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jueves, 19 de septiembre de 2013

LA HISTORIA DE LA BIBLIA

LA HISTORIA DE LA BIBLIA
Por A. Brian



Biblia Codíce Harleianus
Códice Harleianus, inicio del libro “Hechos de los Apóstoles”
Mi búsqueda de la verdadera historia de la Biblia empezó en el Colegio Champagnat de Lima, Perú, en 1982 durante la clase de Religión.
AlanPadre, una pregunta, Cuándo Jesucristo estaba en la montaña con los panes, ¿cómo hizo para crear tantos panes de uno solo? ¿Tenía poderes?
Padre(suspiro de decepción) Alan, dime, ¿tú tienes fe?
AlanMmmmmm sí, pero ¿cómo hizo Jesús para multiplicar los panes? no entiendo.
PadreAlan, sin fe no podemos leer la Biblia. Es la palabra de Dios y no debemos dudar de ella. Tienes que tener fe.
AlanPero mi papá que sabe un montón dice que los panes no aparecen por arte de magia, por eso quiero saber.
PadreEs una metáfora hijo, Jesucristo con su amor hizo que todos los presentes pudieran compartir los panes que tenían y así todos pudieron alimentarse del pan y de la palabra de Dios.
AlanAh, entonces ¿no pasó nada? pero ¿por qué escribieron que multiplicó los panes si solo los compartieron?
PadreEs que los multiplicó pero de manera espiritual, ya te he dicho, hay que tener fe, si no tienes fe no puedes leer la Biblia, pues es lo que Dios nos dejó para conocerlo y no hay que dudar de su palabra.
AlanYo no sabía que Dios había dejado la Biblia, ¿a quién se la dejó? y ¿a él quién se la dio?
Aquel día, como tantas otras veces, fui expulsado de la clase de religión.  Este dialogo, basado en las múltiples interrogantes que planteaba la Biblia en mi joven espíritu, lo he sostenido cientos de veces durante mi infancia y adolescencia. La respuesta fue invariablemente la misma: “es una cuestión de fe”.
Si algún sacerdote me hubiera dicho que “la Biblia es una colección de historias sobre Dios y sobre Jesucristo escritas por gente que o los conoció o escuchó hablar de ellos y que, aunque ha sido manipulada, cambiada y mutilada, es el documento más importante de nuestra religión”. Si hubiese escuchado esto, no habría hecho tantas preguntas y probablemente hasta me hubieran nombrado acólito. Pero si me dicen que es la “Palabra de Dios”, si me dicen Dios nos dejó la Biblia para conocerlo, pues tengo el derecho de tratar de entender.
La Biblia que tenemos en nuestras casas, no apareció misteriosamente en la superficie de la tierra días después de la resurrección de Jesucristo, tampoco fue encontrada en el sepulcro de Jesucristo como un mensaje a la humanidad y, por supuesto, no se materializó en las manos del apóstol Pablo cuando se desmayó en el camino a Damasco.
La historia de la Biblia está llena de manipulaciones y censuras. La Biblia no es la “Palabra de Dios” pues Dios no la escribió ni la dictó y menos aún se la dejó a nadie.

Biblia Códice Amiatinus
Representación de un escriba en el Códice Amiatinus.
La palabra “Biblia” viene del griego “biblion” que significa libro y este del griego ”biblios” que significa papiro. La Biblia, fue hasta antes de la aparición de la imprenta, una simple colección de papiros.
En esta sección de Los Divulgadores concentraremos nuestros esfuerzos en la historia de la Biblia, específicamente en el Nuevo Testamento pues estos relatos constituyen la base de la fe cristiana y son el único testimonio de la vida de Jesucristo. En ese entonces, no existía la fotografía, menos aún el internet o la televisión, así que la única manera de acercarse a la vida y al pensamiento de Jesucristo era la tradición oral, y posteriormente la lectura de los primeros manuscritos que recogieron esta tradición. Estos primeros manuscritos conformaron el Nuevo Testamento, considerado por la Iglesia Católica como la primera y única compilación oficial de escritos sobre la vida de Jesucristo. Todos los relatos del Nuevo Testamento fueron escitos por gente de carne y hueso.
Algunos de estos escritos son fragmentos de papiros y otros son códices, es decir colecciones de papiros ensamblados como un libro moderno. Hoy en día, no poseemos los originales de ninguno de estos libros. Lo que sí tenemos son miles de copias de estos relatos hechas a mano por escribas, en muchos casos cientos de años después.  Muchas de esas copias están hechas en griego, lengua en la que fueron escritos todos los libros del Nuevo Testamento.
Todos contienen errores, pequeños deslices del escriba que los copió o cambios intencionales hechos por los escribas para que el texto diga lo que ellos querían que diga. Según estudiosos de la Biblia (Erhman, Eisenman, y Metzger entre otros), hay más diferencias entre estos manuscritos que palabras en el Nuevo Testamento. Algunos errores son simples problemas ortográficos pero otros afectan el significado de una palabra, de un versículo e inclusive de todo un libro.

