicos supuestamente piadosos.

La Compagnie había sido formada cuando el furor ocasionado por la «Rosacruz» estaba aún en su cénit. La gente creía que la cofradía invisible estaba en todas partes, que era omnipresente, y esto no sólo engendraba pánico y paranoia, sino también las inevitables cazas de brujas. Y, pese a ello, jamás encontraron trazas de ningún rosacruz con carnet: en ninguna parte, y menos aún en la católica Francia. En lo que se refería a dicho país, los rosacruces siguieron siendo fruto de la imaginación alarmista del pueblo. ¿O no fue así? Si existían verdaderamente intereses rosacruces decididos a establecer una cabeza de puente en Francia, ¿qué mejor fachada podía haber que una organización dedicada a la caza de rosacruces? En resumen, puede que los rosacruces consiguieran sus objetivos y se ganasen seguidores en Francia haciéndose pasar por su propio archienemigo.

La Compagnie desafió con éxito tanto a Mazarino como a Luis XIV. En 1660, menos de un año antes de la muerte de Mazarino, el rey se pronunció oficialmente en contra de la Compagnie y ordenó su disolución. Durante los cinco años siguientes la Compagnie hizo caso omiso del edicto real. Finalmente, en 1665, sacó la conclusión de que no podía seguir actuando en su forma presente. En vista de ello, todos los documentos relativos a la sociedad fueron escondidos en algún depósito secreto de París. Este depósito no ha podido ser localizado jamás, aunque por lo general se cree que era Saint Sulpice.12 En tal caso, los archivos de la Compagnie estarían a disposición de hombres como el abate Emile Hoffet al cabo de más de dos siglos.
Pero, si bien la Compagnie dejó de existir en lo que a la sazón era su forma presente, no por ello dejó de actuar, por lo menos hasta los inicios del siglo siguiente, constituyendo todavía una espina clavada en el costado de Luis XIV. Según tradiciones no confirmadas, sobrevivió hasta bien entrado el siglo XX.

Tanto si esta última afirmación es cierta como si no, no hay ninguna duda de que la Compagnie sobrevivió a su supuesto fallecimiento en 1665. En 1667 Moliere, partidario leal de Luis XIV, atacó a la Compagnie mediante ciertas alusiones veladas pero inequívocas en Le Tar-tuffe. A pesar de su aparente extinción, la Compagnie contestó haciendo suprimir la obra y manteniéndola suprimida durante dos años, pese al apoyo que el rey dispensaba a Moliere. Y, al parecer, la Compagnie también empleó sus propios portavoces literarios. Se rumorea, por ejemplo, que entre eilos estaba La Rochefoucauld, quien ciertamente tomó parte activa en la Fronda. Según Gérard de Sede, La Fontaine también era miembro de la Compagnie y sus fábulas encantadoras, aparentemente inocuas, eran en realidad ataques alegóricos contra el trono. Esto no es inconcebible. Luis XIV mostraba una gran antipatía hacia La Fontaine y se opuso activamente a su entrada en la Académie Francaise. Y entre los patrocinadores y protectores de La Fontaine estaban el duque de Guisa, el duque de Bouillon, el vizconde de Turenne y la viuda de Gastón de Orléans.
Así pues, en la Compagnie du Saint-Sacrement encontramos una verdadera sociedad secreta gran parte de cuya historia constaba en testimonios escritos. Era ostensiblemente católica, pero, a pesar de ello, tuvo que ver con actividades decididamente anticatólicas. Estaba íntimamente asociada con ciertas familias importantes de la aristocracia, familias que habían participado de forma activa en la Fronda y cuyas genealogías figuraban en los documentos Prieuré. Estaba estrechamente relacionada con Saint Sulpice. Actuaba principalmente por medio de la infiltración y llegó a ejercer una influencia enorme. Y se opuso activamente a ella el cardenal Mazarino. En todos estos aspectos se ajustaba de modo casi perfecto a la imagen de la Prieuré de Sion tal como ésta era presentada en los documentos Prieuré. Si la orden de Sion actuó en verdad durante el siglo xvn, podíamos suponer razonablemente que había sido sinónima de la Compagnie. O quizá del poder que había detrás de la Compagnie.


