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jueves, 9 de mayo de 2013

Vírgenes Negras

LA BUSQUEDA DE LAS LUCES EN LA NOCHE 

¿SE TRATA REALMENTE DE VÍRGENES NEGRAS?

La primera comprobación y el primer motivo de asombro es que, hasta hoy, pocas son las preguntas que se han planteado sobre estas extrañas estatuas.
El turista apresurado las hallara "bellas", "pintorescas" o "curiosas", y el peregrino, "bienhechoras" o "milagrosas"...
Y, sin embargo, ¿acaso un poco de reflexión no hace misteriosas y perturbadoras a esas pequeñas Vírgenes Negras de madera, casi milenarias, dispersadas por toda Francia y fuera de Francia hasta el mismo México? ¿Algunos artesanos de la Edad Medía representaron deliberadamente a la Madre de Dios y su Hijo con los rasgos, no ya oscuros o tostados, sino pintados de negro? ¿Como no hacerse preguntas? ¿Como no imaginarse una intención profunda de los escultores y artesanos de aquella época? ¿Como no adivinar detrás de esa intención un apasionante enigma y tratar de resolverlo?
Mas aún, en la Edad Medía, la mayor parte de los santuarios marianos importantes en los que tenían lugar las peregrinaciones celebres había sido edificada en honor de las Vírgenes Negras. Es difícil establecer una relación detallada de las estatuas que existieron en los siglos XII y XIII, pero es seguro que las más veneradas en aquella época fueron precisamente las que nos ocupan. Y ello hasta tal punto que la mayor parte de los sitios mas destacados de espiritualidad medieval en Francia albergaba una Virgen Negra, tanto si se trataba del Mont-Saint-Michel, como del Puy, de Chartres, de Rocamadour, de Sion-Vaudemont o de muchos otros lugares... No se trata, por lo tanto, de algunas raras efigies para anticuarios curiosos y eruditos, sino de objetos de culto de valor que fueron venerados por millones de hombres durante siglos. En tal caso, plantear su problema y tratar de resolverlo es en realidad abordar todo el problema del sentido del culto mariano en la Edad Medía y, aun mas, el de la fe y la espiritualidad de aquellos que, como san Bernardo, animaron los siglos de las catedrales donde reinaba y vivía un sentido de lo sagrado sin duda no igualado en la historia del cristianismo.
Los historiadores del arte apenas han estudiado las Vírgenes Negras porque, en el plano estético, carecen de valor artístico. Teniendo en cuenta el sentido que hemos dado a la expresión, esto es cierto para la mayor parte de ellas. No obstante, algunas son, incluso desde este punto de vista, de una factura notable, tales como las de Marsat y Orcival. Las demás, mediocres o mal ejecutadas, reflejan otro tipo de belleza, mas popular aunque no menos universal, la de las estatuas de la Isla de Pascua, o aquella contenida en la expresión de los Budas o en la artesanía sagrada de los mayas y de los brujos del África negra...
En lo que atañe a los historiadores, poco numerosos, que han abordado la cuestión, lo han hecho generalmente dentro del marco de breves monografías, la mayoría de las veces integradas en obras de carácter local consagradas a las curiosidades de una ciudad o región o al edificio que albergaba la estatua.
Para la mayor parte de ellos, la explicación es muy simple. Aquellas estatuas no eran negras en sus orígenes. Se ennegrecieron con el paso del tiempo, por la acción de los cirios, por enterramiento o por cualquier otro agente exterior. Así, el problema queda resuelto muy pronto, Son negras las estatuas de la Virgen que han sido mal conservadas.

Ante estas conclusiones, se entiende lo mal comprendida que ha sido la Edad Medía desde hace siglos con la mayor seriedad y la mejor honestidad intelectual.
