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viernes, 17 de mayo de 2013

Vírgenes Negras -IV-

LOS ORÍGENES DE UNA CIVILIZACIÓN INICIADORA

La ojeada histórica que sigue a continuación puede parecer un rodeo. En realidad, entramos en el meollo del tema. Hay que remontarse a las fuentes, es decir, a la civilización y a la religión céltica que practicaban los antiguos galos. Nosotros creemos un poco apresuradamente que hemos sido civilizados por los romanos. Ahora bien, aunque conocemos mal a los galos porque no utilizaban escritura (en todo caso una escritura que nosotros pudiéramos descifrar), se admite hoy que su civilización estaba lejos de ser despreciable, aun cuando se apoyara en bases y concepciones totalmente diferentes del modelo romano.
En la actualidad, un número cada vez mayor de escritores y de historiadores rehabilitan a la Edad Medía. Y rehabilitan también a los celtas. Ello no es por casualidad.
Por lo demás, los romanos no tenían para con sus adversarios galos el desprecio que nosotros les hemos profesado durante tanto tiempo. En De Bello Gallico, Cesar manifiesta un respeto real hacia aquellos con los que lucha.- Es consciente de que se halla frente a una civilización distinta de la suya, pero no parece considerarla tan inferior o tan bárbara en el sentido que damos a esa palabra. En el terreno militar, los galos soti descritos como guerreros dotados de una autentica organización para el combate, capaces de poner en practica una verdadera estrategia militar: no son unas hordas rugientes y desordenadas lo que la magnifica maquina militar romana debe afrontar y, en una sucesión reciproca de argucias y tácticas astutas, el resultado de los combates es incierto durante mucho tiempo.
¿Y que decir de la rapidez en el desplazamiento? Reflexionando bien, vemos que Cesar atraviesa con celeridad nuestro país, que esta cubierto de bosques, y lo hace acompañado de sus tropas y de su voluminosa intendencia, ¿Existía ya, antes de las vías romanas, una importante red de comunicaciones constituida por caminos rápidos y eficaces?
Por su parte, Cicerón, el gran pensador y filósofo, intercambiara con algunos druidas una correspondencia que demuestra una cierta elevación de pensamiento. Y muy pronto, los romanos, si bien toleraron a los druidas como hombres de ciencia, prohibieron sus prácticas religiosas iniciaticas, sus rituales y sus grandes asambleas, lo cual tiende a probar que tenían algún motivo para desconfiar de sus poderes. ¿Querían de este modo, simplemente, impedir que, bajo la capa de unas prácticas ocultas, se mantuvieran y desarrollaran unas "bolsas de resistencia"? Tal vez. No hay nada seguro.
Los druidas son todavía mal conocidos. Su origen es quizás anterior al de los celtas, pero parece que, en el momento de la llegada de los romanos, practicaban la religión céltica y eran los "sumos sacerdotes" de dicha religión.
En todo caso, son en esa época personajes sumamente importantes, más importantes aun que los jefes militares y políticos. Forman asambleas locales, nacionales e incluso internacionales. A su frente, un colegio de "doce sabios". Se celebran concilios, por ejemplo uno en el Puyde-Dome. Estos encuentros tienen en principio un carácter religioso, pero se trata también de un examen general de la situación política. Los druidas desempeñan así un papel de arbitro y pacificadores en los conflictos que enfrentan entre si a los diferentes jefes galos. Así mismo, parece ser que impartían la justicia, enseñaban, administraban y eran los únicos poseedores de la ciencia en aquel tiempo. Por lo demás, no se llegaba con facilidad al grado de druida. Los jóvenes que aspiraban a ello debían practicar largos estudios y pasar victoriosamente toda suerte de pruebas. Solo los mejores conseguían alcanzar finalmente esa dignidad. Aquí vemos claramente una iniciación.
¿En que consistía la religión que enseñaban? Con frecuencia se cree que la religión céltica se limitaba a la adoración de pequeñas divinidades e ídolos locales, Así como a una especie de animismo fetichista en torno a ciertas plantas, árboles, fuentes y piedras. Entre los creyentes de todas las religiones, hay siempre una mayoría de gentes simples, cuyo fervor popular es, por lo demás, estimable, gentes que no pueden acercarse a lo sagrado si no es por intermedio de estatuillas, de santos y fetiches, de representaciones ingenuas y próximas a las preocupaciones de su vida cotidiana. Pero hay también una minoría intelectual y moral para la cual el acercamiento a la divinidad se sitúa en otro nivel. Sabemos hoy que los druidas iniciados creían en un Dios único, en la Trinidad, en la resurrección y en la inmortalidad del alma. Asociaban la idea de una Tierra nutricia con la de una "diosa" a la vez madre y virgen que debía dar a luz a un Dios encarnado. Aportada al principio por los romanos, la religión cristiana no tuvo ninguna dificultad en instalarse en la Galia. En muchos aspectos, los galos vieron en ello la prolongación y la confirmación de la enseñanza de la religión céltica, del mismo modo que los Evangelios son el resultado de la vieja civilización bíblica.
En cuanto a la sacralización de la naturaleza, hay que considerarla, no solo bajo su aspecto religioso, sino, sobre todo, en su aspecto científico. Los druidas iniciados habían sin duda descubierto y utilizado con gran maestría algunas de las misteriosas reglas que gobiernan el conjunto de la materia.

Habían descubierto las leyes profundas que constituyen el alma misma de las piedras, de los árboles, de las corrientes de agua superficiales o subterráneas
y de las ondas telúricas. La localización de sus piedras sagradas nos lo demuestra. El hecho de que este saber no sea ya conocido por nosotros, no significa que ellos no hubieran practicado una ciencia que permitiría al hombre comunicarse con la naturaleza, y ello para mayor provecho suyo.
Cristianismo y religión céltica, Así pues, parecen en realidad fusionarse armoniosamente en los primeros siglos, integrando a la vez elementos de la religión romana, y ello de una forma que nada tiene de incoherente. Se asimila aquello que entre los romanos no es más que otra denominación, otra forma de realidades sagradas consideradas muy importantes por los galos.
Todo es destruido en el siglo Iv, con las invasiones germánicas que se desencadenan sobre el mundo romano en decadencia. El mundo occidental es sumergido bruscamente en el caos y en la noche más densa del espíritu.
La alta Edad Medía, hasta poco antes del año mil, es realmente una época bárbara. Los jefes políticos y militares son incultos y sanguinarios. Los edificios que mandan construir son groseros y rudimentarios. Cuando se convierten al cristianismo, es por medio de las armas como imponen su nueva religión, de la cual tienen una idea simplista, primitiva y utilitaria. Tales fueron en Francia los merovingios. Los otros no valían mucho mas considerados en conjunto.
Carlomagno y sus ministros intentaron, además de una gran unificación territorial, una obra civilizada general, pero el imperio habría de ser desmantelado y se produciría un nuevo retroceso. Durante todos esos siglos, las poblaciones son miserables y están adscritas a sus tierras, la cultura prácticamente no existe y la guerra es permanente.
Sin embargo, en medio de semejante desastre, algunos hombres consiguieron, al principio marginalmente, salvar una tradición y, si no restablecer, por lo menos preparar una nueva civilización.

En el siglo v san Benito crea su orden. Se trata de un hombre notable cuya santidad edifica a sus contemporáneos, y muchos son los que lo abandonan todo para seguirle y recibir su enseñanza. La Regla, llena de equilibrio y mesura, que el les da, sigue siendo en lo esencial aplicada en nuestros días. San Benito no solo tiene estrechos contactos con rabinos judíos, sino que abre su orden a todos aquellos sin excepción que buscan a Dios. Incluso si se trata de excomulgados, lo cual resulta verdaderamente extraordinario para aquella época.
Bajo semejante impulso, las abadías benedictinas se multiplicaron en toda Europa: un millar de ellas en pocos siglos. Más allá del islote sagrado que es la abadía, los monjes no pueden brillar pues la noche es aun demasiado profunda, pero ellos saben que trabajan para el futuro.
La abadía benedictina se convierte en el abra de aquellos que piensan, que quieren aprender y transformar el mundo en el que viven. Los benedictinos- son a la vez trabajadores manuales y monjes sabios. Desbrozan, siembran, construyen y, junto con sus camaradas conversos, preparan poco a poco la aristocracia del trabajo de que hemos hablado. En medio de las ruinas, recogen y preservan todos los documentos Y manuscritos antiguos que escaparon a la destrucción.
Así, en las grandes bibliotecas que se constituyen, ellos estudian pacientemente y empiezan a comprender ya los escritos bíblicos, los filósofos griegos, los autores latinos, los documentos iniciaticas orientales. Lentamente pero con seguridad, los benedictinos ocupan su lugar frente al tablero de ajedrez de ese tiempo.
Posteriormente, desembarcan en el continente los misioneros irlandeses que, desde los alrededores del siglo vi, en torno a san Columbano, crearan diferentes monasterios y desempeñaran un papel no despreciable. Irlanda no ha conocido la dominación romana, ni, sobre todo, la dominación germánica. Son celtas en estado puro. Los celtas arribaron sin duda a la isla en el siglo iv a. de J.C. mucho después de haber s metido el continente. La civilización desarrollada allí fue indudablemente menos rica, mas marginal que la que conocieron los galos. Por contra, tras haber integrado armoniosamente ellos también al cristianismo, los irlandeses nos traen una tradición druídica no corrompida.
Por eso captamos la ventaja que estos tienen. "Irlanda, llegada tardíamente al cristianismo, recupera su retraso y se convertirá, desde el siglo v al vii, en el verdadero foco occidental de la cristiandad (1)."
Los benedictinos son, por su cultura y su apertura de espíritu, los únicos capaces de sacar provecho de esta enseñanza, en muchos aspectos científica, destruida entre nosotros. No desdeñaran la ocasión, y durante toda la Edad Medía los contactos serán particularmente amistosos entre las abadías benedictinas y los monjes irlandeses. Ya desde finales del siglo vi, san Columbano anudara lazos muy estrechos con el Papa benedictino san Gregorio Magno: Provechosos también, puesto que en ese momento es cuando son creados y difundidos el ritual y la música gregorianos, elaboración armónica y matemática que produce en los fieles una acción mágica y que encuentra su fuente en Pitágoras y los sabios griegos, pero también, y sobre todo, en la enseñanza de los druidas, parcialmente descubierta en esa época.
En el siglo ix, san Benito de Aniano reforma la orden benedictina, y se lleva a cabo la fusión completa con los monjes de san Columbano. Este movimiento permitirá la creación de Cluny y el prodigioso desarrollo de esta asombrosa orden monástica.
La aportación céltica es importante para la comprensión de la civilización medieval. Sin embargo, no producirá todos sus frutos hasta que la elite de los benedictinos y de algunas otras ordenes religiosas haya descubierto, comprendido y asimilado la civilización próximo-oriental. Los árabes que invaden Europa son detenidos bruscamente y derrotados por Charles Martel en el 732 en Poitiers, pero, a pesar de todo, ocupan esporádicamente la Provenza, y se instalan sólidamente en todo el sur de España. Los guerreros son los guerreros. Los filósofos, los poetas, los sabios nunca se encuentran en primera línea. Verdad es que, en el transcurso de los combates encarnizados que libraron contra las tropas francas, los militares sarracenos no escatimaron carnicerías, pillajes y destrucciones, aunque debamos tener en cuenta la exageración habitual de los comunicados de guerra).
Sin embargo, no nos equivoquemos al respecto. Los hombres civilizados de la época no son los francos, sino realmente los sarracenos. A partir del momento en que ocupan de una manera estable los territorios conquistados en España, los ejércitos son arrumbados. Puede desarrollarse entonces una obra colonizadora. La civilización se instala. ¿Que civilización?

Lo que con los árabes penetra en Europa es todo el arte, toda la ciencia y toda la filosofía de Oriente. El Próximo Oriente medieval esta en ese momento conociendo la plenitud de la astrología, las matemáticas, la alquimia y la medicina (2). También se produce la aparición de un florecimiento de poetas y de narradores refinados, Florecen la música, la técnica y el arte del grabado y la arquitectura. Se trata, en definitiva, de un arte de vivir aristocrático cuyas reglas sutiles, corteses y de una autentica moral servirán de modelo a aquellos que en nuestro mundo se dedicaran a escribir los primeros códigos de la caballería. Las civilizaciones próximo-orientales están en ese momento en su cumbre.
Las grandes religiones y todas las civilizaciones se rozan, y, al menos al nivel de una minoría, se interpenetran armoniosamente. Decenas de miles de manuscritos antiguos están aun a disposición de los investigadores en las grandes bibliotecas. El judaísmo, por medio de sus rabinos sabios de Alejandría, la más famosa de todas, engendrara la Kabala, malabarismo filosófico, algebraico y matemático, que traducirá nuevamente las Escrituras Santas a su manera, considerándolas como un lenguaje universal cifrado y codificado. El Islam resplandece, y luego se matiza y diversifica en comunidades de intelectuales y ascetas, algunas de las cuales, como la de los Asesinos, se dedicaran a trabajos ocultistas. A partir de Bizancio, la fe cristiana conserva un gran esplendor ¡hasta la destrucción de la Ciudad Santa por cruzados cristianos de Occidente!). Muchas de las comunidades cristianas se adhieren a la gnosis, doctrina iniciática según la cual Dios solo es alcanzado a través de un esfuerzo cognoscitivo de todo el ser, una concepción considerada herética y condenada por los primeros concilios.
A pesar de tratarse de unos crisoles filosóficos y religiosos diferentes, siempre es la antigua iniciación egipcia lo que se perpetúa así en un Oriente refinado, cultivado e ilustrado donde un cierto escepticismo y una cierta molicie en las costumbres permiten ya adivinar la decadencia próxima.
La vieja civilización faraónica, destituida desde hacia mucho tiempo, seguía fascinando, y todos consideraban a Egipto como la madre de todas las religiones y de todas las búsquedas de lo sagrado.
El faraón, iniciado supremo, es representado con e} tercer ojo, el ojo de la clarividencia, o también emergiendo de la mitad de la frente, con la cabeza mágica de la serpiente, iconografía esoterista corriente que simboliza la fuerza vital que, a través de la medula espinal, comunica al cerebro el ultimo conocimiento. Los grandes secretos eran cuidadosamente conservados por colegios iniciadores y solo los más altos dignatarios tenían acceso al Naos, al sancta
sanctorum situado en el centro del templo egipcio. Así es como, mas tarde, será conservada el Arca de la Alianza en el templo de Salomón.
De todas las tradiciones iniciaticas del antiguo Egipto, la más importante parece haber sido la que estaba vinculada con el culto a Isis. La más secreta, también, ya que aquel que revelaba aunque no fuera más que una simple palabra del ritual iniciático, era acto seguido condenado a muerte. Isis, diosa de la Naturaleza, unas veces virgen, otra madre, que se hará fecundar de modo sobrenatural para engendrar un Dios-Hijo. La mente establece de inmediato la semejanza con la Virgen María de los Evangelios, pero también con la Diosa- Tierra que debe dar a luz un Dios en la religión céltica...
Moisés, "encontrado" en Egipto, educado según los ritos de la Corte de Faraón, huye con el pueblo de Israel, perseguido, según nos dice la Biblia, por los ejércitos de Faraón, como si se llevara consigo algo sumamente importante, e incluso vital. En todo caso, a partir de ese momento, no solo el pueblo hebreo recibe el "mana", sino también las Tablas de la Ley, que serán encerradas en el Arca de la Alianza y que dan a ese pueblo no solo Tierra Prometida, sino también Civilización.