Cháteau Barberie

Según los documentos Prieuré, la oposición de la Prieuré de Sion a Mazarino provocó una respuesta encarnizada por parte del cardenal. Entre las principales víctimas de esta respuesta, según se dice, estuvo la familia Plantard, descendientes por línea directa de Dagoberto II y la dinastía merovingia. Afirman los «documentos Prieuré» que en 1548 Jean des Plantard había contraído nupcias con Mane de Saint-Clair, forjando con ello otro eslabón entre su familia y la de Saint-Clair Gisors. También se supone que en aquel tiempo la familia Plantard se encontraba instalada en cierto Cháteau Barberie, cerca de Nevers, en la región francesa de Nivernais. Se supone que dicho castillo constituyó ia residencia oficial de los Plantard durante el siglo siguiente. Luego, el 11 de julio de 1659, según los «documentos Prieuré»,
Mazarino ordenó la total destrucción del castillo. Se dice que durante la conflagración que ello provocó la familia Plantard perdió todas sus posesiones.
No encontramos la confirmación de estas afirmaciones en ningún libro de historia y tampoco en ninguna biografía de Mazarino. Tampoco dimos con ninguna alusión a la familia Plantard en Nivernais ni, al principio, a un Cháteau Barberie. Y, pese a ello, Mazarino, por alguna razón no especificada, codiciaba Nivemais y el ducado de Ne-vers. Con el tiempo logró comprarlos y el contrato aparece firmado el 11 de julio de 1659, el mismo día en que, según se dice, fue destruido el Cháteau Barberie. Esto nos impulsó a seguir investigando el asunto. A la larga exhumamos cierto número de pruebas dispares. No bastaban para explicar las cosas, pero sí atestiguaban
la veracidad de los documentos Prieuré. En una recopilación, fechada en 1506, de fincas y propiedades en Nivernais se menciona una Barberie. Un documento de 1575 mencionaba una aldea de Nivernais qile llevaba el nombre de Les Plantards.
Lo más convincente de todo fue que, de hecho, la existencia del Cháteau Barberie había sido confirmada de modo definitivo. Durante 1874-1875 miembros de la Sociedad de Letras, Ciencias y Artes de Nevers realizaron excavaciones en el emplazamiento de ciertas ruinas. Fue una empresa difícil, pues las ruinas apenas eran reconocibles como tales, las piedras habían sido vitrificadas por el fuegc y el lugar estaba lleno de árboles. Sin embargo, finalmente pudieron localizar los restos de los muros de una ciudad y de un castillo. Actualmente se reconoce que el lugar en cuestión fue Barberie. Al parecer, antes de su destrucción consistía en una pequeña ciudad fortificada y un castillo.16 Y se encuentra a poca distancia de la antigua aldea de Les Plantards.

Ahora ya podíamos decir que Cháteau Barberie existió indiscutiblemente y que fue destruido por el fuego. Y, dada la existencia de la aldea de Les Plantards, no había motivos para dudar de que fuera propiedad de una familia que ostentaba dicho nombre. Lo curioso era el hecho de que no hubiese ningún testimonio de la fecha y el autor de la destrucción del castillo. Si el responsable fue Mazarino, diríase que hizo lo imposible por borrar todo vestigio de su actuación. A decir verdad, daba la impresión de que se hubiera intentado, de forma metódica y sistemática, borrar el Cháteau Barberie del mapa y de la historia. ¿Por qué embarcarse en semejante tarea a menos que hubiera algo que esconder?

