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jueves, 26 de septiembre de 2013

ESPAÑA: RUTA HACIA LAS MORADAS DEL TEMPLE



De nuestro amigo: Sergio Solsona

Maestrazgo Templario


UN VIAJE DIFERENTE
Saliendo por la mañana de la localidad de Castellote en Teruel y acabando en Mirambel os propongo una ruta templaria de un día sin turistas y llena de sorpresas. Con parada obligada en Bordón.

Cuando atravesé ese túnel no imaginaba que acababa de cruzar un portal muy especial. A la entrada de Castellote estaba cargado con mi pesada armadura de occidental. Gafas de sol móvil cámara fotográfica y demás artilugios. Creía conocer el territorio en el que me adentraba pero  no tenía ni idea de lo que encontraría a mi paso.
Desafiante en lo alto aparecía el Castillo. Era temprano así que decidí subir a visitarlo con el frescor de la mañana.





La ascensión se hizo extraordinariamente fácil. Decidí subir por el camino posterior algo más largo pero que guarda sorpresas muy agradables. Recuerdo los últimos pasos de la ascensión como si un telón se levantase y ante mí apareció la vista de ese inmenso territorio.
Creía conocer esas tierras del Maestrazgo. Territorio duro, guarida de Carlistas y Maquis. Montes Templarios, pueblos de leyenda:
 Mirambel, Cantavieja, Ares del Maestre lugares que como oasis en una estepa se diseminan hasta llegar al Mediterráneo en el castillo de Peñíscola.
Respire hondo y me sentí como mareado. Alrededor mío planeaban las rapaces. Una brisa de aire me hizo sentir como si fuese a acompañar las en su vuelo.
Solo cuando descendí de la montaña me percaté de que no había hecho ninguna fotografía. Algo extraño en mí.
Decidí descansar y avituallarme en alguno de los buenos restaurantes de este pueblecito.
Por la tarde me aconsejaron visitar una Iglesia en el cercano pueblo de Bordón. Al entrar en ese recinto sagrado me rodearon las imágenes que adornaban por completo el templo. Un extraño caleidoscopio de colores y formas aparecía en techos y paredes.


No soy persona muy religiosa pero en la  capilla coronada por una Cruz Paté volví a sentir esa fuerza extraña que recorría toda mi espina dorsal.


¿Quieres ver el cuarto secreto de los Templarios?- Me preguntaron. Indudablemente dije que sí,  Ascendimos
No era más que un pequeño cubículo con el símbolo de la Tau sobre mi cabeza. Mientras estuve en ese reducido espacio mis miedos y dudas me rodearon. Era un sitio para afrontar todo esto antes de ser un Caballero. Esa energía permanecía allí desafiando el paso de los años.
Pronto salí  y me acompañaron a enseñarme lo que ellos llaman El Esconjuradero. En esta habitación más soleada y amplia parece que recobre las fuerzas. Como en un balneario había pasado del lugar más gélido y asfixiante al más cálido y acogedor. Este espacio parecía recargarme el corazón.
No sé el tiempo que pase en esa Iglesia paro al salir un espectacular cielo rojo anunciaba la noche estrellada.
Seguí la carretera. Pronto aparecieron los aerogeneradores que como una cicatriz de modernidad blanca recorrían la cima de esa sierra. En eso momento sonó el maldito móvil. Lo apague sin mirar quien era y no lo volví a encender en todo el viaje.
Con los últimos rayos de sol atravesé  las murallas de Mirambel.



Caminando por esas calles medievales escuche el sonido de la música clásica. Hacia tanto tiempo que no tenía tiempo para disfrutaba de ella como antes.
Me detuve frente a la puerta “las moradas del Temple” leí.


Sin llegar a entrar respire la armonía que salía de ese lugar. Mi interior parecía que estaba en sintonía con lo que aquel hotel proponía. Serenidad, descanso, el tacto de la madera y la forja. La suavidad de las sabanas y las telas, Las luces tenues, una agradable conversación y una cena reponedora y autentica.



Había entrado a el maestrazgo con mi armadura de occidental creyéndolo conocerlo. En el coche había dejado las gafas de sol, el teléfono y la cámara de fotos. Ahora sin esa coraza tecnológica entraba a las moradas del temple que parecía me estuviesen esperando desde hace siglos.

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