Cierto es que no hace aun mucho tiempo que el amplio publico cultivado ha comprendido que los Templarios eran algo muy distinto a unos eficientes guardianes de ruta en el camino de Jerusalén, y que fue precisa la notable obra de Louis Charpentier (1) para que comenzáramos a entrever que una catedral gótica era algo muy diferente a una gran iglesia nacida del fervor popular y de la emancipación comunal, adornada con esculturas y bajorrelieves característicos del "realismo divertido de la época" o de un "simbolismo primitivo".
La teoría del ennegrecimiento por la acción de los cirios es totalmente absurda, pero esta tan difundida y acreditada en el publico que voy a dedicar algún tiempo a destruir dicha afirmación.
Es exacto, y esta es una de las dificultades que el investigador encuentra en su camino, que se hallan Vírgenes oscurecidas (que, por lo demás, nunca son verdaderamente negras) que habían sido blancas en su origen. Estas, en su mayor parte ejecutadas después de la Edad Medía, fueron bronceadas o superficialmente tostadas por agentes exteriores. Abusivamente, tras una sumaria comparación con las autenticas se las califico de "negras" y, con mayor frecuencia de "tostadas" o "morenas", lo cual es mas correcto.
La primera ojeada demuestra que no existe nada en común entre estas últimas y las Vírgenes Negras medievales.
Ninguna acción del humo, ninguna cera, ningún enterramiento habría llegado a dar al rostro una coloración negro azabache tan uniforme mientras, paralela-mente, no afectara la policromía de los hábitos de la estatua. Nuestras Vírgenes Negras tienen, igual que el Niño, el rostro pintado de negro, mientras que los vestidos, esculpidos siempre en el mismo bloque de madera, están también pintados de varios colores diferentes.
Las autenticas Vírgenes Negras tienen los rasgos pintados, y hay mucha diferencia entre el limite negruzco que podría explicarse por la acción del humo y el negro integral.
Cierto, se nos objetara, pero nosotros podemos suponer lo siguiente: habiéndose iniciado de algún modo el fenómeno de ennegrecimiento, y ante la imposibilidad de recuperar el color primitivo, se decidió acentuar esa coloración particular mediante una capa de pintura negra.
Reflexionemos. ¿Por que, en unas épocas y en unos lugares diferentes, tantos obispos y tantos curas habrían tomado la decisión de repintar de negro los rasgos y con frecuencia las manos de su estatua? ¿Por que semejante color en nuestro país? Y dado que bastaba con poner color, ¿por que no utilizar simplemente el blanco y el rosa y devolverle a la estatua su aspecto primitivo?
¿Notre-Dame de Lourdes o Notre-Dame de Banneux sufrirían en nuestros días semejantes avatares? ¿Podemos imaginar razonablemente que de pronto fueran repintadas de negro?
¿Y como explicar que ninguna reproducción de Jesucristo (2), ninguna estatua de santo celebre, haya sufrido nunca la misma suerte, y que esa desventura no les haya ocurrido más que a las estatuas de la Virgen?
Semejantes argumentos actúan a la manera de tranquilizantes sobre aquellos que se niegan a afrontar los misterios, calman el dolor, engañan incluso al enfermo sobre su estado real y, en todo caso, no curan nada.
Suponiendo incluso que la estatua se hubiera degradado hasta tal punto de que el único recurso fuera pintarla de negro (y nunca se pinta, recordémoslo, otra cosa que los rasgos, con ese color), es preciso imaginar, de un lado, que la imagen no habría sido objeto de ninguna clase de conservación regular y, por otro, que esta especie de abandono habría durado mucho tiempo. Surge ya la evidencia: cuanto mas descuidado fuera el culto, menos peregrinos habría y así, pues, menos cirios y posibilidades de ennegrecimiento.
Tomemos como ejemplo una de las efigies más conocidas, la de Notre-Dame du Puy, para la que se esgrime con frecuencia este argumento. El original fue destruido en las hogueras de la Revolución.