Nicolás Fouquet

Mazarino tenía otros enemigos aparte de los frondeurs y de la Compagnie du Saint-Sacrement. Uno de los más poderosos era Nicolás Fouquet, quien en 1653 se había convertido en el hombre más rico y más poderoso del reino. A veces le llamaban «el verdadero rey de Francia». Y no carecía de aspiraciones políticas. Corrían rumores de que se proponía transformar Bretaña en un ducado independiente presidido por él mismo.
La madre de Fouquet era miembro destacado de la Compagnie du Saint-Sacrement. También lo era su hermano Charles, arzobispo de Narbona, en el Languedoc. Su hermano menor, Louis, también era eclesiástico. En 1656 Nicolás Fouquet envió a Louis a Roma por motivos que nunca han sido explicados, aunque ello no significa forzosamente que fueran misteriosos. Desde Roma Louis escribió la carta enigmática que se cita en el capítulo 1, la carta que habla de un encuentro con Poussin y de un secreto «que hasta a los reyes les costaría mucho sacarle. Y, a decir verdad, si Louis se mostró indiscreto en la correspondencia, Poussin no lo fue en absoluto. Su sello personal llevaba el lema Tenet Confidentiam.
En 1661 Luis XIV ordenó la detención de Nicolás Fouquet. Las acusaciones eran extremadamente generales y nebulosas. Había vagas acusaciones de malversación de fondos y otras, aún más vagas, de sedición. Basándose en tales acusaciones, todos los bienes y posesiones de Fouquet fueron secuestrados por orden del rey. Pero éste prohibió a sus funcionarios que tocasen los papeles y la correspondencia del superintendente e insistió en ser él mismo quien los examinara en privado.

El proceso de Fouquet duró cuatro años y fue la sensación de la Francia de la época, escindiendo y polarizando violentamente a la opinión pública. Louis Fouquet — que se había entrevistado con Poussin y escrito la carta desde Roma— ya había muerto. Pero la madre del superintendente y el hermano que aún vivía movilizaron a la Compagnie du Saint-Sacrement, entre cuyos miembros se contaba también uno de los jueces que presidieron el juicio. La Compagnie prestó todo su apoyo al superintendente y trabajó activamente a través de los tribunales y de la opinión popular. Luis XIV —que no solía ser sanguinario— exigió que la condena fuese a muerte. El tribunal, negándose a ser intimidado por el mo arca, dictó sentencia de destierro perpetuo. Exigiendo todavía la pena de muerte, el rey, enfurecido, sustituyó a los recalcitrantes jueces por otros más obedientes; pero, al parecer, la Compagnie siguió desafiándole. A la larga, en 1665, Fouquet fue condenado a cadena perpetua. Por orden del rey se le mantuvo en riguroso aislamiento. Fue privado de todo lo que sirviera para escribir y de todo lo que le permitiera comunicarse con alguien. Y, según se dice, los soldados que conversaban con él eran encerrados en prisiones flotantes o, en algunos casos, colgados.17
En 1665, el año en que Fouquet fue encarcelado, Poussin murió en Roma. Durante los años siguientes Luis XIV persistió en sus esfuerzos, a través de sus agentes, por conseguir un soto cuadro: Les bergers d'Arcadie. En 1685 consiguió por fin su propósito. Pero el cuadro no fue exhibido, ni siquiera en la residencia del monarca. Por el contrario, quedó secuestrado en los aposentos privados de Luis XIV, donde nadie podía verlo sin contar con el permiso personal del rey.