Los griegos y los latinos, en su mitología, bebieron en la misma fuente, el Thot de los egipcios, que se convierte en Hermes, Osiris o Dionisos, e Isis, unas veces Demeter, y otras, Cibeles o Ceres.
Es también en Egipto donde el ilustre filosofo y matemático Pitágoras adquiere todos los conocimientos que difundirá poco después en el seno de sociedades secretas. Ahora bien, Pitágoras, aun hoy, es considerado como el padre de las matemáticas.
Y es la misma influencia que, mas tarde, por intermedio de las grandes bibliotecas y "universidades egipcias, marcara profundamente las principales investigaciones esotéricas orientales, sean estas kabalistas, chiítas, gnósticas u otras.
La iniciación egipcia, con su prodigioso potencial científico y civilizador, no cesa, pues, de transmitirse, ora alterada, ora perfeccionada, entre todos aquellos que piensan y desempeñan un papel en el Próximo Oriente medieval.
Es ella, por tanto, la que penetra también, en el siglo VIII, en las Galias con los sarracenos, y la que comenzara a implantarse en los siglos IX y X en la España conquistada. Exceptuando algunas limitadas influencias en Provenza, el mundo cristiano occidental resulta prácticamente impermeable, al principio, a esa prestigiosa vecindad. Merovingios y carolingios son gentes iletradas, a pesar de los esfuerzos civilizadores de Carlomagno y de sus monjes ministros (3). La proximidad de los sarracenos es una buena ocasión para guerrear y dedicarse al pillaje, no para aprender música o el arte del grabado.
Tan solo los benedictinos y algunos otros están preparados para recibir este mensaje. Han salvado ya de la destrucción una parte de los documentos dejados por los romanos; han vuelto a encontrar algo de la tradición céltica y druídica, gracias especialmente a sus intercambios con los misioneros franceses. Por supuesto, se dedicaran con todo su empeño a establecer los contactos más estrechos y fructíferos con las minorías orientales que se hallan ahora ante su puerta.
Oficialmente, sarracenos y francos están en guerra, y no hay más que odio sanguinario entre ambas partes. No obstante, al mismo tiempo, de manera discreta pero eficaz, se establecen relaciones entre las abadías benedictinas y los intelectuales árabes, Así como, por otra parte, con los rabinos judíos, cabalistas o no, que, en los territorios ocupados por los árabes, viven en buena inteligencia con ellos.
Mientras en las plazas publicas los benedictinos predican a los señores la guerra santa de reconquista, los mejores de ellos se dedican en España a trabajos muy distintos.

Cientos hechos extraños, ocurridos en los alrededores del año mil, nos lo pondrán de relieve y conviene que dediquemos nuestra atención a algunos de ellos, pues son muy importantes para la comprensión de nuestras Vírgenes Negras.
En primer lugar, la peregrinación a Compostela, en Galicia, peregrinación cuya historia nos es muy conocida. Visto desde el exterior, se trata de un fenómeno de fervor popular de rara belleza, que marco profundamente la civilización de la Edad Medía y que, en sus comienzos, en los siglos x y xi, contribuyo a trastornar, mas que cualquier otro acontecimiento, las condiciones religiosas, económicas, sociales, culturales y arquitectónicas de esa época.
En torno al cuerpo de Santiago el Mayor, hijo de María Salome (una de las tres Marías del Mar) y hermano del evangelista Juan (el santo patrono elegido por los Templarios), hallado milagrosamente en Galicia en el año 843, se organiza la peregrinación y, en la segunda mitad del siglo XI, se construye, para acoger la afluencia constantemente creciente de fieles, la inmensa catedral que aun hoy puede contemplarse.
La guerra entre el Islam y el mundo cristiano hacia imposible entonces la peregrinación a Jerusalén. En cuanto a la de Roma, si bien era practicada, ofrecía muchas dificultades, y realmente no atrajo a las grandes multitudes hasta mucho mas tarde. En estas condiciones, para la mayoría de pueblos europeos, el cuerpo de Santiago se convierte entonces en la única reliquia accesible de uno de los apóstoles de Cristo.
La gente llega a Compostela procedente de todas partes, de Francia, Bélgica, y también de Alemania, de Hungría e incluso de Suecia. Desde el siglo x al XV, no cabe la menor duda de que centenares de miles, y hasta millones de peregrinos de todas las condiciones, hombres, mujeres, niños, ricos o pobres, hicieron la ruta de Compostela, unos a pie, otros, los mas privilegiados, a caballo.
Tras varios meses de viaje, tocados con el sombrero bien conocido y armados del bastón de peregrino, todos esos seres unidos por la calida y ruda camaradería que siempre ha reinado entre los grandes andarines, llegaban al termino de todos su sufrimientos cuando la vista de Santiago, objeto de tantos sueños, se ofrecía a sus ojos desde lo alto de una colina, y, olvidadas todas las fatigas, corrían cuesta abajo hacia el fascinante santuario.
Ni uno solo se olvidaba de adquirir allí la famosa concha de Santiago y, provisto de aquel trofeo tan ansiado, digno ya de llevar el nombre de "coquillard" (mendigo), reemprendía la larga ruta de regreso, aguijoneado esta vez por la nostalgia y la impaciencia de volver a reunirse con la esposa, con los hijos, de volver a encontrarse en su pueblo.
No sabemos lo que en este caso es mas admirable, la fe popular tan arraigada que verdaderamente era capaz de mover montañas, o el valor y la tenacidad de los hombres de esa época.
Para explicar semejante trashumancia es preciso tener en cuenta un resto de nomadismo existente entre esas gentes próximas aun a las hordas germánicas de sus antepasados. Así mismo, una clara mejoría de las condiciones económicas y sociales proporcionan a los individuos el gusto y los medios (relativos) de respirar otros aires que los de su pueblo y de partir a la aventura.
Por ultimo, y sobre todo, una propaganda sabiamente orquestada, en especial por los benedictinos, rodeara la peregrinación de toda suerte de favores y de bendiciones. Son exactamente las mismas causas que, dos siglos mas tarde, aseguraran el éxito de las cruzadas.
De nuevo, es el comportamiento de la orden benedictina lo que conviene observar en todo este asunto...
A comienzos del siglo x, alcanzaron el apogeo de su poder, y este apogeo es Cluny. A partir de su instalación en Borgoña, la orden conocerá una difusión y ejercerá sobre Occidente una influencia considerable que solo serán igualadas mas tarde por los cistercienses. El prestigio de los cluniacenses es entonces inmenso. La mayor parte de los Papas que suben al trono de Pedro son benedictinos. Cuando Cluny habla, bien sea en el terreno religioso o incluso en el político, todo el mundo inclina la cabeza con respeto.

Mil trescientos monasterios van a alinearse, en pocos años, bajo la egida de la nueva regla, admirablemente respetada en el interior por los monjes gracias a la autoridad de algunos abades de inigualada grandeza como san Odon, san Odilon o Pedro el Venerable.
Para el historiador no ofrece la menor duda que fueron ellos quienes, en toda Europa, lanzaron la idea de esa piadosa movilización de las multitudes y organizaron en ese sentido una propaganda sumamente eficaz a todos los niveles.
Pero, más aun que simples celadores, los benedictinos serán, sobre todo, sus principales organizadores.
Como es sabido, se estableció muy rápidamente una asombrosa infraestructura protectora y " hotelera" en los principales caminos recorridos en toda Europa por los peregrinos que iban a Compostela. Nacieron incluso guías precisas y detalladas, como aquella contenida en el Codex Caliztznus, que mencionaba las dificultades del recorrido y aconsejaba acerca de las etapas a seguir. Así, los peregrinos a pie efectuaban cada día marchas del orden de los treinta a cuarenta kilómetros. Al término de cada etapa, encontraban alguna institución religiosa donde la comida y el descanso eran ofrecidos gratuitamente, con la única condición de que el peregrino no se detuviera allí más de veinticuatro horas.
Fuera de España, muy especialmente en Francia, son los benedictinos quienes, desde el comienzo, establecieron y controlaron la parte esencial de esa gigantesca red de hospederías y albergues que permitían a la mayor parte de la gente efectuar el viaje en condiciones normales de seguridad y relativo confort.
Por añadidura, las principales rutas pasaban por las grandes abadías benedictinas y recíprocamente las nuevas abadías eran edificadas en los caminos de la gran peregrinación.
Si bien hubo en Francia, a partir de los grandes puntos de reunión que fueron Saint-Denis, Vezelay, Le Puy y Arles, cuatro rutas principales y especialmente frecuentadas, Elie Lambert (4) ha demostrado de una manera clarísima que los caminos franceses seguidos para llegar a Compostela eran mucho mas numerosos de lo que generalmente se cree. Ahora bien, aunque los benedictinos controlan claramente desde el comienzo esta extensa y diversificada red europea, no están, sin embargo, por aquel entonces, muy introducidos en España,
Una vez cruzados los Pirineos, la ruta española no experimentaba grandes variaciones, y todo el mundo, viniera de donde viniese, seguía prácticamente el mismo camino.
¿Quien guardaba las rutas españolas? Unas pequeñas órdenes hospitalarias, algunos ermitaños "pontífices" y, sobre todo, unos importantes monasterios llamados mozárabes. Se conoce mal a estos monjes a quienes se considera de origen visigodo, pero lo que es seguro es que ellos, tras el paso de los árabes, estaban muy influidos por su cultura, tanto que deben su denominación a la arquitectura típicamente oriental de sus conventos. Por lo demás, los " coquillards" calificaban de "tesoros sarracenos" a las obras de orfebrería que los monjes realizaban en ellos, así como a los trabajos de grabado artístico con que adornaban los preciosos manuscritos que copiaban.
A primera vista, por tanto, los benedictinos no tenían ninguna necesidad de extender su influencia a España y hacerse cargo por si mismos de la pesada carga de las etapas españolas.

Este trabajo era ejecutado perfectamente por otros. Y, sin embargo, ¿que ocurre? A pesar de esta evidencia, los cluniacenses, durante el siglo XI, desplegaron los esfuerzos necesarios para someter a su obediencia a esos monasterios mozárabes, y ello a través de diversas intrigas políticas, utilizando entre otras cosas la amistad personal del rey Alfonso VI que se había casado en segundas nupcias con Constanza de Borgoña, la propia sobrina de Hugo de Semur, el abad de Cluny.
En primer lugar rey de León en 1065, heredo, a la muerte de su hermano, acaecida en 1072, el reino de Castilla, y luego, en el 1073, conquisto Galicia. Este soberano, que controla una parte importante de la España reconquistada, multiplica en la ruta de Santiago las mayores liberalidades a los cluniacenses, quienes fundan allí abadías y prioratos y, gracias a su influencia, la mayor parte de monasterios españoles, especialmente mozárabes, son adquiridos a la orden benedictina.
Veamos el Libro de los Milagros, de Pedro el Venerable:
Todo el mundo, o casi todo el mundo, lo saben, en España y en la Galia. Ese rey (Alfonso VI) fue un gran amigo y un bienhechor de la Iglesia de Cluny. Con sus propios bienes, construyo dos abadías en España, autorizo a otros fundadores a construirlas y contribuyo a su erección. Estableció allí monjes cluniacenses, multiplicando las liberalidades y procurando que ellos pudieran servir a Dios según su regla. Restauro el fervor del monacato, casi muerto en España, asegurándose a través de semejante celo el reino eterno después del de la tierra.
Así pues, gracias a Alfonso VI, los benedictinos se instalaron bastante sólidamente en España para desempeñar allí un papel decisivo en la ruta de Compostela. Las fechas nos ilustran. En el año 1073, Alfonso VI conquista Galicia, y ya en 1078, la primera piedra de la admirable catedral de Compostela es colocada por el abad san Hugo en persona. Edificada en cuarenta y cuatro años, será enteramente obra de benedictinos franceses. Por lo demás, los nombres de los principales maestros de obras, Robert, Mathieu o Bernard el Viejo, nos ilustran sobre su origen... ¿Alcanzaron los gremios de artesanos, formados desde hacia algún tiempo en las abadías benedictinas, a partir de entonces una maestría que los hacia insustituibles en toda Europa para la construcción de los grandes edificios? Por otra parte, se ha escrito, con justo titulo, que la catedral de Santiago de Compostela es un magnifico monumento francés fuera de Francia.
¿Por que?¿Por que semejante despliegue de medios para hacer desplazar a las masas hasta la tumba del Apóstol? ¿Por que esta infraestructura de caminos y la carga considerable que representaba para la Orden la construcción de hospederías y el mantenimiento de los peregrinos durante la ruta? ¿Por que esas intrigas españolas con vistas a asegurar el control monacal de la ruta compostelana y lograr allí un poder tal que son los benedictinos quienes edifican por si solos la inmensa catedral y sus abades obtienen fácilmente del Papa la designación constante de obispos de su elección?
Se dirá que, al ser la peregrinación de Santiago la más grande de su tiempo, era normal que la principal orden religiosa y la luz de la cristiandad de entonces quisieran desempeñar allí un papel preponderante. Se dirá también que esta toma de control por parte de los cluniacenses de la ruta de Compostela corresponde a un deseo de grandeza y una aspiración de poder de algunos abades de notable envergadura para quienes el servicio a Dios iba a veces acompañado de preocupaciones mas "políticas". En el siglo XII, podrá verse a los benedictinos y cistercienses, en definitiva ordenes hermanas, maniobrar incesantemente para hacerse con el control de ciertas abadías. Todas estas razones son verdaderas. Pero no lo explican todo.