La estatua que se encuentra hoy en la catedral es, por tanto, una copia libre realizada en el siglo XIX. No será esta la que nos proporcione indicaciones, sino las descripciones y reproducciones del original de que disponemos en numero suficiente para hacernos una idea bastante exacta de ella. Según tales documentos, los rasgos estaban con absoluta seguridad pintados de negro tanto en el siglo XVIII como en el XVII e incluso en el XVI (3)... En tales épocas, nadie consideraba la posibilidad de que jamás hubiera estado pintada de otro color. Por consiguiente, la primera colocación de pintura negra no habría podido efectuarse hasta mucho antes de comienzos del siglo XIV o a comienzos del XV.
De que fecha procede la estatua de Notre-Dame du Puy de la que hemos conservado algunas representaciones bastante fieles? Por diversas razones que desarrollare en la segunda parte de esta obra, parece erróneo hacerla remontar a los tiempos más lejanos. Sin duda, hubo en el Puy una estatua anterior a la Virgen Negra, cuyas huellas hemos perdido. Pero todo induce a creer, especialmente el libro muy bien documentado de un erudito local, el doctor Paul Ohyier (4), que la estatua que nos ocupa era una majestad romana del siglo XII, o quizás del XIII.
Mas tarde veremos que las múltiples historias extraordinarias que atribuyen a las Vírgenes Negras un origen fabuloso y una fabricación antigua deben ser entendidas únicamente como relatos simbólicos de carácter oculto. Todos los arqueólogos se muestran unánimes en afirmar que no pudo existir una estatuaria de este tipo en Occidente antes del siglo XI lo más pronto.
¡Esto hace un total de tres o cuatrocientos años! Y es durante este corto periodo de tiempo cuando, por la sola acción del humo de los cirios, se habrían operado esta degradación y esta transformación de la estatua, excluyendo toda posibilidad de restauración y decapado, obligando a los obispos del lugar, resignados, a pintarlas de negro (¡a la vez que dejaban intactos los colores de sus vestidos, milagrosamente preservados!), curando un mal mediante otro mayor, como Gribouille cuando se lanza al agua para no sentir la lluvia, ¿Pueden ser tomadas en serio semejantes afirmaciones?
¿Conoce el lector una sola estatua de madera, procedente, para tomar el mismo lapso de tiempo, del siglo XVI o XVII, que hubiera sufrido hoy la misma suerte?
El único Cristo llamado "negro" existente en Francia es el de Saint-Flour. Data del siglo XV. Es, en realidad, una obra ejecutada en madera de roble en bruto, no pintada, que, después de quinientos años, ha adquirido una tonalidad parda viva, y que en ningún caso es negra ni siquiera esta seriamente ennegrecida, pues la madera se oscurece solo muy lentamente.
La historia de la peregrinación al Puy refuerza aun más esta demostración.
Durante toda la Edad Medía, este lugar fue con mucho el centro más importante del culto mariano en Francia e incluso en toda Europa. Centenares de peregrinos procedentes de todas partes se apiñaban diariamente allí (5). El Puy era una de las cuatro grandes etapas en la ruta hacia Santiago de Compostela y un punto de reunión de los "coquillards" o mendigos. No menos de catorce reyes de Francia y cinco Papas acudieron con gran pompa a arrodillarse ante la efigie milagrosa de la Virgen Negra, como lo hicieron, entre otras celebridades, la madre, los dos hermanos y los primeros lugartenientes de Juana de Arco. Además, cuantas veces el Viernes Santo coincidía con el día de la Anunciación (25 de marzo), se celebraba allí un gran jubileo a cuya participación se vinculaban toda suerte de favores e indulgencias. En tales ocasiones multitudes de varios centenares de miles de personas se apretujaban en aquellos lugares en medio de un barullo y un entusiasmo que los antiguos cronistas describieron de forma a menudo sabrosa y siempre penetrante (6),
En tales condiciones, ¿como imaginar con alguna verosimilitud que dicho lugar de peregrinación, frecuentado durante toda aquella época y de manera interrumpida por semejante multitud de peregrinos y visitantes tan ilustres, se le hubiera dejado deteriorar hasta tal punto, y no se hubiera conservado, decentemente al menos, la estatua milagrosa, objeto de todos aquellos fervores?