La historia de Fouquet tiene una nota a pie de página, por así decirlo. Su desgracia, fuera cuales fuesen sus causas y su magnitud, no recayó sobre sus hijos. A mediados del siglo siguiente el nieto de Fouquet, el marqués de Belle-Isle, era ya, de hecho, el hombre más importante de Francia. En 1718 el marqués de Belle-Isle cedió la propia Belle-Isle —que era una isla fortificada ante la costa bretona— a la corona. A cambio obtuvo ciertos territorios interesantes. Uno de ellos era Longueville, cuyos anteriores duques y duquesas habían aparecido repetidas veces en nuestra investigación. Y otro era Gisors. En 1718 el marqués de Belle-Isle se convirtió en conde de Gisors. En 1742 pasó a ser duque de Gisors. Y en 1748 Gisors fue elevado a la categoría de ducado principal.
Nicolás Poussin
El propio Poussin nació en 1594, en una ciudad pequeña llamada Les Andelys, la cual, según pudimos descubrir, distaba unos pocos kilómetros de Gisors. De joven se marchó de Francia y se instaló en Roma, donde pasó toda su vida, volviendo una sola vez a su país natal. A principios del decenio de 1640 regresó a Francia a petición del cardenal Richelieu, que le había invitado a realizar un encargo específico.
Aunque no participó activamente en política y pocos historiadores se han ocupado de sus inquietudes políticas, Poussin, de hecho, estuvo muy relacionado con la Fronda. No abandonó su refugio de Roma. Pero su correspondencia de aquel período nos lo muestra como un hombre profundamente comprometido con el movimiento contrario a Mazarino y que mantiene relaciones sorprendentemente familiares con cierto número de frondeurs influyentes, tanto es así, de hecho, que, al
hablar de ellos, utiliza repetidamente la palabra «nosotros», con lo que se involucra claramente.
Ya habíamos observado que los motivos del río subterráneo Alfeo, de la Arcadia y los pastores arcádicos se remontaban a Rene de Anjou. Ahora nos pusimos a buscar un antecedente de la frase específica que aparece en el cuadro de Poussin: Et in Arcadia Ego. Aparecía en un cuadro anterior de Poussin, en el cual la tumba está coronada por una calavera y no constituye un edificio por derecho propio, sino que está empotrada en la ladera de un acantilado. En primer término una barbuda deidad acuática reposa en actitud melancólica y taciturna: el dios fluvial Alfeo, señor de la corriente subterránea. La obra data de 1630 o 1635, es decir, de cinco o diez años antes que la versión más conocida de Les bergers d'Arcadie.
La frase Et in Arcadia Ego hizo su debut público entre 1618 y 1623, en un cuadro de Giovanni Francesco Guercino, un cuadro que constituye la verdadera base de la obra de Poussin. En el cuadro de Guercino dos pastores, al entrar en un claro del bosque, acaban de encontrar un sepulcro de piedra. En él se ve la ya famosa inscripción y encima de él reposa una calavera grande. Sea cual fuere el significado simbólico de esta obra, el propio Guercino planteaba cierto número de interrogantes. No sólo estaba muy versado en la tradición esotérica. AI parecer, también lo estaba en las tradiciones de las sociedades secretas y algunos de sus otros cuadros se ocupan de temas de carácter específicamente masónico: sus buenos veinte años antes de que las logias empezaran a proliferar en Inglaterra y Escocia. Un cuadro titulado La ascensión del Maestro se refiere explícitamente a la leyenda masónica de Hiram Abiff, arquitecto y constructor del templo de Salomón. Fue
ejecutado casi un siglo antes de la fecha en que, por regla general, se cree que la leyenda de Hiram pasó a formar parte de las leyendas masónicas.

Los «documentos Prieuré» dicen que Et in Arcadia Ego fue la divisa oficial de la familia Plantard desde por lo menos el siglo XII, que fue cuando Jean de Plantard se
casó con Idoine de Gisors. Según una fuente citada en los «documentos Prieuré», en 1210 ya alude a la divisa un tal Robert, abad de Mont-Saint-Michel.20 No pudimos obtener acceso a los archivos de Mont-Saint-Michel y, por tanto, no nos fue posible verificar esta afirmación. Sin embargo, nuestra investigación nos convenció de que la fecha de 1210 era errónea y podía demostrarse que lo era. De hecho, en 1210 no había en Mont-Saint-Michel ningún abad que se llamase Robert. En cambio, un tal Robert de Torigny fue realmente abad de Mont-Saint-Michel entre 1154 y 1186. Y se sabe que Robert de Torigny fue un historiador prolífico y
asiduo, entre cuyos pasatiempos estaba coleccionar lemas, divisas, blasones y escudos de armas de familias nobles de toda la cristiandad.
Fuera cual fuese el origen de la frase, parece ser que tanto para Guercino como para Poussin las palabras Et in Arcadia Ego eran algo más que un verso de poesía elegiaca. Salta a la vista que tenía algún significado secreto e importante que ciertas personas sabían reconocer o identificar: era el equivalente, en pocas palabras, de un signo o contraseña de los masones. Y es precisamente en tales términos que una afirmación que aparece en los «documentos Prieuré» define el carácter del arte simbólico o alegórico:
Las obras alegóricas tienen esta ventaja, que una sola palabra basta para iluminar conexiones que la multitud no alcanza a percibir. Tales obras están a disposición de todo el mundo, pero su significado va dirigido a una élite. Por encima y más allá de las masas, quien envía y quien recibe se comprenden el uno al otro. El éxito
inexplicable de ciertas obras se deriva de esta cualidad alegórica, la cual no constituye una simple moda, sino una forma de comunicación esotérica.
En su contexto esta afirmación se refería a Poussin. No obstante, tal como ha demostrado Francés Yates, podría aplicarse igualmente a las obras de Leonardo, Botticelli y otros artistas del Renacimiento. También cabría aplicarla a figuras posteriores: Nodier, Hugo, De-bussy, Cocteau y sus círculos respectivos.