De hecho, el carácter oficial y consagrado de la peregrinación ocultaba algo más de una fe popular muy viva y un entusiasmo religioso, y ese algo mas es lo que los cluniacenses fueron a buscar a Compostela y en los monasterios mozabares.
La ruta española atraviesa un territorio que, muy recientemente, estaba todavía ocupado por los árabes. Bajo el pretexto de peregrinación, como mas tarde los cistercienses y los templarios con- el pretexto de las Cruzadas, los benedictinos, o cuando menos sus grandes abades iniciados, van en busca de la civilización oriental allí donde entonces se muestra accesible. La historia de los benedictinos se presenta durante cinco siglos como un esfuerzo organizado y continuo para reunir todos los medios necesarios con vistas a la reconstrucción de una gran civilización. Sin embargo, sus bibliotecas son todavía muy insuficientes y sus conocimientos, limitados. Han vuelto a descubrir algunos secretos y algunas técnicas de los antiguos druidas, pero ello a través de los irlandeses y sin disponer, a pesar de todo, de escritos. Los árabes por su parte, en sus universidades españolas aportan una considerable cantidad de manuscritos hebreos, musulmanes, agnósticos, kabalisticos, griegos y alejandrinos, millares de tratados preciosos relativos a todos los campos del conocimiento. Por vez primera, pudieron consultarse documentos en número suficiente. Ciertas hipótesis formuladas por los investigadores de las abadías benedictinas fueron finalmente verificadas, confirmadas y completadas.
Una parte no despreciable de tales manuscritos se encontraba en los monasterios mozárabes, y sus trabajos tienden a demostrar que dichos monjes habían Asimilado la cultura aportada por los sarracenos y que estaban quizá ya muy avanzados en la vía de la compresión de la iniciación oriental. ¿Acaso la Voluntad obstinada que les hace someterse a la obediencia de Cluny, gracias a la amistad activa de Alfonso VI y sus sucesores, no era también, y sobre todo, la de tener acceso a sus bibliotecas y sus reservas de archivos?
Yendo a buscar eso en la ruta española de Compostela, los benedictinos mataban quizá dos pájaros de un tiro, puesto que así reemprendían también un camino sagrado recorrido ya misteriosamente mucho antes del cristianismo por los druidas galos y por otras religiones iniciaticas sin duda aun mas antiguas (5).
¿Se trataba en principio de una voluntad consciente? ¿Es esta la causa del desarrollo de la peregrinación, o no es más que su consecuencia? Sea lo que sea, el peregrinaje benedictino en Galia tenia claramente un doble sentido: peregrinaje piadoso dentro de la mas pura ortodoxia, por una parte; peregrinaje iniciador e incluso alquílico, por otra. Mezclados con la multitud de "coquillards", algunos iban a buscar allí algo más que un suplemento de fe y de espiritualidad.
Las pruebas de ello son abundantes, pero no cito más que algunas. Las leyendas del misterioso traslado del cuerpo del apóstol a Galicia, Así como las relativas a su descubrimiento en el siglo Ix, son ya en si mismas textos esotéricos que revelan las preocupaciones de aquellos que las difundieron. El lector interesado podrá fácilmente descifrarlas en las numerosas obras especializadas; descubrirá así la misteriosa travesía de los restos mortales, su colocación sobre una piedra sagrada que se transforma en sarcófago, el roble que indica el lugar en que reposa el cuerpo, la estrella que viene a marcar el emplazamiento donde se encuentra la preciosa reliquia, estrella que, como la de los Magos o el resplandor que se aparece a los pastores de Belén, corresponde a la estrella misteriosa de los alquimistas.
El nombre mismo de Compostela significa el "campo de la estrella", pero también el "compost de la estrella", la materia prima trabajada que es marcada por la aparicion de la estrella de cristalización que indica al adepto que ha obtenido la piedra filosofal.

La peregrinación, por su naturaleza, se parece al itinerario de la obra. Larga marcha en la noche del espíritu, sucesión de esperanzas y desánimos, para desembocar, tras muchas dificultades y obstáculos, en el lugar donde se ha detenido la estrella, allí donde surge la iluminación.
Durante toda la Edad Medía, en la peregrinación a Santiago, participaran con frecuencia alquimistas, y estos la recomendaran con insistencia. ¿Acaso el mas conocido de ellos, Nicolás Flamel, no partió para Compostela para encontrarse allí con un misterioso Abraham el Judío, autor de un manuscrito del que Flamel había tenido conocimiento y que había sido para el, el comienzo de la revelación alquimia? Compostela aparece, pues, como una especie de capital de la iniciación donde, sin duda, debían de enseñar los más grandes maestros.
Los constructores benedictinos de la catedral, por otra parte, dejaron allí una abundancia de símbolos iniciaticos, y se observa, por ejemplo, en el gran Portal de la Gloria a varios personajes portadores del matraz alquímico.
Uno de los más grandes abades de Cluny, Pedro el Venerable, que nos es muy conocido por el Libro de los Milagros que le fue dedicado, residió en Galicia mucho tiempo y en varias ocasiones.
Empleo una parte importante de su vida en realizar una traducción completa del Coran. En una época de guerra y odio religioso, resulta interesante ver al jefe de la principal, orden cristiana trabajar pacientemente en la traducción del libro santo del enemigo. Y ello no discretamente, para su edificación personal, sino a la luz del día, con vistas a difundirla ampliamente en todos los monasterios benedictinos.
La Transfiguración de Jesucristo es uno de los episodios evangélicos considerados por los especialistas como uno de los más claramente esotéricos e iniciaticos. Esta representada en el portal de la catedral de Compostela.
Al regreso de uno de sus viajes a ese lugar, y tras haber estudiado dicho portal, el propio Pedro el Venerable reunió el capitulo de la Orden, que decidió que la Transfiguración seria en adelante celebrada con brillantez en toda la congregación, "visto que, exceptuando la Natividad y la Resurrección del Cristo, no es inferior a ninguna otra solemnidad. Por lo demás, los benedictinos la representaran numerosas veces en los edificios que sigan construyendo, especialmente en un muy hermoso portal de la Chante-sur-Loire.
Ya en el año 951, en la época de los primeros balbuceos de la peregrinación, y en la misma ruta de Compostela, encontramos un hombre que nos interesa particularmente, por cuanto se trata de Godescalc, obispo del Puy Velay, el lugar donde poco después aparecerá y será venerada la que sin duda fue la mas celebre de las Vírgenes Negras. En ese momento, el santuario del Puy es ya considerado por los Papas como el lugar más grande del peregrinaje mariano de todas las Galias. El obispo del Puy es, por tanto, necesariamente un personaje importante, el predecesor de aquellos que, años mas tarde, recibirán con un gran fasto a cinco Papas y a catorce reyes de Francia.
Ahora bien, a mediados del siglo x, la infraestructura benedictina no esta aun establecida en los caminos franceses de Compostela. Andar por ellos es una aventura peligrosa, ya que, además de bandidos y bestias salvajes, hay que tener en cuenta las frecuentes razzias musulmanas y las brutales y rápidas incursiones de los normandos. El Libro de los Milagros de santa Foy de Conques cuenta que, diez años más tarde, en 961, el conde de Rouergue, que había osado emprender la misma aventura, fue encontrado asesinado en el camino...

Si un hombre como Godescalc emprende semejante expedición, podemos suponer razonablemente que había razones importantes para arriesgar Así la vida, es decir, que partía en busca de cosas estimadas por el como de un interés considerable. Ahora bien, lo que las antiguas crónicas han conservado especialmente de este viaje son las paradas efectuadas durante la ruta en los asombrosos monasterios mozárabes, sobre todo en el de San Martín de Albelda.
¿Que hacia en aquel lugar el obispo?
Se intereso por el arte del grabado que allí se practicaba, hasta el punto de aprender por si mismo la técnica y, al parecer, el fue quien la introdujo en Francia, Esto significa que tuvo que residir allí durante mucho tiempo. No se trataba de un simple paso. Concedió una particular atención a los grabados que, en esos monasterios, adornaban los manuscritos del Apocalipsis de san Juan...
Esta preocupación podría muy bien indicar que estudio allí sobre todo los escritos de carácter iniciático que en esos lugares debían de ser abundantes.
Por ultimo, descifro con el mayor cuidado viejos manuscritos dedicados, según nos informan, a la "virginidad de la Virgen María".
¿Simple ocupación piadosa practicada por el prelado de un santuario mariano? Tal vez. ¿Pero no se podría emitir otra hipótesis, sin embargo?
Mucho antes de la Era cristiana, el paraje del Puy, que se llamaba entonces monte Anís, era uno de los mas importantes lugares sagrados del druidismo. Allí se encontraban menhires y dólmenes en abundancia. Uno de ellos, la milagrosa Piedra de las Fiebres., era objeto de una gran veneración, hasta el punto de que fue cristianizada, afirmando los relatos legendarios que la propia Virgen quiso que se le erigiera un santuario sobre esa piedra. El objeto perduro a través de las sucesivas iglesias edificadas y un fragmento de el subsiste aun en la actual catedral.
La Virgen María apareció solo en el siglo XII, y quizás en el xl. No obstante, ya en el siglo X, las bulas pontificias proclamaban que allí tenia lugar una peregrinación mariana. Sin duda había entonces una efigie muy antigua cuyo rostro hemos perdido. Como en tantos otros lugares donde se encuentra una Virgen Negra, tales como Chartres o Clermont-Ferrand, Douvres o Guincamp, debía de tratarse de una Virgo Paritura, una antigua reproducción de la Tierra-Madre venerada alli desde siempre y sin duda cristianizada al mismo tiempo que la Piedra de las Fiebres.
Allí donde la religión céltica había brillado con un resplandor tan excepcional, no era posible que todo se perdiera. Las tradiciones druídicas debieron mantenerse allí más sólidamente que en otros lugares, pese a las invasiones y las prohibiciones. En una época en que únicamente los clérigos tenían una actividad intelectual, no resultaría demasiado sorprendente que algunos obispos del lugar hubieran oído hablar de aquellas viejas tradiciones iniciaticas, sintieran curiosidad por ellas y llegaran incluso a adquirir algún conocimiento al respecto. Como san Bernardo, que mas tarde fue iniciado al saber de los druidas, el, que había nacido en Fontaines, sede de una Virgo Paritura aun venerada, y que fue estudiante en SaintVorles, donde una Virgen Negra había sucedido ya a otra Virgo Paritura.
Los benedictinos, impregnados de conocimientos célticos, parten hacia Compostela con ideas muy precisas, y hacen todo lo necesario para anexionarse los monasterios mozárabes y apropiarse así sus numerosos manuscritos. Godescalc, originario de una de las cunas de la iniciación druídica, afronta mil peligros para ser de los primeros en llegar a la tumba del Apóstol, y además los monasterios mozárabes atraen también su atención. Allí esta, durante mucho tiempo, entregado al estudio de los textos esotéricos...

¿Se esta operando, en los alrededores del año mil, un prodigioso encuentro del que Compostela seria a la vez su pretexto y su signo? ¿Acaso aquellos que habían sido los guardianes de lo que quedaba de la civilización iniciática céltica van a buscar en esa otra civilización iniciática, la oriental, aportada a España, lo que todavía les falta, es decir las ultimas pero decisivas luces sobre preguntas ya muy avanzadas?¿Y Godescalc, con sus investigaciones sobre la "virginidad de la Virgen María", no usaría quizás una forma disimulada para referirse al estudio de documentos consagrados a Isis, la Virgen madre de Horus, pero madre también de todas las iniciaciones orientales? ¿Constituía tal vez para el, el principal objetivo de aquel peligroso viaje descubrir, con conocimiento de causa, los secretos milenarios de la tradición egipcia? Igual que Compostela, el Puy parece haber sido uno de esos lugares privilegiados, no solo de encuentro, sino de fusión sutil de esas dos civilizaciones.
Sabemos que el santuario del Velay fue milagrosamente preservado por los sarracenos, pero, además, ciertos documentos parecen indicar que estos tenían por la montaña, y particularmente por la estatua de Nuestra Señora, una cierta veneración. En resumen, desde el comienzo parece haberse establecido una misteriosa connivencia entre este santuario cristiano y céltico a la vez y las primeras oleadas de Oriente que penetraron en Europa.
Así, por ejemplo, un manuscrito apócrifo, una carta sobre el castillo de Lourdes, cuenta un hecho asombroso (6). Hacia el año 778, Carlomagno asediaba a los sarracenos que resistían en los Pirineos y en España. Mirat, su jefe, se había refugiado en la fortaleza de Miranbelle (actual castillo de Lourdes) y se negaba a rendirse. Se decidió entonces recurrir a los buenos oficios del obispo del Puy, Ronce II, el cual fue designado para ir; Mirat recibió a Rorice y, tras algunas negociaciones, acepto rendirse, Marcho entonces en peregrinación al Puy junto con el obispo, residió allí algún tiempo y, se añade, se convirtió, cambiando su nombre por el de Lorus al ser bautizado, origen etimológico del nombre de Lourdes. ¡Singular peregrinación!
Tan singular como la extraña catedral que será edificada en el Puy y que, como los monasterios mozárabes, esta impregnada de Oriente. En los confines de la Auvernia volcánica, el viajero queda sorprendido por esta especie de gran mezquita cristiana encaramada en las alturas. Una antigua tradición pretende que el edificio fue construido por maestros de obras árabes en colaboración con otros maestros cristianos. En verdad que esta tradición no debe ser tampoco tomada al pie de la letra, pero el hecho de que se perpetúe desde hace tanto tiempo con todo su simbolismo, demuestra nuevamente que, en plena guerra santa, bien en España o durante las Cruzadas, debieron existir contactos privilegiados entre el Puy y Oriente.
Sobre la interpretación de estos hechos, no podemos, evidentemente, emitir más que hipótesis. Es imposible aportar pruebas formales. Así es la Edad Medía. La verdadera documentación que nos ha dejado esta constituida por galimatías alquímicos, extraños mensajes en piedra, cuentos con doble sentido, relatos apócrifos que son falsos en el terreno de la verdad histórica, pero que transmiten realidades ocultas.
Sin embargo, a veces, tantas hipótesis deducidas a partir de documentos y lugares diferentes se juntan, se confirman y se completan de tal manera que se puede llegar a una cierta seguridad, o cuando menos a una convicción.
Todo ese movimiento que acabamos de presentir a partir de los benedictinos, de Compostela, de Godescalc y del Puy, se confirma también por los hechos asombrosos de la vida y la obra de Gerberto, ese otro producto benedictino que llegara a Papa con el nombre de Silvestre II.
Sobre Gerberto, disponemos de muchos más documentos para obtener información. La historia de su vida, aun descontando lo que haya de leyenda, supera la imaginación. Personaje pintoresco y de subido color, Gerberto es uno de los genios mas extraordinarios que la Humanidad- haya producido.
Según unos, pastorcillo de los alrededores de Aunllac, en la alta Auvernia salvaje, y según otros, descendiente de los duques de Aquitania, lo cierto es que Gerberto fue acogido por los monjes benedictinos de la abadía de SaintGeraud dAurillac, los cuales, maravillados por tanta inteligencia, decidieron educarlo y convertirlo en uno de los suyos. La penetración de su mente causo la admiración de sus monjes profesores.
Los benedictinos lo enviaron a España, y es en las grandes universidades árabes de Toledo y de Córdoba donde el joven estudió. Esto demuestra que las relaciones entre los benedictinos y los intelectuales árabes eran excelentes, puesto que nadie hallaba asombroso que un monje benedictino fuera a estudiar a las universidades árabes, en tanto que, al mismo tiempo había una guerra, la de Reconquista, predicada particularmente por los mismos benedictinos en sus sermones oficiales.
Las aventuras árabes de Gerberto son sabrosas. Sobrepaso rápidamente en saber a todos los profesores, salvo uno que poseía unos secretos que el trato de conocer y utilizar por todos los medios, seduciendo incluso a la hija de su venerado maestro.
Aunque esta historia parece mucho mas una alusión a la conquista esotérica por parte del estudiante de los secretos de los secretos, Gerberto parece haber sido expulsado de España en circunstancias rocambolescas. Otra vez en Francia, se hace nombrar obispo de Reims gracias a intrigas, y es destituido en seguida a consecuencia de otras intrigas. Ello no le impedirá convertirse en Papa del año mil, pues reinara durante cuatro años, del 999 al 1003.
Silvestre II fue sin duda el menos ortodoxo y el más anticonformista soberano pontífice que la Iglesia haya conocido. Ahora bien, es elegido por una asamblea de la que los benedictinos son dueños, en una época en que Cluny hace y deshace en la cristiandad El, a quien el pueblo acusaba de algún pacto misterioso con el Maligno, no es elegido ciertamente por su santidad o su vida ejemplar. Si sube al trono de Pedro es porque, precisamente, representaba muy bien las preocupaciones y las búsquedas intelectuales de los iniciados de su tiempo.
En efecto, a partir de su vuelta del mundo árabe, Gerberto despliega una actividad científica revolucionaria sin tasa ni medida. ¡Veámoslo si no! Nos ha dejado, y sus libros pueden ser consultados en nuestras bibliotecas, veinticuatro obras matemáticas atiborradas de descubrimientos importantes, un tratado de geometría, un tratado de pesas y medidas, e incluso un tratado del juego del ajedrez, lo cual no es una casualidad si tenemos en cuenta que ese juego posee una significación esotérica particularmente rica.
Gerberto, esto parece seguro, fue un alquimista, quizás el primer alquimista cristiano. Cuenta una vieja leyenda de Aurillac que, joven aun, había recogido oro en el Jordan colocando en el agua un vellon de oveja al cual se adhirieron unas pepitas...
No se si verdaderamente hubo "buscadores de pepitas de oro" y lo que cabe pensar de semejante procedimiento y de su eficacia. Sin embargo, tomada en su sentido hermético, esta leyenda no podría expresar con más claridad que Gerberto practicaba la alquimia y estaba incluso lo bastante avanzado en el Arte Magna como para obtener el metal precioso.