Por otra parte, sabemos, gracias a los antiguos textos, que cada año la estatua era lavada cuidadosamente con vino en el transcurso de un ritual muy extraño nacido de una asociación simbólica entre el vino y la Virgen Negra que encontraremos en otros lugares.
La hipótesis del ennegrecimiento no deseado al principio y producido progresivamente por la acción de un elemento exterior no resiste un examen serio. Basta con reflexionar y observar. Las autenticas Vírgenes Negras de Francia eran muy negras en su origen. Tal como la voluntad del escultor las creo, es decir, con su rasgos pintados en negro, y los vestidos y el trono policromados en tonos azules, blancos, rojos y dorados. Los escasos autores que han examinado la cuestión en profundidad afirman unánimemente que hubo realmente Vírgenes creadas voluntariamente en negro en su origen.
Entonces, ¿por que?
¿Que intención revela este color, a primera vista sorprendente, en los artesanos de la Edad Medía?
Echare una rápida ojeada a los intentos de explicaciones fáciles de algunos.
"La Virgen fue representada en negro porque era oriental." No solo los hombres del Próximo Oriente no son negros, sino que, siendo la Virgen judía, los hombres de la Edad Medía habían tenido suficiente ocasión de encontrarse con judíos como para hacerse una idea exacta del color de su piel. Por lo demás, cuando quisieron representar a Cristo y los apóstoles no les dieron este color.
"Era una moda de la época." Todo el mundo reconoce, con justo titulo, que la Edad Medía ignoraba completamente la noción de moda puramente gratuita que nosotros conocernos y practicamos hoy en todos los terrenos. Por el contrario, todo lo que en aquella época se concebía y se realizaba respondía siempre a una necesidad bien precisa y revelaba una significación real.
"No hay que buscar ninguna intención. Era la pura fantasía del artista." Recordemos, junto con los especialistas de la historia del arte, que la idea de hacer "el arte por el arte" fue siempre algo extraño a los artesanos de aquella época. Dicha preocupación no apareció hasta fines del flamígero y comienzos del Renacimiento, conjuntamente con un deseo del artista de ser identificado mediante una firma.
Además, para el tema que nos ocupa, un examen algo atento de la cuestión destruye rápidamente esta hipótesis. La libertad de la representación artística se habría manifestado entonces en otros detalles que la coloración extraña de las caras y las manos.
Las expresiones, las actitudes, las dimensiones habrían debido ser totalmente diferentes caso de estar sujetas solamente al capricho de la inspiración. Ahora bien, tal como veremos, y contrariamente a esto, excepto en algunos detalles insignificantes, la profunda similitud existente entre todas las características de las Vírgenes Negras es singular y sorprendente. Además, parece que el artesano, escultor o pintor, debía obedecer a reglas muy rigurosas. Estas son escrupulosamente respetadas por cada una de las Vírgenes Negras autenticas, bien sean del Norte, de Borgoña, del Borbonesado, de la Auvernia, de la Provenza o de otra parte. Ahí no esta, lo sospechamos, el aspecto menos asombroso del enigma.
Se dice también que en nuestros días existe la costumbre de reproducir muchas veces las estatuas o representaciones veneradas en los lugares de peregrinación celebres. Tales copias son objeto de devociones locales por parte de todos aquellos que no pueden efectuar la "gran peregrinación". Así ocurre que existen reproducciones de la gruta y de la Virgen de Lourdes en centenares de iglesias y capillas de Francia y del extranjero.
Algunas Vírgenes Negras han sido objeto de peregrinaciones tan famosas que las otras no serian en realidad más que las replicas locales de esos modelos prestigiosos.
Esta hipótesis, caso de ser exacta, no resolvería el problema, que seguiría existiendo en lo que se refiere a los arquetipos.