Rosslyn Chapel y Shugborough Hall.

Durante nuestra investigación anterior habíamos encontrado varios vínculos importantes entre los supuestos grandes maestres de la Prieuré de Sion en los siglos XVI y XVII y la francmasonería europea. En el curso de nuestro estudio de la francmasonería descubrimos otros vínculos también. Estos vínculos no tenían relación alguna con los supuestos grandes maestres como tales, pero sí la tenían con otros aspectos de nuestra investigación.
Así, por ejemplo, encontramos alusiones repetidas a la familia Sinclair, rama escocesa de la familia normanda Saint-Clair Gisors. Su dominio en Rosslyn distaba sólo unos kilómetros del antiguo cuartel general de los caballeros templarios en Escocia, y la capilla de Rosslyn, construida entre 1446 y 1486, ha sido asociada desde hace tiempo tanto con la francmasonería como con la Rose-Croix. En una carta que se cree que data de 1601, además, se reconoce a los Sinclair como «grandes maestres
hereditarios de la masonería escocesa».23 Este es el más antiguo de los documentos específicamente masónicos que se conocen. Sin embargo, según fuentes masónicas, el cargo hereditario de Gran maestre les fue conferido a los Sinclair por Jacobo II, que reinó entre 1437 y 1460: la época de Rene de Anjou.
Otra pieza bastante más misteriosa de nuestro rompecabezas también apareció en Inglaterra: esta vez en Staffordshire, condado que había sido semillero de actividades masónicas a principios y mediados del siglo xvn. Cuando Charles Radclyffe, supuesto Gran maestre de Sion, se fugó de la prisión de Newgate en 1714, fue ayudado por su primo, el conde de Lichfield. Al cabo de unos años el linaje del conde de Lichfield se extinguió y su título desapareció. Fue adquirido a principios del siglo xix por descendientes de la familia Anson, que son los actuales condes de Lichfield.

La sede de los actuales condes de Lichtfield es Shugborough Hall, en Staffordshire. Shugborough, que antes era la residencia de un obispo, fue comprada por la familia Anson en 1697. Durante el siglo siguiente fue la residencia del hermano de George Anson, el famoso almirante que circunnavegó el globo. Cuando George Anson murió en 1762 en el parlamento se leyó en voz alta un poema alegórico. Una de las estrofas de dicho poema dice:
Sobre ese mármol historiado posa tus ojos.
La escena exige un suspiro moralizante.
Incluso en las benditas llanuras elíseas de la Arcadia,
en medio de las ninfas risueñas y los zagales juguetones,
ve cómo baja la alegría festiva, con gracia que se derrite,
y la lástima visita el rostro que a medias sonríe;
donde ahora la danza, el laúd, la fiesta nupcial,
la pasión latiendo en el pecho del enamorado,
el emblema de la vida aquí, en la juventud y la vernal floración, ¡mas el dedo de la razón señalando la tumba!1*
Esta estrofa parece una alusión explícita al cuadro de Poussin y a la inscripción Et in Arcadia Ego... hasta lo del edo señalando la tumba. Y en los terrenos de Shugborough hay un imponente bajorrelieve de mármol, ejecutado por orden de la familia Anson entre 1761 y 1767. Este bajorrelieve comprende una reproducción —a la inversa, como en un espejo— de Les bergers d'Arcadie de Poussin: e inmediatamente debajo de él hay una inscripción enigmática que nadie ha sabido descifrar de manera satisfactoria:
O.U.O.S.V.A.V.V.

La carta secreta del papa.