También enseño astronomía y astrología. Fabricó el primer astrolabio de gran precisión, Así como el primer reloj de pesas y péndulo.
Construyo un curioso órgano hidráulico en el que las diferencias de presión del vapor producían toda la gama posible de sonidos musicales, maquina que probablemente interesaría a nuestros modernos investigadores de música cibernética y electrónica. Fue Gerberto quien introdujo en la Europa Occidental, trayéndolas de las universidades árabes, el algebra y la utilización de las cifras llamadas arábigas, que sustituyeron al sistema de cifras romanas, lo cual tuvo como consecuencia principal, además de una mayor facilidad de cálculo, la posibilidad de utilizar el cero, con todas las Revolucionarias aplicaciones matemáticas ulteriores que de ello se siguió.
Finalmente, en pleno siglo x, fabrico una curiosa maquina que plantea la cuestión de si se trataba ya de un antepasado de nuestros ordenadores. En efecto como señalo Gerard de Sede, el cual se intereso el Papa Silvestre II en su libro sobre los templarios (7), merced a un dispositivo ignorado, dicha maquina respondía con un si o un no a todas las preguntas que se le planteaban, e incluso predecía el futuro. Gerberto no quiso revelar jamás el secreto de su empleo, pero a las preguntas que se le formularon respondía siempre que el funcionamiento del artefacto era muy simple y se basaba enteramente en el cálculo con dos cifras. Ahora bien, esta descripción corresponde en definitiva a la de un ordenador.
A su muerte, Silvestre II, a causa de sus investigaciones y sobre todo de aquellas maquinas consideradas por la mayor parte de las gentes como "brujería", fue maldecido por la población y, durante siglos, tachado de la lista de los Papas que habían reinado. De todo esto, nosotros recordaremos que un iniciado alquimista benedictino francés había asimilado, ya en el siglo x, todos los secretos de la civilización y de la ciencia oriental, y que fue incomprendido por el pueblo de su época, pero apoyado ya por la mayoría de las gentes de la iglesia que entonces contaba en Occidente.
Así se aclaran los caminos seguidos por el pensamiento y las verdaderas investigaciones de los intelectuales de aquella época, detrás de las formulas publicitarias oficiales, de las peregrinaciones y de las guerras santas. En España se produce por primera vez el encuentro entre el mundo séptico y el oriental. Allí es donde los benedictinos y algunos otros logran la síntesis entre esas dos iniciaciones, y es de esa nueva síntesis como nacerá en nosotros, muy rápidamente, e incluso bruscamente, la primera civilización desde la caída del mundo romano.
Será una civilización iniciática muy particular, que transcenderá sus dos fuentes en un modelo original y que conocerá su apogeo en los siglos XII y XIII, en la época en que aparecerán por todas partes nuestras pequeñas Vírgenes Negras.
Pero ya en los siglos x y XI esta civilización se afirma y trastorna a Europa. De España, aquellos hombres han traído una ciencia autentica, los comienzos de la literatura de ficción y de la poesía, el arte del grabado y unos preceptos educativos que lentamente formaran, a la sombra de las abadías, a los jóvenes señores en el ideal caballeresco. También traen principios nuevos de construcción que permitirán la eclosión del arte románico.
Antes del año mil no se produce ningún momento importante. A partir de finales del siglo x, centenares de grandes edificios románicos son construidos en pocos años por los benedictinos en toda Francia y en Europa. Todos los historiadores lo han señalado. Se destruyen sistemáticamente iglesias para construir otras nuevas en su lugar. De Oriente es de donde aprenden el arte de la construcción monumental, las técnicas que han permitido reemplazar las pequeñas capillas de antaño por grandes iglesias altas, amplias, sublimes por la perfecta armonía de sus proporciones, adornadas con motivos escultóricos que rápidamente llegan a la maestría. Ciertamente, los edificios románicos se revelan, por su amplitud, como superiores a los monumentos que nos dejaron los árabes de la misma época. Los benedictinos, nos consta, habían descubierto y conservado algunos secretos de aquellos magos de la piedra que fueron los druidas.

Desde ese punto de vista al menos, tenían una ventaja sobre los árabes. Pero, sin los recursos de estos últimos, sin la prodigiosa ciencia matemática de las proporciones, de las relaciones entre fuerzas y volúmenes, que ellos descubrieron súbitamente en Oriente, toda aquella magia de la piedra céltica no habría podido ser aplicada. El edificio románico como, todavía posteriormente, el gótico, ilustra mejor que cualquier otra cosa el encuentro y la fusión de esas dos iniciaciones, tan alejadas en el tiempo y el espacio, y, sin embargo, tan parecidas.
Es verdaderamente en este momento cuando el mundo cristiano sale de la barbarie, y un hombre nuevo, joven, dinámico y resplandeciente comienza a aparecer. En todas partes, se crean incesantemente nuevos poblados y se roturan más y mas tierras. El historiador Marc Bloch ha demostrado claramente que, hacia mediados del siglo xi, Francia conoció el mayor incremento de superficie cultivable que su suelo había experimentado desde los tiempos prehistóricos; las ciudades se emancipan y expansionan; el comercio se desarrolla y se crean los grandes merca- dos; reina la paz; una sabia dirección económica evita las hambres; la expansión social es continuada y los campesinos no se ven recluidos ya en sus tierras, puesto que ahora pueden viajar y conocer otros países y a otros hombres.

Todo este renacimiento se lo debemos al paciente trabajo curioso, imaginativo y de una rara apertura de la mente de las abadías benedictinas. Los grandes secretos que los benedictinos fueron a arrancar a las viejas religiones célticas y a los sabios y filósofos hermetistas en Oriente no constituyen para ellos un simple placer de la mente, una simple curiosidad intelectual, un simple juego erudito refinado y egocéntrico. En realidad, como cristianos que predican y practican el amor de sus semejantes, se esforzaron siempre, sin revelar a pesar de todo aquellos secretos, en multiplicar sus aplicaciones practicas para proporcionar beneficio a todos los hombres, en una obra constante y permanentemente acrecentada de emancipación y de civilización. Jamás se rendirá suficiente homenaje a la obra de los benedictinos de los primeros siglos. Con una continuidad y una aplicación notables, en la noche mas completa, transmitieron de generación en generación una pequeñísima llama que se convirtió, a finales del primer milenio de nuestra Era, en un formidable resplandor. Durante todos aquellos siglos, ellos fueron, en el sentido mas definitivo de la palabra, la única conciencia del Occidente cristiano.
Sin embargo, no se detuvieron ahí. El mundo hispano-árabe esta muy bien, pero no es bastante. España no es más que una manera de Oriente; en el fondo, es una simple colonia. ¿Que son Toledo y Córdoba comparadas con Damasco, con Alejandría, con Jerusalén sobre todo, la ciudad donde se hallan todos los lugares santos? Allí es a donde hay que llegar, al corazón mismo de aquellos países donde están las grandes bibliotecas, los sabios más ilustres, los secretos de los secretos...
En el año 1078, Hugo de Semur, abad de Cluny, coloca la primera piedra de la catedral de Compostela. En 1905, Odon de Lagerie, prior de Cluny, se convierte en el Papa Urbano II. En el mismo año, predica la primera Cruzada.
Y es entonces en el Puy-en-Velay, al pie de la Virgen Negra, o de la estatua que la precedió inmediatamente, donde Urbano II decide, en principio, lanzar su histórico llamamiento. No obstante, sobre el terreno cambia de opinión. En efecto, la configuración de esos lugares se presta bastante mal a un gran despliegue de multitudes. Por ultimo, se decide por Clermont-Ferrand para efectuar aquella famosa predicción. Clermont, sede de una igualmente celebre Virgen Negra...

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martes, 14 de mayo de 2013

Vírgenes Negras -III-

INICIACION, ESOTERISMO Y OCULTISMO

La civilización de la Edad Medía era iniciadora. Las Vírgenes Negras poseen una significación esotérica. Sus milagros no eran "verdaderos" milagros, sino los vehículos de un mensaje oculto...
Estas palabras dan miedo.
No son admitidas más que por un pequeño numero de historiadores "oficiales". Para el público, conservan un olor de azufre y un sabor de -cenizas...
Y sin embargo...
¿Como negar las evidencias?
Y pensándolo bien, ¿no son también estas palabras, como tantas otras, las victimas de una especie de racismo, puesto que se refieren a gentes "diferentes", a hombres que no vivían como todo el mundo, que no pensaban como el hombre de la calle, y que fueron perseguidos cuando perdieron el poder y ya no se comprendió lo que ocultaba su manera de actuar y de pensar?
Es verdad que resulta difícil descubrir la frontera entre los verdaderos investigadores, los auténticos iniciados, y la multitud de iluminados, cuentistas, estafadores o desequilibrados que se han atribuido o se atribuyen aun la cualidad de adeptos de las ciencias ocultas.
Sin embargo, es a partir de la intolerancia eclesiástica del siglo XIV, apasionada por "tormentos" (*) y hogueras, que se lanzo, por primera Vez, contra los iniciados la acusación de brujería. Los Templarios fueron las victimas escogidas por los fanáticos de la [El autor juega con el doble significado de la palabra francesa question, que, además de pregunta, en trances anticuado significaba tormento. (N. del T.)] Inquisición, a cuyos ojos aquellos que aparecía como sospechoso de apartarse siquiera un poco de la línea rígida fijada por los Papas era automáticamente considerado como un abominable satélite del demonio.
El "racismo" había nacido, fabricado por aquellos que tenían interés en el, instalándose en la opinión publica bajo la forma sólida y tenaz de los prejuicios.
Antes, ningún problema, ninguna acusación, ninguna desconfianza, sino, al contrario, el respeto mas total y, en la mayoría de las civilizaciones, el poder científico, la enseñanza, la construcción de los monumentos, la medicina, la cultura en general,- cuando no el poder político, eran confiados a los iniciados o a aquellos que se presentaban como tales, considerados "mejores" y "superiores".
La Historia nos enseña que en todas las épocas el carácter misterioso e inquietante de ciertos símbolos no ha dejado de fascinar a toda suerte de desequilibrados, histéricos y libertinos que, no habiendo comprendido nada, bajo el pretexto de sabbats o de misas negras, se entregaron a las peores orgías y a los excesos más sanguinarios. Tales gentes, por la justa repulsa que provocaron, lanzaron el mayor descrédito sobre la vida y la obra de los verdaderos iniciados.
A partir de ellos, los hombres después del Renacimiento exageraron, generalizaron y deformaron las cosas, como siempre ocurre en todos los racismos, como los alemanes del III Reich enseñaban a creer que los judíos eran " traficantes", y tantos americanos que los negros eran "sucios" y "perezosos"...
No obstante, cuando leemos los escritos de los verdaderos iniciados, muchos de los cuales son reeditados hoy, nos damos cuenta de que, lejos de ser adeptos del Maligno, aparecen por el contrario como hombres honestos y virtuosos que consagraron su vida con firmeza y pasión a la búsqueda de Dios, al precio de una ascesis física, espiritual y moral tales que, en la Era cristiana, los mas grandes de entre ellos consiguieron alcanzar la mas autentica y pura santidad,
atestiguada no solo por el fervor popular, sino también por los tribunales oficiales romanos...