Historia de la Biblia, Códice Vaticano
Códice Vaticano, 325 DC
Si la Biblia fuese realmente la palabra de Dios, ¿no sería lógico pensar que todos tendríamos una sola versión de su palabra?
¿Jesucristo fue carpintero o artesano? ¿Fue de Nazareth o fue un “Nazareno”? ¿En qué  evangelio se menciona a la Santísima Trinidad? ¿Por qué el Evangelio de Lucas es el único que dice que Jesucristo pasó su infancia en Egipto? ¿Por qué el Evangelio de Marcos terminaba originalmente sin el relato de la resurrección? ¿Por qué se escogieron como “oficiales” los cuatro evangelios canónicos y  no otros como el de Tomás o el de Pedro? ¿Sabía usted que probablemente ninguno de los apóstoles escribió los evangelios del Nuevo Testamento? ¿Qué otros relatos sobre la vida de Jesucristo fueron excluidos de la Biblia?
El Nuevo Testamento es utilizado por la Iglesia como una fuente histórica para probar la existencia de Jesucristo. Sin embargo, cuando se presentan contradicciones, en los relatos la Iglesia cierra los ojos al valor histórico del Nuevo Testamento y reduce todo a un asunto de fe.
Otra precisión importante es que, al igual que la Iglesia Católica, el Nuevo Testamento también ha sufrido muchos cambios en el curso de la historia desde que el Papa Dámaso I le encargó a San Jerónimo en el año 382 que utilizase los manuscritos griegos más antiguos de la época para producir una versión en latín de la compilación de libros que hoy conocemos como la Biblia.
La historia de la Biblia nos muestra que esta no es la “Palabra de Dios” sino, en todo caso, es la palabra de muchos hombres.


Los primeros escritos


Historia de la Biblia, Papiro P52
El papiro P52, también conocido como “El fragmento de San Juan” pues contiene un fragmento del evangelio de Juan, fue supuestamente escrito hacia el año 125 DC,  y es el documento cristiano más antiguo que tenemos.
Este es el primer capítulo, de una serie de diez, sobre la historia de la Biblia, especificamente del Nuevo Testamento. A lo largo de esta serie veremos que los apóstoles no escribieron el Nuevo Testamento, que luego de la muerte de Jesús aparecieron muchas cristiandades diferentes a la que conocemos, analizaremos como  la “ortodoxia cristiana” estableció el monopolio de la fe, que libros fueron excluidos del “Canon” oficial del Nuevo Testamento, hablaremos del famoso “Textus Receptus” de Erasmo de Róterdam, de la increíble historia de Constantin Von Tischendorf, el cazador de manuscritos que dedicó su vida y recorrió el mundo buscando antiguos manuscritos de la biblia, y finalmente veremos la fiabilidad de las ultimas versiones y traducciones del Nuevo Testamento, para demostrarles que éste no fue hecho por Dios sino por hombres de carne y hueso.