Ha habido algunas copias. Así, la estatua de Aunllac es una copia del siglo XVII de la del Puy Sin que se pueda hablar de copias, hay ciertas semejanzas entre esta ultima y Notre-Dame de Mures en Comas cerca de Valence y también con la estatua de Thuret. La de Rocamadour fue imitada en España y en Portugal. Pero, para las demás, el más superficial examen no deja ninguna duda. Las Vírgenes de Dijon, de Marsat o de Manosque, por ejemplo, no son en ningún caso las coplas de un mismo modelo.
En efecto, si nuestras Vírgenes Negras obedecen todas a ciertas reglas comunes de composición y si son fundamentalmente parecidas, están, sin embargo, lejos de ser idénticas.
Además, el lugar preciso donde ellas se encuentran tiene su propia significación en cada caso. La historia y La leyenda de cada una, sus milagros, su peregrinación y los ritos que a ella se vinculan acentúan aun más su carácter autónomo. Ciertamente, en el plano simbólico y esotérico, al nivel de las significaciones profundas, las semejanzas son ciertas, pero, en el plano exotérico, las diferencias son tantas y tan numerosas que esta fuera de toda duda que cada una tiene realmente su identidad.
La hipótesis del canónigo Marc Perroud merece mayor atención. Esta hipótesis fue defendida por algunos otros, pero Perroud dedicó, en el marco de un estudio sobre la Virgen Negra de Myans en Saboya, una monografía sobre el tema que, no por breve, esta menos documentada y es menos interesante.
Para el canónigo Perroud, el origen de las Vírgenes Negras no ofrece dudas. Se trataría de la reproducción de viejos iconos milagrosos atribuidos a san Lucas.
En el año 438, la emperatriz Eudoxia tuvo la buena fortuna de encontrar en Jerusalén un retrato de la Virgen que su poseedor, para valorarlo mas, atribuía a san Lucas, atribución evidentemente falsa, pero a la cual la multitud daba crédito sin vacilar... La emperatriz compartía los sentimientos de su pueblo. El precioso icono fue reexpedido a Bizancio, donde se le recibió triunfalmente. Allí se convirtió bajo el nombre de Nicopeion, en el artífice de la victoria, la salvaguardia, una imagen protectora de la capital. Sus huellas se perdieron mas tarde. El triunfo de los emperadores iconoclastas, en el siglo VIII, lo hizo desaparecer, destruido o sacado del país. Pero el prestigio excepcional de que gozaba la imagen fue la causa de que se hubieran efectuado múltiples reproducciones, que se jactaban de su ilustre origen y apelaban con orgullo a San Lucas. Lo que, mas que todo el resto, acreditaba sus pretensiones era que poseían el poder de hacer milagros. Tales reproducciones se habían diseminado ampliamente por el archipiélago. A comienzos del siglo XIII, el archipiélago, después de Bizancio, fue conquistado y ocupado por los cruzados occidentales (...) Coincidencia que nada tiene de fortuita es que, desde el siglo XIII al XVI, talleres cretenses instalados en Venecia ejecutaron en serie innumerables retratos de san Lucas. Estos representaban a la Virgen con un rostro absolutamente negro (...) los iconos, pintados sobre madera, eran siempre encolados y barnizados. Ahora bien, el barniz, en el cual entra el aceite de oliva, se tuesta expuesto al aire y se oscurece. Pronto la gente se imagino que el color había sido deliberadamente escogido por el propio san Lucas, y Así un retrato en el que no apareciera aquel tinte no podía ser el Evangelista...
¿Que cabe pensar de esta teoría tan astuta y seductora?
Notemos en primer lugar que las "Vírgenes de san Lucas" son iconos y no estatuas como nuestras Vírgenes Negras y que, cuando en toda Italia, a partir de Venecia, se decidió reproducirlas, se permaneció fiel a la forma escogida para el original, un icono bizantino.