Tampoco hay brujería en el ocultista digno de ese nombre, del mismo modo que la explotación de la credulidad popular con fines mercantiles por diferentes técnicas pretendidamente milagrosas o adivinatorias va igualmente en contra de sus verdaderas preocupaciones. Naturalmente discreto por esencia, y particularmente poco deseoso de una publicidad escandalosa, tratara de hacer el bien a su alrededor y su acción social apuntara en todos los niveles a la- promoción y al desarrollo de sus semejantes.
El hecho de que, según los especialistas dignos de crédito, personajes de la envergadura de un Pitágoras, un Aristóteles, un san Bernardo, un san Vicente de Paul, un Pascal o un Newton, entre otros muchos grandes dirigentes y sabios de la Historia del mundo occidental, hayan sido unos auténticos iniciados, debe inducirnos sin el menor genero de dudas a considerar el problema de una manera mas atenta. Estos hombres, que en modo alguno pueden ser sospechosos de brujería, charlatanismo o necedad, nos incitan a tratar de descifrar aunque no fuera mas que una pequeña parte de lo que contiene ese universo de conocimientos que se dice paralelo al nuestro.
Evidentemente, la tarea no es demasiado fácil, por cuanto el ocultismo con que se rodearon desafía desde hace siglos los esfuerzos de comprensión más denodados.
Yo no soy un especialista del hermetismo. Remito al lector a las obras especializadas en las que, junto al fárrago de estudios poco realistas publicados sobre estas cuestiones, encontrara, sobre todo entre los trabajos recientes, estudios claros y de una gran seriedad. Hay varios de ellos en esta colección.
Pero, enfrentado con el problema de las Vírgenes Negras, me di cuenta de que seria imposible llegar a una conclusión correcta, a un enfoque un tanto serio de la verdad, sin recurrir a esta dimensión, e incluso que, sin ella, nada importante podría ser comprendido.
Y mas allá, a través de esas estatuillas, he visto que lo mismo ocurría con respecto a la comprensión de la Edad Medía en general y que negar esa dimensión, como lo ha hecho la historia escolar, conducía a la mayoría de nuestros historiadores y arqueólogos a enseñar a generaciones de escolares lo que, pensándolo bien, hay que calificar en verdad de burradas sabias. Tomada al pie de la letra, la poesía de los trovadores y la del dolce stil nuovo, ¿no es acaso una serie de sandeces recitadas por poetas "monines" e impotentes a una Dama por lo menos reticente y pretenciosa? Los hombres del Mediodía no carecen de galantería ni de elegancia, pero su temperamento se adaptaría mal a esta especie de castidad obligatoria que ha sido calificada de " amor cortes". En cuanto a las catedrales, explicadas como un impulso de fe popular de las gentes humildes, seria una aberración económica realizada por unos hombres al borde de la miseria que mejor habrían hecho en conservar esas 3/4 fortunas así gastadas en acumular algunas reservas en previsión de hambres futuras.
Así se hace patente que toda explicación deliberada y exclusivamente esotérica de los principales fenómenos culturales o religiosos de la Edad Medía no puede hacer otra cosa que presentar esa época como desprovista de toda lógica, conducida ora por locos soñadores, ora por imbécil es que se debatían en la mas completa incoherencia...
Ahora bien, las civilizaciones que la Humanidad ha conocido han sido muy diferentes, pero, no obstante, jamás han sido absurdas en su desarrollo. Es preciso descubrir las claves e cada una, pero una vez conocidas, resulta evidente que su historia no se construye en función del puro azar sino realmente según las reglas siempre lógicas de un contexto sociológico e ideológico dado.

He intentado también la aproximación de estas cuestiones, y someto al lector algunas observaciones, Así como una modesta síntesis, en el bien entendido de que la visión religiosa, científica y moral que aquí se vislumbra condiciona hasta la existencia de nuestras Vírgenes Negras.
El ocultismo es una actitud; el esoterismo, un lenguaje, y la iniciación, un método de conocimiento.
El ocultismo es expresamente deseado y cuidadosamente mantenido por todos los iniciados en cualquier lugar en que se hallen y en cualquier época a la que pertenezcan, Sin embargo, no nos equivoquemos al respecto y no confundamos voluntad de ocultismo y voluntad de secreto. Con ocasión de los grandes bombardeos de la última guerra, las ventanas de las casas eran ocultadas por sus ocupantes. De este modo el enemigo sobrevolaba ciudades enteras, sin enterarse siquiera.
Por el contrario, el conciudadano, el vecino, el amigo sabía que, detrás de la tela ondulada o el cartón, la luz no se había debilitado en la casa y que allí encontraría a los suyos. El que se rodea del secreto no deja huella ni señal; el que se oculta, por contra, multiplica mensajes y puntos de referencia de modo que ciertas personas, con exclusión de toda otra, puedan encontrarle fácilmente. Por tanto, hay huellas, y son visibles.
Estas huellas misteriosas dejadas por el ocultismo constituyen lo que se ha convenido en llamar el lenguaje esotérico o hermético; fácil de comprender para quien posee el código, inextricable batiburrillo para el investigador no enterado que no tarda en perderse en ese dédalo enloquecedor de figuras simbólicas, de geometrías curiosas, de anagramas y criptogramas, de faltas hechas expresamente en esos textos, de latín que debe ser leído en francés, o viceversa...
La primera tentación de muchos es, descorazonados, no continuar. Semejante abandono no es muy grave cuando, como sin duda ocurre en nuestra época, los iniciados constituyen un mundo muy marginal, que practica una ciencia paralela y tiene aparentemente (aunque de ello nada se sabe) muy poco peso en el desarrollo de la historia y la civilización. Sin embargo, esta actitud es nefasta para el historiador que se halla en presencia de una época antigua en la que, como en la Edad Medía, la Iniciación era el fundamento de todos los fenómenos importantes, donde el lenguaje esotérico ocultaba en realidad la ciencia, la literatura, la cultura, la civilización...
Es preciso, pues, proseguir y lograr pacientemente pequeñas y modestas victorias en el desciframiento. Autores cada vez mas numerosos se aplican a ello en estos últimos años, y las puertas que Así se abren permiten, ya que no ver claramente, al menos sospechar extrañas y maravillosas revelaciones. La catedral de Chartres, como sin duda los demás monumentos góticos, guardaba cierta relación con las grandes pirámides y el templo de Salomón, Así como con las notaciones de la música gregoriana... La chanson de Roland, Les recits de la table Ronde o Le Roman de la Rose son textos en clave, del mismo modo que el gigante rabelaisiano Gargantúa, bajo la capa de borrachera, es un personaje fundamental...
Lo importante, a mi juicio, no es tanto traducir a la perfección todos los signos y los símbolos del lenguaje esotérico, sino saber que existen y descubrirlos allí donde se encuentran. Ahora bien, lo que facilita la tarea es que, en cualquier civilización o en cualquier siglo de que se trate, los iniciados o quienes deseaban llegar a serlo emplearon siempre exceptuando algunos matices, las mismas representaciones.
Siendo conocidas algunas de estas, conviene que, cada vez que uno las encuentre, este muy atento, pues podría hacer un descubrimiento. No se debe a la casualidad que las esculturas de las fuentes bautismales de la iglesia de Mauriac en el Cantal se encuentren al lado de una Virgen Negra, ni que cerca del santuario del Puy Velay se levante una torre octogonal de los Templarios... Tampoco es por casualidad que unos ancianos del Apocalipsis sean portadores del matraz alquímico en el gran portal de la Gloria de Compostela, mientras que las leyendas de la villa de Aurillac, patria del extraordinario Gerbert, el futuro Papa Silvestre II, cuentan que este último recogía oro en el río con ayuda de pieles de carneros...
Par darse cuenta de todo esto, no es preciso en absoluto ser un ilustre experto en descifrar escrituras cabalísticas. Basta con mantener los ojos bien abiertos.
Pero, en definitiva, ¿que es lo que ese ocultismo y ese lenguaje hermético podían, pues, ocultar que fuera tan importante? ¿Quienes eran esos iniciados? ¿Que obra perseguían y por que? En esto nos vemos reducidos a conjeturas, pero hay dos cosas que desde el principio sorprenden.

Ha habido un gran numero de iniciados, a veces muy poderosos, desde la mas remota antigüedad y en los lugares mas alejados la civilización caldea, el Egipto faraónico, toda una tradición helenística, los rabinos judíos, los monjes budistas, nuestros druidas galos, sectas musulmanas como los Asesinos, las minorías religiosas de la Edad Medía clásica... Ahora bien, a pesar de las enormes diferencias en cuanto a civilización y medio cultural que surgen a primera vista, a pesar de las diferencias educativas y religiosas, en la misma época en que conflictos a veces sangrientos enfrentaban a esas civilizaciones o a esas religiones, todo parece suceder como si, detrás de los mismos símbolos herméticos, se prosiguiera la misma búsqueda con los mismos fines, las mismas victorias, los mismos hallazgos, las mismas preocupaciones frente al exterior...
Además, parecen abrirse distintas vías para desembocar en el anhelado resultado la vía filosófica y moral, la vía mística la vía científica como la de los alquimistas. Una vez mas, a pesar de las grandes diferencias aparentes entre un gran santo místico en éxtasis y un alquimista en su laboratorio estudiando la reflexión de la luz con vistas a la realización de un vitral catedralicio, hallamos de nuevo el mismo objeto, la misma connivencia, el mismo lenguaje, la misma fraternidad oculta, como si entre todos hubiera en el tiempo y el espacio un hilo de Ariadna, una especie de transmisión milenaria de los mismos secretos, que el hundimiento de los mundos, las guerras o las catástrofes naturales no pueden destruir.
La segunda comprobación inicial es que, para todos, cualesquiera que sean los medios y las técnicas, el único objetivo valido, el fin ultimo, parece ser realmente el acceso y el conocimiento mas perfecto posible de Dios mismo, de un Dios que estaría por encima de los matices existentes entre las religiones, sin que por ello estas religiones sean rechazadas como tales, ni mucho menos.
El pitagórico que hace malabarismos con los números según los acordes y las armonías misteriosas y "mágicos" solamente encuentra accesorios los descubrimientos matemáticos Revolucionarios que pueda hacer. Para el, los números que maneja son sagrados, pues Dios hizo el Universo "en peso, numero y medida", y es, por tanto, a Dios a quien el busca, operando a través de los números su propia mutación de El. El asceta, místico cristiano o monje tibetano, no busca la proeza física como tal, aunque esta en ciertos casos puede permitirle curar enfermos u obtener efectos de levitación. Halla despreciables tanto la fuerza que semejante disciplina le permite adquirir sobre si mismo, como la proyección sobre el mundo que de ella obtiene. Gracias a la depuración de su cuerpo, es su alma lo que libera, y así es Dios lo que el intenta encontrar. En cuanto al alquimista, leyendo sus escritos, uno se convence de que desprecia el oro o el elixir que pretende fabricar en sus misteriosos crisoles. Más que transmutación de los metales, de lo que se trata es de su propia transmutación. Al término de esta, hallara a Dios.
Semejantes comprobaciones no se hacen, evidentemente, a nivel de los mercaderes de horóscopos, de los exorcistas de bazar o de seudo magos incultos y extraviados.
En nuestra época, el santo puede ser totalmente ignorante de los rudimentos de la ciencia, mientras que, a la inversa, muchos sabios no tienen el menor sentido moral. Con frecuencia el progreso científico y las ideas religiosas se contradicen y se enfrentan. Las ciencias, desconectadas de su tronco común, ya no tienen entre ellas mas que vagas conexiones, y el astrónomo podrá vivir en su mundo compartimentado sin preocuparse del biólogo y del físico. Dentro de cada ciencia incluso, se multiplican las barreras cada vez más infranqueables entre las diversas especialidades y subespecialidades.

Nuestra civilización, nacida directamente del Renacimiento por vía de la Revolución industrial del siglo XIX, ha perdido completamente, en su manera de aprehender los problemas, toda visión sintética y global del universo de los hombres y de las cosas. Nadie consigue ya, siquiera en el simple plano de la claridad del espíritu, realizar la unidad entre todos los esfuerzos dispersados y divergentes, y nadie sabe a donde se dirige nuestra civilización. Por el contrario, prodigiosos descubrimientos científicos y la puesta en práctica revolucionaria de sus aplicaciones técnicas se codean con mundos, filosofías y culturas que se han vuelto incapaces de asegurar la promoción humana. El hombre medio se siente superado, dividido, perdido por esos fenómenos centrífugos y, esforzándose en pensar lo menos posible, se refugia y encierra en el confort aséptico de la "sociedad de consumo".
¿Inevitable tributo de la carrera hacia delante del progreso, o bien idea falsa del progreso en donde el hombre ya no manda sobre la técnica?
En todo caso, al menos en el plano de las ideas, es lo contrario mismo de las aspiraciones del iniciado y lo contrario de las civilizaciones que antaño fueron dirigidas y organizadas por grupos o colegas de iniciados.
La Tabla de Esmeralda, misterioso texto esotérico atribuido al dios Hermes Trimegisto, enseña que todo lo que esta arriba esta abajo, como todo lo que esta abajo esta arriba, y que, en definitiva, todo esta en todas partes. Algunas reglas simples gobernarían el Universo en todas sus manifestaciones: tales reglas serian las reglas de Dios; tales reglas serian Dios mismo. Ciencia, moral, religión, vida de sociedad, astronomía o arquitectura, todo estaría gobernado por los mismos principios en la unidad benéfica de esta fuerza de síntesis que ellos llaman Dios.
La Iniciación consistiría, pues, en lograr, en la medida de lo posible, un conocimiento global, universal y sintético de algunos grandes principios de todas las cosas, que permitiría a la vez el descubrimiento de uno mismo, el dominio, la plena posesión de las claves de todas las ciencias y, en definitiva, la comprensión real, la "visión" de Dios. A nuestra diversidad y nuestras dudas, el iniciado opone la certidumbre de la unidad. Para adquirir semejante conocimiento, no basta la inteligencia sola. Es un esfuerzo así mismo unitario del ser entero lo que habrá que desplegar pacientemente, espíritu, corazón y ascesis del cuerpo, tal como aparece expresado en las reglas de vida de las grandes ordenes monásticas que mezclan equilibradamente oraciones, reflexiones intelectuales, trabajos manuales y rigurosa disciplina física.
Así se explica el simbolismo fundamental existente en el lenguaje hermético de la dualidad y de la alteración de representaciones del blanco y el negro, de la luz y la noche.
Emergiendo, gracias a toda clase de operaciones apropiadas, del caos inicial, de su propia noche, el iniciado llega a lo que el describe como la luz resplandeciente y absoluta, el conocimiento perfecto y en profundidad de todas las cosas.
El iniciado cabal, caso de existir, seria al mismo místico admirable, asceta consumado y resplandeciente sabio universal, que domina a sus semejantes y lo que existe, no para dominarlos, sino para revelarlos poco a poco a si mismos.