En 1738 el papa Clemente XII promulgó una bula pontificia condenando y excomulgando a todos los francmasones, a los que declaró «enemigos de la Iglesia romana». Nunca ha estado muy claro por qué fueron considerados de este modo, sobre todo si se tiene en cuenta que muchos de ellos, al igual que los jacobitas de la época, eran ostensiblemente católicos. Quizás el papa era consciente de la relación que nosotros habíamos descubierto entre la francmasonería de los primeros tiempos y los «rosacruces» antirromanos del siglo xvn. En todo caso, puede que sobre la cuestión arroje algo de luz una carta que fue publicada por primera vez en 1962. Esta carta la había escrito el papa Clemente XII e iba dirigida a un corresponsal desconocido. En su texto el papa declara que el pensamiento masónico reposa en una herejía que nosotros habíamos encontrado repetidas veces: la negación de la divinidad de Jesús. Y, además, afirma que los espíritus guías, las «mentes
directoras» que hay detrás de la francmasonería son las mismas que las que provocaron la reforma luterana.25 Es muy posible que el papa fuera paranoico; pero es importante señalar que no está hablando de nebulosas corrientes del pensamiento ni de tradiciones vagas. Por el contrario, está hablando de un grupo de individuos muy organizado —secta, orden, sociedad secreta— que a lo largo de los siglos se ha dedicado a subvertir el edificio del cristianismo católico.

La Roca de Sion

En las postrimerías del siglo xvm, cuando proliferaban numerosos sistemas masónicos distintos, hizo su aparición el llamado Rito Oriental de Menfis.26 En este rito el nombre de Ormus aparecía —que nosotros supiéramos— por primera vez. Se trataba del nombre que supuestamente había adoptado la Prieuré de Sion entre 1188 y
1307. Según el Rito Oriental de Menfis, Ormus era un sabio egipcio que, alrededor del año 46 de la era cristiana, amalgamó misterios paganos y cristianos y, al hacerlo, creó la Rose-Croix.
En otros ritos masónicos del siglo xvm se repiten las alusiones a la oca de Sion, la misma Roca de Sion que, tal como citan los «documentos Prieuré», hizo que la tradición real instaurada por Godo-fredo de Bouillon y Balduino de Bouillon fuera igual a la de cualquier otra dinastía reinante en Europa. Antes habíamos supuesto que la Roca de Sion era sencillamente el Monte Sion, la colina alta situada al sur de Jerusalén sobre la cual Godofredo construyó una abadía destinada a albergar a la orden que se convertiría en la Prieuré de Sion. Pero las fuentes masónicas atribuyen un significado complementario a la Roca de Sion. Dado su interés por el Templo de Jerusalén, no es extraño que remitan al lector a pasajes específicos de la Biblia. Y en estos pasajes la Roca de Sion a veces es algo más que una colina alta. Es una piedra determinada que fue pasada por alto u olvidada de modo injustificable durante la construcción del Templo y que posteriormente debe recuperarse e incorporarse como piedra angular de la estructura. Según el Salmo 118, por ejemplo:
La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo.
En Mateo 21, 42, Jesús alude de manera específica a este salmo:
¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo?
En Romanos 9, 33, hay otra alusión, bastante más ambigua:
He aquí que pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída; Y el que creyere en él, no será avergonzado.
En Hechos 4, 10, la Roca de Sion bien podría interpretarse como una metáfora que se refiere al propio Jesús: que en el nombre de Jesucristo de Nazaret... este hombre está en vuestra presencia sano. Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los ediñcadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo.
En Efesios 2, 20 la equiparación de Jesús con la Roca de Sion se hace más aparente:
edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo.
Y en la 1.a de San Pedro 2, 3-8 esta equiparación se hace todavía más explícita:
si es que habéis gustado la benignidad del Señor. Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio sano, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en él, no será avergonzado. Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo; y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.