Luego, si admitimos la explicación del oscurecimiento del barniz hecho a base de aceite de oliva, no cabe otra conclusión que las "Vírgenes de san Lucas" eran morenas y que las reproducciones que de ellas se hicieron fueron eventualmente de un pardo muy oscuro, pero no tuvieron nunca el color negro azabache del rostro de nuestras estatuas.
A demás, si las Vírgenes Negras hubieran sido inspiradas por esos íconos, el artesano no habría dejado de darles un aspecto bizantino. Y no lo hizo. Si en lo que atañe a algunas de sus características, intervino en la confección un elemento oriental, el escultor indicaba una semejanza, no con Bizancio, sino con Egipto, el antiguo Egipto faraónico. Tendremos ocasión de insistir en ello.
Finalmente, al argumento más decisivo contra esta teoría es que fue en el siglo XIII cuando los cruzados de Occidente tomaron Bizancio. Es únicamente a partir de este momento cuando el modelo de la "Virgen de san Lucas" se difunde por Occidente y se empieza a reproducirlo allí. Ahora bien, si bien Notre-Dame de Myans, la que ha sido estudiada por el canónigo Perroud, databa tal vez del siglo XIII, es, por contra, histórica y arqueológicamente cierto que la inmensa mayoría de nuestras Vírgenes Negras fueron esculpidas y veneradas ya en los siglos XI y XII. Aparecen, pues, mucho antes del descubrimiento y difusión de los iconos de las "Vírgenes de san Lucas", y no pueden evidentemente haber sido influidas por estas ultimas.
Vírgenes Negras e iconos de san Lucas son, por tanto, dos fenómenos absolutamente distintos, y las razones profundas del éxito de las dos no son en ningún caso identificables, ni siquiera comparables.
A primera vista, el único elemento de duda es que la historia fabulosa de los orígenes de algunas de nuestras Vírgenes Negras, como las de Montserrat, Orcival o Rocamadour, cuenta que la efigie fue esculpida por san Lucas en Oriente y llevada luego a Europa, unas veces por un santo legendario y otras veces por un cruzado celebre.
El bravo san Lucas tiene fama de medico, arquitecto y pintor. ¿Por que no también de escultor?
Más adelante veremos que en este caso no hay más que una coincidencia. La atribución de algunas Vírgenes Negras a san Lucas parte de otra idea y de otra concepción simbólica que la del Nicopeion. Se relaciona con una etimología céltica combinada con una muy interesante concepción solar, disimulada en la Edad Medía bajo la capa de los talentos artísticos generosamente atribuidos al Evangelista.
Esta convicción de que nuestras estatuillas nada tienen que ver con los iconos atribuidos a san Lucas es compartida por el único autor moderno que, por lo que yo se, ha intentado un estudio realmente sistemático del problema del origen de las Vírgenes Negras, es decir Saillens (7 y 
.
Este autor nos ha dejado una obra muy erudita, repleta de una documentación sumamente interesante y en la cual, prescindiendo de prejuicios, no ha carecido de audacia ni imaginación. Me gusta bastante su afirmación de que los pocos autores que, en sus memorias eruditas o escritos confidenciales, han tratado de enfocar el problema, se han visto ignorados o discretamente combatidos por los medios arqueológicos e históricos tradicionales, sin ser, a pesar de ello, desmentidos.
Saillens baso su trabajo especialmente en una relación detallada de 1550 que inventariaba en la épica ciento noventa Vírgenes Negras, de las que setenta y una habían sido destruidas o habían desaparecido cuando el publico su obra.
Esta lista tiene el merito de existir y permite circunscribir las investigaciones.
Sin embargo, en ella no se establece la distinción necesaria entre las autenticas Vírgenes Negras y todas aquellas, mas numerosas, que simplemente se oscurecieron con el paso del tiempo, o aquellas otras que, en especial a causa de la naturaleza de la madera o del material utilizado son, todo lo mas, morenas o grises, parduscas o grisáceas (9).