La perfección total así buscada es representada simbólicamente por el oro, el más puro de los metales. Esto es lo que expresan los viejos mitos y las leyendas alegóricas que evocan la Edad de Oro, el Número de Oro, la Conquista de las Manzanas de Oro o del Vellocino de Oro, la dura búsqueda de tesoros fabulosos (1)... Para el alquimista, Así mismo, el oro filosofal obtenido tras años de esfuerzos representa, no la posesión de riquezas, sino solamente la señal de que su transmutación personal ha terminado y va finalmente a tener acceso al conocimiento.
¿Acaso el oro, la perfección iniciadora, es la representación de la idea de Dios a cuya imagen ha sido creado el hombre y del cual un esfuerzo enteramente particular de su parte permitiría hallar en cierto modo la clave de su misterio?
¿Hay otra explicación que, por lo demás, no se contradiga necesariamente con la primera? Quizá vivió antaño sobre la Tierra una civilización sobrehumana dotada de una ciencia y unos poderes extraordinarios: edad del oro perdida, paraíso terrestre, civilización de gigantes, enigma de la Atlántida... Todo esto habría sido enterrado por razones desconocidas. La representación bíblica del diluvio que volvemos a encontrar bajo otras formas en muy diversos textos religiosos antiguos expresaría este hundimiento de un antiguo mundo superior.
Misteriosamente, se habrían conservado algunas reglas, algunos fragmentos de conocimiento. Ciertos privilegiados podrían, a través de los esfuerzos apropiados, volver a encontrar esos secretos con la misión de transmitirlos a aquellos que fueran dignos.
¿Mito? ¿Leyenda? Sin duda. Creo, sin embargo, que detrás de todo mito, leyenda o cuento popular, se esconden seres o hechos muy reales. Me sorprende comprobar que, en nuestros días, haya aun tantos cortejos folklóricos en nuestras regiones que exhiben gigantes... Los viejos relatos que cuenta historias de gigantes o seres fabulosos de apariencia humana no se encuentran en nuestro patrimonio cultural popular. Además, los descubrimientos de ciertos megalitos, de murallas ciclópeas en la cordillera de los Andes, o de las estatuas de la isla de Pascua, confieren a esta hipótesis un carácter cuando menos inquietante.
Si todo esto llegara a ser verdad, aunque no fuera mas que en parte, se objetara, ¿por que ese deseo de ocultismo aparentemente absurdo?
¿Por que disimular un ideal de semejante nobleza y privar a la Humanidad de revelaciones tan benéficas y enriquecedoras?
Este es el gran reproche, el más extendido y el que vuelve escépticos a tantos observadores. Aquel que hace el bien no se oculta; las doctrinas y las religiones que creen detentar una parte de verdad son proselitistas y misioneras.
Sin embargo, la regla del silencio, salvo en lo que atañe a la transmisión a los demás adeptos a través del lenguaje esotérico, ha sido siempre unánimemente respetada. Ramón Llull escribe:
Todo viene de Dios y a Dios debe regresar. Conservaras entonces para el solo un secreto que no pertenece mas que a El. Si dieras a conocer a través de alguna palabra ligera aquello que ha exigido tantos años de cuidados, serias condenado sin remisión en el Juicio Final por esta ofensa a Su Majestad Divina.

Basilio Valentín, Arnaldo de Vilanova, y mas próximo a nosotros Fulcanelli, todos aquellos que han escrito emplean el mismo lenguaje...
Se comprende claramente este deseo de black out en la época de las hogueras, mucho menos ya en los siglos de tolerancia filosófica y religiosa, y menos aun en esos numerosos momentos de la Historia en que los iniciados controlaban el poder y organizaban por si mismos la sociedad.
¿Detentaban secretos tan pavorosos? ¿Habían adquirido especialmente sobre la materia unos poderes tan terribles? Jacques Bergier lo cree cuando, basándose en las más recientes investigaciones de los laboratorios rusos y americanos, considera posible que los alquimistas, con medios muy simples y poco onerosos, hayan dominado perfectamente y utilizado la energía nuclear... Se trataba entonces de evitar que cualquiera fabricase en una habitación su pequeña bomba atómica.
Examinemos con más detención las recomendaciones de los antiguos alquimistas.
La obra apócrifa atribuida a san Alberto Magno insiste con la máxima energía en la prohibición hecha al alquimista y al iniciado en general de tener relación alguna con "los príncipes y los señores", es decir, con los políticos. El hombre que detenta el poder tratara, casi con toda seguridad, de acaparar el descubrimiento científico, de desviarlo de su objetivo y -utilizarlo con fines de dominación...
- ¿Acaso esta amenaza no es mas que teórica? -
Adolfo Hitler se intereso vivamente, a todo lo largo de su carrera, en las principales doctrinas esotéricas. Obras recientes han puesto de manifiesto, lo cual había escapado hasta hoy a los observadores, que envío misiones científicas dotadas con grandes medios económicos a las lamaserías del Tíbet con el único objetivo, al parecer, de descubrir y descifrar los prodigiosos documentos que se ocultaban en las bibliotecas sagradas y prohibidas... Si lo que sospechamos cerca de los descubrimientos científicos realizados antaño por los iniciados fuera exacto, se comprenderá mejor el miedo profundo de los escritores esotéricos a haber dicho demasiado...
Por otra parte, hoy que la ciencia de vanguardia esta a la merced del poder y que los grandes descubrimientos y realizaciones científicos se efectúan a menudo bajo la egida de los Ministerios de la Guerra o de los mandos supremos militares de los supergrandes, cuantos sabios, descorazonados por la utilización que se ha hecho de sus descubrimientos, sienten la nostalgia de una época en que la ciencia no era comprendida por los reyes y señores, en que los sabios iniciados no revelaban de su saber mas que aquello que juzgaban necesario y suficiente para el provecho de sus contemporáneos.
¿No estarían satisfechos, si pudieran, la mayoría de los sabios rusos, americanos o chinos, de una autentica vuelta al ocultismo? ¿No son significativas la actitud de un Oppenheimer, y aun mas quizá la de un Schapiro? (2).
Por otra parte, ¿acaso no esta naciendo un nuevo ocultismo a nivel de los mas grandes investigadores, dado que su ciencia se halla tan avanzada que el lenguaje que emplean ya no es comprensible mas que para ellos mismos?
Me ha sorprendido grandemente comprobar que en la Edad Medía, sobre todo en los siglos x al xii, los distintos iniciados, o aquellos que parecen haberlo sido, tuvieron la constante preocupación de situar en los tronos laicos o religiosos a hombres que gozaban de su confianza.
Ciertamente, teniendo en cuenta las condiciones políticas y religiosas de la época, esta preocupación es explicable en parte (desde luego solo en parte) por cuestiones de beneficios, de exenciones y de privilegios jurisdiccionales No por ello deja de ser muy significativa para el tema que nos ocupa.

Así ocurre que, en el momento en que benedictinos, cistercienses, templarios y otros comienzan a modelar la civilización medieval, bajo su impulso se crea y se implanta al mismo tiempo la Caballería. Se intenta remplazar al señor feudal inculto y grosero por un hombre instruido, que posee aspiraciones elevadas, el sentido del honor y el del respeto al prójimo.
Toda la literatura caballeresca expresa esa voluntad concertada de inculcar a los jóvenes señores principios aristocráticos nuevos. Esta literatura, no cabe la menor duda, esta escrita en lenguaje esotérico, es obra de iniciados, y son ellos quienes la difunden. Que la realidad hubiera sido muy distinta de los bellos principios, importa poco. Démonos cuenta de esta voluntad deliberada de constituir una minoría moral e intelectual entre los dirigentes políticos en la época que nos ocupa en el presente libro.
Entonces, ¿que habremos de pensar de todo esto? ¿Habrá que dar la razón a los escépticos para quienes ese ocultismo es conservado deliberadamente solo para disimular impotencia y pretensión pedante?
¿Hay, por el contrario, que proclamar la revelación, entusiasmarse y persuadirse de que detrás del velo negro brilla la luz esplendorosa de todos los conocimientos?
Nadie podrá saberlo. Pero es razonable creer que, si bien parece cierto que los iniciados se han transmitido efectivamente desde la mas remota antigüedad ciertos principios, ciertas reglas y ciertas leyes científicas, legitima Perfección, el Conocimiento total, la Iluminación suprema fue, sin duda, un ideal admirable mucho mas soñado y sublimado que efectivamente alcanzado...
Iniciados o no, poseedores de ciertos secretos o no, no debemos olvidar que, después de todo, se trata de seres humanos, de simples hombres, con todo lo que eso representa de grandeza, pero también de debilidad. Del mismo modo que el cristiano de buena voluntad no logra vivir verdaderamente según los principios evangélicos, o el marxista mas puro no edifica jamás enteramente la sociedad socialista, Así muchos de ellos debieron caminar laboriosamente, dados sus humildes medios, superándose a si mismos todo lo que podían para alcanzar su ideal, pero, a fin de cuentas, no avanzando mucho en la ruta...
La Iniciación fue un ideal entre otros ideales, en la historia de los hombres.
Sin duda realmente inaccesible, como todos los ideales, representa una suma conmovedora de fracasos de desalientos, de dificultades, de actos de fe y de esperanza, de gestos humanos, en definitiva, simples y bellos...
Pero también victorias, victorias del espíritu sobre la materia, muchas de las cuales, sea cual sea el punto de vista del observador ante estos problemas, son controlables y verificables. Somos malos jueces para determinar desde el exterior si su concepción del Universo era exacta, o si efectivamente han "conocido" a Dios. Admiraremos la elevación de pensamiento de ciertos monjes budistas o de grandes santos de la Edad Medía y subrayaremos que con frecuencia parecen haber poseído dones y poderes asombrosos, taumaturgia, levitación, insensibilidad al dolor físico, comunicación quizá con el Mas Allá y con otras almas...
No se trata de decir si lo que generalmente se califica de "milagro" es o no una intervención de lo sobrenatural, sino de comprobar objetivamente que existen, y siempre han existido, fenómenos paranormales. La mente escéptica puede no comprenderlos, pero perdería la cualidad de su actitud escéptica si los negara.

Los estudios más recientes sobre la inteligencia humana han establecido que el hombre no utiliza en realidad más que una parte muy pequeña de las células y conexiones entre células que componen su cerebro. ¿Tan absurdo seria imaginar que los resultados de la técnica iniciadora de los ocultistas haya podido ser precisamente la posibilidad de utilizar una parte mayor de su potencial cerebral? ¿Significa esto un comienzo de explicación al misterio de los "milagros"? Los más grandes biólogos, neurólogos y psiquiatras examinan hoy estas cuestiones. Todos presienten que poseemos en nuestro interior unos poderes extraordinarios que dejamos sin cultivar por no conocer su modo de empleo. Considerados Así, los fenómenos llamados paranormales corresponderían simplemente a una utilización más eficaz y completa de nuestras facultades mentales...
Lo que más fácilmente podemos apreciar es la calidad y la seriedad de sus trabajos en el plano científico y, a través del examen de los resultados obtenidos, el valor de los métodos de investigación que han puesto en práctica.
Así, los conocimientos de astronomía de los astrólogos caldeos eran considerables y se acrecentaron sin cesar hasta la Edad Medía. No disponiendo de observatorios comparables a los nuestros y limitadas por tanto sus notaciones a algunos centenares de astros, eran, sin embargo, sumamente precisas y prácticamente son aceptadas todavía como validas. Mejor que nosotros, habían estudiado las interacciones entre planetas y su importante influencia sobre los fenómenos naturales y humanos.
Poco a poco, descubrimos en que medida, y contrariamente a la extendida creencia, los hombres de la Edad Medía eran excelentes cartógrafos y geógrafos. Sabemos también que las Matemáticas, la Geometría y el Algebra son enteramente obras de iniciados griegos, árabes y hebreos. El asombroso Papa Silvestre II, del cual volveremos a hablar, invento, o cuando menos introdujo, en Occidente el astrolabio, el reloj de pesas y una maquina misteriosa en la que todo induce a creer que se trataba de un primer tipo simple de ordenador, y esto en pleno siglo x..
Medicina, química, física, todas esas ciencias eran practicadas exclusivamente por los alquimistas o por gentes que les eran allegadas en todas las civilizaciones orientales y en nuestra sociedad medieval. Conviene recordar que, en la Edad Medía, tales ciencias no tenían ninguna existencia ni ningún desarrollo aparte de las investigaciones alquimias.
Lejos de ser considerados como cuentistas, los alquimistas y quienes gravitaban en torno a ellos eran, en el sentido pleno de la palabra, los sabios, los únicos, los que estaban encargados de enseñar en las universidades
Médicos iniciados, como Paracelso o Van Helmont, hicieron descubrimientos científicos considerables y elaboraron tratamientos aun utilizados en nuestros días.
El hombre de hoy, un poco abrumado de antibióticos, ¿no busca a veces una Medicina que, como en aquella época, supiera utilizar tan bien las virtudes curativas de las plantas, de los cartílagos o de los metales? La cirugía medieval era rudimentaria, la profilaxis no se conocía y la mortalidad infantil era considerable. Al menos en estos planos, la Medicina moderna manifiesta una superioridad aplastante. Pero, demasiado alopática y química, tal vez habría podido aprender de los viejos remedios de aquella época, simples, sin efectos secundarios y a menudo muy eficaces para la curación de muchas enfermedades corrientes.
En Física y en Química, entre muchos otros descubrimientos realizados por alquimistas, citemos el agua regia y el acido nítrico (por el sufi Djabir ibn Hayyan, en el siglo VIII), la potasa cáustica y la descripción del miñio y del albayalde (Alberto Magno, ll9 l28O), el bicarbonato potásico (Ramón Lluli, l23 1315), los ácidos sulfúrico y clorhídrico (Basilio Valentín, en el siglo Xv) el cinc (Paracelso en el siglo Xv también), el fósforo (Brandt, alquimista alemán del siglo
XVI), todo ello surgido de los crisoles y de las cuevas de las que tanto se ha burlado la ciencia moderna en el siglo Xix...
El propio Newton, el gran Newton, dejo tratados esotéricos aun hoy intraducibles, cuyo desciframiento no dejaría de sorprendernos. John Maynard Keynes, por su parte, consideraba a Newton, no tanto como
el primero de los racionalistas como el "ultimo de los magos".