En la frase siguiente el texto procede a recalcar temas cuyo significado no advertimos hasta más tarde. Habla de un linaje escogido de reyes que son a la vez líderes espirituales y seculares, un linaje de reyes sacerdotes:
Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios...
¿Cómo debíamos interpretar estos pasajes desconcertantes? ¿Cómo debíamos interpretar la Roca de Sion, la piedra angular del Templo, que parecía figurar de forma tan destacada entre los «secretos íntimos» de la francmasonería? ¿Cómo debíamos interpretar la identificación explícita de esta piedra angular con el propio Jesús? ¿Y cómo debíamos interpretar aquella «tradición real» que —por estar fundada en la Roca de Sion o en Jesús mismo— era «igual» a las dinastías reinantes de Europa durante las cruzadas?27
El movimiento modernista católico.
En 1833 Jean Baptiste Pitois, ex discípulo de Charles Nodier en la biblioteca del Arsenal, era funcionario del ministerio de Educación Pública.2" Y en aquel año el ministerio emprendió un proyecto ambicioso: publicar todos los documentos relativos a la historia de Francia que hasta aquel momento habían permanecido suprimidos. Se formaron dos comités que presidirían la empresa. Entre otras personas, formaban parte de dichos comités Víctor Hugo, Jules Michelet y una autoridad en el tema de las cruzadas, el barón Emmanuel Rey.

Entre las obras que se publicaron subsiguientemente bajo los auspicios del ministerio de Educación Pública estaba la monumental Le procés des Templiers, de Michelet, que consistía en una recopilación exhaustiva de testimonios de la Inquisición referentes a los procesos a que fueron sometidos los caballeros templarios. Bajo los mismos auspicios, el barón Rey publicó varias obras que trataban de las cruzadas y del reino franco de Jerusalén. En ellas aparecieron impresas por primera vez cartas originales relacionadas con la Prieuré de Sion. En ciertas partes los textos que cita Rey son casi idénticos a pasajes que aparecen en los «documentos Prieuré».
En 1875 el barón Rey fue cofundador de la Société de l'Orient Latin (Sociedad del Oriente Medio Latino [o Franco]). Esta sociedad, cuya base estaba en Ginebra, se dedicó a ambiciosos proyectos arqueológicos. También publicaba su propia revista, la Revue de l'Orient Latin, que actualmente es una de las fuentes principales para los historiadores modernos como sir Steven Runciman. La Revue de l'Orient Latin reprodujo más documentos de la Prieuré de Sion.
La investigación de Rey era típica de una nueva forma de erudición histórica que empezaba a aparecer en Europa en aquel tiempo, sobre todo en Alemania, y que representaba una amenaza extremadamente seria para la Iglesia. La diseminación del pensamiento darwiniano y del agnosticismo ya había provocado una crisis de fe a finales del siglo XIX, crisis que la nueva erudición vino a ampliar. Antes de entonces la mayor parte de la investigación histórica había sido algo poco digno de confianza, pues se apoyaba en unos cimientos muy tenues: en la leyenda y la tradición, en las memorias personales, en exageraciones promulgadas en bien de tal o cual causa. Hasta el siglo XIX no empezaron los eruditos alemanes a introducir las técnicas rigurosas y meticulosas que actualmente se aceptan como cosa normal, como repertorio de todo historiador responsable. Esta preocupación por el examen crítico, por la investigación de las fuentes de primera mano, por la remisión a otras fuentes y por la cronología exacta fue el origen del estereotipo convencional del pedante teutónico. Pero si los historiadores alemanes de la época tendían a perderse en minucias, también proporcionaron una base sólida para la investigación. Y también para cierto número de importantes descubrimientos arqueológicos. El ejemplo más famoso,huelga decirlo, es Henrich Schliemann, que realizó excavaciones en el antiguo emplazamiento de Troya.
Era sólo cuestión de tiempo antes de que las técnicas de la erudición alemana fuesen aplicadas, con parecida diligencia, a la Biblia. Y la Iglesia, que dependía de la aceptación ciega del dogma, sabía muy bien que la Biblia misma no podría soportar semejante escrutinio crítico. En su libro Vida de Jesús, que se vendió mucho y provocó grandes polémicas, Ernest Rénan ya había aplicado la metodología alemana al Nuevo Testamento, con unos resultados que, para Roma, fueron extremadamente turbadores.