Así mismo, Saillens nos ha dejado unos cálculos sumamente interesantes y estudios muy detallados sobre la mayoría de tales estatuas, pero no fue capaz de distinguir con bastante exactitud aquellas que yo considero que son las únicas autenticas Vírgenes Negras, y después de haberlas aislado de las demás, comprobar las extraordinarias similitudes existentes entre ellas, y solo entre ellas, y deducir todas las consecuencias referentes a las actitudes, expresiones, dimensiones y tantos otros puntos importantes...
El ha descubierto y ha demostrado en que medida el culto de las Vírgenes Negras era la continuación, la prolongación de un antiguo culto de los galos. Sin embargo, no estoy de acuerdo con el cuando afirma que las Vírgenes Negras
eran con frecuencia estatuas de los primeros siglos que los fieles del pueblo humilde trataron por todos los medios de conservar en las iglesias en oposición con la clerecía, que habría intentado por su parte imponer un tipo de estatuaria mas conforme y mas artística.
Es cierto, en efecto, que todas las leyendas que hacen remontar las estatuas de la Virgen Negra a los tiempos mas lejanos tienen solo un valor simbólico, y hay que tomarlas como tales. Las más antiguas de dichas efigies proceden, en efecto, de los siglos XI y XII y figuran entre los primerísimos ejemplares de estatuaria europea en alto relieve aislada de la decoración arquitectónica,
Las Vírgenes Negras autenticas son Majestades. Todas las estatuas de la Virgen de esa época son, sin excepción, Majestades. No veo, por tanto, que tipo diferente de estatua de la Virgen habrían intentado los eclesiásticos imponer a los fieles para remplazar a las Majestades.
Mas aun, se descubre que la estatua aparece y su culto se desarrolla casi siempre en el momento en que una abadía benedictina la toma a su cargo y organiza en torno a ella una "propaganda". San Bernardo, partidario no obstante de la renuncia absoluta y de la austeridad de los edificios religiosos, asegurara por su parte en muchos lugares la promoción de las Vírgenes Negras y alentara su devoción. Los mas grandes -personajes de la Edad Medía, religiosos o laicos, acudirán en peregrinación ante ellas, a veces de la manera mas aparatosa. Lejos de ser estatuas populares, solo toleradas y mas o menos victimas de una especie de ostracismo oficial, las Vírgenes Negras vienen en realidad "de arriba". Son producidas o establecidas por las grandes abadías, y nosotros trataremos de comprender por que razones ocurre así.
Saillens escribía en 1945 en un momento en que la gran cultura inicial de la Edad Medía era aun mal conocida, cuando la Historia nos presentaba a diario aquella época como simpática, pero ingenua, primitiva, grosera, desordenada y sublime solo por sus excesos.
Desde hace algún tiempo, un gran número de obras salen a la luz del día, escritas por hombres que comienzan finalmente a penetrar en el alma profunda de la Edad Medía, a descubrir el esoterismo de esa época y a buscar su significación oculta.
Entre estos últimos, ha habido quienes se dieron cuenta de las Vírgenes Negras y efectuaron un intento de explicación, siempre rápido y limitado, pues el objeto de su libro era otro. Descubrieron una parte importante de la verdad cuando comprobaron, además de la sucesión al culto de una diosa pagana, su cara era curiosamente oriental e incluso "egipcia", cuando así mismo presintieron que los iniciados de la Edad Medía debían tener cierta relación con ellas y que los alquimistas, entre otros, no eran quizás extraños al fenómeno...
Y, sobre todo, mediante una revisión a veces completa de nuestros conocimientos y creencias, pintaron de la Edad Medía un cuadro histórico y cultural absolutamente renovado que nos revelo, en la medida de lo posible, la civilización asombrosa, pero autentica, de esa época fascinante.
Solo así, situadas de nuevo "en este marco, y solo en este, nuestras Vírgenes Negras reciben la iluminación correcta para que con los ojos abiertos podamos examinarlas y tratar de explicar su significado.

nnDnn

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