En cuanto a la transmutación de los metales, no solo fue testimoniada en diferentes épocas por testigos dignos de crédito, sino que hoy se lleva a cabo sin problemas en los laboratorios más oficiales. Se revela, sin embargo, como sumamente onerosa. Pero, si la transmutación es científicamente posible al precio de un consumo de energía considerable, bastaría con imaginar que los alquimistas dispusieron de un medio más simple, de un catalizador poco costoso y particularmente eficaz, que ellos denominaban simbólicamente " piedra filosofal"...
Los extraordinarios medios financieros de que dispusieron un Nicolás Flamel, un Jacques Coeur o los propios Templarios no han sido, en cualquier caso, explicados jamás.
Enigma tan grande como el financiamiento de las grandes catedrales románicas y góticas que surgieron a centenares en Francia en tres siglos y que, mejor que nada, permiten juzgar no solo los conocimientos científicos y técnicos, sino también la orientación fundamental de tales conocimientos en los iniciados.
Se ha escrito ya mucho y muy bien acerca de las grandes catedrales, como Así mismo sobre los principales templos griegos y sobre las pirámides egipcias que ofrecen un interés comparable y unas relaciones estrechas entre si.
Estos monumentos no solo han desafiado el paso del tiempo, sino que en muchos casos, han resistido muy bien los mas graves incendios y catástrofes naturales. El misterio de su concepción y las proezas de su construcción revelan conocimientos absolutamente extraordinarios ante los cuales nuestros más grandes arquitectos hacen un pobre papel. No esta solamente el hecho de la belleza estructural de tales edificios y el impresionante gigantismo de sus dimensiones, sino que, por encima de todo, asombra el modo genial de los maestros de obras de utilizar espacios y proporciones para conseguir dar un alma a aquellos monumentos.
Todo hombre un poco sensible, en una catedral no demasiado restaurada, experimenta una extraña impresión de bienestar y comunicación con el Espíritu. Siente la necesidad, si no de rezar, al menos de reflexionar y meditar. Está hechizado por la misteriosa magia de la piedra y por la de los vitrales cuyo procedimiento de captación de la luz, por otra parte, es un secreto definitivamente perdido que los mejores vidrieros no consiguen volver a encontrar a pesar de las técnicas más modernas.
Que lección para nosotros que hemos edificado en este siglo xx tantas ciudades gigantescas de hormigón que han engendrado en sus habitantes verdaderas enfermedades psicológicas nuevas, que han multiplicado las depresiones nerviosas y acrecentado la delincuencia especialmente juvenil! ¿Y cuantos monumentos resistentes, bellos y que proporcionen expansión a los hombres, hemos construido desde finales de la Edad Medía?
Nuestros arquitectos y nuestros urbanistas intentan, a menudo con pasión, lo cual les honra, encontrar los secretos de la ciudad ideal, de la ciudad radiante, del hábitat que trasciende al hombre.
Pero aquellos que realizaron Chartres, Reims o Notre-Dame de Paris eran capaces, no solo de concebir grandiosas construcciones arquitectónicamente perfectas, sino que dominaban la materia hasta el punto de utilizarla de manera que ejerciera sobre el hombre acciones benéficas y purificadoras. Eran los gremios de artesanos, cuyo carácter iniciático y relaciones con los alquimistas nadie discute.

Los benedictinos y los cirtercienses llevaron a cabo en sus tierras, que eran considerables, una obra de promoción social que aseguraba a sus paisanos la paz, la seguridad y el maximum de libertad posible en aquella época; con el transcurso de los siglos formaron allí los obreros y artesanos admirables que se establecerían en las ciudades en forma de poderosos gremios. Los iniciados de la Edad Medía, al mismo tiempo que creaban y educaban una aristocracia caballeresca, instauraban en Europa la primera aristocracia del trabajo.
Un alquimista persa del siglo Ix trascendió el modesto escaramujo y obtuvo de el la primera rosa. Esta se convertirá en el rosetón de las catedrales, el símbolo de los adeptos del Ars Magna, y, hasta nuestros días, la flor emblemática de Nuestra Señora.


NOTAS DEL CAPITULO III
(1) Por desvío de los matices locales, merced a una misteriosa transmisión, la tradición oral de las provincias francesas se liga, y Continua por lo demás, el viejo fondo mitológico de la Humanidad...
-Así, entre los antiguos cuentos populares de la Auvernia que tan amorosamente han sido recogidos por Marie Aimiie Meraville [Contes dAuverne (l9 6) y Contes Populaires de Auvergee (1970), herencia de relatores cuyo origen se pierde en la vieja noche céltica, podemos hallar una historia de bella de cabellos de oro que no es más que la transposición de la historia de Jason y el Vellocino de Oro. Otra, titulada "El silbato, la princesa y las manzanas de oro" se enrosca con el episodio de las Hespérides.
-(2) Ichapiro es el sabio americano que consiguió por primera vez crear vida en el laboratorio. Rápidamente tuvo conciencia del empleo que los Gobiernos harían seguramente a este extraordinario descubrimiento. Desapareció bruscamente con sus escritos, su biblioteca y su laboratorio...

lunes, 13 de mayo de 2013

Vírgenes Negras -II-

TRECE SEMEJANZAS
Así pues, es preciso, de entrada, para evitar las falsas pistas, separar todas las estatuas que no fueron concebidas negras por su autores, las que solo fueron ligeramente tostadas u oscurecidas por agentes exteriores humos de los cirios, cera, degradación de la madera, enterramiento temporal); las estatuillas realizadas en los siglos XVI y XVII mediante un vaciado en barro cocido y que, por la naturaleza misma del material utilizado, adquirieron una tonalidad oscura, coloración que se fue acentuando con el paso del tiempo y finalmente todas aquellas que, en épocas diferentes, fueron realizadas no policromas en maderas muy oscuras, a veces en madera de ébano.
El único criterio admisible es el siguiente: es negra toda virgen cuyos rasgos fueron pintados en negro en su origen. Las demás, aun cuando posterior-mente su culto fuera a veces Asimilado al de las precedentes, deben su aspecto mas o menos oscuro solamente al azar, y no pueden, evidentemente, permitir, muy al contrario, la elucidación del misterio.
En semejante trabajo de selección, surgen ciertas dificultades.
Así, por ejemplo, algunas estatuas conservadas no eran negras en su origen, sino que fueron repintadas después en épocas lo bastante antiguas como para que sea posible una confusión hoy en día. El prestigio inmenso de que estuvieron rodeadas las Vírgenes Negras en la Edad Medía debió incitar a los habitantes de algún lugar a poseer también una de ellas, creyendo que era suficiente aplicar color negro sobre la efigie local para entrar automáticamente en posesión de una Virgen Negra con todos sus atributos, especialmente la posibilidad de realizar milagros en abundancia. Esto es lo que ocurrió en Einsiedeln, donde la estatua de fines del siglo XIII fue despintada en 1779. Entonces se puso de manifiesto que la Madre y el Niño debían su color de ébano a una espesa capa muy posterior a la fabricación de la estatua. Lo mismo sucedió en Alt-Oetingen y en otros lugares.
Hay, por tanto, un inevitable margen de error, y yo consideraría temerario intentar un inventario exhaustivo.
Me parece, sin embargo, que los santuarios donde el culto a una autentica Virgen Negra se ha perpetuado en nosotros no deben superar la cuarentena en Francia, y menos aun fuera de Francia, incluyendo en ello algunas dudosas, a falta de documentos bastante precisos.
También hay que tener en cuenta algunas estatuas conservadas en los museos, Así como aquellas destruidas desde hace mucho tiempo, cuyo culto ha sido completamente olvidado, pero de las que han subsistido documentos precisos.
Tampoco desdeñaremos, con todas las naturales reservas, los santuarios en los que existe una Virgen Negra que es tan solo una replica reciente de una estatua mas antigua, cuyas huellas y recuerdo se han perdido, pero en donde se reúnen todas las características necesarias para hacer presumir que la estatua original era realmente una Virgen Negra autentica, conforme y parecida a todas las demás.
Esto es, al mismo tiempo, poco y suficiente.
Es poco porque, sin duda alguna, las estatuas de ese tipo fueron cierta-mente mas numerosas en la Edad Medía. En muchos lugares, el culto desapareció junto con la destrucción o la perdida de la efigie, y los documentos que se referían a ella fueron destruidos o, acaso de subsistir, ya no nos son conocidos. Otros cayeron en el olvido, aunque, no obstante, la estatua subsiste pintada en otros colores. Mientras que, en la Edad Medía, la tendencia era más bien transformar las estatuas de color en Vírgenes Negras, como en el caso de Einsiedeln, mas tarde ocurrió exactamente lo contrario. En efecto, una vez perdidas las claves de comprensión de la espiritualidad medieval y el sentido simbólico real de la efigie venerada, algún cura bienintencionado decidió quizá repintarla en un color considerado mas "normal", mientras el recuerdo popular olvidaba al antiguo culto. A veces, esto lo sabemos, pero no siempre. Algunos curas y arqueólogos locales se llevarían a buen seguro grandes sorpresas si procedieran a la búsqueda de la cromia original de su estatua románica de la Virgen, en el caso de que, aparte el color actual del rostro y las manos, responda a todas las demás características necesarias.
Finalmente, hubo en todas las épocas robos en las iglesias apartadas, así como tuvo lugar el paso de anticuarios que compraron a curas ignorantes, a veces por un pedazo de pan, las antiguas efigies, sustrayéndolas de este modo al patrimonio universal de la Humanidad en provecho de algunos particulares... Tal vez alguna de nuestras Vírgenes Negras adorna hoy el bar rutilante de algún multimillonario tejano.

Sea lo que fuere, se trata, a pesar de todo, de un número suficiente, pues algunas decenas repartidas por toda Francia y por algunos otros países, constituyen, si se me permite la expresión, un muestrario valido. Sin embargo, una vez localizados los santuarios realmente interesantes, se impone una nueva medida de prudencia.
En efecto, la mayor parte de los originales fueron total o parcialmente destruidos durante las guerras de religión, o en la Revolución o por algún incendio o accidente local. A fines del siglo XVIII, muchas perecieron en la hoguera llevándose consigo una parte de sus secretos, con tanto mas perjuicio cuanto que, a veces, en alguna cavidad, esas estatuas contenían archivos o documentos que habrían sido particularmente preciosos para nosotros...
Las copias que los santuarios conservan hoy son, a veces, fieles. Pero mas a menudo, cuando se reconstruyó la estatua o se hizo una nueva, no se conocía su significación esotérica y el rigor de la técnica que debía ser utilizada. Fueron entonces rehechas libremente, a despecho de las dimensiones originales, a la manera y dentro del estilo del siglo XVII, del XVIII o del XIX... Se han sacado Así conclusiones apresuradas sobre la expresión de conmovedora ternura de una determinada virgen románica, en tanto que solo se trata, sin lugar a dudas, de una transposición totalmente libre realizada en el siglo XVIII... Desde el punto de vista de nuestra búsqueda, ni que decir tiene que tales copias tienen solo una utilidad: la -de informarnos sobre el lugar donde tuvo efecto un culto mas antiguo. Por lo que se refiere a lo demás, admiraremos eventualmente el talento del escultor, pero nos guardaremos muy mucho de sacar conclusión alguna sobre tales copias. Los originales que nos han sido transmitidos son sumamente escasos (1). Incluso aquí, hay que desconfiar también de las restauraciones. Los vestidos, por ejemplo, raras veces fueron repintados con los colores primitivos.
Es preciso, pues, en donde elle esa posible, buscar una o varias descripciones de la estatua que existía con anterioridad. En ocasiones, tenemos la suerte de encontrar un antiguo grabado o un cuadro. Los grabados son generalmente bastante fieles, pero los cuadros denotan en sus autores un deseo de belleza pictórica que les hace tomarse libertades con sus modelos.
Una vez adoptadas semejantes precauciones, una vez que, en lugar de las copias, tenemos ante nuestros ojos la reproducción o la descripción de las imágenes originales, de aquellas que fueron las primeras pintadas en negro y en torno a las que se organizo un culto muy especial, podemos proceder a las primeras verificaciones.
No obstante, para llegar a una buena comprensión, nuestras Vírgenes Negras no deben ser consideradas aisladamente. El edificio en el que fueron colocadas, el pueblo y la región, los lugares en que se decidió que se desarrollara su culto, nada de lo que les concierna deben dejarnos indiferentes. Todo tiene su importancia: la etimología, el estudio de los antiguos rituales practicados en su honor y, sobre todo, los relatos de sus antiguos milagros y las viejas leyendas extraordinarias que se relacionan con ellos...

En esta tarea, es preciso recurrir a los textos y documentos que nos quedan, aunque la mayor parte, escritos en la Edad Medía o transcritos a partir de una antigua tradición oral, no deben ser tomados al pie de la letra sino entendidos como mensajes simbólicos y alegóricos que ocultan mucho más de lo que aparentemente cuentan.
La Edad Medía fue la época de una civilización inicial y es a esa luz en la noche que es el lenguaje esotérico que habrá que recurrir continuamente para interpretar, no solo los textos, sino también el mensaje en piedra dejado por las iglesias y catedrales donde se encuentran las estatuas.
Ardua tarea, pues no solo el viejo ocultista, como le corresponde, se disimulo bien, sino que también las destrucciones hicieron lo suyo y las restauraciones alteraron en todas partes el aspecto primitivo de los edificios y de las representaciones esculpidas medievales. Sin embargo, todas conservan aunque no sea más que una piedrecita, un dibujo misterioso o un pedazo de escultura un tanto revelador. La simple presencia de estos signos, aunque no siempre los descifremos, es ya en si una respuesta y un comienzo de explicación...
Entonces, al término, después de haber examinado las estatuas y de haber recogido la documentación que a ellas se refiere, cuando, con calma, abrí los dossiers así constituidos y procedí a compararlos, surgió ante mí una realidad enteramente sorprendente. No solo las Vírgenes Negras se parecen en cuanto al color de sus rasgos, sino que además, tienen todas no menos de trece características importantes, y aun esenciales, y ello sin excepción.
Muy curioso, realmente. Tanto mas curioso cuanto que, no son en ningún caso copias de un mismo modelo, sino que pertenecen, y ello se subraya claramente en ciertos detalles accesorios, a escuelas regionales diferentes, que fueron, además, concebidas y popularizadas en otros países aparte de Francia y que, aun cuando son mas numerosas en el territorio actual de Francia, dicho territorio no era único en la época, sino que estaba compuesto de Estados diferentes (2).
Y, con todo, a condición de no referirnos mas que a aquellas cuya autenticidad no ofrece dudas, todas nuestras Vírgenes Negras tienen trece características semejantes, y cada uno puede juzgarlo fácilmente...
He aquí pues, esas extrañas concordancias tal como se me han revelado en esta primera fase:
1. Realizadas siempre con el mismo material, es decir, la madera, las Vírgenes Negras son todas de la misma época, siglos XI, XII, y, mas raramente, del XIII. Se remontan, pues, a aquellos tiempos que, desde el año mil hasta finales del siglo XIII, marcan el apogeo de la civilización medieval bajo el báculo de las grandes ordenes monásticas. Ninguna Virgen Negra autentica aparece después de fines del siglo XIII,
2. Son siempre Vírgenes Mayestáticas. La Madre se mantiene erguida, en una postura aristocrática, sentada en un pequeño Asiento sin respaldo, o de un respaldo corto denominado cátedra. El Niño esta sentado en el regazo de la Virgen (y no sobre sus rodillas, pues las piernas de la Madre están ligeramente separadas) y aparece realmente presentado como "el fruto de sus entrañas" (3). Tanto la mirada de la Madre como la del Hijo se dirigen exactamente hacia el mismo punto, recto hacia delante. Esta actitud y estas posiciones son las que el simbolismo cristiano ha asociado siempre con la Adoración de los Magos.