En sus inicios el movimiento modernista católico surgió como respuesta a este nuevo esafío. Su objetivo original era producir una generación de expertos eclesiásticos entrenados en la tradición alemana que defendieran la verdad literal de las Escrituras utilizando para ello todo el pesado armamento de la erudición crítica. Sucedió, sin embargo, que el plan perjudicó a sus propios inventores. Cuanto más procuraba la Iglesia equipar a sus clérigos jóvenes con las armas necesarias para combatir en el polémico mundo moderno, mayor era el número de tales clérigos que desertaba de la causa para cuya defensa habían sido reclutados. El examen crítico de la Biblia reveló multitud de incongruencias, discrepancias e implicaciones que eran decididamente perjudiciales para el dogma romano. Y hacia las postrimerías del siglo los modernistas ya no eran las tropas de élite que la Iglesia había esperado que fuesen, sino que eran detectores y herejes incipientes. De hecho, representaban la amenaza más grave que había experimentado la Iglesia desde Martín Lutero y pusieron el catolicismo al borde de un cisma como no se había visto durante siglos.
El semillero de la actividad modernista fue Saint Sulpice en París, que ya había desempeñado la misma función para la Compagnie du Saint-Sacrement. A decir verdad, una de las voces más resonantes del movimiento modernista era el hombre que ocupó el cargo de director del seminario de Saint Sulpice desde 1852 hasta
1884.29 A partir de Saint Sulpice los criterios modernistas se extendieron rápidamente al resto de Francia, así como a Italia y a España. Según dichos criterios, los textos bíblicos no eran infalibles, sino que había que comprenderlos en el contexto específico de su época. Y los modernistas también se rebelaron contra la creciente
centralización del poder eclesiástico, en especial contra la recién instituida doctrina de la infalibilidad del papa,30 la cual era rotundamente contraria a la nueva tendencia. Antes de que transcurriese mucho tiempo los criterios modernistas empezaron a ser diseminados no sólo por los clérigos intelectuales, sino también por escritores distinguidos e influyentes. Figuras como Roger Martin en Francia y Miguel de Unamuno en España estaban entre los principales portavoces del modernismo.

La Iglesia replicó con el vigor y la ira que eran de prever. Los modernistas fueron acusados de francmasones. Muchos de ellos fueron suspendidos de sus funciones o incluso excomulgados y sus libros pasaron a engrosar el índice de obras prohibidas. En 1903 el papa León XIII fundó la Comisión Bíblica Pontificia, cuya misión sería controlar los escritos de los eruditos bíblicos. En 1907 el papa Pío X hizo pública una condena oficial del modernismo. Y el 1 de septiembre de 1910 la Iglesia exigió que sus clérigos prestasen juramento contra las tendencias modernistas.
A pesar de todo ello, el modernismo continuó floreciendo hasta que la primera guerra mundial desvió la atención del público hacia otras inquietudes. Hasta 1914 fue una cause célebre. Un autor modernista, el abate Turmel, demostró ser un individuo especialmente travieso. Al mismo tiempo que en apariencia llevaba un comportamiento impecable, en su puesto docente de Bretaña, publicó una serie de obras modernistas utilizando no menos de catorce seudónimos distintos. Cada una de tales obras fue incluida en el índice de libros prohibidos, pero hasta 1929 no se supo que su autor era Turmel. Ni que decir tiene, fue excomulgado sumariamente.

Mientras tanto el modernismo llegó a Gran Bretaña, donde fue bien acogido y sancionado por la Iglesia anglicana. Entre sus partidarios anglicanos estaba William
Temple, que más adelante sería arzobispo de Canterbury y que declaró que el modernismo es lo que ya creen la mayoría de las personas educadas».31 Uno de los colaboradores de Temple era el canónigo A. L. Lilley. Y Lilley conocía al sacerdote de quien habíamos recibido aquella carta portentosa: la que hablaba de pruebas incontrovertibles de que Jesús no murió en la cruz.
Lilley, como nosotros ya sabíamos, había trabajado en París durante algún tiempo y allí había conocido al abate Emile Hoffet, el hombre a quien Sauniére llevó los pergaminos hallados en Rennes-le-Cháteau. Con sus conocimientos de historia, lenguas y lingüística, Hoffet era un ejemplo típico del joven erudito modernista de su
tiempo. Sin embargo, no se había preparado en Saint Sulpice. Por el contrario, se había formado en Lorena. En la Escuela Seminario de Sion: La colline inspirée.



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