Historia de la Biblia I: Los primeros escritos

La importancia que los cristianos le han otorgado por siglos a la Biblia no es gratuita, pues la religión judía, de la cual se derivó el cristianismo, recogía sus tradiciones en libros sagrados que se conservaban en el templo de Jerusalén para ser leídos e interpretados durante los servicios religiosos. Según Bart Ehrman, El judaísmo fue la primera “religión del libro” y el cristianismo siguió el mismo camino.
El cristianismo comenzó con Jesús, un rabbi (maestro judío) que aceptaba la autoridad de los libros sagrados judíos y que leyó, estudió e interpretó esos libros para sus discípulos.Jesús fue judío de nacimiento por parte de padre y madre. Fue un erudito conocedor de la religión judía.
Jesús, no dejó iglesia, doctrina, ni religión. Además, resulta paradoxal que alguien que acordaba tanta importancia a los textos, no dejara ninguna obra escrita. Todo parece indicar que decidió no hacerlo deliberadamente. Predicaba con su vida y transmitió sus ideas a través de imágenes o parábolas. Después de muerto los apóstoles y otros seguidores que lo identificaron como el mesías que esperaba el pueblo judío, se dedicaron a propagar su mensaje viajando y fundando comunidades de creyentes. Cabe aclarar que los judíos en su mayoría, no creyeron que Jesús era el mesías pues según las profecías del Antiguo Testamento ellos esperaban a un rey guerrero como David que derribara los enemigos de Israel, y estableciera a Israel, una vez más, como un estado soberano. Para ellos, Jesús representaba la antítesis de lo que esperaban.
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“San Pablo predicando en Efeso”, Eustache Le Sueur.
Uno de aquellos judíos que identificó a Jesús como el mesías y decidió viajar predicando su mensaje fue Pablo de Tarso, un judío romano con una buena educación que le permitió leer las sagradas escrituras judías. Pablo no fue uno de los apóstoles, y según el Nuevo Testamento no conoció a Jesús, sin embargo se convirtió muy pronto en uno de los pilares del cristianismo. Se erigió como el “apóstol de los gentiles” o “el apóstol de los no judíos” pues siempre sostuvo que el mensaje de Jesús era para todos, judíos y no judíos, a diferencia de los apóstoles liderados por Santiago y Pedro, quienes preferían predicar el mensaje de Jesús solo a los judíos.
Según sus propias cartas incluidas en el Nuevo Testamento, Pablo fundó iglesias en varias ciudades del este del mediterráneo. Después de ganar nuevos adeptos en una ciudad, continuaba su camino para seguir con su prédica, pero algunas veces le llegaban malas noticias de las comunidades que había establecido: problemas de autoridad, mal comportamiento, inmoralidad y otros. Cuando esto sucedía Pablo escribía una carta a la comunidad en cuestión lidiando con el problema. Estas cartas son los documentos más antiguos del Nuevo Testamento.
La primera carta de Pablo a la comunidad que él mismo fundó en Tesalónica, denominada “Primera Carta a los Tesalonicenses” está datada alrededor del año 49 y es el documento cristiano más antiguo que tenemos en la Biblia. Fue escrita 15 años después de la muerte de Jesús y 20 años antes de la aparición del evangelio más temprano, el de Marcos, que relataría la vida de Jesús.
Tesalonicenses V, 26, 27, Saluden a todos los hermanos con el beso santo. Les conjuro por el Señor que esta carta sea leída a todos los hermanos.
Como bien aclara Ehrman, esta no era una carta cualquiera que se puede leer y desechar. Pablo insiste en que sea leída a todos los miembros de la comunidad y que sea aceptada como una declaración oficial del fundador de la comunidad.
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“San Pablo predicando en Atenas”, Rafael Sanzio
La importancia de los escritos para la religión cristiana no implicaba necesariamente que la mayoría de sus creyentes podía leer. Según los estudios de William Harris y Catherine Hezser, solo un 10% de la población de esa región (Palestina) podía leer y/o escribir. En esa época, saber leer era un privilegio de las clases pudientes.
Estas cartas fueron fundamentales para el desarrollo de las primeras comunidades cristianas, y algunas de ellas, por su contenido, llegaron a ser consideradas tan importantes como las escrituras judías del Antiguo Testamento.
Estos primeros documentos unificaban a los cristianos en sus creencias, los guiaban en sus prácticas, y sobretodo los hacían diferentes de otras religiones pues se jactaban de pertenecer a un movimiento cuyos principios no sólo se transmitían de manera oral, sino que estaban certificados en documentos.
Con la aparición de las cartas se plantea por primera vez un problema que sería recurrente en los primeros documentos cristianos, la falsa autoría.
La mayoría de los conocedores del tema afirman que muchas de las cartas atribuidas a Pablo fueron realmente escritas por sus seguidores en su nombre, pues para las comunidades cristianas una carta firmada por alguno de los apóstoles sería recibida con mucho más respeto y acogida que una escrita por un desconocido.
Pero Pablo no es el único que escribió cartas; los apóstoles liderados por Santiago, el hermano de Jesús, también hicieron lo mismo como veremos en otro artículo.
Mientras que la imagen de Jesús se alejaba en el tiempo, en sus seguidores crecía la necesidad de conocer más sobre su vida y enseñanzas. El siguiente paso lógico era componer el relato del nacimiento, muerte y resurrección del líder del nuevo movimiento.
Así nacieron los evangelios que tenemos en la Biblia, y los hubo tantos que pocos años después de la muerte de Jesús, se contaban por decenas, pero solo cuatro fueron incluidos en el Nuevo Testamento, ninguno de estos escrito por los apóstoles. ¿Por qué y cómo se hizo esto? lo veremos en la siguiente entrega de la historia de la Biblia.

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