3. El rostro de la Virgen no refleja ni ternura, ni compasión. Es noble, soberano, hierático, de un aspecto oriental acusado, algo inquietante. Produce la impresión de un "ídolo bárbaro", han dicho algunos... Esta expresión típica de las Vírgenes Negras contrasta con la de otras Vírgenes románicas de la misma época a las que el artesano dio los rasgos característicos de una mujer de su país. Hay Vírgenes románicas de aspecto borbonés, borgoñón, provenzal o auvernes. Las nuestras escapan, en lo esencial, a las características de su terruño, para adoptar una expresión oriental, egipcia, faraónica...
4. Los talentos de los escultores eran diversos. Algunas Vírgenes Negras son verdaderas obras de arte; otras, groseras estatuillas. Sin embargo, en cada caso, el artesano concedió en la medida de su capacidad, una atención y un cuidado muy particulares a la representación de los rasgos de la Virgen. Por el contrario, los del Niño Jesús son ejecutados de una manera menos cuidadosa, menos refinada y mas rápida. Todo sucede como si para el artesano, lo importante fuera la representación de la Madre, siendo la del Hijo solo accesoria, singular concepción, puesto que se trataba en definitiva de reproducir los rasgos supuestos del Hijo de Dios, niño.
5. Cada vez que se han podido volver a encontrar las huellas de la policromía primitiva, se descubre que los vestidos, si bien denotan un estilo y un aspecto a Veces diferentes, son de color blanco, rojo y azul, con adornos dorados y a veces con accesorios en oro.
El color con frecuencia ha sido fijado en la misma madera de la estatua. A veces se encolaba, o sea que se aplicaban a la madera una o varias telas estrecha y sólidamente pegadas juntas a la manera de las momias, y sobre esa tela se depositaba la pintura.
En algunos casos, la estatua estaba cubierta con placas de metal. Tales placas son quizá posteriores, habiendo sido usadas para consolidar la efigie cuya madera se deterioraba. De haber sido colocadas en su origen, todo lleva a creer que habrían sido también pintadas, pues, sin entrar en las opiniones de los especialistas, los historiadores del arte se muestran unánimes en insistir sobre el hecho de que la policromía fue una de las leyes más imperiosas en la ejecución de obras esculpidas en la Edad Medía (4).
No hay que conceder ninguna importancia a los vestidos de tela con los que frecuentemente se "vistió" a nuestras estatuas sobre todo en los siglos XIX y XX. Tales vestiduras destinadas a "hermosear" una efigie considerada entonces demasiado primitiva no ofrecen evidentemente ningún interés con vistas a nuestras deducciones. Su efecto principal, conviene decirlo, es ocultar la verdadera belleza de la obra que pretenden adornar. Felizmente, la tendencia actual es presentarlas cada vez más a los visitantes sIn esos suntuosos vestidos de gala tan inadecuados.
6. Todas tienen las mismas dimensiones, y sus ligeras diferencias se refieren a detalles tales como la altura del tocado o el espesor de la peana. Miden setenta centímetros de altura, treinta centímetros de ancho y treinta centímetros de profundidad en la base. Recordemos que esas dimensiones se dan tanto en Manosque como en Laon, en Beaune como en el Puyen-Velay... Sin embargo, ninguna de las representaciones tradicionales de la época se somete a semejante rigor en lo que atañe a las dimensiones, bien se trate de crucifixiones, de efigies de santos o de escenas diversas de las Escrituras.
7. Los lugares donde fueron situadas eran siempre conocidos y frecuentados desde la más remota antigüedad, y en la mayoría de casos allí tenía lugar, antes del culto de Nuestra Señora, el de una divinidad céltica o "pagana". La Virgen Negra tomo la sucesión de la antigua diosa bajo una forma cristianizada. Por algo están tan a menudo en la vecindad inmediata de fuentes, pozos, árboles o piedras que, entre nuestros antepasados precristianos, tenían una significación sagrada bien conocida. A veces, incluso se ha conservado en el edificio cristiano, al lado de la estatuilla mariana, ese resto de las religiones druídicas. En Chartres, en la cripta, el "pozo de los fuertes" se encuentra detrás de Notre-Dame-de-Dessous-Terre; en el Puyen-Velay, la piedra milagrosa de los druidas fue cristianizada e incluso opera hoy en la catedral milagros bajo el nombre de "Piedra de las Fiebres".
8. Además de la expresión de los rasgos, hay un elemento oriental asociado con cada Virgen Negra. Un caballero la habría traído de la cruzada o la habría recibido de un soberano árabe; por su intercesión milagrosa, algunos caballeros cristianos habrían sido salvados de mil peligros en Oriente; en algunos santuarios se predicaron las Cruzadas o se recibió el homenaje de reyes y señores que partían a aquellos combates o regresaban de ellos.
A veces este elemento oriental no aparece a primera vista, pero, no obstante, siempre se le encuentra, bajo una forma oculta, pero no por ello menos cierta. No hay Virgen Negra sin una alusión al "Oriente".
9. La Virgen Negra fue en la Edad Medía un objeto de peregrinación siempre muy importante y con mucha frecuencia notablemente famosa. La mayor parte se encontraba además en la ruta de las grandes peregrinaciones medievales, siendo particularmente numerosas en los caminos que conducían al santuario de Santiago de Compostela. Muchas constituían para los peregrinos etapas de primera calidad en su ruta, paradas "obligadas".
10. En la historia de sus santuarios, se encuentra siempre en relación directa con ellos, las huellas de la presencia a veces conjunta de abadías benedictinas y cistercienses y de casas templarías.
Casi todas las Vírgenes Negras aparecen bajo el impulso de una abadía benedictina y son visitadas por los grandes abades de Cluny. En su historia, se descubre a menudo a san Bernardo y algunas casas cistercienses (5). En cuanto a los Templarios, es bien sabido el interés que se ha puesto en hacer desaparecer todo lo posible las huellas de su importancia y esplendor pasados, aunque algo se puede apreciar aun cerca de nuestras estatuillas, y, de todos modos, parece claro que ellos les prestaron también mucho interés y alentaron su devoción.
11. A pesar de las mutilaciones y de las restauraciones, aquellos edificios en los que se encontraban las estatuas en la Edad Medía, cuando perduran, conservan signos de carácter esotérico e iniciador. Estos indicios, lo hemos señalado ya, se pueden encontrar aun más en sus leyendas y sus milagros.
12. Ahora bien, estos curiosos relatos esotéricos que cuentan los milagros que las Vírgenes habrían operado, sean los de su origen o las intervenciones maravillosas que habrían prodigado en los tiempos antiguos, concuerdan también asombrosamente.
Se trata siempre de las mismas categorías de beneficiarios, cruzados, niños, comerciantes o navegantes que, encarcelados en un calabozo, o durante su sueño, o se hubieran vuelto repentinamente ciegos, es decir, siempre hundidos en la oscuridad y la noche, tuvieron, de una manera u otra, la revelación milagrosa de la Virgen Negra, fueron entonces liberados de la oscuridad, y, a partir de este
momento, conocieron fortuna, felicidad y dicha por si mismos y para los habitantes del lugar de donde era mantenido el culto. A menudo, estos beneficiarios del milagro lo eran en grupos de tres. Y cuando eran prisioneros, el milagro ocurría en Egipto...
Las Vírgenes Negras eran veneradas para obtener la fecundidad, pero se distinguieron mas aun por la resurrección frecuente de niños muertos al nacer, resurrección de corta duración, puesto que la vida no les era concedida mas que hasta la regeneración por las aguas del bautismo...
13. Sus rituales y sus procesiones, ciertos detalles de su culto, ofrecen también entre si extrañas semejanzas, entre las cuales la principal es que siempre se observan uno o varios elementos que escapan a toda explicación religiosa católica tradicional, como también, por otra parte, a toda tentativa de enfoque exotérico. Así, por ejemplo, ocurre con antiguas ofrendas ruedas de cera, con las colocaciones procesionales de la estatua sobre una piedra fuera de la iglesia o con ciertas ceremonias en las que se utilizaba el vino.

Las peregrinaciones, al menos las de las cofradías que les estaban consagradas, se hacían con los pies desnudos, como desnudo estaba el enfermo que era expuesto en la Piedra de las Fiebres, situada justamente a los pies de la estatua milagrosa.
Fulcanelli pretende incluso que los cirios que eran encendidos en ofrenda a las Vírgenes Negras eran siempre de color verde. Es muy conocida hoy, desde su reedición, la asombrosa obra de Fulcanelli, El misterio de las catedrales (6). Para todo el mundo, este autor, los hechos relativos a su vida, sus conocimientos y hasta su misma existencia siguen siendo un enigma. Jacques Bergier pretende en El retorno de los brujos (7), haberlo conocido bajo la identidad de un ingeniero del "Gas de Francia" y, después de la guerra, habría sido buscado por comisiones de sabios atomistas americanos. Parece claro, de todos modos, que Fulcanelli fue uno de los últimos adeptos y quizás el único alquimista conocido del siglo XX.
No he podido hallar confirmación de su aserto relativo al color de los cirios, salvo en Marsella donde existía, en efecto la costumbre de celebrar procesiones ante la actual estatua hueca que, en la cripta de Saint-Victor, ha remplazado a la efigie original, desaparecida.
Con todo, independientemente incluso de los aspectos herméticos de su obra, Fulcanelli ofrece una exactitud arqueológica y una honradez científica tales que hay motivos para conceder a su afirmación un cierto interés. Por otra parte, en muchos lugares descubrimos, bajo otras formas, una utilización muy precisa del color verde en el culto que se rendía a algunas Vírgenes Negras.
¡He aquí, hay que reconocerlo, trece similitudes y concordancias cuando menos singulares! El escéptico podrá comprobar fácilmente. No podrá afirmar seriamente que se trata solo de simples coincidencias.
Volveremos a ello detenidamente.
Recordemos desde ahora esto.
Parece, por consiguiente, que el artesano que realizaba en la
Edad Medía una Virgen Negra no trabajaba al azar, Ejecutaba un "encargo" surtido de instrucciones muy precisas y muy rigurosas en lo que atañe a los materiales, a las dimensiones, al aspecto, a la expresión y al modo.
Una vez terminada, tampoco era en cualquier sitio donde la estatua era emplazada y su culto era propuesto a los peregrinos y de cualquier manera. Aquellos que habían encargado la estatua la querían en un lugar determinado y en ningún otro sitio. ¿Como explicar, si no, esas viejas leyendas atribuidas a algunas Vírgenes Negras? "Encontradas" primitivamente en un lugar, fueron transportadas por los fieles a un pueblo cercano o a un santuario mas importante. Por "tres veces", durante la noche, la estatua se había trasladado milagrosamente por si misma otra vez al lugar donde había sido descubierta y venerada por vez primera, subrayando claramente con ello que el culto perdía su significación si era trasladado.

Para comprender el sentido de todo esto, lo que hay que tratar de descubrir es la razón profunda de este "encargo", así como la personalidad de sus autores. ¿De donde procedían los contemporáneos de nuestras pequeñas Vírgenes Negras? ¿Cual era su cultura? ¿Cuales sus razones para vivir, su ideal, su fe? Entonces, captando un poco mejor los orígenes y la naturaleza de su civilización, tal vez podarnos, por una cierta comprensión de las claves de esta civilización, esperar descifrar los inquietantes misterios del color y de las trece similitudes. Quizás entonces podamos situar de nuevo a nuestras Vírgenes Negras no muy lejos de su verdadero lugar en el gran libro de imágenes tan rico, pero, ¡ay!, han mutilado de la Edad Medía triunfante.

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Grimorium Verum - Nota Final-


Durante el fin de semana, y con el deseo de hacer llegar a más personas el mandala-Sello canalizado por los Hermanos de la Orden, ha estado el link a disposición de todo el que lo quisiese descargar en este blog.

El post en el que ha estado publicado es el que hemos titulado GRIMORIUM VERUM, publicado el 11/05/2013 a las 02:03a m . y que podéis consultar en el siguiente enlace:

GRIMORIUM VERUM

En un principio se comunicó que la permanencia del link sería de 7 horas. Siendo posteriormente ampliado para facilitar el acceso a todo el mundo que lo desease, teniendo en cuenta que las diferencias horarias podían suponer un obstáculo para acceder al libro.

Siendo conscientes de esa situación, se decidió mantener el link en el blog hasta las 00:00 GMT. con intervalos de tiempo activado para facilitar a cualquier persona que lo desease el acceso al libro.

Desde el momento de su publicación, el link ha estado activo en los periodos detallados a continuación:


sábado 11 de mayo 03:00 sábado 11 de mayo 11:00


sábado 11 de mayo 17:00 sábado 11 de mayo 19:47


sábado 11 de mayo 23:00 domingo 12 de mayo 00:15


domingo 12 de mayo 01:00 domingo 12 de mayo 04:30


domingo 12 de mayo 13:00 domingo 12 de mayo 18:45


domingo 12 de mayo 21:00 lunes 13 de mayo 00:00



Gracias a todos cuantos habéis demostrado interés por el Sello, los que tenéis el libro en vuestro poder, seguid las indicaciones dadas en el post y en el facebook y suerte a todos en vuestras pesquisas para averiguar la clave.

Recordad: 

"Lo invisible, está al alcance de la mano."

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